Capítulo 19

557 Words
ELENA Estaba en la misma habitación, sentada en la esquina, cuando Massimo entró y se paró frente a mí. Sabía que traía algo nuevo, algo que implicaba que yo debía hacer más que simplemente obedecer sus palabras. Algo en su expresión dejaba claro que este sería otro paso en su plan. —Tengo una misión para ti, Elena —dijo, su voz baja pero firme—. Es hora de que pongas en práctica todo lo que has aprendido. Lo miré, tratando de comprender a qué se refería. Sabía que me había entrenado para obedecer, para ser fría, para dejar atrás los restos de quien alguna vez fui. Pero algo en su mirada me hizo entender que esta vez iba más allá. —Quiero que mates a alguien —soltó sin rodeos, sus ojos fijos en los míos, observando cada reacción—. Oliver Cortés. Está en una casa de seguridad de Dante. El nombre me sonaba, lo recordaba vagamente. Oliver era uno de los hombres más cercanos a Dante, alguien en quien él confiaba ciegamente. Alguien a quien él jamás imaginaría que yo podría tocar. —¿Por qué yo? —pregunté, aunque en el fondo ya sabía la respuesta. Massimo sonrió, como si se divirtiera con la pregunta. —Porque tú eres su punto débil. Nadie sospecharía de ti. Si tú entras en esa casa, no levantarás sospechas. Él te verá como una víctima, alguien que necesita ayuda. Dante mismo lo verá así... y por eso mismo, tú puedes acercarte y acabar con Oliver sin problemas. Su explicación era fría, calculada. Y en el fondo, sabía que tenía razón. Había aprendido a manejar un arma, a ignorar la culpa, el dolor, a dejar de lado cualquier lazo que alguna vez tuve. Massimo me había convertido en lo que él quería: una herramienta sin consciencia, alguien que podría destruir desde adentro sin que nadie lo esperara. Aún así, había algo en mi interior, una pequeña chispa que luchaba por resistir. La imagen de Oliver, de Dante, aparecía en mi mente, haciéndome dudar, aunque apenas fuera por un instante. Massimo pareció notar mi vacilación y dio un paso adelante, inclinándose hacia mí. Sacó una pequeña jeringa de su bolsillo y la sostuvo frente a mis ojos, como si fuera una promesa. —Si haces esto, tendrás más. Todo lo que quieras. Serás libre, Elena. Libre de Dante, de su hijo, de cualquier cosa que te ate a esa vida. Esas palabras, "libre de Dante, libre de todo", resonaron en mi cabeza. Había creído que me importaba, que todavía podía sentir algo por él, pero la promesa de Massimo, la droga que ya se había convertido en mi única calma, me hacía querer aceptar. Necesitaba ese escape, ese silencio en mi mente. —Está bien —susurré, apenas consciente de mis propias palabras—. Haré lo que me pides. Una sonrisa de triunfo se dibujó en el rostro de Massimo. Sabía que había ganado, que ahora me tenía exactamente donde quería. Sentí la presión de la jeringa en mi mano y la cerré con fuerza, dejándome llevar, olvidándome de todo lo demás. —Entonces prepárate —dijo, mirándome con satisfacción—. Tienes un objetivo, Elena. Y esta vez, nadie podrá salvarlo de ti. Asenti, dejando que la última parte de mí que aún resistía se desvaneciera.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD