Capítulo 11

796 Words
DANTE La noche estaba en pleno apogeo cuando Oliver, uno de mis aliados más antiguos y leales, llegó a la fiesta. Era una noche importante, había organizado esta reunión no solo para celebrar, sino para cerrar algunos tratos y fortalecer alianzas. Uno de los invitados principales era el presidente Ricardo, un hombre que siempre sabía cómo divertirse y, para evitar problemas, no había invitado a su esposa. Sabía que las cosas se pondrían interesantes y lo último que necesitaba era una escena de celos. La música resonaba en toda la casa, y mis hombres estaban dispersos por el salón, bebiendo y conversando animadamente. Al ver a mis invitados llegar, me acerqué a ellos y los saludé con un apretón de manos firme. —Oliver, Ricardo, bienvenidos. Espero que esta noche sea de su agrado —dije con una sonrisa, sintiendo que la atmósfera se iba encendiendo con cada minuto. —Como siempre, Dante, sabes cómo organizar una noche a lo grande —respondió Oliver, dándome una palmada en la espalda. Nos dirigimos a un área más privada de la sala, donde los tres comenzamos a conversar. Había negocios importantes que atender. Oliver y yo hablábamos de los nuevos envíos que llegarían en unas semanas, asegurándonos de que los tratos con nuestros contactos en el extranjero se mantuvieran firmes. Ricardo, por su parte, estaba interesado en abrir un par de nuevos "negocios" en la costa, y quería nuestra colaboración para establecer rutas seguras de transporte sin interferencias. —Así que, Dante, ¿estamos de acuerdo en que estos envíos no van a tener contratiempos esta vez? —preguntó Oliver, mirándome fijamente. —Lo garantizo. Mis contactos en la frontera ya están al tanto. No habrá problemas. En cuanto a los nuevos puntos de distribución, el equipo de Ricardo se encargará de la seguridad —respondí, levantando mi copa. —Perfecto. —Ricardo sonrió, complacido—. Sabes, Dante, cuando nos juntamos, las oportunidades simplemente florecen. Nos sentamos, cada uno con una copa en la mano, disfrutando de las primeras horas de la noche. La música continuaba, y el ambiente se volvía más animado a medida que los invitados se relajaban. Entonces, las puertas del salón se abrieron y una multitud de mujeres entró. Había de todo tipo: altas, bajitas, rubias, morenas... todas con una mirada coqueta y listas para entretenerse. Dos de ellas se acercaron a mí y se acomodaron a cada lado, mientras otras hacían lo mismo con Oliver, Ricardo, Saúl y el resto de los hombres presentes. —Ahora sí, esto es una fiesta —dijo Ricardo con una risa, alzando su copa mientras una de las mujeres se sentaba en su regazo. Las mujeres a mi lado no tardaron en comenzar a coquetear. Una de ellas, una morena de ojos intensos, deslizó su mano por mi brazo y se acercó. —Así que tú eres el famoso Dante —susurró, su voz baja y seductora. —Depende de lo que hayas oído —le respondí, guiñándole un ojo. La otra, una rubia de labios provocativos, se inclinó hacia mí y me dio un pequeño beso en la mejilla. —He oído que eres un hombre poderoso... y generoso —dijo, sonriéndome con malicia. —Generoso cuando me lo merecen —respondí, riendo suavemente mientras la morena también se acercaba. Sin pensarlo demasiado, acerqué mi rostro a la morena y la besé, sintiendo el sabor de su labial. Ella respondió al beso con entusiasmo, y antes de que me diera cuenta, la rubia también me jaló hacia ella. En un instante, estábamos envueltos en un juego de besos, la morena en un lado, la rubia en el otro, mientras mis manos se deslizaban por las cinturas de ambas. —Eres aún mejor de lo que me contaron —susurró la rubia contra mis labios, mirándome con ojos brillantes. —No saben ni la mitad —respondí, dejando que mis manos exploraran mientras ambas me besaban, cada una buscando la forma de ganar mi atención. La sala estaba llena de risas, música, y el sonido de copas chocando. Podía ver a mis hombres disfrutando también, cada uno acompañado de mujeres que sabían cómo hacer que olvidaran los problemas de la vida diaria. Ricardo no dejaba de reír, con una mujer en cada brazo, mientras Oliver charlaba al oído con una de las invitadas, quien parecía cautivada por él. —Dante, definitivamente esta es una de tus mejores noches —dijo Ricardo desde su lugar, brindando en mi dirección. Le respondí con una sonrisa, satisfecho con el rumbo de la noche. La morena a mi lado besó mi cuello, mientras la rubia me rodeaba con sus brazos, y, por una vez, dejé que el peso de mis propios problemas se desvaneciera, sumergiéndome en la euforia del momento.
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