Capítulo 12

614 Words
DANTE La noche avanzaba, y la euforia de la fiesta me había envuelto. Los problemas y preocupaciones se habían desvanecido, reemplazados por el ruido de la música, las risas, y la compañía que tenía a mi alrededor. Las mujeres, el licor, y la sensación de poder me hicieron olvidar, al menos por unas horas, todo lo que había quedado atrás. Saúl se acercó a mí con una expresión seria, lo cual me hizo salir momentáneamente de la burbuja de la fiesta. No era común que interrumpiera en este tipo de situaciones, así que algo debía estar pasando. —¿Qué sucede, Saúl? —le pregunté, tomando otro trago de whisky, tratando de no mostrar que su intrusión me había incomodado. —Dante, lamento interrumpir, pero tenemos un problema —dijo en voz baja, lo suficiente para que solo yo lo escuchara. Lo miré, frunciendo el ceño. La música seguía, y mis invitados estaban ocupados, pero la expresión de Saúl me dejó en claro que no podía ignorarlo. —¿Qué tipo de problema? —pregunté, dejando mi copa a un lado, ya alerta. —Es sobre Elena —dijo, manteniendo su tono bajo, pero sus palabras me golpearon como un balde de agua fría. Mi rostro se tensó. Había hecho todo lo posible por sacarla de mi mente, por seguir adelante, por enterrar cualquier sentimiento que tuviera hacia ella, pero escuchar su nombre trajo todo de vuelta, como una herida que no terminaba de sanar. —¿Qué pasa con ella? —pregunté, con voz fría, intentando mantener la compostura. Saúl dudó un segundo, como si no quisiera decírmelo. —Tenemos rumores de que ha sido vista con alguien. Un hombre... un tipo peligroso, alguien relacionado con el pasado de Raphael. Sentí cómo mi cuerpo se tensaba. Raphael, ese maldito nombre que había jurado borrar de nuestras vidas. Pero ahora me decían que Elena estaba envuelta, otra vez, con alguien de ese círculo. La ira comenzó a burbujear dentro de mí. —¿Quién es ese hombre? —exigí, sin poder ocultar el enojo. —Se llama Massimo Robles. Al parecer, es hijo de Raphael, pero nadie en la organización sabía de su existencia hasta ahora. Ha estado bajo el radar, pero es conocido en ciertos círculos... y hay rumores de que tiene a Elena en su poder. Me quedé en silencio, tratando de procesar la información. Raphael tenía un hijo. Y ahora ese hijo estaba cerca de Elena. La furia aumentaba con cada segundo, y el impulso de ir tras él, de hacerle pagar por meterse con lo que una vez fue mío, me quemaba por dentro. —Dante, ¿qué quieres que hagamos? ¿Quieres que enviemos a alguien para confirmar su paradero? —preguntó Saúl, atento a mi reacción. —No... No enviaré a nadie —respondí, apretando los puños—. Iré yo mismo. La música, las risas, todo se volvió un ruido lejano. Sabía que esta noche había empezado como una celebración, una manera de dejar atrás lo que había perdido, pero no podía ignorar la realidad. Si ese tal Massimo tenía a Elena, no pensaba quedarme de brazos cruzados. No importaba cuánto la hubiera querido olvidar, cuánto desprecio hubiera sentido después de sus últimas palabras... ella había sido mía, y nadie, mucho menos el hijo de Raphael, iba a tocarla sin enfrentarse a mí primero. —Saúl, prepara el auto. Esta fiesta ha terminado para mí —dije, mi voz más fría que nunca. Sin hacer preguntas, Saúl asintió y se retiró rápidamente. Me levanté, y sin mirar atrás, salí de la sala, dejando el ruido de la fiesta atrás. Sabía que esta noche iba a cambiarlo todo.
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