El pasado llama a la puerta

1711 Words

Llevé al equipo a almorzar a un pequeño restaurante italiano que había descubierto hacía poco. El ambiente era acogedor y la comida tan deliciosa que casi podía competir con la lasaña de Milenka. —Signora Tarasova, è un piacere rivederla. El dueño, el señor Mancini, rra un hombre afable que llevaba tres décadas en el país y apenas ese año, animado por sus hijos, se había atrevido a abrir su propio restaurante. Lo había conocido gracias a Alexander, que insistía en salir a cenar todos los domingos para que yo no cocinara. (Aunque sospechaba que lo hacía más para evitar lavar los platos). La mayoría de esas cenas eran aquí, y con el tiempo no solo nos apropiamos de una mesa en particular, sino que también me hice amiga del señor Mancini, quien terminó contándome la historia de su negocio.

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD