La fama y sus molestias

1243 Words
****Camila**** Luciana me taladra con la mirada mientras yo intento concentrarme en prepararle el desayuno. Siento su energía vibrando a mi lado, contenida como una olla a punto de explotar. No he dicho nada desde que Liam salió por la puerta, y por la forma en que mi hermana tamborilea los dedos contra la mesa, sé que está conteniendo una avalancha de palabras. —¡Dios santo, Camila! ¡Me vas a decir ahora mismo qué hace Liam Davenport medio desnudo en nuestro departamento! Suelto un suspiro largo, intentando mantener la paciencia. Sé cómo es Luciana cuando se emociona por algo. —No sé quién es Liam Davenport, Luci —digo con simpleza, revolviendo los huevos en la sartén. —¿Q-Qué? —balbucea ella, y siento su incredulidad clavarse en mi espalda. —¿Me estás jodiendo? ¡Dime que me estás jodiendo! Me giro hacia ella, encogiéndome de hombros. —No tengo idea de quién es ese tipo. Lo encontré en el callejón del club, golpeado y medio muerto, así que lo traje aquí para que no lo robaran o lo dejaran tirado como basura. Luciana suelta un grito ahogado y se lleva las manos al rostro. —¡Por todos los cielos! ¡Rescataste a Liam Davenport y ni siquiera sabías quién era! —Ya me quedó claro que es famoso, pero no me importa —respondo con sequedad, dejando los huevos en un plato y pasándoselos—. Cómete esto y deja de gritar. Mi hermana agarra el plato sin dejar de mirarme como si me hubiera vuelto loca. Se muerde el labio inferior y en su cabeza claramente está procesando la información de la peor forma posible. —Pero… o sea… ¡Estuvo medio desnudo en el sofá! ¡En nuestro sofá! —exclama como si fuera el acontecimiento más importante del siglo. —¡Y tú lo viste sin camiseta! Me masajeo las sienes. —Luci… —¡Dios! ¿Lo tocaste? ¿Su piel es tan suave como parece? —¡Luciana, cállate! Ella se tapa la boca con ambas manos, pero sus ojos brillan con emoción. Entonces veo que agarra su celular y empieza a escribir rápido. Sin pensarlo, se lo arrebato de las manos. —¡Ni se te ocurra publicar nada de esto! —digo, alejándolo de su alcance. —¡Ay, Cami, solo iba a contarle a Sofi! —protesta, tratando de recuperar su teléfono. —¡No! —respondo tajante. —¿Tienes idea de lo que pasa cuando la gente empieza a hablar de cosas así? ¡Nos van a acosar, Luciana! Ella frunce los labios, cruzándose de brazos como una niña chiquita. —Está bien… No diré nada. La observo por un momento, asegurándome de que lo dice en serio, y finalmente le devuelvo su teléfono. Luciana lo abraza contra su pecho, pero no se atreve a escribir nada. —Gracias —murmuro, volviendo a la cocina. Luciana suspira y se deja caer sobre la mesa. —No puedo creer que mi hermana sea tan aburrida —se lamenta, pero hay una pequeña sonrisa en sus labios. —Aun así… gracias por salvarlo. Aunque no lo conocieras, hiciste algo bueno. Me giro hacia ella, sorprendida por su tono sincero. Le sonrío levemente. —Supongo que sí. Luciana da un mordisco a su desayuno y luego me mira de nuevo. —Pero dime la verdad… aunque sea un idiota, estaba bueno, ¿verdad? Suelto una risa seca y niego con la cabeza. —Vete al demonio, Luciana. Ella solo se ríe. **LIAM****** El aire de la mañana me golpea en la cara cuando salgo del edificio, con la maldita ropa de nerd que esa bruja me obligó a usar. Todavía tengo el sabor amargo de la noche anterior en la boca, junto con el ardor de la resaca en la cabeza. Me paso la mano por el cabello y marco el número de Adrián. —Dime que tienes tu coche cerca y que puedes venir a recogerme —gruño en cuanto contesta. —Liam, cabrón, ¿dónde carajos estás? Te perdimos anoche después de que te pusiste hasta el culo. —Su tono divertido me hace fruncir el ceño. —Si supiera dónde estoy, no te habría llamado. —Me paso la lengua por los dientes y miro alrededor—. Ven por mí. Luego hablamos. —Voy para allá. Pero si estás con una vieja, tómale una foto. Me muero por ver con quién terminaste. No le contesto y cuelgo. No tengo ni puta idea de lo que pasó, y no me interesa dar explicaciones. Lo único que sé es que desperté en el sofá de una mujer con un gato de mierda encima y una actitud de mierda a juego. No tengo que esperar mucho antes de que el auto de Adrián frene en seco frente a la acera. Bajo la cabeza y me meto rápido. Apenas cierro la puerta, suelta una carcajada tan fuerte que me dan ganas de darle un puñetazo. —¡No mames, cabrón! —Se agarra el estómago entre risas—. ¿De dónde sacaste esa puta ropa? ¿De un concurso de matemáticas? Me miro en el reflejo de la ventana. La sudadera es dos tallas más grande y los pantalones parecen salidos de un episodio de nerds contra el mundo. Aprieto la mandíbula. —No jodas. Sólo maneja —escupo, fastidiado. —No, no, no. Esto es oro, güey. —Se limpia una lágrima imaginaria—. Cuéntame, ¿quién te vistió así? ¿Una abuelita compasiva? ¿Una monja caritativa? Lo fulmino con la mirada y su risa se intensifica. —Era una pelirroja —digo de mala gana, echando la cabeza hacia atrás—. No sé qué chingados pasó. Adrián silba, divertido. —Pelirroja, ¿eh? Con razón traes esa cara. Seguro te cogiste a una dominatrix que te humilló hasta vestirte de nerd. ¿Te puso una correa también? —Cállate de una puta vez —le gruño, pero sé que no va a parar. —¿Al menos estaba buena? Me quedo callado un momento. La imagen de su pelo rojo y esos malditos ojos verdes reaparece en mi cabeza. Era bonita, demasiado. Cuerpo de infarto, pero con una actitud de mierda. Aun así, cuando la miré bien, sentí un maldito tirón en el estómago. No sé si por deseo o por pura rabia. —Era una jodida bruja —es todo lo que digo. —Uff, entonces te la quieres coger —se burla Adrián, acelerando. —Me cago en ti, Adrián. Él se ríe más fuerte y golpea el volante con la palma de la mano. —Tranquilo, güey, cuéntame qué recuerdas. Frunzo el ceño, pero mi mente es un puto hueco n***o. Recuerdo el club, la droga, el alcohol… después, todo se difumina. —Nada —admito, pasándome la mano por la cara. —Pues fue un desmadre. Renata se puso histérica porque desapareciste, casi llamamos a la policía. —Se ríe de nuevo—. Pero luego pensé: ‘Este güey seguro está follando en algún lado’ y, mira, no estaba tan equivocado. No contesto. No sé qué decir. Algo en la forma en que desperté me incomoda. No es solo la resaca o la falta de recuerdos. Es el hecho de que ella me vio en ese estado, y me trató como si yo no fuera nada especial. Jodida bruja....
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