Verónica. Salimos de la gala benéfica todavía tomados de la mano y me asusta que no quiera soltarme porque su toque cálido calma mis nervios. Vas mal amiga. Ya dentro de la gran limosina la tensión se podía palpar y el miedo de las represalias que podría tomar el ruso contra mí. Prácticamente estoy pegada a la puerta y mi cuerpo tiembla ligeramente mientras el auto avanza. —¿A dónde se fue toda tu valentía pequeña Venezolana? Deja de temblar así que no te haré nada. Eso inmediatamente relaja mis nervios. —Todavía. De nuevo se crispan mis nervios y lo miro con odio. Maldito. Disfruta intimidar me. Así que combato fuego con fuego y me enderezo mirándole de frente. Ahora estamos hablando en inglés y al parecer seguirá haciéndolo para comunicarse conmigo. —Si es así, entonces lo r

