Capítulo 3: Heridas del Pasado.

2245 Words
Verónica. No me gusta sentir miedo pero es lo único que siento mientras estoy escondida en el closet del cuarto de mi mami mientras ella está con un hombre en la sala haciendo cosas y soltando gritos raros. Yo prefiero esconderme aquí porque esos hombres malos cada vez que ella se duerme por culpa de la borrachera, ellos vienen a buscarme. Una vez, uno de ellos trató de tocarme corrí hacia mi mamá y le dije. No me creyó en cambio él le dijo que solo jugaba conmigo así que ella se enojó y me pegó con la correa. Me dejó marcas en las piernas y la espalda por días. Gracias a eso no pude ir a la escuela porque alguien podría darse cuenta. No sé porqué mi mami no me quiere, y mi papi me abandonó. Esta vez el alboroto en la casa es más grande y siento más miedo porque cuando se reúne mucha gente siempre uno termina aquí y me encuentra. Temo que lo hagan y me toquen. No me gusta que lo hagan. Son rústicos y me lastiman ahí abajo. Mis miedos se hacen realidad cuando la puerta se abre de golpe así que me paralizo debajo de la cama y cierro los ojos pidiéndole a papá Dios que me cuide. No funciona porque el tipo me toma de la pierna y tira de mí.... —Eeh ya despierta nena, ¡estás a salvo! ¡Estás a salvo!—Dice la voz preocupada de una joven. —¿Ah, qué?—Respondo desorientada y con la garganta seca. Mierda. Cuando amanezco así por culpa de una pesadilla es porque seguro estuve llorando o gritando en el proceso. Sí esta Catira está aquí entonces los demás también me escucharon. Y efectivamente es así porque unas cuantas empleadas me miran curiosos. —Vayanse por favor, ella necesita espacio—Indica la voz serena de la chica a lo que los trabajadores la obedecen. En cambio yo miro a la Ojiazul con curiosidad. ¿Quién es ella? —Lamento haber entrado así. Quería conocerte de otra manera, pero cuando iba a tocar tu puerta te escuché gritar y llorar ¿Estás bien? Hago un esfuerzo sobre humano para no contestar en su idioma porque casi lo hago. Siempre que tengo pesadillas con mi pasado mi mente se debilita. Pero no debo olvidar que nadie sabe que hablo ruso, alemán entre otros idiomas. —Oh que tonta, cierto que no hablas ruso—Se regaña la muchacha. Y yo me trago la risa porque es una persona dulce. Es raro ver gente así en un sitio como este. Me agrada. —Yo ser Svetlana, ¿y tú ser?—Pronuncia la Rusa con dificultad. Y ahí no supe cómo detener la carcajadas porque esta salió de mí con fuerza doblándome sobre mi misma. Es raro porque cuando tengo esas pesadillas no río en unos cuantos días hasta que se me pasa la sensación de peligro e intensa tensión. Sin duda esta chica tiene un aura tranquilizante. —Tener yo mal español, no burlar. Dejo de reírme para mirar su expresión divertida sabiendo que no está para nada ofendida. —Amiga, ser tuya—Prosigue Svetlana con su rústico español. Eso me hace mirarla con curiosidad ladeando la cara. —Parecer un gato así—Señala la Rusa. Me río de nuevo negando con la cabeza porque no es la primera vez que me dicen eso cuando hago este movimiento. Y a mí me gustan los gatos. —Me llamo Verónica, y si me gustaría que seamos compinches—Contesto serena a lo que ella frunce el ceño. —¿Ah? ¿Mi qué? ¿Compi qué? No entender—Pregunta la Rubia confundida. Yo río otra vez y decido confiar en esta chica tan dulce y honesta. Además que necesito una aliada entre tanta alimaña. Por lo que me levanto de la cama y cierro la puerta. —Promete que no dirás nada Rusa. —Eeh, yo prometer—Accede Svetlana. Aspiro hondo con miedo de dar un salto de fé. Pero bien dice el dicho que el que tenga miedo a morir que no nazca. Y yo ya nací. —Mi nombre es Verónica Rodríguez y soy Venezolana, llegué aquí con una visa de trabajo como profesora de idiomas cuando me secuestraron. Finjo no saber ruso porque necesito escapar cuando bajen la guardia, ¿me ayudarías?—Hablo en su idioma con fluidez. Ella me mira en shock con los ojos bien abiertos. —Joder, si mi hermano te descubre te matará—Balbucea Svetlana abrumada. Y ahí siento que el mundo se desploma al saber la identidad de esta chica. Ella me delatará y me torturará por quien sabe cuánto tiempo hasta morir. Siento que el aire me falta y un sudor frío me recorre la espalda. Noto que la Rubia se levanta mirándome con preocupación. Me dice algo pero no la entiendo. Solo puedo pensar en que moriré sin saber lo que es el amor ni tampoco sabré lo que es llevar aún bebé en el vientre. No es justo. Toda mi vida me la he pasado sufriendo. Supongo que es mi destino. —¿Svetlana que hacés aquí? ¿Que le hiciste?—Gruñe la voz molesta. Oigo pasos y como una figura grande me toma de los hombros y me hace mirarlo a los ojos. Me paralizo al ver que es el mismísimo Pakhan. Ya me morí. La falta de oxígeno me empieza a marear por lo que tengo puntos negros en los ojos. Veo borroso como él dice algo pero de nuevo no le entiendo porque es difícil en mi estado entender algo. Siento tanta tensión que finalmente mi cuerpo colapsa y mis ojos se cierran. Es mejor así porque si muero no sentiré dolor. Estoy harta de sentir dolor. Pavel. Apenas pude dormir anoche luego de esa conversación con mi hermana, y la verdad ahora tengo un mal humor increíble. Y mis empleados pagan las consecuencias. Un par de toques en mi puerta llaman mí atención y por ella entra Tanya, mi ama de llaves una rubia preciosa a la que me follo de vez en cuando. Sé ve tensa y ansiosa. —Pahkan la nueva esclava estuvo gritando y su hermana entró con ella y a solas puede ser peligroso para la señorita—Informa Tanya seria. Yo no le respondo sino que corro fuera de mi oficina. La terca de mi hermana en verdad fue a conocer a esa mujer. La cual castigare porque ahora es mi sirvienta personal y debía atenderme desde temprano. Abro la puerta de golpe para ver algo que me deja helado. La Morena está pálida y mi hermana trata de hacerla calmar. Cuando me acerco noto que tiene un ataque de pánico y no está respirando. Le grito a mi hermana para saber que mierda le hizo pero ella solo llora con culpa. La veo caer inconsciente atrapando la entre mis brazos controlando el miedo y la preocupación la alzo para acostarla en la cama. —Llama al médico de la familia—Ordeno serio a Tanya que estaba en la puerta. Ella hace un gesto de irritación y sale de la habitación. Doy un gruñido para girar a mi hermana que estaba con lágrimas en sus ojos y temblando. —Yoo, no quise... Ella...Dios mío. Pavel no le hice daño. Jamás la dañaría. Hablamos y luego entró en pánico. No sé que pasó—Dice Svetlana ansiosa yendo hasta la cama donde está la Morena y tomar su mano. —Lo sé, pero algo tuviste que decirle para que le diera esto... Habla Svetlana, ya sabes que no me gustan las mentiras. Y las consecuencias de ello—Recuerdo tajante. Jamás le haría daño a mi hermana pero si que podría restringir sus salidas y tarjetas por un tiempo. Nadie le miente al Pakhan. Menos su sangre. Necesito que mis allegados me sean leales. —Ella...Me pidió ayuda y se lo negué le dije que jamás se iría de aquí. Fui egoísta porque solo quería una amiga mujer entre tanto hombre—Articula Svetlana con vergüenza. En cambio yo cierro los ojos con cansancio un segundo y luego la miro con ternura. Mi hermana lleva años sintiéndose sola entre tantos lujos y hombres armados y peligrosos. Tampoco ha tenido pareja porque no ha nacido ningún valiente todavía que se atreva a invitar a salir a la hermana del Pakhan. Sé que eso también pone mal a Svetlana. —Solo...Ve a tú habitación, yo me encargo de ella—Mascullo serio. Ella me mira con pesadez y luego sus ojos se posan en la Latina que sigue inconsciente. Mierda. ¿Que pasa con el maldito médico? —No seas tan malo con ella, solo está asustada—Pide Svetlana serena dándole un apretón en el brazo a su hermano e irse. Luego de que ella sale llega el médico. Román Popov ha sido el médico de la familia por años. Nos es fiel. Es un hombre chapado a la antigua y también de carácter justo. Él fue el primero en apoyarme cuando tomé el control. Cuando hice justicia. Tampoco estaba de acuerdo en como mi padre manejaba la Bratva y toda la corrupción que había. Así que me dió su apoyo. De reojo noto como Tanya mira con odio a la Morena. Espero que esto no sea un problema más adelante. Renuente camino a la salida porque no me debería importar lo que le suceda a esta mujer. Vuelvo a mi oficina con todo el cuerpo en tensión con Tanya detrás. Los años como líder de la Bratva me han enseñado a fingir que nada me afecta. No puedo mostrar debilidad. Me sumerjo en el trabajo para distraerme de esta angustia que no debería estar ahí. Que rayos me pasa maldita sea. Tanya se va a sus quehaceres y yo respiro más relajado. Ya estaba por decirle que se largue. No sé cuánto tiempo ha pasado cuando tocan a mi puerta. Doy el permiso y la persona ingresa. —Pavel, muchacho. Te has quedado con ella. Creí que a las víctimas de tratas las regresabas a su país o las dejabas libres ¿Te hizo algo?—Pregunta Román directo. Ajá, eso es lo que me gusta de él. No teme decirme las cosas a la cara. Es viejo pero sabio. Iba a contestarle pero la presencia de Tanya me lo impide. ¿En qué momento regresó? Le lanzo una mirada mortal que la hace palidecer y se marcha rápidamente. Él cierra la puerta de mi oficina. —Ella no me teme y es capaz de mirarme a los ojos sin temblar y si lo hace se traga sus miedos...Sencillamente despertó mi interés—Explico serio. Román me mira analítico y yo mantengo mi expresión neutral aunque por dentro mis emociones estén vuelta mierda. Un Pahkan no debe mostrar debilidad. Eso me lo enseñaron desde niño y lo acepté a las malas. El maldito de mi padre quebró partes de mí que todavía no sanan. —Pues, ten cuidado porque tienes ese tipo de interés que derrocan hombres poderosos—Alega Román contundente. Me tenso porque tiene toda la puta razón. Debería mandar lejos a la tentación de piel morena pero la sola idea me da ansiedad. Quiero tenerla, así sea para verla de lejos pero sería suficiente. ¿Estás seguro? Me trago el gruñido que desea salir de mi garganta. Él continúa mirándome de esa forma que ha logrado siempre intimidar a la gente. Pero yo no soy fácil de intimidar. —Aparentemente está bien, tal vez con unos análisis podríamos descartar cualquier cosa...El desmayo se puede deber a mucho estrés y ella lo ha tenido mucho—Asevera Román sereno. Observo como Román se sienta en la silla frente a mí escritorio. Esta mansión es enorme por lo tanto mandé a crear un espacio para la clínica dónde tengo a los mejores médicos de todo tipo de especialidades. Todos me son fieles o sencillamente los asesino y no de una forma linda. Eso se los he dejado claro. Sé que no soy ni seré como mi padre pero en la mafia uno no puede ser débil porque te devoran vivo. Román antes de irse me lanza una mirada analítica y yo finjo estar relajado porque primero muerto que mostrarme vulnerable. No entiendo esta obsesión por ella. Me desconcierta. El viejo médico sale de mi oficina y me quedo solo con mis pensamientos revueltos. No debería sentirme de ninguna manera por esa mujer pero algo en ella me atrae como polilla a la luz. Sé que Verónica piensa que no soy tan malo como dicen porque las veces que hemos tratado no le hice nada por reírse en mi cara pero que no se confíe. Si no le hice nada fue porque estábamos solos. Si tengo que darle un correctivo se lo daré porque no debe olvidar que soy el Pahkan. Si lo llega a hacer delante de mis hombres o de algún empleado lo pagará. Quizás mi aura no sea tan densa como la de mi segundo al mando Alexei, pero es solo por fuera. Todos saben lo que pasa cuando mi sonrisa muere. Y esa pequeña Venezolana no tiene idea. Pero tengo el presentimiento de que pronto lo descubrirá. Mini glosario Venezolano: Compinche: Se llama así a los amigos. Catira: Así se le llama a la gente Rubia.
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