Verónica.
Me remuevo incómoda en mi cama sintiendo como mi cabeza duele.
Parpadeo un par de veces hasta que logro abrir mis ojos.
Tardo en ubicar que estoy en mi habitación y que sigo secuestrada en este lugar.
Sigo siendo de la propiedad del Pahkan de la Bratva.
No sé porqué eso último no me da miedo y no me gusta.
No soy propiedad de nadie.
No debo olvidar la clase de hombre que es.
Pero es difícil hacerlo cuando nunca me ha hecho daño.
La frente me palpita y la toco sintiendo una gasa ahí.
Recordando lo que me sucedió en el jardín del Palacete.
Joder ese guardia trató de abusar de mí y lo mataron.
Estoy salada.
Siempre me pasa algo.
Cuando bajo la mirada del techo doy un jadeo del susto al ver al Pelinegro que es el segundo al mando.
Alexei Ivanov.
Sus fríos ojos verdes me observan como si quisiera desentreñar todos mis secretos.
Este sujeto me asusta bastante.
Sí que sabe cómo intimidar.
No hago ningún movimiento porque cuando los animales peligrosos te miran así es mejor no moverse.
Supervivencia al límite.
—Vístete, te esperan en la sala principal—Dice la voz ronca del Ojiverde en español levantándose de la silla en dónde estaba sentado.
Yo me encojo sobre mi misma y lo miro salir de mi cuarto.
Respiro aliviada cuando ya no está y con toda la flojera del mundo me visto.
¿Que pasará?
Ya lista salgo de la recámara sintiendo un ambiente más tenso y turbio.
Tengo un mal presentimiento.
Yo no hice nada ¿verdad?
Al llegar a la sala principal todos los hombres que vigilan la mansión están ahí presentes.
¿Que coño pasa?
Noto que Alexei está parado al lado del Pahkan que está sentado sobre su trono de Rey.
Los dos ahora emanan una autoridad nata como también un halo de oscuridad que cubre la estancia.
Aprieto mis manos entre sí no pudiendo esta vez sostenerle la mirada al mandamás porque hay algo más oscuro en él que me aterra.
Miro al suelo respirando con lentitud para ver si el miedo mengua y puedo pensar con claridad.
—¿Ustedes en serio creen que pueden saltarse una orden mía y tocar lo que me pertenece?...Pues yo les recordaré lo que sucede cuando rompen mis reglas—Habla la voz dura del Pahkan.
E inmediatamente alzo la mirada para ver cómo traen arrastrando a una familia entera que llora y súplica.
Empiezo a temblar porque intuyo lo que hará y no quiero estar aquí.
Sé que no es mi culpa pero siento que lo es porque de alguna manera por mi ellos morirán.
Son un par de ancianos, una mujer de unos cuarenta y dos jóvenes de unos dieciséis años.
No joda vale.
¿Que hago?
—Ellos son la familia del traidor que tocó a mi propiedad. Y ya no confío en ninguno por lo tanto limpiare la basura—Señala Pavel neutral.
Ja, no soy una propiedad.
Maldito.
El Pahkan hace una seña y uno de sus hombres alzan sus armas y disparan a los ancianos ignorando los ruegos de estos y su familia.
Ahogo un grito porque no paro de presenciar muertes y este trauma es peor que todos los anteriores.
Seguido asesinan a la mujer y cuando iban a por los chicos no pude soportarlo más así que corro hacia ellos y los cubro con mi cuerpo.
—¡Alto!
Los guardias se detienen ante la órden de su líder y yo suspiro de alivio porque pude convertirme en un coladero.
Aterrada observo la mirada de ira en sus ojos grises.
Nunca lo había visto tan furioso menos conmigo.
Este hombre es tan distinto al que he conocido y servido todo este tiempo.
—Te has atrevido a intervenir...Y ni siquiera tú que eres mi sirvienta personal te salvarás del castigo. Que se arrodille— Objeta Pavel con neutra.
Yo tiemblo cuando dos mastodontes me toman y me obligan a arrodillarme.
Me siento humillada pero eso no es lo peor.
Sino que desgarran mi ropa dejándome en sostén.
De reojo diviso a los chicos que asustados me miran con pena y yo les doy una sonrisa tranquilizadora.
Cómo he dicho a sacar pecho como las palomas y aceptar las consecuencias de tus actos.
Veo como un tipo enorme para variar vestido de n***o con una capucha donde solo se le ve los ojos y la boca entra en escena.
Tiene sujeto a su cuerpo varios objetos filosos.
Ahí supe que es el verdugo de la Bratva.
Me van a torturar.
Tengo miedo al dolor pero no lo demostraré.
—Cincuenta azotes. Empieza ya.
La voz de Pavel es fría al ordenar lejos del hombre relajado, jovial e incluso chistoso que conocí.
Ahora estoy frente al Pahkan.
Nunca debí olvidarlo.
Esta es su Verdadera Cara.
El primer azote corta mi piel y me hace gritar por más que mordí mis labios.
Solo conseguí sacarme sangre.
Azote tras azote mi piel sangra y se abre cada vez más sintiendo un dolor indescriptible como también la decepción inundarme.
Nunca debí creer cosas que no son del BOSS de la Bratva.
Ahora estoy pagando las consecuencias.
No sé cuántos azotes van cuando los gorilas me sueltan cayendo al suelo agotada y dolorida.
—Dejen a los chicos vivo... Serán una sombra. Ya saben que hacer.
Oigo a la lejos la voz del Pahkan que luego dice algo más pero no logro entender porque la oscuridad me absorbe.
Gimo de dolor tratando de abrir mis ojos descubriendo que estoy en una habitación que huele a desinfectante y las paredes son blancas.
Me encuentro boca abajo y la espalda me duele y arde como el maldito infierno.
Ahí la avalancha de recuerdos me invade, la familia asesinada yo atravesando me para que no mataran al niño.
El castigo.
Él ordenó que me azotaran.
Olvidé que era el maldito líder de una de las organizaciones del crimen más grandes del mundo.
Que estúpida Verónica.
Te mereces lo que te pasó.
¿Me arrepiento?
Cuando recuerdo que salvé a los chicos porque recuerdo que el Boss dijo que se convertirían en algo.
No sé que será pero es mejor que estar muerto ¿verdad?
Entonces no me arrepiento.
Salvé a un inocente.
Quién me hizo daño fue ese maldito no su familia.
Jamás entenderé como se hacen las cosas aquí.
Y si quiero sobrevivir en verdad tendré que dejar de ver al mandamás como alguien jovial sino como el mounstro que es.
Ya me demostró su verdadera cara.
La puerta se abre y oigo pasos mi cuerpo se tensa preparada para la peor.
Pero simplemente es la enfermera que revisa el gotero y me administra lo que supongo que es antibiótico.
Ella vuelve a salir y yo cierro los ojos.
Cuando los abro doy un grito y trato de alejarme al ver al líder de Bratva aquí.
Pavel Kuznetsov
Eso manda un latigazo de dolor a todo mi cuerpo.
La mirada gélida que me mandó él bastó para que me quedara quieta.
¿Va a matarme con sus propias manos?
Intento mantenerle la vista pero ahora ya no puedo verle como antes.
Su aura ha cambiado ya no es la relajada ni divertida sino una más oscura y tenebrosa.
Agacho la mirada y tiemblo cuando su mano se alza.
Espero el golpe pero solamente toca casi superficialmente las vendas que tapan las heridas en mi espalda.
¿Siente remordimiento?
¡Pero si fue él quién lo ordenó!
Me mantengo callada porque si me castigó así por desobedecerle no me quiero imaginar lo que me haría si descubre que sé Ruso.
Me matará en un dos por tres.
—Tenias que desobedecer delante de mis hombres. Tu te lo buscaste krasivyy. No sé si me entiendas pero espero que no se te olvide que si cruzas el límite te castigare sin importar lo mucho que me atraigas porque no acepto faltas de respeto en mi organización—Dice Pavel serio.
Luego la silla se arrastra y él sale de la habitación e inmediatamente el ambiente cambia a uno relajado.
Su presencia había oscurecido el lugar.
Descuide Boss que ya aprendí la lección.
No sé a qué se debe su cambio de actitud conmigo.
Quizás solo tuve suerte los primeros días porque era la novedad.
Era la primera latina aquí así que creo que fue por eso.
La emoción ya se pasó y adiós trato diferente.
No me olvidaré jamás de su verdadera Cara porque ella me regaló unas cicatrices en mi espalda.
Si un día logro escapar tendré en cuenta que no importa si una persona te sonríe porque también es capaz de hacerte daño sin duda.
Lección aprendida.
Pavel.
Hice lo único que debía hacer para demostrarle mi verdadero ser a la Venezolana porque no podía seguir permitiendo su comportamiento.
Sabía que en cualquier momento iba a desobedecer delante de mis hombres y lo hizo.
No tuve más opción que castigarla.
Es una ley que si alguien nos traiciona o desobece una orden directa mía se paga con la muerte y la de su gente.
En esta ocasión quizás me pasé un poco porque con solo matar al hombre bastaba.
Pero saber que ese maldito se atrevió a tocar lo que es mío me enloqueció.
Así que fui a por su familia.
Cuando ví que Verónica cubrió con su cuerpo a los chicos sentí pánico porque la podía asesinar por error, también admiración por su valentía y por último ira por ser tan impulsiva.
No me quedó más remedio que castigarla.
Le dí el castigo más suave.
Cincuenta latigazos es poco.
Hay castigos peores que espero que ella no me obligue a usar.
Para premiar su resistencia ante los azotes decido dejar a los chicos con vida pero se convertirán en una Sombra.
Una sombra es un grupo de hombres que son entrenados desde niños para convertirse en los mejores asesinos de la Bratva que solo me responden a mí.
Esto lo creé hace unos diez años atrás.
Los resultados son excelentes.
Actualmente hay como treinta y aunque suena poquito son los suficiente para acabar con un ejército dado su nivel de entrenamiento.
Sé que no debí ir a verla en el hospital pero me ganó las ganas.
Y lo que ví me dejó claro que ya no me ve como antes.
Sino como realmente soy.
No soy un mounstro por completo pero no soy bueno como tal.
Por unos días bajé la guardia y me estaba comportando como un idiota lejos del Pahkan que soy.
Sí el viejo Román y mi segundo al mando Alexie se dieron cuenta no me quiero imaginar los demás.
No botare a la basura años le labrarme una imagen no más porque una mujer me vuela la cabeza.
Acepto que me inquieta que ahora me tenga miedo pero es algo con lo que tengo que vivir.
Alexei me mira cuando llego a la oficina y su mirada escrutadora me molesta.
—¿Que no tienes trabajo que hacer?
—Si, solo que...Joder, ¿ya se te pasó el encanto con la Venezolana?—Pregunta Alexei directo.
Yo detengo mis movimientos y lo miro irritado.
—Oh no sigue gustando te. Pero con esto solo la alejaste y supongo que era lo que buscabas. Es lo mejor—Acota Alexei relajado.
—Fuera, ve a hacer tu trabajo o te cortaré la maldita lengua—Advierto furioso.
Alexie se ríe y niega con la cabeza sin una pizca de miedo ante mi amenaza.
Los dos sabemos bien que no nos tenemos miedo.
Nos criamos juntos y aprendimos juntos.
Si alguien me podría dar pelea a mi es él nadie más.
Muevo mi cuello de un lado a otro en busca de aliviar el estrés.
La puerta suena y doy el pase para ver entrar a una despampanante Rubia de piernas largas que me sonríe coqueta.
Katerina Krupin.
Hace una semana la llamé y nos hemos estado viendo.
Todo para centrarme en cualquier cosa menos en ir tras esa mujer.
Sonrío de lado y ella camina con sensualidad hacia mí para rodearme el cuello con sus brazos.
—Tengo ganas de que me hagas tuya.
—Entonces quién soy yo para negarme.
Y con esa respuesta la beso obligando me a enfocarme en ella y no en la expresión de terror que me dió la Venezolana.
Beso con furia a la Rusa porque aún con ella aquí no me saco de la mente a esa chica.
Así que tendré que poner más empeño en esto.