"Día 2" Samantha

3072 Words
Silencio... Había tanto silencio en este lugar. Un silencio acogedor.   Bruno estaba recostado a lo largo del sofá con un libro en la mano. Una de sus piernas caía perezosa a un costado balanceándose, hasta que su libro se ponía interesante y detenía el suave movimiento o hacía un gesto con su atractivo rostro.   Estaba tentada a preguntarle de que iba su lectura, pero no tenía ganas de discutir sobre que género literario era mejor, mi mente estaba comprometida eternamente con todo lo que fuera místico y fantástico.   Cuando yo leía no solo era por entretención, quería transportarme a un mundo irreal, quería conocer algo que solo existiría en las páginas de un libro.   Ayer hablamos de fantasías mientras almorzábamos... Si, hablamos de todo lo que había pasado hace 4 años. Llego la noche y continuábamos debatiendo sobre lo que fue y no fue. Creo que esas tres semanas me marcaron más de lo que yo quería admitir.   Bruno es el hombre más directo que he conocido, dejo muy en claro desde el comienzo, que, en esos años, él se la habría jugado con todo por mi... de haber tenido la oportunidad.   También dejo muy en claro que fui yo la que cerró la puerta sin decir nada, estaba de acuerdo con él, sé quién soy y de lo que soy capaz.   Para mí, nunca ha sido difícil alejarme de la gente que es un potencial daño para mí. Lo he hecho con otros novios, pseudoamigos... Vamos, lo hice con mi familia, ¿Cómo no lo haría con un chico que conocí tan poco tiempo?   Si bien yo me cerré en banda con Bruno, he de reconocer que me lastimo un poco el ego en ese momento, que él solo aceptara mi "lárgate" y desapareciera. Cuando le recriminé lo fácil que fue para él dar un paso atrás, me confeso algo que me dejo un poco helada y me hizo reflexionar sobre el tipo de hombre que es él. Bruno tiene una hermana mayor, Abigail. Por lo que me dijo, ella tiene la vida que siempre quiso. Vive en Miami, con su esposo Martin y dos hijos. Tristemente la vida no siempre fue buena para ella.   Tuvo un noviazgo abusivo desde muy temprana edad y que lamentablemente duro años. Cuando ella trataba de hablar de lo que pasaba con sus padres, ellos se ponían de parte del hijo de puta que en ese momento era su novio. Bruno me conto que él era muy pequeño, pero que escucho muchas veces a su madre decirle a su hermana cosas como "tú lo provocaste", "él tendría motivos", "se buscara a otra", "todos los hombres son así, acostúmbrate", "él tiene derecho a hacer eso, tu no", "No eres tan inteligente como para vivir sin él"... Me enfada solo recordar esa estupidez humana.   Él me conto que su padre siempre hacia la vista gorda con todo en su casa, era como un ente que no le importaba lo que pasaba a su alrededor. Su madre era una mujer dominante con sus hijos, en ese entonces era la que manejaba todo respecto a ellos.   En su familia no había problemas de dinero, nunca les falto nada, casi nunca discutían y mucho menos levantar la mano hacia algún integrante de la familia, nunca pasaron por algún evento traumático, que él o Abigail recuerde. Sus tíos y familiares nunca mostraron actitudes similares a las de sus padres, incluso cuando se enteraron de lo de Abigail todos se sorprendieron mucho de como actuaron ellos y apoyaron en todo a su hermana.   Y gracias a Dios que había alguien que la apoyo, porque cuando ella se fue de casa de sus padres, el hijo de puta no se tomó bien la ruptura. Acosaba constantemente a Abigail, la seguía a su trabajo y apartamento, la llamaba y enviaba mensajes constantemente desde muchos números, hacia supuestas demostraciones de amor y cuando Abigail no aceptaba volver, él la insultaba o golpeaba, para después huir antes de que llegara alguien.   Abigail intento de muchas formas conseguir órdenes de alejamiento, que lo detuvieran o.… algo, no logro nada. Él no era una persona influyente, su familia tampoco era rica o con contactos, simplemente fue como si el mundo mirara a otro lado y le permitiera hacer lo que se le diera la gana. Ella ya estaba cansada y su abuelo le aconsejó que se fuera a vivir con él, era más seguro que vivir sola. Ella acepto, por ella y por él. Su abuelo era muy mayor y vivía solo a las afueras de la ciudad desde que enviudo. Sería bueno para ambos.   Cuando pensó que todo había mejorado el psicópata descubrió donde vivía y fue a acosarla nuevamente.   El muy imbécil jamás se esperó que en cuanto pisara el jardín delantero para ir tras Abigail, escucharía dos disparos de escopeta, uno de ellos impactando en su cadera, destrozando el hueso.   Él nunca fue a prisión, nunca recibió una orden de alejamiento, ni siquiera una multa por haber maltratado por años a Abigail o irrumpir en propiedad privada. Aun así, cada vez que cojeara al caminar, recordaría que no puede huir tan rápidamente; cada vez que se sentara y el metal de su cadera hiciera un ruido desagradable, recordaría que es afortunado que el viejo fallara el segundo tiro, cada vez que llegara el frio invierno y sintiera agujas clavándose en cada respiración, recordaría que ya no puede herir a Abigail.   Y yo siempre recordare algo de esa historia, y no es Abigail, ni su abuelo, ni sus negligentes padres, ni mucho menos el enfermo exnovio. Yo siempre recordare lo que Bruno me dijo al final.   "Por eso no te seguí, por eso no te volví a llamar... Créeme Samy, yo quería perseguirte y pedirte al menos una explicación, una oportunidad. Pero yo le jure a mi hermana y a mí mismo jamás sería ese hombre"   "Porque para mí... Samy... Si la chica dice no... es no, y no tiene por qué darte una explicación por ello. Y si... estoy enfadado con mi yo del pasado por haberse rendido tan fácilmente, pero también estoy orgulloso de ese chico que pudo cumplir su palabra, por su hermana y por él mismo"   Cuando termino de decirme eso, por un momento... un solo segundo, quise lanzarme a sus brazos y besarlo, por el simple hecho de existir. Al final de nuestra conversación ambos habíamos llegado a la misma conclusión. Había pasado mucha agua bajo este puente y en cuatro años las personas cambian mucho, la vida te cambia cada día. Y yo estaba muy consiente de cuanto había cambiado, ya no soy ni la sombra de lo que fui hace años, ya no soy la chica por la que él se la habría jugado.   —  ¡¡¡NOOOOO!!! — Gritó. Al ver que lo miraba como si tuviera dos cabezas aclaró —. El escritor acaba de matar a mi personaje preferido... Espero que su novia pueda revivirlo... solo tiene que encontrar al dragón del rey y...   Decidí no seguir escuchándolo, porque cada vez que decía una palabra pasaban dos cosas. Primero, me atraía el libro que estaba leyendo y yo ya tenía mi lectura planificada para estas dos semanas, y segundo no era bueno para mi salud mental que él siguiera sumando puntos. Un hombre que tiene un gusto literario similar al tuyo y que prefiere el libro físico al digital solo significa una cosa... Que podríamos tener una colección genial de libros juntos, y eso es casi erótico para alguien como yo.   —  Creo que ya he terminado con la página web por hoy — Dije cerrado el notebook más fuerte de lo que quería y ordenando todo lo que tenía sobre la mesa torpemente —. ¿Te parece si comemos algo? Son casi las 2 de la tarde, yo muero de hambre.   —  ¡¡¡Ameeen!!! — Dijo, haciéndome reír. Si yo tenía hambre alguien de su tamaño debía estar famélico.   —  Tengo demasiada hambre como para esperar que algo este cocinado... — comencé.   —  Sam... — negó de forma reprobatoria —. No podemos comer la carne cruda, lo siento.   —  Idiota — Le grite riendo mientras entraba a la cocina —. Estoy casi segura que hay maruchan, compre el otro día varios.   Rebusqué entre las cajas de comida que traje ayer y no habíamos organizado aún.   —  Si — grité emocionada cuando las encontré, puse de inmediato el hervidor a tope de agua — ¿Vas a querer también o prefieres la carne cruda? —  Aunque la carne suena bien... Debo admitir que adoro las marucha... ¿Tienes picantes? — preguntó.   —  Solo compro las picantes — respondí —. ¿Quieres dos?, yo suelo quedar bien con una, pero tú eres el doble de mi... así que... ¿dos?   —  ¡Hey! No soy el doble — Se quejo, fingiendo estar ofendido —. Quizá... en proporción... ¿1.5? — tanteo.   Yo no le respondí, solo deje los maruchan semi destapados en la encimera y me acerque al él. Muy cerca, más de lo que debería, no es que tuviera miedo de que estuviera infectado, es solo que tenía miedo de que sumara más puntos en mi ranking imaginario.   Si cerebro siempre había funcionado como un marcador cuando conocía a alguien. Sumando y restando puntos constantemente, si llegabas a números negativos conmigo estabas fuera de mi vida, así de simple. Con Bruno no era simple, era como su el estúpido marcado estuviera descompuesto y no parara de sumar... y sumar... y sumar.   El orden de su casa, lo respetuoso que es con todo, el tipo de libro que lee, los maruchan que prefiere, la compostera que tiene en el balcón... No era sano, para mí.   Pero aquí estoy, tan cerca de él, que siento su calor corporal.   Tomé su mando y puse nuestras palmas una en frente de la otra. Lo miré y sonreí. Después saqué mi pie de la esponjosa pantufla de unicornio y lo puse entre los suyos que estaban cubiertos solo con calcetines negros. Lo volví a mirar y ambos sonreímos esta vez, mi proporción era más acertada. Mis manos y pies eran un chiste en comparación. Además de lo obvio de nuestros cuerpos, sin zapatos yo apenas le llegaba al hombro. Aunque yo no era delgada... todo lo contrario, tengo grandes caderas y mis pechos son un fastidio a veces, sobre todo cuando aumento de peso, como ahora. Aun así, con mi kilos de más, Bruno era más ancho que yo... por mucho.   —  Bueno... ya que ofreces... sí, quiero dos — dijo resignado. Intente contener la risa, pero fue imposible y terminamos los dos riendo a carcajadas en la cocina, enseñándole al otro nuestra palma y juntándolas una y otra vez para ver lo ridículas que se veían una al lado de la otra, como un gigante y un hobbit.   Solo que para cuando los maruchan estuvieron listos, yo quería volver a juntar nuestras manos, pero no alejarla en un buen rato, pensamientos locos que tengo cuando tengo hambre.   Salimos de la cocina cada uno con su vaso blanco de plumavit lleno de la deliciosa sopa con fideos de chile pequín.   —  Ok... Ha llegado el momento más difícil de vivir juntos —dije seriamente —. ¿Qué veremos en Netflix? — Bruno casi da vuelta su vaso al voltear tan rápido.   —  ¡¡Dios!! Pensé que hablabas de algo serio en verdad —rio.   —  Es algo serio — respondí —. ¿Veremos una película o nos arriesgamos con una serie?   —  Creo que una película... Si elegimos una serie, y me gusta mucho, y después la cancelan no lo podría soportar... Te culparía el resto de mi vida.   —  Estas loco — Era tan fácil reír con él, es una persona agradable, graciosa y divertida, no era un constante chiste forzado —. Entonces que sea una película... No quiero tentar al universo y que después de odies.   —  Me alegra oír eso — Nos sentamos frente en el sofá frente al televisor—. Lo dejaremos en manos del universo entonces... ¿Has jugado bachillerato? —asentí —. Entonces... moveré el cursor por las letras del teclado y cuando digas que pare esa se queda, lo haremos dos veces, una tú y una yo... así compartimos la culpa si es mala.   —  Ok, yo parto —tomé el control remoto rápidamente de la mesa de centro. La primera letra que Bruno escogió fue "T", luego y luego yo la "W" Ambos nos moramos curiosos porque esas letras no pegaban nada, hasta que vimos que la primera película en aparecer tenía el título en inglés, y volvimos a reír. Siempre recordare el día en el que almorcé con Bruno viendo Crepúsculo.   —  No puedo creer que cuando vi esta película hace mil años atrás yo era Team Edward —  Me quejé cuando íbamos por la mitad —. Ahora no cambiaría al lobo por nada —  Bruno me miro como si estuviera hablando en árabe, así decidí explicarle —. Cuando era niña las fans de la saga se dividían en dos si querías que Bella se quedara...   —  Entiendo eso — interrumpió —. Solo no entiendo como cambiarias a Edward — Contuve la risa en mi garganta por su comentario, él continuo —. La experiencia, la inmortalidad, es super rico y elegante.   —  ¿Elegante? — pregunté sin poder contener la risa esta vez.   —  Si, elegante —dijo riendo también, mientras recogía los vasos vacíos de maruchan —. Yo estoy contigo Edward, amigo — gritó apuntando a la pantalla.   —  Creo que quieres ser más que amigo de Edward Cullen —Me burle desde el sofá.   Lo seguí a la cocina para pedirle que no botara los envases, porque lo que no se puede reciclar normalmente lo llevo al hogar que está a un par de calles y lo usan para que los niños hagan manualidades y cosas así, pero él ya los tenía lavados. No le quizá preguntar, no porque no me interesara, sino porque no quería que sumara más puntos. Prefiero vivir en la ignorancia de lo que pasara con esos tres tristes envases.   —  ¿Viste el auto que tenía? — preguntó —. Yo me vendería por menos.   —  Bueno saberlo — dije sin pensar. Bruno me miro sorprendido y supe que mi estúpido comentario no fue sutil —. Bueno si quieres una pelea de Team de Crepúsculo las tendremos que ver todas, porque no podemos solo juzgas a Jacob por una película en la que casi no aparece — continúe hablando, intentando disimular mi comentario anterior.   —  Esta bien —dijo —. Esta será una batalla despiadada, pero confío en Edward. Voy al baño, tu pon mientras la siguiente. Pasamos toda la tarde discutiendo de quien era mejor. Eran más de las 2 de la mañana cuando terminamos de ver toda la saga y la mesa de centro estaba llena de migas de los sándwiches que cenamos.   Cuando había comenzado a bajar la temperatura Bruno fue al dormitorio por las mantas que traje de mi apartamento. Después de la tercera película nos dio sueño, pero no queríamos dejarlas para otro día, no porque nos encantara, sino porque ambos queríamos convencer al otro de cambiar de opinión.   Sobrevivimos las últimas películas con mucho café y galletas. Y al final ninguno cambio de opinión. Por un momento casi logro que Bruno cayera, pero luego Edward salió conduciendo una lancha y lo volví a perder.   Yo no dude ni por un momento. Quizá cuando niña quería la inmortalidad con un hombre joven, frio, guapo y con dinero. Ahora yo quería al chico caliente y dulce que te follaría como un animal en el bosque y después te mimaría con cariño.   Las observaciones de Bruno no estaban mal. Él apoyaba que Edward manejaba muchos vehículos, que no gastaba dinero en comida y que tenía mucho tiempo libre porque no dormía       y bla bla bla. En realidad, a ninguno nos importaban los Team, solo estábamos pasando un buen rato, e inventando cualquier excusa para no tener que poner el noticiero.   Cada vez que prendía la televisión nacional, o internacional, terminaba deprimida y agradecida. Hasta el momento tenía un hogar, comida y algo de dinero, muchos perdieron esos beneficios hace meses. Aún más deprimente era ver como la cifra de muertes solo iba en aumento, parecía que no pararía hasta borrarnos de la faz de la tierra.   Por eso no nos importó de que Team fuéramos, nos importó que por toda una tarde no estuvimos en cuarentena, no vivíamos una pandemia que estaba matando a nuestros vecinos, no había personas durmiendo con hambre, no había personas perdiendo sus hogares. Por toda una tarde fuimos dos personas riéndonos de comentarios absurdos que decía el otro y solo siendo nosotros mismo. Era egoísta no pensar en los demás por un momento, pero lo necesitaba... lo necesitábamos, para poder seguir cuerdos.   Mientras doblaba las mantas Bruno limpio los restos de la mesa de centro. Fui al baño a cepillar mis dientes e ir a dormir, de seguro Bruno también estaba cansado, le ayudaría a poner las sabanas y cobertores en el sofá, para que se acostara pronto como ayer.   Cuando salí del baño fui por los cobertores al armario del pasillo, estuche a Bruno en la cocina limpiando lo que usamos hoy.   No sé si él siempre era así de limpio o si ordenaba porque estaba yo acá, pero me encantaba, porque yo era ordenada. Bueno el tiempo diría si ese orden duraría.   Cuando dejé las cosas en el sofá me di cuenta que estaba muy frio.   —  Gracias —dijo a mi espalda —. No era necesario, yo podía traerlas.   No sé si fue su tono de voz al sentirse agradecido por algo tan simple, o el buen rato que pasamos esta tarde, o lo afortunados que éramos de tener lo que tenemos, o solo tal vez era que estaba demasiado cansada, pero dije:   —  Olvida el sofá... Tu cama es grande — lo miré e hice un gesto con la cabeza —. Vamos a dormir.   Me agradaba mucho el chico que conocí hace cuatro años, me gustaba y atraía mucho ese chico, pero me di cuenta que con el chico que hoy yo me podía relajar, podía confiar en él.
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