Acababa de descubrir que Samantha era la mejor jugadora de póker del mundo. Simplemente me miro con esos enormes ojos marrones, como café de mañana, oscuros y densos. Y entro al supermercado sin vacilar.
— El ingreso es solo de a uno —Me detuvo el guardia que estaba en la puerta.
— Voy con ella — respondí apuntando la espalda de Sam que ya iba a varios metros de distancia.
— Solo puede haber 50 personas dentro, no importa si vienen juntas o separadas, de seguro tu esposa te esperara dentro — Genial habíamos pasado de ser novio a ser esposos en un par de cuadras.
No entiendo que paso. Ella no dijo que si o que no, no se sorprendió, enfado o burlo de mi idea. Solo se fue... bueno, así era ella. Samantha era la clase de chica que solo continúa avanzando, no mira atrás. Me gustaría ser como ella, poder dejar las cosas en el pasado y continuar con mi vida, pero no, yo aun pensaba en ese par de semanas que estuvimos juntos hace 4 años.
Cada vez que me la topaba en las escaleras, en la panadería o simplemente la escuchaba recordaba esos momentos. Ella fue un respiro de aire puro después de tener una bolsa plástica en mi cabeza por 2 años. Quizá la idealice, porque lo anterior fue tan malo que cualquier cosa en comparación era el paraíso, o quizá no, quizá era así de bueno en verdad.
Hace 6 años estuve en la relación más toxica del mundo. Casi arruina mi vida.
Barbara siempre tuvo un carácter fuerte, pero era amable e inteligente, siempre lucia como una perfecta modelo. Ella fue una de mis primeras clientas cuando me gradué de quiropráctico. Tenía 23 y creía que había encontrado a mi alma gemela.
A los pocos meses de salir decidimos ir a vivir juntos, ella estaba estudiando para ser enfermera y trabajaba en un cine. En cuando nos mudamos juntos fue como si el interruptor de la amabilidad se bajara de su cerebro.
Por mucho que le dijera que la amaba, ella siempre creía que la estaba engañando con alguna clienta, perdí mi trabajo en el spa porque ella comenzó a acosarlas, las seguía a sus autos o dejaba mensajes en sus r************* .
Yo la amaba mucho, era inmaduro e ingenuo, creía que eso era amor. Que ella me amaba tanto que tenía miedo a perderme. Pero cuando tuve que hacer masajes a domicilio porque no encontraba otro trabajo, todo fue aún peor.
Pasamos de escenas de celos a las discusiones constantes y al final a los golpes.
Mi hermana mayor había sufrido violencia física y psicológica por su novio, fue difícil para ella salir de eso, yo era muy pequeño y mis padres decían "algo debes haber hecho para que te trate así". Me prometí a mí mismo y a ella no ser jamás ese chico y jamás ser como mis padres.
Yo amaba a Barbara y creí que si le daba tiempo podríamos superar esto, que si aguantaba un par de rasgúñanos, que me tirara del cabello o lanzara algunas cosas, lo podríamos solucionar. En mi mente ella se estaba defendiendo de algo que yo hacía, quizá levantaba mucho la voz o ella se intimidaba por mi tamaño. No sabía que, pero así debía de ser, porque en mi experiencia eran las mujeres quieren sufrían.
Desperté de esa idea el día que me lanzo una pesa de 5 kg en el pie mientras dormía en el sofá. No fue en medio de una discusión o un ataque de celos. Yo dormía. Tuve que llamar a mi amigo Gabriel para que me llevara al hospital, tenía una fractura.
Le conté lo que pasaba a Gabriel y como en verdad había pasado el "accidente". Creí que se burlaría de mí, que me culparía de todo - como hacia yo - o peor que me diría que se la devolviera, pero no sería capaz de hacer eso jamás.
Él me dio su apoyo, contuvo a Barbara mientras yo sacaba mis cosas del lugar que compartía con ella, dejo que me quedara en su casa hasta que me recuperara del pie y me ayudo a encontrar el apartamento en el que vivo ahora.
Barbara se apareció un par de veces más en mi vida, siempre aparece cuando termina con algún novio o esta ebria. Cuando pasa eso solo llamo a su hermano y él se la lleva, aunque cada vez parece más agotado, al parecer no soy el único en su ruta de ex. Y a pesar del daño que me hizo no soy capaz de llamar a la policía, aun creo que, si hubiera hecho algo diferente antes de perder el control de la relación, sería otra historia.
Después de todo ese drama apareció ella. Samantha. Yo me estaba mudando, esperaba que bajaran la nueva cama del camión. Cuando recibí un codazo de Gabriel, no preste atención, así me llego una metralleta de codazos hasta que lo mire. No tuvo que decir nada más, ahí venia bajando el último tramo de escaleras una pequeña y curvilínea morena con un rostro hermoso. Ni nos miró, se fue directo a la panadería del primer piso, pidió un café y siguió su camino.
Gabriel y yo nos dimos una mirada silenciosa que ambos entendimos. Mi nueva vecina estaba buena.
No media más de un metro sesenta, pero tenía unas piernas que te dejaban sin palabras, pantorrillas contorneadas, muslos con el grosos perfectos para acompañar su trasero, unas caderas anchas y una cintura pequeña, el tamaño de sus pechos tenía ese tamaño ideal que le daba una figura de reloj de arena, sin parecer que estas siendo estrangulada por un corsé.
No era delgada para nada, pero tampoco tenía sobre peso. Su cuerpo es de esos que sabes que cuando lo toques encontraras carne tierna y jugosa, nada de hueso con piel o musculatura de piedra. Todo su cuerpo gritaba suavidad y calor, pero su rostro... Ufff ese rostro podía conseguir lo que quisiera.
El rostro de un ángel, labios gruesos, una nariz pequeña y respingona, unos ojos... podías perderte en ellos, eran dos pozos de chocolate fundido. En ese tiempo ella llevaba el cabello largo hasta la cintura, con ese tinte que se ponen las mujeres que hace que se vuelva claro en las puntas y oscuro más arriba. No como ahora que su cabello no es tan largo y es de un solo color, pero se veía sedoso.
— Puede pasar — Me dijo que guardia, rompiendo mi ensoñación de la perfecta Samantha.
Entre a toda prisa, buscándola por los pasillos. La encontré tomando una caja de huevos.
— ¿y? — pregunté — ¿Qué opinas de mi idea?
— mmmm... bueno... creo que.... — Tomo aire para ordenar sus idas —. Creo que no lo
has pensado bien. Quiero decir, ¿Dónde viviríamos? Tú pagas más por tu apartamento que yo, son presupuestos diferente Además, las cuentas aumentarían, sería el doble
de agua y gas, el doble de comida, ahorraríamos solo en internet, ¿Qué haríamos con los muebles y cosas del otro? Tu apartamento es más grande que el mío, pero a no ser que hayas hecho una ampliación en estos años, aún tiene un solo dormitorio........................................................................................................................ Hablaba a
toda velocidad, encontrando todos los contras en mi plan, pero ahora yo tenía todos los pros para convencerla.
— Primero que nada, cuanto pagas por tu apartamento — la interrumpí.
— $200 — respondió mientras seguía avanzando por el pasillo.
— Genial, yo pago $250, no es tanta la diferencia, si consideras lo que ahorraríamos en internet y agua ya tendríamos 2 meses extras...
— ¡¿$250?! — preguntó enfadada —. Que injusto tu apartamento es mucho más grande que el mío, esos metros extras no valen $50, siento que me han estado estafando todos estos años, me quejare con Graciela cuando le pague este mes.
— Espera. ¿pagas a final del mes? — Ella asintió, mientras yo sacaba algunas bolsas de arroz — Es aún más perfecto, puedes no pagar este mes, y tener $200 extras, te mudas conmigo y le dices a Graciela que este mes no tienes como pagar y que te iras en una semana vamos sabes que se lo merece.
— No puedo hacer eso... ¿Qué haría con todas mis cosas?, Sin mencionar que solo tienes
un dormitorio ¿Dónde pondría mi cama? — Vi en su cara una mirada de suficiencia, creía que tenía la razón e iba a ganar.
— Tú te quedas con el dormitorio...
Buuum!!! Sabía que había ganado, no importa cuánto intentara argumentar.
— ¿Sabes lo mucho que me ha costado amueblar y decorar a mi gusto? — preguntó cruzando sus brazos sobre el pecho —. ¿Qué haré con todas mis cosas? no puedo solo botarlas. Además, Ok. tenemos dinero para 5, quizá 6 meses si los bancos son muy generosos. Pero el comercio no abrirá todo de un día para otro, no juntare el dinero para otro apartamento de 1 día, no solo tendré que pagar por otro lugar además tendré que comenzar a pagar todos los préstamos que pida estos meses. Puede que juntos aguantemos 5 meses, pero yo necesitaría al menos 4 más para poder volver a tener mi vida en orden. ¿Estás dispuesto a vivir conmigo casi 1 año? — Esa mirada desafiante de nuevo, pero esta vez mas esperanzada.
— Si — Respondí tranquilamente —. No olvides que estamos en el mismo barco. Estoy en la misma situación que tú, tardare el mismo tiempo en ponerme de pie. Todo el mundo tardara en ponerse de pie. Pero no es imposible, seamos realistas en nuestra mejor opción.
Volvió a poner esa cara de póker a la que le comenzaba a tener bastante respeto. Y continúo paseando por los pasillo poniendo comida en su carro. Tal vez subestimé mis pros y mi idea no era realmente buena.
Continúe caminando con mi carro e hice mis compras, como tenía planeado hacer esta mañana, antes de encontrarme con ella. Cuando llegué a la caja vi como Samantha salía del supermercado cargando sus bolsas llenas. Pagué mis compras y me fui caminando tranquilamente al apartamento, no quería toparme con ella.
Las calles estaban casi vacías, solo veías a las personas que salían del supermercado hacia su casa.
Esta era una de las avenidas comerciales más grandes de Temple. Hace unos meses podías ver como miles de personas entraban y salían de las tiendas que estaban a cada lado, cargando bolsas de compras, regalos y helados; hablando y riendo, familias y amigos compartiendo sus vidas juntos. Estar solo era una mierda.
Llegue a la puerta del edificio 15 minutos antes de que se terminara el tiempo de mi código de salida.
El que invento esta aplicación era un genio, y de seguro ahora era rico también. Solo tenías que, escanear tu CDI o pasaporte. En él estaban todos los permisos de salida, como para ir al supermercado, hospital, farmacia, trabajo. Cada una con el tiempo respectivo que fue asignado, por ejemplo, si quieres ir al supermercado tienes 3 horas, pero pasear a tu perro solo 20 minutos. Cuando pides el permiso comienza a correr el tiempo automáticamente y aparece un código, que los militares o fiscalizadores pueden revisar rápidamente. Es útil cuando tienes que hacer las compras, porque te avisa cuantas personas de tu sector están usando ese permiso en ese momento, y te puedes hacer una idea de cuanto tendrás que esperar en la fila o si es mejor ir en otro horario.
Como dije, es un genio.
Deje las bolsas en la cocina, las rocié con un difusor con desinfectante, me desnude ahí mismo y puse la ropa en la bolsa para la colada. Necesitaba una ducha, no solo para eliminar algún rastro del virus que pude hacer traído a casa, también necesitaba despejar mi mente de Samantha.
Cuando me mudé solo intercambiaba un par de saludos con ella, "Hola" o "Hasta pronto", un "¿Que tal el clima?" cuando me sentía aventurero.
Fue ella quien dio el paso. Un día toco a mi puerta y solo me pregunto si quería una cerveza, tenía 6 pequeñas botellas de cerveza artesanal alineadas en una caja con un lazo. Me contó que la dueña del restaurante donde trabajaba se las obsequio por cumplir 1 año trabajando con ellos.
Hablamos de todo y nada, el tiempo paso volando, al igual que las 6 botellas de cerveza. Una cosa llevo a la otra y terminamos bebiendo una botella de tequila medio vacía que tenía guardada. Cuando ya estábamos un poco ebrios decidí que debíamos comer algo.
Ella quería un sándwich, estaba con la cabeza dentro de la nevera gritándole lo que tenía para su sándwich cuando sentí un único dedo recorrer de lado a lado la parte baja de mi espalda que quedó al descubierto, su dedo casi rozando la pretina de los vaqueros. Dejé el tomate donde estaba y me di la vuelta sintiendo como un escalofrió me recorría el cuerpo entero.
No tuve oportunidad de decir nada, se colgó de mi cuello y bajo mi cabeza hasta que nuestros labios se encontraron, yo me sentía torpe, demasiado grande en la pequeña cocina, así que la saque de ahí y volvimos al sofá, se puso a horcajadas sobre mí y...
¡Riiiiing! ¡Riiiiing!
El timbre me despertó de mi recuerdo. Salí de la ducha y comencé a cercarme rápidamente con la toalla.
¡Riiiiing! ¡Riiiiing!
— Ya voy... un minuto — grité. Solo me puse un pantalón de pijama y fui a ver quién era.
Debería tener una mirilla, es lo que pienso cada vez que abro la puerta, para no llevarse una sorpresa... y vaya que sorpresa.
— Ok. Puede que tengas razón... pero tengo una condición además de dormitorio.