"Día 1" Samantha

3236 Words
Soy la clase de persona que evade los problemas, si hay una piedra en mi camino me voy por el lado, por algo los caminos son anchos, no intento saltarlas, ¿Y si me caigo?   Bueno, parece que desde ayer a hoy me volví una adicta a los problemas, tanto que me voy a ir a vivir con uno. Uno que en tres semanas dejo la vara tan alta, que desde él no he podido estar a gusto con alguien en una relación.   Cada vez que meto algo en una caja pienso que esto es un error, pero cuando lo saco recuerdo que es mi única opción por ahora.   Simplemente no puedo creer que esto sea tan fácil, simple y bonito como Bruno cree. Es por eso que he aceptado, pero con una malla de seguridad abajo. No soy un genio, pero tampoco soy estúpida.   Tengo 7 días para pagar la renta de mi apartamento, antes de que Graciela me de 7 días más para sacar mis cosas, eso me da 14 días para decidir si esto es una buena idea o no.   Así que esa fue mi condición para Bruno. Me quedaría con él dos semanas para ver como funcionaría. Bajaría todo lo necesario para no tener que volver a mi apartamento por ahora.   Si vivir juntos no funcionaba, como yo creía, volvería a mi apartamento, pagaría la renta y Bruno tendría que subir solo todas mis cosas. Pero si funcionaba, como él creía, bajaríamos todas mis cosas, seleccionaríamos que muebles son más funcionales, los mejores electrodomésticos y cosas que puedan complementar su apartamento. Lo demás lo intentaríamos vender o directo reciclaje.   Quería quedarme con muchas de mis cosas, pero sabía que, de mudarme, no serían las más funcionales. Era una fanática de Pinterest, y la mayoría de mi apartamento era de cosas recicladas o hechas a mano.   Mi cama tenía una base de palets, al igual que la mesa de centro. La mesa de la cocina y donde estaba el televisor fueron hechos con maderas viejas que pulió y ensamblo mi amigo Héctor, la decoración de las paredes las hice yo, tarde semanas en tejer las mantas que estaban sobre el sofá. Este apartamento era yo. Trocitos de mi por todo el espacio. No salieron de la nada, este lugar tardo 4 años en ser lo que es ahora. Y de una forma u otra iba a perderlo.   Toc! Toc! Toc!   Debía de ser Bruno en la puerta, dijo que vendría a las diez para ayudarme a bajar todo. A pesar de despertar a las siete de la mañana, yo aún estaba en pijama y solo había una caja con mis cosas más básicas, como el notebook, cargadores, agenda, lápices y un bolso con todos mis productos que estaban en el baño.   —  Hola — Me saludo con una enorme sonrisa cuando abrí la puerta.   —  Soy lo peor, lo siento —Me disculpé mientras lo dejaba pasar — No estoy lista.   —  Wow... tu apartamento es muy lindo... tan colorido —dijo mientras miraba todo con asombro —. No pasa nada, te ayudo con las cajas y de seguro estamos listos antes de la hora de almuerzo.   Creo que este chico buscaba la santificación o algo así. Parecía como si nada le molestara, todo era suficiente, no era egoísta o mal intencionado, él recibía la mierda que el mundo le daba y la transformaba en un maldito unicornio, me gustaría ser más como él, no ser tan negativa, tener más de una perspectiva. Quiero decir, si alguien me dice a mí, que a las 10:00 estará listo y cuando yo llego no hay nada listo y además debo hacer su trabajo, yo estaría enfadada. Habría hecho algún comentario de lo mucho que odio la irresponsabilidad o el retraso, como mínimo una cara de fastidio.   Pero así era Bruno, un jodido rayo de sol después de una tormenta. Aún recuerdo cuando lo vi por primera vez. Yo llevaba en el edificio poco más de 2 meses. Ese día era el Baby Shower de Sofia, lo recuerdo porque estaba en la puerta del edificio con un enorme regalo para ella, esperando que llegara el Uber. De pronto escuche la voz de Graciela que bajaba de las escaleras, le explicaba cómo funcionaba el edificio y lo que podía o no hacerle a su apartamento, solo había dos reglas en realidad, no mascotas y no fiestas ruidosas. Quería hablar con Graciela por algo del apartamento, pero jamás llegue a hacerlo, porque apareció él en mi campo de visión.   Madre mía, si a mí me sonreía de esa forma me conseguía una virginidad para dársela. Era como siempre me imagine que se vería la sonrisa de un príncipe de cuento de hadas, pero con un toque de malicia. Recuerdo que cuando le conté a Sofia de él, le dije "Sonrisa de Disney y labios de sexo", hasta el día de hoy me molesta por esa descripción, pero era la correcta.   Aunque esa sonrisa no era todo lo que tenía. Su nariz era recta y un poco tosca, pero le daba ese aire de masculinidad tan atractiva. Su pelo era n***o y lo llevaba muy corto, por un momento me recordó a un peleador de lucha libre, pero él no era tan musculoso. Bruno es un hombre alto y grande, de hombros anchos y cuerpo proporcionado a ese tamaño, pero no era ningún Johnny Bravo, se notaba que su cuerpo es natural.   Mi Uber llego y todo el camino pensé en esa picara sonrisa, y me imagine el timbre de su voz, mi imaginación no le hizo justicia, porque él podría hacerse rico leyendo audio libros eróticos.   Muchos días después vi sus ojos en detalles y fue por ellos que me atreví a hablarle. Unos ojos verdes enmarcados por pestañas cortas, pero tupidas que resaltaban ese verde bosque, en el que encantada me perdería. Bueno mis deseos fueron escuchados, aun sigo perdida.   Él, por completo es un rayo de sol. Me sorprendió muchísimo, porque yo no sabía que mi vida era tan nublada hasta que él apareció y luego cuando se fue.   —  Lo mejor sería repasar tu rutina diaria, así ver que usas en un día normal —dijo armando una caja —. Después podremos ver los extras.   —  Bueno... no hago mucho estos días — respondí —. Si por mis actividades dependiera, solo sería esa caja de ahí — dije apuntando mi única caja embalada —. Eso y ropa cómoda, pijamas, leggins deportivos y polerones más que nada.   —  Ok. Eso es un comienzo. Bajaré esta caja mientras sacas tu ropa — La tomo y salió del apartamento. —  Gracias — susurre, aunque él ya estaba bajando las escaleras.   Creo que ente menos lo pensara, menos me costaría hacer esto. Así que tome la caja que Bruno había armado y puse en ella toda mi ropa interior y pijamas, todo lo que fuera holgado o elástico. El invierno ya había llegado y una de las reglas principales para pasar un invierno a gusto, es imaginar que eres un oso a punto de invernar.   Tome otra caja y la llene con la comida que había comprado ayer. Si algo me hacía feliz en la vida era la comida, comida deliciosa y café. No me importaba si Bruno tenía una, mi cafetera se iba conmigo, junto con mi taza preferida.   Sofia decía que era muy quisquillosa con mi taza, yo creo que ella aun no entiende la satisfacción que es encontrar tu taza perfecta. El grosor y altura ideales, no solo para la cantidad precisa de café, sino que también para poder rodearla con tus manos y que el calor de la taza te caliente ambas de forma uniforme. Eso es perfección en cerámica.   —  ¿Bajo esta también? —preguntó Bruno. No lo escuche subir las escaleras y me dio un susto de muerte, el suficiente como para que la taza saltara de mis manos. Intente agarrarla, pero era muy tarde. Adiós a la taza más perfecta del mundo —. Lo siento, no quería asustarte.   —  Mi taza —dije mirándola con tristeza desde arriba. Bruno se inclinó y levanto los trozos, se había partido en dos perfectas mitades, que miro con curiosidad.   —  Bueno al menos no es una pérdida total — me sonrió —. Yo tengo la misma y nunca la uso. Me gusta que ambas palmas toquen la cerámica, y esta tiene la circunferencia muy pequeña para mis manos. Es toda tuya si la quieres.   Sentí ganas de llorar en ese momento. No sé si por mi taza perdida, o porque parecía que Bruno era capaz de recomponer de una forma u otra todo lo que yo destrozaba en mi vida.   —  Es solo una taza —dije, intentando que no viera lo importante que era para mí. Y dejando los trozos en el bote de reciclaje que estaba en el balcón. —  Ok. Bajare esta mientras, esto va más rápido de lo que pensé. ¿Qué tiene esta? — preguntó haciendo un gesto por el peso.   —  Comida. He decidido invernar estas dos semanas.   —  Genial, lleva algunas de esas mantas también —dijo apuntando al sofá —. No puedes invernar si no te haces un burrito en el sofá.   Volvió a bajar las escaleras rápidamente. Y me dejo sonriendo por su comentario del burrito, como si fuera el chiste más gracioso del mundo.   Tomé las mantas y las puse en otra caja, junto con mi saga preferida de Christopher Paolini. Hace algunos años descubrí que esa película regular era un excelente libro de fantasía que me enamoro. Ya la había terminado, pero me apetecía volver al mundo de Dragones por un rato. Tomé algunas sabanas y cobertores para completar la última caja, justo a tiempo para que Bruno volviera.   —  Creo que ya es todo —dije.   —  ¿Enserio? —preguntó incrédulo —. No llevas muchas cosas. Hay espacio para mucho más abajo, no te preocupes si quieres llevar más... No hay problema.   —  Por ahora no necesito nada más... Las ventas en la tienda que tengo online no van muy bien. Así que prefiero subir acá si es que tengo que enviar algún pedido. Me estresaría más si tengo esa maleta con cosas que vender en tu casa y no vendo nada.   —  Te entiendo, yo me estreso cuando veo la camilla de masajes guardada. Ha pasado tanto tiempo desde que di masajes, que creo que olvide como hacerlos — Cada uno tomo una caja, salimos del apartamento y cerré con llave.   —  Bueeeeno ... como buena persona que soy... y no quiero que pierdas tu trabajo cuando todo esto pase... Dejare que practiques conmigo para que no pierdas el toque — dije riendo mientras llegábamos a la puerta de su apartamento.   —  Wow. que linda, gracias. Acepto —respondió siguiéndome el juego. Me sonrío de esa forma que te quita el aire. Me di cuenta que no debí ofrecerme, no de chiste. Porque no era bueno que me tocara mucho, eso solo me recordaría lo mucho que me gustaba que me tocara antes.   Bruno había dejado la puerta de su apartamento abierta mientras trasladábamos las cajas. Cuando entre me encontré con un lugar completamente diferente al que recordaba.   Hace 4 años había pasado mucho tiempo en este lugar, en esta sala. En ese entonces apenas estaba amueblado, ahora parecía un lugar sacado de una revista de tienda comercial. No esteraba esto.   Recordaba que él siempre fue muy ordenado, pero este lugar parecía casi estéril de lo limpio que estaba. Y tenía razón, había mucho lugar para poner cosas, tenía varios muebles, pero no había grandes decoraciones, ni en las paredes, ni sobre los muebles.   Era una casa piloto. No creería que alguien viviera aquí, ni siquiera había fotografías.   —  He dejado tus cosas en el dormitorio y la comida en la cocina — Su teléfono sonó y fue a buscarlo mientras continuaba hablando —. Espacio en el closet y si te falta solo acomoda las cosas.   Contesto su teléfono, por la forma de hablar creo que era algún amigo o algo así. Yo me fui al dormitorio para ordenar y darle un poco de privacidad con su llamada. No lleve mucha ropa y toda estas aun doblada, así que solo fue traspasar la ropa de la caja a los estantes del closet.   Fui al baño y dejé mi bolso con todos los productos bajo el estante del lavado. Había un closet en el pasillo, deje ahí las sabanas y cobertores. No sabía que hacer con mis cosas más personales, no podía solo dejar mi notebook en la mesa e instalarme ahí con su fuera una especie de oficina. Así que deje todo en una esquina de la cómoda del dormitorio, las mantas las doble sobre la cama.   —  Me di cuenta que tú tienes un escritorio en tu apartamento...— dijo bruno a mis espaldas y yo volví a saltar de susto. —  Te pondré un cascabel, si continúas asustándome así — Le dije. Ambos nos miramos y reímos, creo que los dos nos imaginamos lo ridículo que se vería con un cascabel de gato en el cuello.   —  Lo siento... Te decía que tú tienes escritorio, yo uso la mesa del comedor. En realidad, es para lo que más la uso. Suelo comer en el sofá, pero si te molesta eso podemos hacer un cambio....   —  No, eso está bien — Sentía que él estaba poniendo su vida y apartamento de cabeza para poder convencerme de quedarme, yo solo quería que el fuera el mismo —. No es necesario que me complazcas tanto. Recuerda que esto debería que ser a largo plazo, nadie aguantaría ser tan complaciente por tanto tiempo.   —  Eso quiere decir... ¿Qué no quieres los masajes? —preguntó con pillería.   —  No olvides que darme masajes es por el bien de tu trabajo — brome —. Soy yo la que te está haciendo un favor.   —  Bueno, Sam.… la mesa de masajes te espera —dijo haciendo una reverencia.   Cuando entré al salón vi la mesa esperando por mí, y fue inevitable pensar en ese primer masaje que me dio hace 4 años.   Llevábamos tres semanas saliendo, hacíamos cosas simples como un café o almuerzo. Pero cada vez que las cosas se ponían subidas de tono, el universo conspiraba para que nos quedáramos con las ganas.   La primera vez, me tuve que ir yo, porque a Sofia se le adelanto el parto, otra vez a Bruno lo llamaron del trabajo, la siguiente fue a mí a quien llamaron, el universo no quería que tuviéramos sexo, de una forma tan desesperada que incluso una vez a la vecina de Bruno se le quemo la cocina y tuvimos que evacuar el edificio completo.   Pero ese día quedamos en que él me daría un masaje. Después de tres semanas de escenas interrumpidas yo solo quería ir donde él y quitarle la ropa. Cuando llegué a su apartamento tuve que esperar, él había preparado la mesa de masaje, con velas y aceites que olían a cielo. Nos servimos una copa de vino y nos besamos tranquilamente, sin prisa - aunque yo continuaba queriendo arrancar su ropa de un tirón -, pero la paciencia tuvo su recompensa, porque de los besos en el cuello paso a quitarme la camiseta, paro de tocarme solo un segundo, para continuar bajando entre mis pechos, mordiendo suavemente mi costado y lamiendo mi cadera, hasta llegar al borde de mi falda y bajarla, con bragas incluidas. Quede completamente desnuda, no llevaba brasier con esa blusa y lo zapatos me los había quitado al entrar.   Me ayudo a subir a la mesa y comenzó a trabajar en mi cuello y hombros. Agregando un delicioso aceite de vez en cuando. Sus manos eran grandes y fuertes, haciendo la presión justa en los nudos que no sabía que tenía. Dejo mi cuerpo relajado como si flotara en una nube, pero volvió a estar en completa tensión cuando continuo más abajo de mis caderas. Toco mis muslos y glúteos, la anticipación me estaba volviendo loca.   Sabía que en cuanto terminara con mis piernas me daría la vuelta y no podía esperar a ver qué pasaba. ¿Me masajearía por delante también o pasaríamos directo a la cama? Para ese momento estaba tan excitada que cualquier opción era buena. Yo sentía como mi cuerpo ardía por él, por sus manos, por su polla que sentía de vez en cuando, cuando se movía alrededor de la mesa y me rozaba solo por un segundo.   Pensé que me voltearía cuando terminara con los muslos, pero descubrí en ese momento lo placentero que pude ser que te masajeen los brazos, pantorrillas, incluso no pude evitar gemir cuando masajeo mis dedos, fue ahí que termino y me ayudo a voltear.   Me quede apoyada en los codos mientras él volvía a besarme, pero esta vez no era suave o tranquilo, era un beso que sabía a desesperación y calentura. Hizo que me recostara y continuo con la parte delantera de mi cuerpo. Primero me frustre un poco porque estaba tan excitada que ya no quería un masaje, quería un orgasmo rápido. Él al parecer tampoco quería esperar más.   Grité de placer cuando cubrió uno de mis pechos con su boca y su mano abrió mis muslos. Intente mantener un poco el decoro, pero fue imposible, como si él leyera mi mente hizo lo que yo quería en ese momento. Succiono con fuerza uno de mis pechos, mientras el otro era pellizcado suavemente, su otra mano continuaba entre mis muslos. Su dedo medio sobre mi clítoris moviéndose con la rapidez y presión que solo un masajista tan bueno como él podía lograr. Hizo que tuviera uno de los orgasmos más fuertes que he tenido en mi vida, solo yo, sola en mi cuarto, he podido lograr ese tipo de liberación antes y después de él.   Recuerdo que después se disculpó por ser rudo conmigo, pero aun así volvió a ser rudo conmigo en el dormitorio, cuando me follo...   —  ¡Vamos! confía en mi —Me dijo, sacándome del recuerdo más caliente que tengo cabeza.   Quizá fue lo excitada que me estaba sintiendo ahora, o quizá que no estaba en mi apartamento, o era esta pandemia que me ponía así de irritante, pero odie la forma en la que me pidió confianza ciega, como si la mereciera... Nadie se la merecía, era algo que se ganaba. Él la había tenido y la había perdido hace 4 años.   —  Seamos realistas, esto será lo que tenga que ser —respondí con resignación, alejándome de la mesa de masaje   —  Creo que estas decidiendo que esto saldrá mal, sin siquiera poner de tu parte —Por primera vez en todo el día lo vi enfadado y hasta un poco asteado —. ¿Por qué eres así? —  soltó con frustración, mientras comenzaba a plagar la mesa nuevamente.   Me sentí mal por arruinar un gesto lindo que había querido tener conmigo, pero después lo recordé... en la esquina del edificio, diciéndole a otra chica que era la única.   —  Confié en ti hace 4 años —Le dije poniéndome frente a él — Y te vi besar a otra y meterla en tu apartamento. Como si yo no importara, así que perdón si tomo mis precauciones.
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