Harry.
Creo que el corazón se me detuvo en el momento en que vi a la mujer más aterradora que he conocido en toda mi vida: «Emily Keating.» La oficial al mando de la estación policial de Evotica, y la persona de mayor rango en la comisaría. Era una mujer de mediana edad, de piel chocolate, ojos oscuros y grandes. Labios carnosos y un cabello corto café. Siempre cargaba un notable maquillaje que le hacía ver mayormente intimidante debido a sus sombras de ojos y el fuerte labial. Y aunque usualmente estaba vestida con el uniforme de la policía, ésta vez vestía un elegante vestido morado y tacones negros.
Y estaba parada frente a mí con aquellos penetrantes e intimidantes ojos, mientras que se cruzaba de brazos y me daba esa mirada de completo desagrado que siempre solía darme como en cada día… Esa mirada tan profunda de padre desaprobador.
- ¿Entonces es así como malgasta el tiempo libre, y mancha el nombre de la placa que se la ha dado, oficial Olsen?- creo que volvió a decirme como por milésima vez, puesto que su mirada se veía más dura y severa de lo normal. Como sí yo estuviese haciendo algo realmente malo, y fuese hijo suyo-. Porque me parece un poco degradante de su parte que esté exhibiéndose de ésta manera hacia el resto de las personas, cuando usted trabaja para la policía nacional, y para mí.
Quise decirle que era una completa descarada al decirme aquello como sí nada, después de que yo hubiese descubierto su infidelidad. Pero en lugar de eso, me pegué aún más de la pared cuando sentí a mis piernas temblar con mayor violencia y que la respiración se me aceleró como nunca antes.
¿Qué le ocurría a esa mujer al hablarme de esa forma, y por qué sentía que estaba a punto de desmayarme?
La voz no me salía en ese jodido e incómodo momento, y no sabía con qué cara mirar a Emily Keating, así que desviaba la mirada a cada cinco segundos de sus ojos y sentía como mis piernas seguían temblando como gelatina. Sin embargo, cuando vi a la autoridad hecha carne mirando directo hacia mi entrepierna, reaccioné y recordé que todavía seguía con… ¡Los pantalones abajo!
Emily había visto mi bóxer.
Y su mirada no podía ser más fulminante ahora.
Joder.
¡Joder!
Con la cara sudorosa decidí ponerme los pantalones enseguida, pero en el momento en que me incliné para hacerlo, como seguía estando demasiado borracho, aunque hubiese vomitado en el cuarto de ese imbécil. Me fui de boca ridículamente hacia el suelo y en ese instante, como sí las cosas no pudiesen empeorar aún más, mi cuerpo se abalanzó sobre Emily Keating…., y caí encima suyo.
Entonces mi cuerpo fue amortiguado contra el suyo, puesto que esa autoritaria y fuerte mujer me sostuvo con facilidad alguna entre sus musculosos brazos. Espera, ¿había dicho que eran musculosos?
En ese momento sentí que el corazón me dio un vuelco, y que estuve a punto de vomitar sobre su ropa al levantar la mirada y verle directo a sus infernales ojos de Madame Satán, pues su mirada se había vuelto más obscura quizás, así que por eso exclamé como pude:
- ¡L-Lo sien...! Lo s-sien… sien- sieentoooo- arrastré las palabras, sonando seguramente como un borrachón, pero estaba tan avergonzado que no supe dónde meter la cabeza en el momento en que Emily apartó su cara aún más de mi, para voltearla hacia un lado y decir seriamente:
- Mejor hábleme de perfil, oficial Olsen- dijo, con una mueca-. La boca le apesta a decadencia…, y a vomito.
- Lo… Lo… Lo siento- musité, y creo que mis mejillas se ruborizaron en ese momento, y todavía más al escuchar a Keating decirme sarcásticamente:
- ¿Se colocará el pantalón usted mismo, o tengo que agacharme y ponérselo como sí fuese su madre, oficial Olsen?
La cabeza me dio vueltas, y enseguida que escuché aquello me incliné de nuevo para subirme los pantalones rápidamente, sosteniéndome sin notarlo con la mano libre, del hombro de mi jefa, quien me miraba con mayor desagrado todavía. Sin embargo, como mi equilibrio era una completa mierda por el alcohol y todo el pasillo se estaba moviendo para mí por la borrachera. Estuve a punto de volver a caerme ridículamente en el suelo, y de arrastrar a Emily Keating conmigo ésta vez. Y eso hubiese pasado, si no fuese porque en ese instante salió su amante del cuarto en el que estaban, y me apartó fuera de esa mujer, al tomarme de un brazo y apartarme de ella como sí yo fuese una muñeca de trapo.
- ¿Qué es lo que te pasa con ella, idiota?- me reclamó con el entrecejo fruncido, mirándome como sí fuese un mal tipo que estaba abusando de su cariñosa mujer, ¡qué para colmo era casada!
No supe cómo fue que salió tan rápido de su habitación, o por qué demonios me estaba apretando fuerte del brazo. Pero no me importó que fuese más alto que yo, o que Emily abriese los ojos como platos, diciendo:
- ¡Suéltalo, Jonas!- interfirió acercándose al hombre de color para apartarlo fuera de mí, pero creo que había sido demasiado tarde para cuando habló, puesto que su amante ya me había tomado del cuello y me había estrellado contra la pared. Y creo, creo, que perdí los estribos cuando eso pasó porque me enfadé, y sin importarme un maldito carajo me deshice del agarre de ese tipo con facilidad, y como me enseñaron en la Academia policíaca. Me incorporé como pude cómo sí fuese un boxeador y le dí un puñetazo en la cara por ser un jodido cretino. Él ahogó un grito, y enseguida cayó al suelo sobre su culo, sosteniéndose su nariz sangrante. Mientras que yo le decía sin temor:
- Vuelve a tocarme así y a la próxima te juro que…
- ¡¿Qué ha hecho, Olsen?! ¡Deténgase ahora mismo!- Keating me interrumpió alarmada por la situación, y se puso en medio de nosotros dos, inclinándose para ayudar a su amante, a quien le escuchaba decirme maldiciones y mirarme de una mala manera.
- Le partiré la cara a ese malnacido, y se arrepentirá de haberme tocado- dijo el hombre, apretando uno de sus puños con rabia. Mientras que con la mano libre trataba de parar el sangrado de su nariz, puesto que se la había roto por haber sido un jodido cretino.
- ¡Nada de peleas en éste lugar! ¡Él es uno de mis empleados, Jonas!- le contestó la mujer por mí, en un semi-grito, a la par de que le ayudaba a ponerse de pie y trataba de calmar las cosas-. No es lo que piensas, él no me estaba haciendo nada malo, querido, sólo está muy borracho y-
- Me golpeó en la cara- le interrumpió él de mala gana, mirándome con desprecio, del otro lado de la pared, pues Keating nos había separado para evitar una pelea que yo estaba dispuesto a tener sí su jodido amante se me lanzaba encima de nuevo como un maldito animal.
Porque yo jamás me iba a dejar golpear, aunque estuviese bastante borracho, no iba dejar que nadie me pisotease como ese cretino lo pensó hacer.
- Mi… Mira, es-escuchame bieeen- le hablé sin titubear, arrastrando cada vez más las palabras y aferrándome a las paredes para no volver a caerme, pues sentía que estaba a punto de desmayarme por la borrachera-. Es m-mejor que escuches a tu m-mujer porque no sa-saes… Sabes, con quien te metes- le advertí, y aunque tenía las piernas temblando como si fueran gelatina, me incliné como una yegua recién nacida y recogí mi camiseta del suelo, para ponérmela de una vez y volverme de nuevo hacia el amante de Keating y ésta, diciendo-: Así que es mejor que lo p-pienses muy bien antes de meterte con un oficial de po-po-policia- le dije a su cretino novio secreto, y Emily me fulminó con la mirada, espetando:
- ¡Compórtese, oficial Olsen!
- Y usted también compórtese y deje de serle infiel a su marido- le reclamé sin pelos en la lengua, y sin importarme un carajo por la borrachera que me devastaba el cuerpo en ese instante, empecé a arrastrar mis pies, y comencé a caminar por el pasillo del hotel, alejándome del lugar después de haber soltado esa bomba…, que cuestioné poco a poco….
¿Qué le había dicho a mi jefa?
¡¿Qué demonios le había dicho a mi superior?!
Sin embargo, cuando tomé del ascensor para bajar y estuve a punto de salir del hotel, tambaleándome un poco de un lado a otro. Me sorprendí en el momento en que alguien apareció por detrás y me sujetó de un brazo en el momento en que me tropecé ridículamente con la alfombra de la entrada y estuve a punto de caerme. Siendo esa persona la que me salvó de hacer el ridículo frente al encargado del hotel que estaba en el mostrador, mirando fijamente la escena.
Entonces cuando me volví hacia esa milagrosa persona me encontré con la mirada penetrante de Emily Keating, diciéndome con un tono menos severo:
- Creo que es mejor que lo lleve a su casa, oficial Olsen.
- N-No soy un niño, Sra. Keating- le reclamé enseguida, puesto que no quería su lastima, aunque sentía que las había cagado minutos atrás. Pero creo que el alcohol de ese jodido bar Gay me estaba haciendo decir lo que pensaba, así que creo que también me estaba mordiendo la lengua para no decir cosas que no debía.
Pero… Al carajo, ¡Al carajo con que esa mujer me tratase como lo peor de la comisaría! ¡Al diablo!
- Puedo re-regresar solo a mi departamento sin su ayuda- le dije a duras penas, y ella sólo apartó un poco su cara de la mía para que mi aliento no le pegase en su nariz, y me respondió frunciendo un poco el ceño:
- ¿Qué tonterías dice, señor Olsen? Parece una joven que acaba de perder su virginidad con una de veinticinco centímetros, ¿y así piensa que usted solito podrá regresar a casa a éstas horas de la noche? Mejor déjese de estupideces y deje que lo lleve a su casa.
- ¿Para que después me siga repitiendo que soy el jodido novato de la comisaría? ¿O que me mandé a limpiar su baño como sí fuese la jodida señora de la limpieza? Mejor paso- dejé escapar de mis labios sin pensar, y vi como Emily abría un poco la boca, pero seguía manteniendo su duro semblante.
- No le permitiré caminar por ahí a éstas horas de la noche, estando así de borracho- me contestó de manera severa, y yo traté de apartarme, pero esa mujer era tan fuerte que mis intentos eran inútiles y solo me apoyé de ella para no caerme.
- Usted no es mi ma-madre- espeté, y ella meneó la cabeza en negación.
- Lo sé, pero soy su superior y le ordeno que se suba a mi auto, y usted como mi oficial debe de acatar todas mis ordenes- contraatacó, y yo estuve a punto de decirle que se fuera a la mierda, pero en ese momento estuve a punto de vomitar y por eso Emily y yo salimos enseguida del hotel, y yo pude vomitar en la calle. Mientras que ella me daba palmaditas en la espalda, diciéndome-: Por favor, déjeme ayudarle, señor Olsen.
El escucharla decirme «por favor», se me hizo tan extraño que pensé que era un sueño. Pero como estaba demasiado borracho como para regresar solo a casa me aferré a ella, y aceptando su propuesta respondí:
- Así que es infiel...
- ¿Y quién en ésta Santa vida no es infiel?
- ¡Muchos co-como yo!
- Patrañas, oficial Olsen- dijo, y comenzamos a caminar por las frías calles hacia su auto n***o, que estaba aparcado en el estacionamiento del hotel, y mientras que caminábamos ella decía-: Quiero que hablemos sobre lo que vio…, yo necesito que eso sea un secreto entre los dos.
- Lo que vi no es asunto mío, ¿está bi-bieeeeen?- alcancé a decir rápidamente, y Keating me ayudó a subirme a su auto, en el co-piloto. Mientras que ella me cerraba la puerta y daba la vuelta sobre sus tacones para subirse al piloto, diciendo:
- Realmente necesito que no diga nada.
- ¿Por qué le importa tanto su ma-matrimonio? Si a fin de cuentas es una infiel más- dejé escapar torpemente, y pegué la cara de la ventana. Escuchando como de repente Emily Keating encendía el auto y empezaba a conducir, saliendo primeramente del estacionamiento de ese hotel donde engañaba a su marido, para desplazarse por las calles de Evotica.
Creo que desde que le hice aquella pregunta no dijo nada, pues hubo un completo silencio entre los dos en el auto. Mientras que ella conducía rumbo hacia los edificios de mi departamento, pues Emily Keating sabía dónde vivían todos sus empleados por las cartas de presentación de cada uno.
Así que traté de aguantar las ganas de vomitar hasta llegar al departamento, siendo sorprendido de un momento a otro cuando mi celular dentro de mis pantalones comenzó a sonar, trayéndome devuelta a la realidad y recordándome que lo había tenido todo éste tiempo ahí. Y entonces me dí cuenta… ¡De que era el tono de llamada de Erika!
Joder… Me matará por no haberla buscado.
Rápidamente y con torpeza metí la mano en mis pantalones y saqué mi celular a duras penas, deslizando el dedo sobre la pantalla táctil para contestar la llamada, dándome cuenta de que eran casi las dos de la madrugada y escuchando al segundo unos fuertes gritos del otro lado de la linea que casi me dejaron sordo.
- ¡HARRY GORDON OLSEN! ¡¿DÓNDE DIABLOS TE HAS METIDO?!- Erika me gritó como sí fuese mi madre, y yo tuve que apartar un poco el celular de mi oreja con una mueca-. ¡Te he llamado como sesenta veces en toda la jodida noche! ¡Así que dame una buena razón para no matarte cuando te vea!
Tuve que alejar bastante el celular de mi oreja, puesto que cuando Erika se ponía en modo madre regañadora podía dejar sordo a cualquiera.
- Re-Relajateeee- hablé como pude, con un tono tan lento y tonto que me dio hasta vergüenza.
- ¡¿QUÉ ME RELAJE?! ¡NO ME DIGAS QUE ME RELAJE SI DE UN MOMENTO A OTRO TE ME PIERDES EN LA DISCOTECA!- me interrumpió bruscamente-. ¡¿A caso me estás engañando con alguien?! ¡¿ME ESTÁS MONTANDO CACHO, HARRY GORDON OLSEN?! ¡VUELVE A CASA AHORA MISMO!- bramó Erika haciéndose la dolida, ¿qué diablos sucedía con ella después de que básicamente me retase ligar con alguien?
Joder.
- Arghh ¿En serio, E-Erikaa? ¿Engañándote? Ya voy para a-a-allaa- dije, arrastrando las palabras y, le colgué antes de escuchar otro de sus gritos de madre histérica, puesto que no estaba solo en éste jodido auto. Sin embargo, nada más en ese instante importó mucho cuando de pronto escuché sollozar a esa aterradora mujer que tenía al lado, y que así rompiese el silencio entre los dos, confesando:
- Las cosas no andan muy bien con mi marido…- dijo, en un tono muy bajito, a la par de que seguía conduciendo-. Mi esposo y yo hemos hablado de tener un bebé desde hace mucho tiempo, y odio dar excusas, pero eso… Ha puesto mucha presión sobre nosotros, y en el matrimonio- entonces escuché que su silencioso llanto se intensificó un poco más, y cuando me volví un poco mareado hacia ella me sorprendió ver por primera vez a Emily Keating, llorando-. Perdón...- habló con un tono tembloroso, una vez que se dio cuenta de que le estaba mirando llorar, y su «perdón» no dejó de repetirse una y otra vez en mi cabeza-.
»Sé que he sido un poco dura contigo en el trabajo, pero yo realmente espero que no me odies por eso… Yo no odio a ninguno de mis compañeros de la comisaría, pero es sólo que a veces no tengo buenos días en casa con mi marido…, y no llego a la estación de muy buen humor que digamos, y creo que por eso puedo llegar a ser un poco intolerante- entonces se echó a reír a duras penas, y en ese momento me dí cuenta de que estábamos entrando a la calle de mi edificio, y que Keating se estaba aparcando frente a éste, haciendo leves pausas para tratar de controlar su llanto, mientras que me seguía confesando y yo trataba de no vomitarle el auto-: No puedo tener bebés…, y creo que por eso mi marido me va a dejar para irse con otra mujer, y ya no sé qué más hacer.
Entonces cuando detuvo el auto su llanto se intensificó aún más y pude ver cómo el maquillaje en su rostro se le corría por las lágrimas, y que la mujer más aterradora del mundo estaba frente a mí, aferrándose al volante con un evidente dolor en su rostro. Creo que estaba buscando un poco de consuelo de mi parte, pero no me sentía muy bien como para darle un abrazo, y por eso le palmeé en hombro torpemente.
- Mi… Mi marido me va a dejar- repitió, golpeando su cara del volante-. Porque yo no puedo tener bebés…, y porque no soy más que una vieja fea que ha perdido su encanto con el pasar de los años. ¡Oh, Santo Dios!
- Creo… Creo que no es tan fea...- musité muy bajito para hacerle sentir mejor, palmeandole todavía el hombro, y ella en ese momento se volvió hacia mí con el rímel corrido y se me quedó mirando con los ojos humedecidos y esa mirada vulnerable que por primera vez me demostraba.
Entonces nos quedamos callados uno junto al otro en ese momento, y creo que fue bastante incómodo, puesto que ya quería bajarme del auto y subir corriendo para terminar de vomitar en el inodoro todo lo que me quedaba en el estómago. Pero me quedé paralizado como un idiota en el instante en que le escuché diciéndome lentamente con un extraño tono del que no me dí cuenta al principio:
- ¿Qué tengo que hacer para que guarde mi secreto, señor Olsen?- me preguntó de repente, rompiendo el silencio entre ambos. Y como yo estaba tan ebrio no pude responderle enseguida que podía guardarle el secreto sin ningún costo, y por eso Keating se acercó a mí con una mirada que me dejó perplejo y se inclinó hacia mi regazó, añadiendo seductoramente-: ¿A caso quiere que se la chupe para que todo ésto quede en el pasado y no le diga nada a mi marido? Porque puedo hacerlo.
Y en ese momento mi cuerpo reaccionó automáticamente y la aparté al instante de mí con un rostro seguramente de horror, gritando:
- ¡Joder, no! ¡No! ¡No!- le dije con ojos muy abiertos, pegándome a la puerta junto a mí, y confesandole-: ¡Y yo soy gay! ¡¿Usted está loca?!
Y creo que eso le hizo volver a la realidad, puesto que se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y me volvió a mirar con esa mirada tan obscura y dura que tenía, frunciendo el ceño, y diciéndome de repente:
- Bájate de mi auto.
- Lo… Lo… Lo-Lo siento- intenté decirle, pero ésta se inclinó con dureza y me abrió la puerta de golpe, gruñendo:
- ¡No quiero su asquerosa compasión! ¡Bájese de mi auto! ¡Bájese de mi maldito auto de una buena vez!
Entonces mi cuerpo reaccionó y me arrastré hacia afuera como pude, saliendo torpemente y cayendo de culo sobre el frío pavimento frente a mi edificio. Y en ese momento Emily Keating cerró la puerta antes de gritarme:
- ¡Diga algo sobre ésto y estará despedido!
Jacob.
No podía creer que busqué tomarme un descanso de todos mis malditos problemas en ese bar Gay y lo único que conseguí fue más problemas por ese sujeto… ¿Por qué demonios lo invité a nuestra habitación? Creo que el licor también me había hecho pensar con la cabeza de abajo y no con la de arriba. Pero realmente necesitaba relajar mis nervios de todo ese asunto de la policía y de que básicamente era un jodido asesino junto a mis hermanas. ¡Y que la maldita policía nos está buscando!
Debía calmarme.
Debía hacerlo.
Pero ahora estaba más tenso de lo normal, y ese sujeto me había vomitado la alfombra del cuarto y ahora Magy no dejaba de reclamarme que era un asqueroso y Zoe sólo abrazaba sus piernas sentada en el sofá desde que salió del baño con Magy. Creo que no ha podido asimilar que me han visto la polla, pero ¡Joder! ¡Yo no tengo la maldita culpa de que ellas llegasen justo cuando yo iba a follarme a ese tipo! ¡Joder!
- ¡A la próxima piensa en Zoe cuando vayas a follar en nuestra cama!- volví a escuchar a Magy reclamándome como por vigésima vez, mientras que yo estaba arrodillado sobre la alfombra con una esponja y jabón, tallando justo donde yacía ese asqueroso vomito que había dejado apestoso todo el lugar-. ¡Y limpia bien ese vomito, que todavía huele feo! ¡Oh Dios!
- ¡Lo sé, lo sé, ya cállate!- bufé en un gruñido, y seguí tallando la maldita alfombra con la esponja. Mientras que por extraño que pareciera seguía pensando en el momento antes de que mis jodidas hermanas abriesen la puerta y me encontrasen con la polla dura y ese culo sobre el suelo.
- ¡Deja de quejarte y limpia bien!- me reclamó Magy como sí fuese mamá, cruzándose de brazos y caminando de un lado a otro como un coronel en la milicia-. ¡Quiero ver éste lugar impecable o dormirás en el sofá! ¡Te lo advierto, Jacob Walkers!- señaló, y con su mirada fulminante, que había heredado (al igual que yo), de nuestra querida madre. Caminó hacia el baño con una toalla para tomar una ducha, mientras que Zoe seguía abrazando sus piernas sin apartar la mirada del suelo, pues aún estaba un poco shockeada por haberme visto la polla.
¡Mierda!
- ¿Por qué no ves memes en Twitter un rato?- le sugerí en un tono que seguro había sonado tímido, tallando en silencio el suelo. Y Zoe reaccionó de aquel trance que tenía, musitando:
- ¿Me dejas usar el celular entonces?
- Pues claro que sí, hermanita. Vamos, distraete un poco mientras que yo limpio aquí y Magy se baña.
Los ojos de mi hermanita pequeña brillaron un poco y como sí hubiese aliviado esa tensión que había en el ambiente, vi como por fin se levantaba del sofá y buscaba entre nuestras cosas el único celular que teníamos, y que sólo usábamos para buscar información del resto de la pandilla que destruyó a nuestra familia, pues no teníamos otro celular, o algún otro medio para hacerlo. Porque ese teléfono había sido el único que llegué a comprar en su momento.
Había querido comprarles unos celulares a mis hermanas con el dinero que aún teníamos en mi cuenta, de la herencia que nos habían dejado nuestros padres. Pero Magy siempre decía que era mejor no gastar lo que quedaba en cosas innecesarias. Porque al final de todo yo sería quien debería de trabajar para mantenernos, puesto que Magy aún era un poco joven para hacerlo, y Zoe apenas tenía quince años.
Por eso no utilizábamos el celular si no fuese necesario, ya que no queríamos tener que gastar más dinero en otro. Porque debíamos de ahorrar para alguna emergencia, pero realmente necesitábamos un celular para conseguir la información que necesitábamos de la pandilla de mi tío…, para que nuestra venganza pudiese funcionar como tanto la habíamos planeado desde que salí del orfanato y reclamé la custodia de mis hermanas.
Y como quería que Zoe dejase de pensar en aquel vergonzoso momento decidí darle el permiso de ver memes en la cuenta de Twitter que se había creado. Así que me sentí más aliviado y seguí tallando la alfombra sin tanta incomodidad después de lo que pasó, pero aún así seguía pensando en el instante antes de que entrasen mis hermanas… Cuando estaba a punto de follar con ese sujeto, y él me golpeó accidentalmente en el rostro con su cabeza.
Y pensándolo bien ahora…, creo que eso sí había sido un accidente. Y tal vez, él no tenía malas intenciones conmigo como el resto de las personas con las que había quedado para tener sexo…, pues todos siempre se iban una vez que me veían el rostro.
Todos siempre se van después de demostrarme que les doy miedo, y que me tienen asco por mi cara.
Todos siempre se van porque soy horrible.
Pero, ¿por qué él no se fue? ¿Y por qué no demostró miedo alguno cuando vio mis cicatrices como el resto? Seguro fue porque estaba demasiado borracho como para ver que mi cara está bastante jodida. Sí, debió ser por eso… porque si no él también se hubiese ido como el resto de los hombres.
Porque soy horrible.
Lo soy.
Lo soy.
Lo soy.
Creo que estuve tan concentrado en mis pensamientos en ese momento que mis ojos volvieron a humedecerse cuando recordé todos esos rechazos que había pasado antes por otros hombres. Todas esas veces en las que se burlaron de mí, y la gente me señalaba en las calles por tener la mitad de mi rostro completamente desfigurado y una enorme cicatriz en el ojo izquierdo.
Luciendo así como un fenómeno...
Y aunque, por más que quisiera olvidar el desagrado que veía en el rostro de todas las personas… No podía olvidar lo despreciado que me hacían sentir, y supongo que por eso estaba a punto de llorar silenciosamente.
Así que me tragué las lágrimas cuando al rato escuché como Magy salía del baño con su pijama puesto, y que se me acercaba, diciéndome con un tono más calmado:
- Creo que ese baño caliente se llevó todos mis problemas por un segundo, así que sólo por ésta vez te permitiré dormir en la cama con nosotras- bufó, y se sentó de piernas cruzadas en el colchón, mientras que yo seguía tallando la alfombra con la esponja y trataba de mantenerme sereno para no llorar frente a mis hermanas, pues debía de seguir siendo fuerte para ellas.
Debía de serlo sí quería protegerlas.
Así que por eso me volví hacia ella con naturalidad, y solté en un respiro:
- Me alegra que esa ducha te haya exorcizado, estabas quizás, un poco insoportable después de lo que pasó.
Magy frunció el ceño y me miró con ojos pequeños.
- Creo que cualquiera se molestaría estando en mi posición, de compartir cuarto con alguien que pensase en follar en la cama donde dormimos- bufó, y con el cepillo que había tomado de la cómoda, comenzó a desenredarse el pelo mojado, mientras que respiraba hondo y decía-: Pero bueno, ya pasó, y no se debe volver a repetir…, ahora hablemos de nuestros intereses.
Entonces cuando la escuché decir ese final de frase dejé de tallar la alfombra y me incorporé, sentándome en el suelo para mirarla con una sonrisita en mis labios al escuchar aquello, pues sabía lo que significaba y Zoe desde el sofá también lo supo, y observó al igual que yo a Magy decir:
- No te lo había comentado porque estaba cabreada contigo, pero cuando estábamos en la cafetería con el celular, navegando entre las r************* …, encontramos el paradero de nuestra siguiente víctima.