Jacob.
Lunes, 15 de Abril de 2019.
Me quedé estático sentado sobre el suelo y la respiración se me detuvo en el pequeño momento en que esa niña y yo nos quedamos mirando fijamente con ojos enormes. Hasta que yo reaccioné y salí de aquel trance, pues sabía que una infante podía darle mucha información a unos policías, y no podía permitir que hubiese un testigo de lo que había pasado. Pero no la mataría, eso no estaba en mis planes…, y yo no mataba a los inocentes.
- ¡Ven acá, rápido!- le ordené una vez que mi voz pudo salirme de la garganta, y la pequeña tembló sobre su sitio, espantada. Noté que no apartaba la mirada del cuerpo del bastardo de Diego, y por eso me levanté enseguida y me puse en medio para taparle esa horrible vista de su padre muerto en el suelo, pues no quería que esa pequeña presenciase algo así. Pero creo que ya había sido demasiado tarde, porque ella rompió a llorar y corrió hacia donde yo estaba.
- S-Señor, no me haga d-daño, por favor...- le escuché decirme con un tono muy bajito y temeroso cuando corrió hacia mí, y yo la atrapé en un abrazo.
Podía sentir como su pequeño cuerpecito temblaba entre mis brazos, y que ella no paraba de sollozar entre la penumbra, diciendo:
- ¿Qué hizo mal p-papi?
Mi respiración estaba muy agitada y el corazón me latía a toda prisa, y por eso respiré hondo para poder calmarme. Colocándome la capucha de mi suéter n***o de nuevo, puesto que mis cicatrices habían dejado a la pequeña aún más espantada. Y yo estaba muy agitado y tenía que pensar con claridad lo que haría con esa niña, pues era un testigo y ahora podía delatarnos a la policía. Entonces pensé rápido y le respondí con un tono de voz menos severo:
- Papi era una mala persona.
- ¿Por eso papi está m-muerto?- sollozó, aferrándose con sus manitas a mi pecho y manchando también su pijama de sangre al hacerlo.
- Sí- acepté, y la abracé en medio de la penumbra, añadiendo-: Papi no era una buena persona, y es por eso que tienes que venir conmigo…., yo cuidaré de ti.
La pequeña se sorbió los mocos y levantó su cabecita para mirarme con los ojos humedecidos, diciendo:
- ¿Usted también va a matarme?
Traté de dedicarle la sonrisa más real y dulce que podía darle a una pequeña como ella en un momento así, y repetí amigablemente:
- No, yo cuidaré de ti.
Ella siguió llorando sobre mi pecho, pero yo no pude seguir perdiendo el tiempo estando ahí, así que me levanté y la tomé entre mis brazos como a una bebé. Ella se refugió entre mi pecho y se quedó ahí con el osito de peluche que tenía en las manos. Entonces salí de la habitación con la hija de Diego, y caminé devuelta a la cocina para encontrar algo con lo que encender el remolque y quemar las evidencias. Encontrando así, muchas botellas de licor en una de las despensas, que demostraban que después de todo Diego seguía siendo el mismo bastardo borrachón de siempre.
Así que sonreí cuando comencé a sacarlas y a estrellarlas por todos lados, mientras que la pequeña temblaba entre mis brazos y se aferraba a mí como sí fuese su oso de peluche. Sabía que estaba asustada y que me temía, pero prefería eso a que se la diese de valiente y le pegase un grito a los vecinos. Por eso actué rápido y estrellé todas esas botellas en todo el remolque para quemar las evidencias. Después fui al baño, donde supuse que estuvo esa niña todo el tiempo cuando entré, ya que no lo revise y no estaba en su dormitorio. Ella no dio quejas cuando entramos y la dejé en el suelo, para limpiarme en el lavamanos la cara y las manchas de sangre que tenía en la ropa. En cambio, se me quedó mirando con ojos muy abiertos y temerosos, contra la puerta.
Hasta que acabé de limpiarme, y me volví hacia ella con la capucha puesta, observando como la pequeña se pegó aún más contra la puerta, espantada. Al parecer me temía mucho, y por eso me acerqué con un semblante dulce con un pañuelo que saqué de mis bolsillos y mojé, diciéndole:
- No te preocupes, yo no te lastimaré- dije, y le acaricié la mejilla con el dedo indice, preguntándole al segundo-: ¿Y cuál es tu nombre, pequeña?- ella parpadeó suavemente, y yo le limpié las pequeñas manchitas de sangre que habían en su pijama.
- Gre… Greta- titubeó en un tartamudeo nervioso que se escapó de sus diminutos labios, y yo le sonreí como sí fuese su amigo antes de volver a tomarla entre mis brazos una vez que acabé, hablándole dulcemente:
- No te preocupes, Greta. Tengo dos hermanas con las que podrás jugar mucho, y ya verás, que ellas serán tus amigas.
La pequeña no respondió y sólo volvió a refugiarse en mi pecho, y yo entonces salí del baño y antes de prender en llamas todo el remolque con el encendedor que tenía en los bolsillos. Pasé primero por el dormitorio de Greta guardando en una mochila varias de sus prendas, y cuando acabé, salí por la ventana con ella en mis brazos, lanzando el encendedor en llamas hacia el suelo. Entonces finalmente me alejé del remolque que se quemaba a nuestras espaldas, corriendo rápidamente en medio de la penumbra para alejarme de esa urbanización, pues no quedaba mucho tiempo antes de que algún vecino saliese al ver el fuego, y por eso corrí hacia la camioneta entre unos arbustos. Encontrándome al abrir la puerta con que mis hermanas ya estaban despiertas y que habían estado muy alarmadas por mi ausencia.
Le entregué la niña a Zoe, y ésta la tomó con un semblante de completa confusión. Pero yo no me senté a darle explicaciones, pues me subí al piloto y retrocedí con el auto, dando un volantazo de modo que la camioneta quedó en dirección hacia la carretera, donde pisé el acelerador y conduje a toda marcha para alejarnos de la escena del crimen.
- ¿Qué demonios pasó, Jacob?- escuché a Magy volviendo a preguntarme como por vigésima vez, y yo apreté el volante entre mis manos, ésta vez sin los guantes puestos. Me los había quitado en el baño porque habían quedado muy llenos de sangre. Así que sólo respiré hondo para calmarme, y contesté:
- Sólo hice sin ustedes lo que se tenía que hacer.
- ¿Y ésta niña?- acuñó Zoe, interfiriendo tímidamente y observando a la pequeña que se refugiaba ésta vez en los brazos de Magy.
- Ahora es nuestra- dije, encogiéndome de hombros y por el vidrio retrovisor vi cómo Magy fruncía el ceño y Zoe se quedaba pálida.
- Esto no es gracioso, Jacob- dijo Magy, fulminándome por el espejo y antes de que yo pudiese decirle algo más, Greta interfirió musitando muy bajito:
- ¿Ustedes también van a matarme...?
- ¡¿Qué?!- exclamó Zoe con ojos muy abiertos, y negó rápidamente con la cabeza, diciendo con torpeza-: No te haremos nada de eso, pequeña.
- No somos unas malas personas como tu padre lo era- acuñó Magy abrazándola, y Greta las miró con cierta curiosidad temerosa, susurrando:
- Entonces… Si papi era una mala persona… Está bien que haya terminado así. ¿N-No?
Magy y Zoe se miraron las caras, y yo sólo solté una carcajada mientras que seguía conduciendo por las calles de Suicylum, diciendo:
- Ésta pequeña sí que es muy inteligente.
Harry.
Cuando el reloj de mi mesita de noche comenzó a sonar, supe que el sol ya había salido recientemente y que eran las seis en punto de la mañana. Debía de levantarme de la cama para ir a trabajar como siempre, pero estaba comenzando a dudar de mí mismo…, porque esa mañana no sentía querer levantarme del colchón y salir de las sabanas. Creo que me había sentido un poco deprimido desde todo lo que había sucedido aquella noche, en el bar Gay con ese sujeto y con mi jefa Emily Keating. ¿Cómo la miraría a la cara después de que me propuso hacerme un oral en su auto para que no dijese que le era infiel a su marido? ¡Oh, Joder!
¿Cómo regresaría a la estación policial como sí nada después de lo del Sábado? No, no, no puedo… No puedo hacerlo.
Además, en mi cabeza no se dejaba de reproducir el momento en que me emborraché tanto que hice el ridículo golpeando en la cara a ese sujeto que ya ni su nombre recordaba, y que luego vomitase en la alfombra de su habitación. Qué imbécil y confiado fui con la cerveza de ese bar Gay. Pero no fue mi culpa que él perdiese la razón de un momento a otro y que me sacase en esas horribles condiciones del cuarto cuando llegaron esas muchachas. ¿Cómo se atrevió a tratarme así después de que le chupe la polla como un profesional? ¡Jodido imbécil!
Pero yo soy todavía más imbécil por irme del bar con un jodido desconocido que conocí durante un momento de calentura. No debí de haberme ido, sí eso no hubiese pasado Emily Keating no me fuese visto en esas horribles condiciones y no me hubiera propuesto el oral porque no la encontraría con su infidelidad. ¡Joder, joder, joder! ¡¿Por qué me fui con ese cretino?!
¡Joder!
Por eso no quería levantarme de la cama, y supongo que también porque aún me dolía un poco la cabeza desde aquella borrachera que me pegué. A la próxima tendría en cuenta que tomaría moderadamente, y que no me iría a follar con cualquier extraño de polla grande que se me cruzase por el camino.
No, eso no volvería a pasar.
Solté un suspiro amargo, y me cubrí con las sabanas hasta la mitad de la cara, sin querer salir de la cama esa mañana. No sabía cómo lo haría, y tampoco tenía los ánimos para hacerlo, y no ayudaba que mi cabeza me recordase que enseguida que regresase al edificio policial volvería a los endemoniados parquimetros y que no haría nada más que eso. ¿Por qué no me tomaban en serio de una buena vez? ¡Era un oficial graduado con honores! ¡Con honores!
Mierda.
Joder.
Mierda.
Me comencé a sentir enfadado porque no me había estado yendo muy bien en la comisaría y creo que estuve a punto de llorar al sentirme tan impotente en ese momento, pero traté de calmarme en el instante en que escuché a la puerta de mi dormitorio abriéndose y que la cabeza curiosa de Erika se asomase como de costumbre para ver cómo había amanecido.
Cuando miró hacia adentro se encontraba de muy buen humor, puesto que sólo ella podía estar tan animada un Lunes a las siete de la mañana.
La rubia se había asomado con una sonrisa en su alegre rostro, vestida solamente con ropa interior, exclamando:
- ¡Buenos días con alegría!
- Buenos días con alegría- le copié, intentando decirlo de la misma manera en la que ella lo había hecho. Pero creo que había sonado muy apagado y deprimido, porque cuando Erika me vio así entró enseguida y se sentó a mi lado con preocupación, ladeando la cabeza y mirándome con esos ojos risueños.
- ¿Qué sucede, Manzanitas?- me preguntó con ese tono de voz tan dulce que sólo utilizaba conmigo cuando yo estaba a punto de llorar, y que como siempre me hacía sentir mejor que me hablase como sí yo tuviese cinco años.
Y aunque me sentía un poco deprimido, no quería estar solo ahora. Necesitaba a mi mejor amiga en momentos así, y por eso me arrastré un poco sobre el colchón a su regazo y reposé ahí mi cabeza, mientras que ella me acariciaba el pelo y me hablaba dulcemente de manera maternal. Me gustaba mucho que lo hiciera, pues me recordaba a mamá, y por eso Erika consideraba a Erika como algo más que una «mejor amiga» para mí…. Porque era mi hermana.
- No sé con qué cara volveré a la estación- musité muy bajito, abrazando sus piernas. Mientras que ella me hacía piojitos-. No quiero volver a ver a Keating después de lo que pasó, y que me haya visto en esas horribles condiciones… Dios mío, soy una vergüenza.
- Oh, mi Manzanitas- ronroneó Erika dulcemente, sabiendo a lo que me refería, ya que enseguida que la vi esa noche le conté todo lo que pasó porque necesitaba desahogarme y que ella me abrasase como siempre-. Entiendo que te debas de sentir avergonzado por todo lo del Sábado, pero no fue culpa tuya. Emily sólo te encontró en un momento de vulnerabilidad…, y no tienes por qué culparte.
- Me vio en bóxer- susurré, y los ojos se me humedecieron cuando recordé que también me peleé con su amante-, y yo golpeé a su amante en la cara. ¡Lo golpeé, Erika!
- Y bien merecido que se lo tenía- dijo, encogiéndose de hombros, sin dejar de hacerme cariñitos-. Así que escuchame bien, no quiero que te arrepientas de lo que hicimos esa noche, porque la pasamos bien. Aunque, me hayas sacado de quicio al desaparecerte así sin mi permiso… La pasamos muy bien. Te divertiste y te olvidaste del trabajo y de Emily Keating, a pesar de lo ocurrido también con el imbécil ese del bar que no supo aprovecharte bien. ¡Todo estuvo genial!
»Y lo admito, realmente fue una lastima que te hayas encontrado con Emily en otro lugar que no era la comisaría, y que la mujer más aterradora que conocemos te haya ofrecido una mamada en su auto, ¡Una mamada!- entonces me sujetó de la cara con las manos para que la mirase, y me habló con un tono seguro de sí-: Pero recuerda que eres más fuerte que todo eso, y que has pasado por cosas peores… No dejes que esa mujer te intimide tan fácilmente y que todo por lo que te esforzaste en la Academia policíaca se vaya al carajo. ¡Demuestra que tienes más bolas que todos los hombres de la comisaría…, y que también tienes un mejor trasero que ellos!
Entonces ambos nos echamos a reír, y nos abrazamos por un largo momento en el que me sentí mucho mejor. Hasta que le pregunté al rato después:
- ¿Realmente piensas que tengo el mejor trasero de la comisaría?
Erika asintió divertidamente, diciendo:
- Por algo te apodé: “Manzanitas”.
***
Una vez que terminamos de prepararnos para salir al trabajo, salimos del departamento con la frente en alto y el uniforme puesto, directo hacia el estacionamiento del edificio, pues ahí se encontraba aparcada nuestra patrulla. La cual unicamente podíamos usar en días de trabajo, y por eso me sentí bastante osado en el momento en que me subí al auto policíaco junto a Erika, y que en el camino pusiéramos en la radio a Little Mix y cantásemos «Power» a todo pulmón.
En el camino que conduje hacia la comisaría por las calles frías de Evotica, me estuve armando de valor para encarar por primera vez a Emily Keating, sobrio. Porque ya no seguiría aceptando que me tratase como lo peor del grupo, y le exigiría que me otorgase el permiso de trabajar en un caso… Ya basta de estar en los parquimetros y de limpiar los baños de la comisaría.
Ya basta de que no me tomen en serio.
Estaba decidido en exigir mis derechos como un oficial graduado con honores de la Academia de Criminología.
Cuando llegamos al edificio de la estación policial, aparqué el auto en el estacionamiento con las demás patrullas, antes de que nos bajásemos con la firmeza y osadía que nos había dado «Power» de Little Mix. Entonces, caminamos hacia las puertas de la comisaría con seguridad, y aunque me sentía un poco nervioso, al menos mis piernas no estaban temblando como gelatina. Así que empujé las puertas metálicas de la estación policial para entrar junto a Erika, encontrándonos del otro lado con unos cuantos de nuestros compañeros caminado por ahí, con papeles y trabajando en sus casos, pues todos tenían cosas que hacer.
Y en el momento en que entramos uno de mis compañeros, de nombre «Asher Reynols». Se nos acercó con su cabello perfectamente cortado y esa sonrisa de egocéntrico y de niño de «papi» que siempre solía tener, diciéndome con un tono chistón:
- Vaya, hasta que por fin llega el novato… Mira que Emily Keating quiere verte en su oficina, ¡Oh, seguro que estás en problemas!- dijo, burlándose descaradamente en mi cara como un niño pequeño, y Erika le dio un tirón de oreja para que se callase, pues se dio cuenta de que seguro puse cara de temor al escuchar las palabras de Asher.
- ¡Cierra la boca!- gruñó Erika, tirando de la oreja de nuestro chilloso compañero, quien se estremecía de dolor debajo de la rubia-, es muy temprano para que comiences a fastidiar a Harry.
- Y tú para que comiences a pegarme- farfulló el rubio, y con una mueca le pegó un manotazo en la mano para soltarse del agarre de mi mejor amiga-. Mira Cooks, mejor no te metas conmigo sí no quieres que te acuse con Keating. ¡Por que no vas a querer meterte en problemas con ella!
- Él tiene razón, Erika, no hay que meterse en problemas con la Sra. Keating...- musité, espantado por escuchar aquello. Mientras que la rubia parecía bastante aburrida por escuchar las mismas amenazas de Asher una y otra vez.
- Ni que yo le tuviese miedo a ella- contestó Erika, colocando los ojos en blanco, y en ese momento los tres nos quedamos estáticos cuando de pronto escuchamos una profunda y severa voz que habló frente a nosotros:
- Pues cada uno de ustedes debería de hacerlo, porque no están aquí para que seamos amigos- de pronto la silueta esbelta y prominente de Emily Keating apareció frente a nuestras narices y los tres nos quedamos paralizados por su repentina aparición-. Así que es mejor que controle esa larga lengua que tiene Srita. Cooks, si no quiere ser despedida en éste preciso momento.
A Erika se le desencajó por completo el rostro, y enseguida bajó la cabeza con temor de los ojos de Emily. Mientras que Asher la copiaba, y yo no hacía más que pegarme contra las puertas de la comisaría sin apartar los ojos de los de esa intimidante mujer negra, quien me miraba con una frialdad que me heló el cuerpo, pues parecía hacerlo con mayor dureza ésta vez…, como sí me odiase después de lo que pasó el Sábado.
- Cada uno de ustedes tiene trabajo que hacer, ¡Muévanse si no quieren ser despedidos! ¡Muévanse!- ordenó en un tono de voz fuerte, y todos mis compañeros a nuestro alrededor comenzaron a perderse por los pasillo en un abrir y cerrar de ojos. Mientras que Erika y Asher muy pronto lo hicieron también, dejándome ahí en la entrada con la jefa de la estación policial de Evotica.
Estábamos solos.
Tragué saliva.
- ¿Acaso no quería salir de sus cómodas sabanas ésta mañana, oficial Olsen?- me habló con seriedad, cruzándose de brazos-. Mire que esos parquimetros no se van a cobrar solos.
El corazón se me aceleró, y me armé de valor cuando le respondí sin titubear:
- Con todo respeto, Sra. Keating. Pero ya no pienso trabajar en los parquimetros, ya no más.
La mujer elevó una ceja con superioridad, y por un segundo estuve a punto de congelarme sobre mi sitio por la mirada fulminante y helada que me dio. Hasta que de pronto vi una pequeñita sonrisa en sus gruesos labios, y dijo:
- Guau, hasta que por fin tiene el valor para decírmelo- entonces se acercó con esa seguridad demandante que tenía, y se plantó a unos centímetros frente a mí, confesando-: Y es lo que necesito para que alguien pueda trabajar conmigo.
Traté de mirarla fijamente a los ojos, con incredulidad en mi rostro. Y noté que la mujer más aterradora del mundo tenía una mirada más suave ésta vez, y no pude creerlo cuando me dijo:
- Ya no trabajarás en los parquimetros sí eso es lo que quiere, señor Olsen.
Tragué saliva cuando nuestras miradas se encontraron fijamente, y le pregunté con un tono un poco tembloroso:
- ¿Esto… Esto lo hace por lo que pasó el Sábado? ¿Porque sé lo de su infide…?-musité, y ella miró hacia otro lado con esa leve sonrisita, interrumpiéndome al instante con sus palabras:
- Me he dado cuenta del coraje que tiene, y es lo que necesito en mi equipo. Personas fuertes que sepan defenderse. Y no, no hago ésto porque usted sepa lo de mi infidelidad. O, porque tenga mucha vergüenza después de lo que le propusiese ridículamente en mi auto… Lo hago porque tengo la corazonada de que usted podrá ayudar en el caso que estamos trabajando ahora sobre un asesino serial- entonces puso una mano en mi hombro, y añadió-: Así que bienvenido oficialmente al equipo de Emily Keating.