Ámbar Pasado Estoy recostada en una cama vieja. El colchón tiene algunos hoyos. Me abrazo a mis piernas; mis lágrimas bajan por mis mejillas. No recuerdo absolutamente nada, solo sé que me llamo Ámbar. La oscuridad me espanta. La lluvia está tan fuerte que me estremezco cuando escucho que se abre la puerta. Sé perfectamente de quién se trata; ha sido mi consuelo desde hace tres años. Se sienta al borde de la cama, toma mi mano y la aprieta un poco. Yo suspiro y me siento en la cama ella me sonríe. Su sonrisa es tan dulce; pequeñas arrugas se forman en sus ojos. Su mirada es cálida y el cariño que me da es único. Ella es la única persona a la que le importó en este lugar; todos me maltratan. Soy la única que tiene solamente un nombre: Ámbar. —¿Qué pasa, pequeña? ¿Por qué lloras? Ella

