Cuarto paso

2112 Words
Fuera de este pensamiento sobre los gustos de las personas respecto a ese tema inhóspito, tengo entendido dejar de pensar esto y adoptar el pensamiento de que hoy al fin empezare mi camino fuera de este lugar. Allí a mi lado estaba quien siempre estuvo después de Klei, ese era Gul y estaba dispuesto a permanecer cada mañana a mi lado y cuando me fuese a dormir. Hoy el seguía a mi lado, era mi mejor compañero y el mejor de los seres oscuros, digo seres porque un humado dudo que sea y si lo fue no tenía ni un poco de la apariencia que tenemos por no decir nada de parecido. Y entonces Gul hizo algo que nunca hizo: contarme sobre como conoció a mi madre. Gul hizo como que se sentó a un lado de mi cama y entre las palmas sus manos floreció un narciso. Tan bello como aquel árbol en primavera, cuando la naturaleza y el agua interna regaban sus raíces para hacerlo cada vez más grande y esbelto. El narciso fue floreciendo y de su interior se formaba una figura. Una mujer que iba transformando su cuerpo en una espada y volvía a su forma original, hacia ese proceso consecutivamente. Gul suspiro con nostalgia y entonces comenzó: –Comenzaba la primavera y se preparaban para recibir los nuevos miembros que venían en camino. Aquellos que habitaban dentro las flores serian quienes podrían el valor de las batallas y el coraje de afrontar las situaciones más difíciles (épocas de sequía, de guerra y desesperación), solo ellos podrían tomar todo eso y hacerlo un hermoso campo de girasoles. Sonreí un poco tras ver que de una de esas flores que pasaron por mi mente sobre aquello que me hablo Klei de la montaña repleta de capullos y supuse solo por un instante que en ese lugar nació mi madre. Por otro lado, el seguía mirando aquella bella “flor” como si pudiese jugar con ella por medio de sus ojos. –Ese lugar habitaba en el bosque, en lo más profundo de él. Pasabas por trampas y malos ratos con otros monstruos. Pero llegar a aquel sitio era una maravilla. Una vez allí dentro, todo era distinto y esplendoroso. – ¿Dentro de las ruinas verdad? – ¿Klei te conto?... –Si… –Está bien. Si, así es, dentro de esas ruinas estaba ese maravilloso sitio. Y habían unas montañ.. –Donde nacían ellos–interrumpí sin cuidado alguno. – ¿Cómo hasta que parte de la historia te conto Klei? – Dijo enojado y en tono de regaño– me interrumpes cada nada y no es correcto hacerlo, ¿acaso la bruja aquella no te lo enseño? –Perdón… solo me emocione un poco. –Modera tu emoción– dijo con una media sonrisa– ahora déjame terminar. –Está bien, lo siento mucho Gul. El solo rodó los ojos un poco hacia mí, estiro sus manos y con una de ellas tomo una de las mis, puso el narciso en una de mis palmas. Era un cosquilleo un delicado cosquilleo que acariciaba mis manos dulcemente como un gato acaricia los pies de su amo en busca de cariño. –Flow, tu madre. Me hizo ver que el mundo no está dañado, las personas, los seres lo están. El mundo solo les da un lugar en el que habitar con sus familias, les otorga alimentos y estabilidad. Pero hasta ellos mismos saben que le hacen daño a quien les da de comer. Mientras decía estas palabras solo podía pensar en aquellos que hacían la vida miserable a los más débiles. Estaban aquellos cuyas manadas eran importantes como las de los lobos que habitan las montañas nevadas y las manadas de zorros quienes habitan los bosques en busca de sobrevivir debido a su discriminación sobre el como son y a como se refieren a ellos. En pocas palabras, los lobos son una parte de la gente mala entre ellos ricos que abusan de su poder y los zorros aquellos pobres que viven en sus hogares en busca de producir su propio bien o que algún zorro gentil le tienda su pata y le ayude a triunfar un poco más de lo que ya lo hace. Es una manera de ver las cosas que suceden. –Cuando vi a tu madre, no fue de forma visual como a muchos les sucede, fue de forma intuitiva. Ella no nació como los demás, nació de las raíces y fue destinada a ser parte de un nuevo reconocimiento. – ¿Nuevo reconocimiento? – me acomode en la cama a busca de poder entender lo que me decía. –Así es, ella fue la tercera y última en nacer de dicho modo en siglos de existencia–. Me miró fijamente sin titubear– ¿Qué de qué modo?, bueno del modo que no naces de la flor que te cría en pocas palabras, sino del que naces de su raíz. Un vínculo más fuerte con la naturaleza, uno en el que los mismos alquimistas quisieran estar. Comprende cada espacio de la materia y sus uniones. No es solo la tierra, hojas, plantas, arboles, etc. Es el movimiento de todo aquello que compone los materiales. Por eso tu madre era capaz de materializar su cuerpo en una espada, movía sus materiales y realizaba arte. Era como magia. Una magia hermosa y placentera de ver. – ¿Un alquimista?... perdona mi ignorancia, ¿pero que es un alquimista? –Principalmente la alquimia es una antigua practica que combina elementos (química, metalurgia, física, medicina, astrología, semiótica, misticismo, espiritualismo y no olvidemos el arte). ¿Y quién maneja este arte que cambia de forma?... seres de todo el mundo lo hacen y lleva tiempo lograrlo con total éxito. Talle mis ojos con ambas manos para dispersar un poco el sueño que contenía y la pesadez de mi cuerpo. Por otro lado acomode mis mantas para rebajar el frió que trataba de helar los dedos de mis pies y en mi mano jugaba aquella flor mientras realizaba todo ese proceso. – ¿Entiendes? – Dice Gul mientras cambia su expresión a una algo tosca y frunce algo la “frente” – si no entendiste dímelo para que te aclare mejor todo, no pienses tanto. Moví mi cuerpo hacia un lado de la cama. –Recuéstate conmigo, quiero escuchar más sobre todo esto que tienes por contarme. El sonrió, no muy tiernamente como lo hace un humano pero por unos segundos pude ver como si hubiese sido uno… no estaría tan loca la idea de que lo fuera en un tiempo pasado, después de todo las cosas que suceden en el mundo no son por falta de información pues está muy completa para todo en general. Gul tomo su lugar a mi lado en la cama y se dispuso a ser mi compañero de plática. – ¿Gul y entonces…? –Tu madre fue de las mejores guerreras. Cuando tenía una edad próxima a considerarse una niña madura de entre los de su edad, pudo convertirse en un cuchillo, una pequeña navaja que nadie noto en lunas, la gente pasaba encima suyo y no podían notar ni su presencia pues para ellos solo era una basura tirada en el suelo que algún extraño antepasado dejo caer, un objeto inanimado. Permaneció allí sola durante mucho tiempo porque no sabía cómo volver a su forma original, hasta que un día simplemente volvió y nadie sabía porque o a donde había ido. Solo que volvió y a nadie le importo tan siquiera un poco. –Así que no fui la única que no le importó a la gente, ¿cierto? – arquee mi cabeza un poco en sentido de pésame y tratando de evitar mis tristezas– lastima, las personas siempre se pierden lo mejor que tienen los arrezagados para darles–. Sonreí ladeando los labios un poco como si fuese una pequeña mueca de disgusto, que claramente lo era – Es como una enfermedad contagiosa al punto de hacerte ignorante completamente. Gul pudo notar mi decepción por la humanidad y el resto de los seres habitantes. No podía protegerlos ni enseñarles el amor como me dijeron según era mi “misión” si ni ellos mismos entendían que era eso o su significado por lo mínimo. Era como enseñar a un bloque de abismo a hacer maromas, claramente no lo harían. Cuenta una historia antigua que el planeta no quería dejar que dios  (si aquel que todos conocemos sin importar como lo nombremos) dejara sus hijos habitar allí, pues el mundo sabía seria su perdición y jamás volvería a ser el mismo. Esto sería como un gusano que come la manzana más sabrosa, otro gusano que come las entrañas de un ave y para finalizar otra especie de gusano que vi comer una flor para volverse hermoso… ah, sí. Una oruga que se convierte en una mariposa posiblemente con algunas toxinas venenosas que hagan daño a algún  ser vivo sin intención alguna. Así mismo como esos gusanos es el ser humano y todos los demás seres que no tengan intenciones de sanar lo que dañan o de lo que sacan provecho. La excepción de lo que dije sobre los gusanos es la de una oruga, los seres jamás serán venenosos sin intención alguna. Siempre lo serán buscando una razón malvada de serlo; ya sea porque los hirieron y usaron o apuntaron injustamente en algo. Somos egoístas después de todo. Klei entre su estupidez y cariño me conto que cuando madre tomo el puesto padre. Entendió que aquello que era mi madre el mundo no podría saberlo por el motivo de que siempre ha existido el mal que busca contagiar lo bueno y por decirlo de un modo más positivo o al menos poco ofensivo. Mi madre era tonta y muy fácil de corromper por lo tanto, con ese poder pues se podía hacer lo que viniese en gana al mal. Gul me miro un poco mientras seguramente pensaba que estaba loca y que planeaba como quitarle la paciencia mañana con mis “heridas”. La verdad estaba lista para empezar y mis heridas estaban al cien por ciento curadas, lo cual significaba que Gul ya no me daría consentimientos como lo hacía con heridas. Pero debía armarme de valor y decirle. Mañana cuando amanezca lo hare… Salieron los rayos del sol y abrí mis ojos a la molestia de la luz. Admirando como primera vista aquel demonio que me hizo compañía en los momentos más importantes de mi vida, por decirlo de cierto modo. Como le diría que ya estaba curada y quería salir a ver el mundo como todos los demás. La pregunta a todo es: estará molesto y preocupado como Klei, simplemente me dejaría ver lo que nunca vi o solo me mantendría encerrada como aquellos presos que hacen cosas malas. Mi corazón se agito con fuerza y pensé– ¡Eso hare…! Solo debo ordenar mis ideas y confiar en que pasara lo que necesito. Me senté en la cama e invite a que Gul también lo hiciera con un gesto de “acércate”. No era lo mejor, no sabía cómo reaccionaría pero estaba segura de que su corazón era lo suficientemente grande como para querer aceptar mostrarme todo aquello hermoso del mundo. Gul me veía y de su boca seca solo salió una frase: –Ya lo sabía… Un momento, ¿él sabía qué?... no sabía que pensar, mi cabeza pensaba en tantas cosas pero solo una de ellas era la verdadera. Aclaro todas las ideas cuando acaricio mi cabeza con esa dulzura y simplemente todo aquello malo que pensaba desapareció. Aquel día lloraba cuando no me veía y sonreía cuando si lo hacía. Esa casa donde me crie desde que tenía memoria ya no sería mi hogar, ahora solo serían recuerdos de una cariños infancia aunque para otros ojos no lo fuese y hasta en cierto modo para los míos tampoco. Ya no importaba, solo sabía que mi viaje comenzaba por muchos lugares hermosos y otros pues… no tan hermosos. Pero sabía que lo más seguro era que resolviera de un modo u otro aquello que pasaba en ese instante. Aprovechamos cada instante del día para compartir en calma y tranquilidad. Comimos, reímos, hablamos y hasta que al final empacamos. No es que tenga demasiada ropa que ponerme pero si lo suficiente  para no oler mal en unos días. No tengo por costumbre oler a fruta japonesa y que todos huyan; aunque sé que algún día oleré así.
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