Los Viajeros

2127 Words
-¡Amón!- Gritó Salik, picando espuelas a su caballo. El corcel enterraba las patas en la arena, pero con una destreza única para de su r**a, las sacaba y lograba mantener la velocidad sin la más mínima molestia -¡Espera!- Amón se había adelantado sin avisar. Iba a lomos de un camello que cargaba varios mapas, provisiones y las armas de ambos hombres. Venían del Reino Dorado de Alassia. Habían hecho una gran travesía a través de los desiertos de la costa Occidental de Tharok-Alís (El continente al Oriente de Castelia, Cruzando el Mar de Bronce). -¡Salik, creo que la encontré!- Respondió el hombre a lomos del camello. Ambos tenían la piel cobriza clara de los Alassios, y sus ojos celestes que contrastaban con el aspecto habitual de las gentes del Mar de Oro, pero Amón tenía la cabeza totalmente calva, con una barbita de chivo que le colgaba adornada con anillos de oro, mientras que Salik tenía una larga melena recogida en una cola de caballo. Ambos llevaban ropas sueltas que les permitieran recibir la brisa refrescante del desierto, además de una intrincada pañoleta de tejido único y multicolor que tenían enrrollada alrededor del cuello llamada “Sohma”, usada en caso de que la arena empezara a levantarse para cubrir el rostro, o que el calor fuese demasiado para cubrir solamente la cabeza. -¿Qué encontraste?- El trote del Caballo de arena de Salik se vio detenido de golpe por la cuerda amarrada a sus riendas, aparentemente los camellos de carga, donde ambos hombres guardaban todos sus alimentos, impedimenta, tiendas de campaña y demás herramientas, se negaban a seguirle el paso al Jinete. -El lago ¡El lago Kolzhá!- Amón tenía una sonrisa de par en par, y se reía como un niño maravillado al descubrir el sabor del azúcar –Hemos seguido correctamente los mapas. Mira allá- Señaló al norte, volteando la mirada a su compañero. Salik vio apenas una pequeña mancha en el horizonte, perturbada por el reflejo del sol contra la arena. Para cualquiera eso sería una roca, y en el mejor de los casos un espejismo, pero Amón estaba seguro de que se trataba del Oasis de Zal-Zama, el último antes de alcanzar el Lago Kolzhá. Ambos lugares eran comúnmente transitados, pero el punto clave de toda su aventura era el cartografiar una nueva ruta comercial segura a través de los desiertos interiores del Mar de Oro, muy cerca de las fronteras de la ominosa tierra de Zhan-Rís (Llamada “La tierra muerta” o “El infierno” por los viajeros). Si Amón estaba en lo cierto, su viaje de más de dos meses entre Alassia y aquella mancha en el horizonte, concluiría en Gualarcandia, la Ciudad Verde, en la costa norte del Mar de Oro. Allí, el joven Cartógrafo daría por hecho, con tan solo veinticinco años, el trabajo de su vida. Volverían por barco a Cuna del Sol, la Capital del Reino Dorado, y entregarían al Gran Rey Galiajín IV el mapa con la nueva ruta. Las caravanas comerciales de Alassia se ahorrarían casi un mes rodeando los desfiladeros entre Alassia y el Mar de Oro, sin necesidad de adentrarse en los dominios de los Rághokan, y tampoco teniendo que hacer la costosa ruta llena de peajes entre las ciudades-estado del Mar de Oro. Estaba seguros de haber descubierto nuevos oasis para hacer beber a los camellos, nuevas formaciones rocosas donde ocultarse en caso de tormentas de arena, y nuevos puntos de referencia para guiar a los viajeros perdidos. Amón había trazado mapas por tierra, por referencias, empleando las estrellas e incluso calculado las distancias exactas entre un punto y otro durante toda la travesía. Los Grandes Reyes de Alassia eran generosos con todos los que aportaran a su comercio, y un aporte como este, que enriquecería aún más al Reino Dorado, solo podía ser pagado por un deseo sin límites por parte del Rey; Un palacio, o diez, mil mujeres, oro para cien vidas, una flota de barcos mercantes, un ejército incluso. De estar Amón en lo cierto, ambos hombres serían ricos para el resto de sus vidas, e incluso en el más allá la riqueza les sobraría. Los dromedarios que Salik jalaba finalmente aceptaron acelerar el paso. Cuando estuvo sobre la duna en la que se encontraba el camello de Amón, pudo ver perfectamente la alegría del joven cartógrafo; Era el Oasis, una pequeña pero clara mancha verde en la distancia. -¿Seguro que es?- Preguntó Salik, con los ojos abiertos como platos. -Lo es. Lo es y nos está llamando ¡Vamos! Este viaje casi termina. Si no te apuras ¡Tomaré más que la mitad de las ganancias!- Amón rió y picó espuelas a su camello, que bajó por la duna y avanzó al trote, bamboleando su aparatosa carga de lado y lado, a la vista de Salik. Amón había sido el de la idea del viaje, era una locura, y una expedición de ese calibre necesitaba buen financiamiento. Hace dos meses los jóvenes habían partido con una caravana de camellos y caballos de arena capaces de sortear el inclemente sol y las dunas con las que se toparían. De diez camellos y cinco caballos, solo quedaban cuatro de los dromedarios y un solo corcel, el resto habían muerto en el trayecto, los habían sacrificado, o tuvieron que intercambiarlos por agua y alimento en sus paradas. Tal inversión no era poca, y nadie habría arriesgado tanto por una ruta que no existía, ni iba a existir. Según los mapas, ese supuesto camino oculto entre los desfiladeros y una ruta recta hasta el Oasis de Zal-Zama no existía, y si lo hacía, tendrían que llevar un río completo en carretas para abastecer a los camellos durante el viaje. Amón había buscado financiación en todos los nobles, grandes comerciantes y gremios de exploradores que había en Cuna del Sol, pero solo se topó con burlas, insultos y amenazas. Era un joven ilustrado, criado desde niño como un Solassa, un Huérfano-Escriba versado en todas las artes posibles, y especializado en una en particular llegado a la edad, para servir con destreza a algún noble o señor que buscara intelectuales a su servicio. Pero Amón decidió especializarse en la cartografía, y ningún noble o señor quiso invertir en él. Con pequeños trabajos aquí y allá se ganaba la vida, pero su meta era descubrir esa mítica ruta de la que había oído hablar a sus profesores de cartografía cuando se especializaba. Era un Solassa prodigioso, pero sin especialización útil, no era más que uno más de los que sabían leer, escribir, y redactar con rapidez cartas y otros documentos. Por años esperó a alguien que creyera en él, probablemente a un loco con suficiente dinero y nada que perder; Y ese loco fue Salik. Hijo de una prominente familia, en la que era el menor, incluso así había heredado una modesta fortuna, y por ende, tenía libertad para hacer lo que quisiera con su vida. Decidió patrocinar a un erudito que le asegurara éxito, pero ninguno tenía ese espíritu que buscaba. Todos eran artistas, contables, escribas, poetas, historiadores, médicos, ingenieros, hombres y mujeres dedicados a un oficio práctico, de oficina, o bien, apegado a unas normas demasiado rígidas. Intrépido y audaz como era, Salik necesitaba alguien que hablara con pasión, que quisiera aventurarse a lo desconocido, y Amón resultó ser esa persona. Cuando el calvo muchacho le propuso aventurarse por los desiertos desconocidos del Mar de Oro, en busca de una misteriosa ruta que cambiaría para siempre el comercio de Reino Dorado, Salik no dudó ni un solo momento. -Sabes, me resulta curioso. Yo soy el noble, invertí todo mi dinero en esto, y por alguna razón estoy arrastrando con los camellos que tienen nuestras pertenencias, siguiéndote como si fuera tu siervo… No lo sé, me resulta chistoso- -¿Prefieres tú leer las estrellas para no terminar en El Infierno?- Se burló Amón. -Ustedes los Solassa tienen un ego muy alto. Recuerdo que hace no mucho eran esclavos- Salik había logrado alcanzar al cartógrafo con su caballo, y seguían el rumbo al Oasis. -“Hace no mucho” fue hace ciento veintidós años… Cuando el Gran Rey Galiajín I decretó que todos los Solassa se volverían libres, y tendrían el derecho de elegir a quién servir con sus conocimientos.- -Bueno, ahora en vez de bailar para ser comprados, bailan para ser patrocinados. Además, tengo entendido que el Rey Galiajín I solo liberó a los Solassa porque la que sería su tercera esposa era una, y no quería casarse con una esclava. Muy buena esposa debió ser para que convenciera al Rey de transformar todo el sistema de eruditos- -Pues el único hijo que tuvo con ella derrotó a todos sus medios hermanos y se coronó Gran Rey. Nuestro Rey actual es tataranieto de él. Así que puedes hacerte a la idea de fue criado por una mujer muy astuta.- -No vayas a traicionarme para quedarte con toda la recompensa eh.- Se mofó Salik. -Tranquilo, firmamos un contrato. Los Solassa tal vez no seamos esclavos, pero debemos lealtad incondicional a quien elijamos que nos patrocine.- -Bueno, ser patrocinado o vivir en la calle no suena como tener capacidad de elegir, la verdad- -¿Estás diciendo que de tener a cualquier otro competidor, no te hubiera elegido? Te valoras muy poco, querido amigo- Amón soltó una carcajada. -Además de erudito ¿También eres ingenioso? Vaya…- Respondió con sarcasmo Salik. -Puede que yo también sea tataranieto de Galiajín I y su tercera esposa… Quien sabe- Cuando llegaron al Oasis de Zal-Zama, el sol había enrojecido el cielo y estaba por ponerse. No había nadie. El lugar era siempre un punto de Reunión para las caravanas que venían del oeste, evitando el Sumidero Rojo, un desierto que devoraba a todo el que estaba en él, y luego ascendían hasta el Lago Kolzhá para finalmente alcanzar la Ciudad Verde. Por la hora, si no llegaba una caravana pronto, la verían llegar al amanecer. Para ellos, lo conveniente a partir de Zal-Zama era concluir su recorrido en compañía de un grupo mayor. Los bandidos habitaban principalmente en el occidente del Mar de Oro y en Los Puentes, pero el verdadero peligro era estar tan cerca de Zhan-Rís. La ruta que habían tomado Amón y Salik era desconocida, y por ende, ningún Zhanriense buscaría víctimas en aquel lugar, pero el camino que tenían por delante era especialmente conocido por ser el tramo más peligroso del viaje. A partir del lago Kolzhá, a no muchos kilómetros, el desierto se volvía cenizo, más estéril e inerte, hostil y demasiado silencioso, tanto que ni el viento sopla. Montañas ominosas los observan como colmillos rotos y negruzcos desde el este, y un cielo nublado a veces llora ceniza proveniente de los volcanes que minan El Infierno. Las compañías mercenarias del Mar de Oro y Los Puentes se enriquecen ofreciendo sus servicios de ida y venida por este tramo, escoltando a veces en números de cientos de jinetes a los mercaderes, a sabiendas que un grupo muy grande desalentaría a los zhanrienses. Las caravanas pequeñas generalmente no llegan intactas, las que llegan. Los camellos fueron a abrevarse junto a “Suertudo”, el único caballo de arena que había sobrevivido al viaje hasta el momento, y por cómo habían muerto o terminado los otros cuatro, ciertamente era suertudo; Dos de ellos perecieron por serpientes, uno de ellos se perdió en una tormenta de arena separándose de la caravana, y el cuarto se torció una pata resbalándose por una duna, por lo que Salik debió sacrificarlo “-Su carne era dura y sin sabor…-” pensó el noble Alassio al ver como suertudo bebía entre los camellos con total normalidad. Los caballos normales huían de los camellos, por alguna razón, sentían un miedo inexplicable a aquellas criaturas jorobadas, pero los caballos del desierto parecían haberse acostumbrado a sus feos primos. Ambos hombres montaron sus tiendas de campaña bajo una palmera, encendiendo una modesta hoguera para preparar un pan suave, plano y casi sin ingredientes que comían los viajeros llamado “Ghu”. Generalmente no se comía solo, sino que se mezclaba con cualquier cosa que se tuviera a la mano, pues además de una pizca de sal, el Ghu era lo más simple que uno pudiera imaginar. -Mira allá- Amón señaló con la cabeza al oeste. Salik estaba enrollando sobre carne de camello (Del último que murió debido a la fatiga en el trayecto) su Ghu, recién sacado de la plancha metálica donde lo habían cocinado, cuando Amón lo hizo voltear. Eran luces, antorchas formadas en columna por la ruta del oeste, una caravana comercial, una caravana muy pequeña…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD