La ruina

1255 Words
Desde que papá salió del hospital he procurado cuidarlo no dandole noticias que puedan alterarlo. La joyería ha seguido abierta como de costumbre solo que soy yo quien está a cargo desde entonces, sin embargo no he podido evitar sentir presión y estres por desempeñar un buen papel. - Hija antes que te vayas quiero hablarte de algo muy serio. Alfonsina deja el desayuno en la mesa y dejanos a solas. Mi papá procede a sentarse en la cama con mucha dificultad y creo que empieza a preocuparme su tono. - Siéntate hija, será solo un momento. - Alfonsina por favor di que vayan preparando mi carro. - Si señorita ¿Cuál desea usted? - mmm creo que me llevaré el rojo. No, creo que el n***o. -Asi será mi niña. - Ahora si papito, dime qué pasa. - Desde que robaron la joyería he estado muy preocupado por nuestro bienestar, no había querido decírtelo pero he estado muy endeudado y pensaba solucionar el problema con la subasta. Es decir que ahora estamos en riesgo de irnos a la ruina. - oh papá, no ... no sabía. -Quiero que hagas todo lo posible por recuperar la joya. - Pero... ¿cómo? la policía no ha encontrado nada. - Lo sé Shantall y es por ello que he pensado en otra solución. - ¿Cuál será esa? - Quiero que te cases con Cristian. - ¿Que? ¿pero te has vuelto loco papá? Cristian es solo mi amigo y aparte de todo es un perro sin vergüenza, no se conforma con ninguna mujer. - Pero el ha estado enamorado de ti desde que eran adolescentes sé que puede cambiar ya que al fin podrá tenerte. - No no y ¡NO! No me gusta papá, es un patán ,consentido y su fortuna no la ha conseguido el si no sus padres. -Igual que tu hija. - ¿Es esto posible lo que me dices? - ya te he organizado una cita con el y si no quieres que tu pobre padre sufra de un colapso es mejor que acudas. Salí haciendo pucheros como una niña pequeña y me subí en mi carro n***o con dirección a la joyería. Llegando a la joyería me encontré con mi amiga de la infancia: Joséphine. - ¡Amiga! por fin puedo verte. - Joséphine me alegra verte - wow chica que cara traes. - Nada de que preocuparse amiga. una discusión sin importancia con mi padre. - ¿ Que harás está noche? - Creo que tendré una cita con Cristian. - Realmente estás loca pero ... ya sabes nunca te cuestiono. - ¿Tu que haras ? - Iré al bar con Liam. - Iremos con ustedes. Una cita doble ¿que dices? - Me agrada la idea chica Joséphine siempre ha Sido una buena amiga y me encanta su actitud tan despreocupada. - Te veo a las 9:00 - trato. y se marchó y a su barco le llamó libertad ok no. Creo que puedo bromear de vez en cuando jajaja. En la joyería todo trancurria con normalidad así que decidí irme a arreglar para nuestra cita doble, me puse un pantalón de cuero y una blusa color rojo que lograba enmarcar mi sexy figura. Llegamos a siglo XXI , Cristian había pasado por mi a mi casa así que llegamos juntos. En una mesa doble apartada se encontraban Joséphine y Liam ya llevaban dos bebidas de ventaja. - Wow amiga que sexy te ves. - Gracias loquita tu también te ves muy sexy. - Oh por fin se te hizo¿ no Cristian? Cristian le guiña un ojo como confirmando aquella frase imprudente. - Vente Liam vamos a bailar AMO esta canción. Yo no quería que nos dejaran solos pero inevitablemente así serían siempre el resto de mis días así que debía acostumbrarme. - Que deseas tomar mi vida - un Martini está bien -¿ No deseas algo más fuerte? Este imbécil se que planea que me pase de tragos. - No, está bien así. - Como diga la princesa. Se levanta a la barra para conseguir las bebidas y mientras caminaba en dirección a ella iba coqueteando con cuánta mujer se le atravesaba. - Baboso- murmuré. - y aquí tienes tu martini señorita. Déjame decirte que te ves estupenda esta noche. - gracias. Me toma del brazo y me invita a bailar. En la pista apretujados por la gente que también bailaba sentía como su mano se deslizaba suavemente por mi espalda. - Me quiero sentar. - Pero ¿por qué? - Me duelen los pies. - Vaya nena si que te cansas muy rápido. Al sentarnos nuevamente puso su mano en mi pierna haciendo suaves caricias y con la otra mano escribía mensajes de textos con su celular. -¿Con quien texteas? - Oh no nena , unos asuntos de la empresa que no puedo desatender. - Ya. - anda bailemos - No ,quiero ve tu si quieres. Siguió masajeando mi pierna y la rodaba lentamente hasta mi muslo interno y de ahí siguió hasta casi tocar mis labios vaginales con sus dedos. - ¡Que te pasa Cristian! acaso no puedes controlarte. - Yo sé que también me deseas. Arrojé mi martini en sus pantalones. - Para que te refresques. Corrí en dirección hacia la barra para poder calmarme, pero estaba rodeada de un grupo de chicas que tardaban en reclamar sus bebidas. Les reclamé por su tardanza y en un abrir y cerrar de ojos ya estaba discutiendo con ellas, quería descargar toda mi frustración y rabia sobre y ellas y sobre aquel estúpido bartender que no disimulaba en coquetear con ellas. Cuando por fin se largaron lo increpé por haber salpicado mi blusa con aquel trago. El muy descarado y mal educado se puso al tu por tu conmigo, ¡yo que soy toda una señorita! Le exigí que llamara al gerente del bar para que lo pusieran de patitas en la calle, pero el muy igualado me dió una contesta que me sacó de quisio. Sin embargo algo extraño sucedía con su voz,era como si lo conociera de antes pero no lograba identificar de dónde. Sentí como mi corazón se aceleraba, como si un viejo trauma volviera a mi y cuando por fin lo tenía en la puntita de mi lengua mi cara se humedeció producto de una loca resentida que ya se estaba ganando mi odio total. Corrí buscando el baño llena de humillación, no pude evitar llorar por lo sucedido y eso me hacía sentir miserable ya que desde que murió mamá me prometí a mi misma no volver a llorar. La puerta se abrió y era él, no había notado lo realmente guapo que era, sus ojos eran tan grises que producían en mi un efecto extraño. Sin embargo carecían de Luz, si no supiera que trabaja como bartender y que camina con tal seguridad juraría que era ciego. Me preguntó el por qué de mis lágrimas pero estaba tan llena de rabia que le di una bofetada con todas mis fuerzas. En respuesta obtuve un beso, un beso al cual quise negarme, yo Shantall Brown besándome con un vulgar cantinero , que diría mi padre de esto ,de seguro me tiraría por una ventana. Dejé de resistirme por unos momentos y me dejé llevar por sus planceteros labios, olía tan delicioso y besaba tan exquisito que no quería que el momento acabara. Cuando al fin caigo en cuenta de mi error decido darle otra bofetada.
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