A VER QUIEN GANA

1044 Words
La pelirroja estuvo intranquila toda la mañana. Incluso le costó concentrarse cuando la contadora supervisó su trabajo. Estuvo llena de papeles lo que quedó del día laboral y llegó tan exhausta a su casa que fue directo a la cama. La vida social a través de las redes no resultaba una opción durante su primera semana de empleo. Afortunadamente, el día viernes llegó y Jenny se sintió más que feliz. Aunque… el ambiente con Lucas Massey seguía tenso. El hombre no dejaba de importunarla con sus miradas extrañas, con uno que otro comentario adornado con una sonrisa maliciosa y luego aquellos roces… roces inocentes que no ameritaban una bofetada, pero que la dejaban mal. Luego estaba la respuesta de Jennifer. Aquel modo de agacharse sensualmente a recoger los documentos, aquella forma de cruzar su pierna cuando sabía que le hombre la mirada y los escotes pronunciados que llevaba para lucir su grande busto. Se notaba cuánto gozaba ver al gran Lucas Massey babeando por algo que nunca podría tener. Jennifer solo quería ver quién de los dos jugaba mejor. Si el hombre creía que ella sería como el resto de sus secretarias que se rendían ante sus encantos a la primera, ella rompería con aquel patrón. Ella también tenía cartas bajo su manga. Había sido fuertemente criticada durante su paso por la escuela. Todos la llamaban gorda… ¡pues la gorda estaba triunfando! Sus cuervas de infarto provocaban que todo traje luciera sensual en ella y que la mirada de muchos hombres no dejara de seguirla cuando caminaba por la calle. No siempre le agradaba la sensación, pues también aquella sensualidad la volvía víctima de alguno que otro piropo indecente, pero, por lo demás, se sentía muy segura de sí. Henry, definitivamente, era un idiota. Recogió los sobres que estaban en la mesa y entró a la oficina de su jefe para dárselos. La imagen que contempló la dejó sin habla. Lucas Massey parecía estar tomando una siesta a las cinco de la tarde. Tenía los ojos cerrados y su cabeza se encontraba recargada contra el respaldo de su silla de cuero. No se movió ni un poco cuando la puerta se abrió. Como si perdiera la noción del tiempo, Jennifer se quedó admirando aquel paisaje natural. Nuevamente leyó el currículum del hombre. Socio y amigo de los líderes de los más grandes cárteles de la mafia, enemigo de su padre y asesino de su hermano, pero… aun así, no pudo detenerse. El tiempo dejó de correr mientras la hija de Robert Wright miró el rostro iluminado por los rayos de sol colándose por la ventana. Tan hermoso. Jennifer tuvo que admitir que se sentía atraída hacia él más de lo debido. Dio un pequeño salto, asustada, cuando el CEO abrió los ojos y se acercó peligrosamente hasta ella. Lucas tenía una extraña sonrisa en su faz. —¿Disfrutando de la vista? —Preguntó parándose a su espalda, respirando el dulce olor a rosas de su cabello. El aliento con un dejo de tabaco rozó a la joven y una nueva descarga eléctrica la recorrió. Jennifer pensó que la tocaría, su mente fantaseó con ello. Sin embargo, nuevamente, así como había llegado, se alegó de su cuerpo, dejándola con una sensación de frío y vacío. —Me pregunto qué diría Henry Palmer, el afamado detective si viera a su novia buscando un poco de mi contacto —se sinceró. —Es un idiota… —¿Henry? Estoy totalmente de acuerdo —sonrió de lado. —Me refería a usted, señor. Con todo respeto —añadió con una sonrisa burlona. Lucas sonrió igualmente de lado y negó un poco. Se sentó en el borde de su escritorio y se dispuso a encender un cigarrillo. El humo dio de lleno en el pecoso rostro de su asistente. —No sé si eres valiente o demasiado tonta para hablarme así, niña. Creo que a veces olvidas quién soy. —Imbécil —repitió en tono retador. Puesto que era mucho más bajita, levantó el rostro hacia él—. Aquí están los papeles. Lucas Massey apretó su quijada en un intento por contenerse. Tomó aquellos documentos y les arrojó sobre el escritorio. —Estás jugando un juego muy peligroso, Jennifer Wright. Yo no sé perder. —Ya veremos quien gana, entonces. El rubio soltó una ligera carcajada, luego señaló hacia un paquete de plástico que descansaba en el sofá azul. —Es tu uniforme. Asegúrate de traerlo el día lunes. Ella lo tomó. —Por cierto, deja todo lo que estás haciendo y ve a casa, quiero que te arregles. Pasaré por ti a las nueve con treinta de la noche. El rostro de la mujer fue todo un poema. Se preguntó de qué rayos estaba hablando. ¿Cómo podía pasar tan rápido de un tema a otro? —¿Disculpe…? —Lo que escuchaste. Esta noche quedé de ver a un importante socio y necesito que me acompañes. —Mi hora de salida es a las… —Te sugiero que leas nuevamente tu contrato. Eres mi asistente personal, eso significa que irás conmigo a cualquier lugar donde tenga que tratar cosas de negocios, ¿entiendes? Además, agradece que es viernes. Jennifer quiso discutir, pero prefirió guardar silencio. Después de todo, ella tenía mucha curiosidad por conocer la faceta profesional del hombre. —De acuerdo. Le dejaré mi dirección. —No es necesario, sé perfectamente bien dónde vives. —Yo no vivo con mis padres —se apresuró a contestar. Su voz estaba llena de horror. No quería ni pensar lo que dirían sus padres si Lucas Massey se presentaba a la puerta. —Lo sé. Ahora vete. —Pero… La mirada azul brilló con molestia y eso bastó para que toda duda muriera en labios de la joven. Se aferró a su nuevo uniforme y se retiró del lugar. Lucas observó la puerta cerrarse tras su femenina figura y se mordió el labio inferior por unos instantes. Sería imposible negar que aprovechaba cada instante para imaginar lo que se encontraba bajo la ropa contraria. —Tu hija caerá, Robert. Tu preciosa hija caerá y esa… viejo enemigo, será mi mayor venganza —declaró con una enorme sonrisa. La sonrisa del amigo más íntimo del mismo Diablo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD