Voy caminando del brazo del chico odioso, cuando pasamos por la entrada, muchos me observan, espero que no sea porque no traigo maquillaje, o uñas de gel, o bien, un peinado acorde a la ocasión.
- No bajes la cabeza, tu rubor natural es más lindo que el maquillaje de cualquiera en esta fiesta. - Me dice él colocando su mano en la mía mientras lo llevo del brazo.
- Gracias, ¿eso es un cumplido? No sabía que eras bueno con los comentarios.
- Yo que tú no me burlaría aún.
- No te preocupes, ya sé cómo pagarte.
- ¿A si?
- Si, ya ví a Álex. - Digo sonriente.
- ¿Así que encontraste a tu amorcito?
- Si, no importa que tan lejos esté, siempre lo reconozco. - Vuelvo a sonreír y el aprieta mi mano.
- ¡Auch! Eso dolió.
- Eso es para que te bajes de tu nube.
Sonríe y muchas mujeres se voltean a mirarlo, algo que, aunque no lo conozca, me molesta.
- ¿Que diablos hacen mirándote tanto? ¿Quieren quedarse sin ojos? Ufff... Cómo si nunca hubiesen visto a un chico guapo.
Lo escucho reír casi a carcajadas.
- Tu sabes que no nos conocemos ¿Cierto? - Me pregunta y lejos de avergonzarme, le respondo.
- Obvio, pero no es agradable cuando la gente te trata como un trozo de carne, me molesta eso.
- ¿Me vas a defender esta noche?
- Si, así como tu me ayudaste, yo seré tu guardaespaldas contra las ofrecidas de esta fiesta. - Le digo sonriendo y sacando la lengua.
- Eso podría terminar agradándome.
- ¿A si? - Le pregunto mirándolo con una ceja alzada.
Se gira y queda frente a mi cuando estamos llegando a una esquina denominada VIP.
- Entonces, ve a hacer lo que tienes que hacer, luego te veo acá. - Me suelta y es la primera vez que siento un vacío. Es extraño, no quiero parecer desesperada pero se sintió raro.
Comienzo a alejarme y busco a Álex, cuando llego a él, un montón de personas lo rodean así que me coloco en una esquina y espero un poco a que salga de ahí para poder hablar.
Cuando al fin lo dejan solo, él gira un poco y yo me acerco tomando su brazo.
- ¿Pudiste ser más cobarde? - Le pregunto directamente mientras lo miro con asco.
- Sandy ¿Que haces aquí? ¿Te das cuenta de que es mi compromiso? ¿A qué viniste? - Me pregunta molesto.
- A ver, no tienes derecho de enojarte si terminaste hoy conmigo por un mensaje.
- No levantes la voz, no hagas el ridículo o voy a pedir que te saquen de aquí. Es más, no tienes porqué quedarte. Es mejor que te vayas, no quiero ser grosero.
- ¿Porqué? ¿Porqué lo hiciste? ¿Porqué me usaste? - Le pregunto con rabia.
- Porque eres usable, simple. Mi esposa debe ser una mujer de clase y que me aporte, no que se aproveche de mí como tú y tu familia. Pero si quieres podrías ser mi amante y así te seguiría manteniendo. Total, el sexo contigo era medianamente rico. - ¡Hijo de puta! Y para peor, sonríe.
No lo pienso y lo golpeo, un puñetazo en su cara de idiota cretino y desvergonzado, maldito hijo de...
Un montón de guardias se acercan a nosotros y no encuentro mejor opción que correr hacia donde está el chico odioso, hay varias personas con el pero lo tomo del brazo y lo arrastro conmigo hasta unas mesas en dónde me escondo debajo de una de ellas.
- ¿Que diablos haces? - Me dice.
- Golpeé a Álex, me persiguen los guardias. - Le digo asustada y tapando mi cara con el mantel de la mesa.
Él suelta una carcajada bastante sonora.
- Diablos, no pensé que me perdería lo mejor de la fiesta. - Se vuelve a reír a carcajadas tomando su estómago.
- No te rías, tienes que ayudarme. - Le digo tomando su pantalón desde abajo de la mesa.
- ¿Y yo, porqué? - Me dice sonriendo pero mordiendo su labio - Me debes dos favores, aunque con el golpe a Álex Pimentel me debes sólo uno. Pero como no lo ví, me sigues debiendo dos.
- ¡Aaah! ¡Que odioso! Sólo ayúdame.
- ¿Me mandas otra vez? - Me dice agachando su cuerpo para quedar cerca de mi.
- Ok, no importa, de todos modos ya hice lo que tenía que hacer. Me iré por mi propia cuenta. - Salgo de debajo de la mesa y me paro al lado del chico odioso.
- Señorita, debe acompañarnos. - Un grupo de guardias no tardan en llegar a mi lado y tomarme de los brazos.
- Adiós, chico odioso. - Le digo dejando que los guardias me alejen, pero cuando estoy a dos metros del chico odioso, este toma mi hombro y los guardias se voltean para mirarlo.
- ¿Quien dijo que se la podían llevar? - Les dice a los guardias mientras un grupo considerable de gente se ha reunido a nuestro alrededor murmurando.
- Señor... El joven Pimentel nos pidió que la sacáramos, pues ella no es invitada en esta fiesta. - Los guardias le comentan con cierta reticencia y él los mira.
- Que extraño, mi invitación dice que puedo traer a una acompañante y ella viene conmigo. No tienen derecho de sacarla a menos que yo así lo decida.
- ¿Porqué aún no se han llevado a esa perra? - Dice Álex desde atrás.
- Lo que pasa es... - Intenta decir un guardia pero el chico odioso habla más fuerte mientras todos prestan atención. Wow... Ni en las películas había visto tanto temor por un sólo hombre, o respeto, debería decir.
- Lo que sucede es que la mujer a la que tú llamas "perra" viene conmigo. Si no eres capaz de respetar a la gente a la que invitas, entonces yo no tengo nada más que hacer aquí.
- Sr. Dummont, lo siento mucho. No sabía que usted había venido con ella. Disculpe mi atrevimiento. - Mierda... Álex está agachando la cabeza ante el chico odioso ¿Quien diablos es él?
- De todos modos - Comenta el chico mientras coloca sus manos en los bolsillos y habla calmadamente - Tu fiesta sólo me pareció entretenida debido a que pude venir con ella. Debo reconocer que dejaste ir a una mujer fenomenal, y eso es increíble para mí, que tengo la suerte de haber salido con ella.
Se acerca a mi y me coloca el brazo.
- ¿Nos vamos, querida? - Me mira y sonríe, suficiente señal para mí. Tomo su brazo y salgo de aquí casi saltando de felicidad, no podría haber pagado por ver la cara de Álex rindiendo pleitesía a este chico. ¡Me encantó!
- Misión cumplida, chico odioso. - Le digo acercándome a su mejilla para besarlo cuando estamos afuera del salón y en dónde no nos pueden ver, para agradecerle por todo lo que hizo por mí , pero él mueve justo su rostro y mi beso cae en sus labios, aunque en vez de alejarse de mi, me pega contra la muralla y con sus manos me levanta un poco de la cintura mientras se pega a mi cuerpo, su respiración agitada y la mía que parece de enferma cardíaca se mezclan y mi necesidad sólo crece, es algo increíble.
De pronto y sin aviso, me suelta y me coloca sobre mis pies.
- Lo siento, yo no... - Intento excusarme pero el arregla su traje y sale del salón.
Lo sigo y tomo su brazo.
- Gracias por toda tu ayuda. - Le digo mirando sus intensos ojos grises mientras él se nota tranquilo y decidido.
- Gracias a ti, me diste una noche fantástica. Hace mucho que no me reía tanto. - Toma mi mano y me acerca a el.
- ¿Quieres que robemos una botella y la bebamos juntos? - Le digo mientras sonrío.
- Me agrada como piensas. - Responde a mi sonrisa.
- Yo voy... - Le digo y salgo corriendo hacia el salón en donde están las mesas en la entrada, sin que me noten, tomo una botella y la coloco en la falda de mi vestido para salir sin que me noten, cuando llego a la entrada del salón, un muy serio Max me mira.
- Adiós, Max, te dije que si tenía invitación. - Le digo moviendo la mano hacia él.
Vuelvo a correr hacia el estacionamiento pero no encuentro el auto del chico odioso. Se ha ido.