Sara Había pasado gran parte de la tarde hablando con Jason. Estaba agotada cuando llegué a casa. De inmediato, voy a la recámara de mi madre, abro la puerta y la veo tan tranquila durmiendo. Me acerco a ella y beso su frente. Ella abre sus hermosos ojos y me sonríe. Yo me siento a su lado y tomo su mano entre las mías. —¿Cómo te has sentido, madre? Ella suspira y sonríe. —Un poco cansada, pero estoy bien, Sarita. No tienes de qué preocuparte. Supe que Alejandro fue a verte a la oficina. ¿Firmaste los documentos? Yo niego y ella vuelve a suspirar, pero antes de que diga algo, yo la interrumpo. —Aún no, pero tranquila, que mañana mismo lo haré. Madre, tienes que relajarte, esta bien. Solo preocúpate por ti, ¿vale? Ella sonríe y asiente. Yo me pongo de pie, beso su mejilla y salgo

