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“Recuerda que tenemos que ir al médico…", comentó, y yo me quedé sorprendida, estaba desnuda frente a él y mi mejilla se volvió rojiza. Él dijo, "Lo… lamento…", tartamudeando, y cerró la puerta de golpe. No podía creer lo que había pasado. Esperaba al menos estar presentada. Cuando salí de mi trance de vergüenza, me vestí con unos pantalones sueltos y cómodos, junto con una blusa negra. Tomé mi cartera, me apliqué desodorante y perfume, y me peiné. Ya estaba lista. En cuanto salí, él me estaba esperando con traje, como siempre. Puse los ojos en blanco. “¿No le puedes dar un día a tu vida formal?", pregunté. "Después tengo que ir a la empresa", comentó, encogiéndose de hombros. “¿Y qué?, eres el jefe, puedes ir como quieras ¡Ve en piyamas!", le dije. Él respondió, "Ojalá pudiera. Creo

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