“¿Acaso te estás enamorando de mí?", pregunté con cautela. Él dijo, "Eso no es una respuesta". Me observó y luego cambió de tema, "Bueno, ¿a qué hora era el turno?". “En media hora", respondí, prefiriendo no decir nada. Él dijo, "Entonces tendremos tiempo". En cuanto llegamos al hospital, como siempre, estuvo a mi lado, y yo di mi apellido. “¿Por qué usas tu apellido de soltera?", preguntó con intriga. “Siempre había usado mi apellido de soltera”. “Pues… para mí eso no es correcto", respondió él. “¿Por qué no?", pregunté. “Pues… porque estás casada conmigo. Deberías usar mi apellido", explicó. “¿Quién lo dice?", pregunté. “Bueno, estás casada conmigo, así que tendrías que usar mi apellido", insistió. “No quiero” “Me gustaba más cuando eras callada", comentó él, y lo miré mol

