XXII Al entrar en su oficina, Marcus lo hacía con una sonrisa en sus labios, una no muy propia de él desde hacía mucho tiempo. Su empresa era pequeña, por esos a sus empleados los tenía en la estima de una familia. No había nada que ellos no supieran de su jefe, el CEO de esa compañía de arquitectura. Encontrarse con Mary había sido una satisfacción que él no se esperaba, la última vez solo lo vio como un bicho raro, no como ese al que decía querer, porque debía admitir que aquello de «te amo», no se le aplicó jamás. Sin embargo, ver los ojos de ella dirigiéndose a Nathaniel, no con odio o asco como siempre, sino al contrario, apreciar ese destello que solo los enamorados tenían, le hizo estremecer el corazón. Nadie entendía qué poder tan grande tenía esa pequeña mujer en Marcus, si er

