XXI Creyó que solo con el hecho de llamar a ese que tanto tiempo tuvo a sus pies, lograría desestabilizarlo a tal punto que lo hiciese depender de nuevo de ella, no obstante, el teléfono de ese gigante atractivo y fiero sonó lo suficiente como para entender que esa sería una llamada que él no respondería. Por fin se atrevió a llamar a la mansión, con la excusa de siempre, haberlo visto mal y de encontrarse preocupada por su bienestar como una pareja civilizada de separados que eran. Oyó del otro lado del auricular a uno de los guardias decirle «están bien, señora Storm, no debe preocuparse, ahora duerme junto a su esposa». Eso no era lo que debía escuchar, ella debía oír que su Nathaniel estaba derrotado, cansado de luchar por una mujer que no lo merecía, que solo estaba a su lado para

