XX Mary abrió la puerta y encontró a su tatuado guardián durmiendo en el piso, tal como ella le había dicho que hiciera. No se sintió orgullosa del dominio que tenía sobre él, ni siquiera lo dimensionaba muy bien. Verlo ahí, como un cachorrito suplicante de atención, la llenaba de sensaciones desconocidas, también de una satisfacción que no se conocía. Al menos esa noche no había ido a buscar refugio en los brazos de esa otra, con la que debía compartir su apellido. Antes de caer dormida, reflexionó mucho el asunto de su nueva vida sabiendo que aún tenía una salida, no obstante, no quería darse por vencida. Ella había llegado a la existencia de Nathaniel por algo y no quería salir tan fácil de esta. Quería dar la pelea, ahora tenía las armas, la confianza y la locura de la fantasía. Adem

