XVIII Las calles estaban destrozadas, ventanas rotas, paredes a punto de caerse, unas tan juntas de otras, tan altas como para que su pequeño cuerpo maltratado y sucio no pudiera trepar y salir, escapar de ese infierno que no pidió vivir. Miraba a todos lados, pero siempre terminaba en el mismo punto, no podía huir de esas calles horrendas que lo estaban viendo morir, ¿por qué?, todas eran iguales, o las había visto ya tanto que no podía distinguir nada, un muro, otro más, otro a la izquierda, otro a la derecha, todos igual de rotos. Algo era real, estaba solo, en medio de la nada, gritando con todas sus fuerzas y nadie lo escuchaba, nadie. —¡¿Nathaniel?! Estaba bañado en sudor, pálido en extremo, sus manos y piernas temblaban sin control y no pudo ubicar el sonido hasta que viró su cab

