XVII Nathaniel llegaba con excelentes noticias a casa. Ilusionado con contarle a Mary, salió de la oficina mucho más temprano que nunca, aquello era uno de los mejores logros de sus casinos. La esposa también quería hablarle de algo importante, así que la sorpresa de verlo ahí antes de la media noche era una buena señal y más cuando bajó del auto llamándola a los gritos. Ella estaba ya en pijama y alertada por el llamado, bajó corriendo hasta el recibidor. Ahí ese hombre que era suyo, el vestido de n***o, el tapizado de tatuajes que para ella eran hermosos, abrió sus gruesos brazos y la cargó en estos para luego girarla muchas veces, estaba feliz y aunque su ceño no cambiaba mucho, su sonrisa siempre escasa, mostraba su preciosa dentadura. —¡Nathaniel! Me mareas… —dijo emocionada, tománd

