6. Invitación

1315 Words
6. Invitación POV Lucía Han pasado tres semanas desde la reunión. Tres semanas en las que todo ha cambiado, aunque la ciudad siga igual: bulliciosa, indiferente, radiante. A veces me sorprende la calma con la que la vida sigue su curso mientras la mía se reconfigura pieza a pieza. El proceso judicial avanza. La prensa dejó de hablar del escándalo romántico para enfocarse en algo más jugoso: los desvíos financieros de Ortega Construcciones. Cada día aparece un nuevo artículo, una nueva filtración, una fotografía de Darío entrando o saliendo de su oficina con el ceño fruncido. Algunos lo llaman “mal empresario”. Otros, “víctima del despecho de una mujer”. Ninguno entiende que esto no fue despecho, sino justicia. Estoy sentada en el comedor del pequeño departamento que ahora rento temporalmente. La luz del mediodía se filtra por la ventana y cae sobre los papeles que Manuel me dejó esta mañana: informes, estados de cuenta, resúmenes legales. Los reviso con atención. No porque quiera, sino porque necesito hacerlo. Es mi dinero, mi nombre, mi historia. Y esta vez, nadie más va a decidir por mí. El timbre suena. Al abrir, ahí está Manuel, con su elegancia tranquila y su inevitable sonrisa de profesional que no se deja perturbar. —Traigo buenas noticias —dice, entrando. —El juez aceptó la solicitud de auditoría. —¿Y eso significa…? —Que las cuentas de Ortega Construcciones serán revisadas a fondo. Si se confirma el uso indebido de fondos matrimoniales, la mitad de lo que intentó esconder volverá a ti. Asiento, aunque la palabra “venganza” flota en el aire. No es eso lo que quiero. Ya tuve suficiente de guerras. Solo busco cerrar el ciclo, aunque duela. —¿Quieres café? —pregunto. —Solo si tú también tomas uno. Río. Es curioso cómo, pese a su prudencia, Manuel siempre logra que me sienta cómoda. Nos sentamos frente a frente. Él abre su carpeta, yo mi taza. Durante unos minutos hablamos del caso, de los plazos, de los próximos pasos. Pero al terminar, el silencio se vuelve distinto: no incómodo, sino denso. —Lucía —dice al fin—, estás haciendo algo admirable. No solo enfrentaste a Darío, también estás levantándote sin depender de nadie. —No tenía otra opción. —Sí la tenías. Podías dejar que otros lo hicieran por ti. —Y repetir el mismo error —respondo con calma. Nos miramos unos segundos. Sé lo que piensa. Lo veo en la forma en que me observa, con esa mezcla de respeto y algo más que no quiero descifrar. Manuel es un buen hombre, eso lo sé. Pero el simple hecho de imaginar cualquier cosa ahora me produce agotamiento. —Manuel —digo finalmente, apoyando la taza sobre la mesa—, no malinterpretes lo que te voy a decir, pero… no estoy lista para nada que no sea yo misma. Él baja la mirada, asiente sin sorpresa. —Lo imaginaba. —Vengo de un matrimonio donde perdí todo, incluso mi voz. Quiero aprender a escucharme antes de escuchar a alguien más. —Eso te hace más fuerte, no más sola —responde con una serenidad que desarma. Se levanta, recoge sus papeles. Antes de irse, se detiene frente a mí. —Si alguna vez cambias de opinión, o si solo necesitas hablar, sabes dónde encontrarme. —Gracias, Manuel. Por todo. —Solo hago mi trabajo. —No —digo con una sonrisa leve. —Hiciste más que eso. Me recordaste que no necesito permiso para empezar de nuevo. ***** POV Darío El sonido de las cámaras ya no me intimida; me agota. Cada vez que salgo de casa, me siguen. Cada vez que hablo, mis palabras se distorsionan. Y cada vez que intento limpiar mi nombre, aparece un nuevo titular con la palabra que más odio: corrupción. Los auditores llegaron hace una semana. Revisan todo: cuentas, transacciones, correos. Intento mantener la compostura, pero sé que el golpe viene en camino. Valeria ya no contesta mis llamadas. La prensa la persigue igual que a mí, pero ella no tiene ni la mitad de mi aguante. Se fue del país, o al menos eso dicen. Mi abogado me sugiere “cooperar”. Yo lo escucho, pero apenas lo entiendo. Porque la verdad es que no me preocupa el dinero. Me preocupa Lucía. Desde aquella reunión, no dejo de pensar en su rostro cuando Manuel desplegó esos documentos. La serenidad con la que me desarmó, sin odio, sin rabia, solo con verdad. Esa fue mi derrota más grande. Porque descubrí que ya no hay nada que pueda hacer para que me mire como antes. ***** POV Lucía El teléfono no deja de sonar. Amigos, conocidos, periodistas disfrazados de curiosos. Pero hay una llamada que no esperaba. —¿Señora Montalvo? —pregunta una voz femenina. —Habla Inés Godard, directora de Mujer Ejecutiva. —Sí, dígame. —Estamos preparando una edición especial sobre mujeres que rompieron barreras en el mundo empresarial. Nos gustaría incluir su historia. —¿Mi historia? —Sí. Su valentía inspira a muchas. No solo por el escándalo, sino por la manera en que está tomando control de su patrimonio. La ironía me hace sonreír. Ayer era “la esposa traicionada”. Hoy, soy “el ejemplo de resiliencia”. El mundo adora los titulares redentores. —Lo pensaré —respondo. —Le enviaré un correo con los detalles. Gracias por su tiempo. Cuelgo. Me quedo un rato en silencio. La idea me resulta incómoda. No quiero convertirme en símbolo de nada. Solo quiero vivir tranquila. Camino hasta la terraza. El sol está cayendo, y la ciudad comienza a encender sus luces. Mateo juega dentro, riendo con su pequeño perro nuevo, un regalo de mis padres para animarlo. Esa risa es lo único que necesito ahora. ***** Esa noche, mientras preparo la cena, pienso en el futuro. En lo incierto, lo que vendrá, lo que ya no duele. Y, por primera vez, la soledad no me asusta. Tiene sabor a espacio, a aire fresco, a promesa. No quiero saltar a otra historia. No quiero otro hombre que me salve. Quiero salvarme sola. Pero en el fondo, aunque no lo admito en voz alta, algo dentro de mí sabe que el destino guarda sorpresas. Que en algún lugar, quizás no hoy, ni mañana, alguien aparecerá… Y no para completarme, sino para caminar a mi lado. ***** POV Darío —Las cifras no mienten, señor Ortega —dice el auditor, con tono impersonal. —Hay irregularidades que deberán ser aclaradas ante el tribunal. —No tiene idea de lo que está diciendo. —Las pruebas son claras. Desvíos, transferencias y uso de fondos conyugales. —¿Lucía filtró esto? —No lo sé, pero eso ya no importa. Cierro los ojos. Por primera vez, entiendo que esto no se trata de ella vengándose. Se trata de mí enfrentando lo que siempre fui: un hombre que confundió éxito con impunidad. Y que ahora paga por su soberbia. ***** POV Lucía Cierro las cortinas. Mateo ya duerme, y la ciudad se ha vuelto un rumor distante. Me siento en la cama con una taza de té y el portátil abierto. El correo de Mujer Ejecutiva está ahí, esperándome. Lo releo. “Queremos que hable sobre su nueva etapa, sobre el empoderamiento y la libertad financiera.” Sonrío. Quizá sí. Tal vez contar mi historia no sea una exposición, sino una manera de cerrar el pasado. Una forma de ayudar a otras a entender que no se trata de venganza, sino de dignidad. Cierro el portátil y miro por la ventana. Allá afuera, la vida sigue. Y yo… empiezo a seguirla también. No sé qué vendrá después, pero lo intuyo: que el amor, cuando llegue, no olerá a rescate. Olerá a principio y a verdad.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD