TENTACIÓN PELIGROSA

3413 Words
CAPÍTULO ONCE: SIEMPRE FUE UN ESPEJO Napoleón con cuidado se subió encima de ella y empezó a repartir besos por su espalda escuchándola suspirar, apenas y habían terminado otra de las tantas rondas de aquella noche o mejor dicho: madrugada. Acarició su cuerpo y luego se recostó atrayéndola a su pecho, buscó sus ojos y esbozó una sonrisa al ver los labios de ella rojos e hinchados, el cabello apuntando a varias direcciones y los ojos brillantes. Era hermosa. Bajó con cuidado sus manos a su cintura, acariciando su piel suave y queriendo repetir, es como haya estado caminando en el desierto y ahora por fin tenía agua de beber. Quería más de ella, lo necesitaba. —Buenos días —musitó besando sus labios con suavidad, la joven se inclinó pasando su nariz por su cuello recogiendo su aroma y besando los tatuajes de sus hombros. —Buenos días —la joven saludó acomodándose entre sus brazos, ninguno habló y fue ahí que las preguntas los golpearon. ¿Qué debían hacer? Era más que obvio que ahora ya no podían separarse, estaban locos ambos, locos por consumirse. Pero no fue necesario hablar cuando el celular de Napoleón sonó y él se inclinó para tomarlo, ambos se pusieron tensos cuando salió el nombre amor, Zoy se soltó de él y se envolvió en una sábana caminando hacia el baño, el mayor gruñó apagando el celular sabiendo que su esposa en su casa lo esperaba y tenía que darle muchas explicaciones. La siguió y la puerta del baño estaba con seguro, se sentó en la cama a esperarla, fueron largos minutos hasta que la joven salió con un pijama blanca y secando su cabello, al verlo frunció el ceño. — ¿Qué haces aun aquí, Napoleón? —aquella pregunta le cayó como un balde de agua fría, se puso de pie y la joven se acercó, tenía los ojos rojos indicándole que había estado llorando. —Lo siento. —Lo sé, es tu esposa y yo solo un ligue de una noche ¿No? —inquirió en un susurro y Napoleón bajó la mirada, un hombre mayor sin dar la cara—. Cámbiate, sal de aquí y no vuelvas. Ya no me busques, fue un error lo de anoche, pero ante eso no podemos hacer nada ¿Bien? —No quiero que termine. —Yo no voy a hacer tu amante —siseó y se alejó, el mayor envolvió su mano alrededor de su mano y tiró de ella, Zoy lo empujó y los ojos oscurecidos de él la buscaron con desesperación—. Voy a salir de esta, voy a enamorarme y casarme. Ya estás fuera de mi vida, ya no Napoleón, tú y yo terminamos. — ¡¿Y si algún día recuerdo?! ¿Me dejarás? —gritó molesto y Zoy lo miró, ¿era en serio lo que le estaba diciendo? —. No me pidas que renuncie a ti, no puedo hacerlo. —Me he pasado el último año atrás tuyo, rogando porque tú recuerdes. Ya no. Mi marido, el hombre que amo ya no está aquí, y no seguiré rogándole a Dios por un hombre que ya no existe —la muchacha le lanzó la camisa con los ojos llenos de lágrimas, se limpió con rabia y Napoleón volvió acercarse, pero esta vez no retrocedió, envolvió sus manos en su rostro y estampó su boca, mordiendo los labios y aferrándola a su cuerpo—. Tu esposa te espera. Zoy caminó hacia la puerta dándole la espalda, Napoleón se vistió y lanzándole una mirada rápida salió de ahí hecho un lio, con el corazón doliendo. ¿Por qué le dolía tanto? ¿Qué le sucedía? no tenía casi recuerdos con aquella joven, pero su corazón sufría por sus palabras, pero quería volver y envolverla en sus brazos y decirle que no, que no podía dejarla. Gruñó molesto cerrando la laptop y recostándose en el sillón, eran pasadas de las nueve y la idea de volver a su casa era una mala idea, las peleas con Amanda eran diarias, llenas de gritos y muchas cachetadas. No sabía que Napoleón se había acostado con Zoy, pero ella le recordaba que él ni bien recordara volvería a los brazos de la joven, ¿Y cómo negarlo? ¡No podía! Dios, necesitaba recordar a Zoy, necesitaba tenerla en su vida o se volvería loco. Tomó las llaves de la moto y salió del local despidiéndose y subiendo a su medio de trasporte, se subió y arrancó en dirección al departamento de Zoy, quería verla, no importaba si era por pocos minutos. No importaba, necesitaba verla. Otra vez. Napoleón abrió los ojos de golpe al sentirse mareado, nuevamente había tomado más de la cuenta, pero agradecía despertar en una casa conocida, la suya, la de él y de Zoy, aunque luego se topó con realidad, Cleyton a punto de golpearlo. El hombre entonces se dio cuenta que, aquello que había utilizado como forma de escape, se estaba convirtiendo en un severo vicio del que fácilmente no podría escapar. Alcohólico. No, para nada, solo necesitaba apresurar los recuerdos y la única forma que había encontrado era esa, bebiendo, casi todos los días. Escucha los gritos alrededor, las quejas, ¿Qué había hecho? ¿Qué había dicho? No lo recordaba, lo siguiente que sabía era que estaba encerrado en cuatro barrotes, mientras preguntaba que había pasado. (***) Zoy apretó los labios y guardó todo el enojo cuando recibió la llamada tan temprano, aquella exitosa venta hacia la casa se había visto destruida por su exesposo, quien molesto y borracho había llegado, gritando que era suya, que le pertenecía, justo cuando se firmarían la compra y venta. Cleyton estaba furioso, estuvo a nada de golpearlo, pero las personas que estaban presente merecían algo de respeto, así que, tuvo que llamar a la policía y ahora Napoleón estaba preso, borracho e histérico. La joven, que la noche anterior había pasado una velada interesante, sintió nuevamente la amargura en la boca del estómago. Se cambió rápido y como Eros no había salido ayer, así que le puso su correa y ambos salieron en dirección a la estación de policía, cuando llegaron, Cleyton y Nikita la esperaban afuera, serios, molestos. —Ese idiota está buscando que le rompa los huesos —Cleyton murmuró cansado y Nikita miró hacia atrás—. Ah, pero es que hoy no solo debemos verle la cara a uno de ellos, sino a los dos. Iyali. Zoy miró y éste asintió en su dirección, vio como sus ojos fueron hacia el perro, una corta sonrisa tiró de sus labios, bonita, le gustó. Ella le devolvió la mirada, pero cada uno, volvió la atención a su asunto, Nikita lo notó, pero no dijo nada, avanzaron y su hermano le dijo que se quedaría con Eros, la muchacha agradeció y entró acompañada de su hermano, quien se veía demasiado tenso. —Hoy era el primer día de clases de Doris —murmuró—. Me lo he perdido. —Hey, que aún puedes ir —Zoy se detuvo para tomar las manos de sus hermanos—. Yo puedo con esto. —No voy a dejarte sola —explicó—. Lo que mencioné no fue un reproche, solo te contaba, no lo tomes de otra manera. —Vale. Entremos —Al ingresar, por supuesto, estaba Amanda, pero también el padre de Zoy, quien rápidamente se puso de pie para saludarla. —Zoy, no es una manera para verte, pero, quería decirte que gran merecido todo lo que estás logrando —la voz del señor fue suave—. Perdóname por todo lo que tienes que hace. —No tiene por qué pedir disculpas, usted no tiene la culpa, de nada —ella tomó sus manos y le dio un suave apretón—. Siempre has sido un hombre extraordinario. —Lamento mucho todo. Ella asintió y avanzó, sentándose justo al lado de Amanda, respiró profundo y por el rabillo del ojo pudo notar la intensa mirada de Iyali. —Otra vez, Napoleón Ocampos —dijo el oficial leyendo el reporte—. Como ya mencioné a la señora De Ocampos, él recibirá una orden de alejamiento de la propiedad, él no es dueño, la única propietaria es Zoy Soto Miranda. —Sí, aquí están los documentos, junto con una copia para los señores —Cleyton tendió los portafolios y uno lo tomó Iyali—. Napoleón renunció a los derechos y decidió que únicamente la dueña sería mi hermana, por tres años ha sido así, todo fue legal. —Es una casa que le pertenece, recordemos que no solo la señora Zoy la compró —Amanda habló y Zoy la miró—. Es normal que mi esposo quiera esa propiedad, no esté de acuerdo en venderla, también es suya. Cuando él renunció a sus derechos, no era alguien que mentalmente estaba bien. —Por supuesto, mentalmente no estaba bien como señalas, pero se casó y todo —siseó Zoy y giró el rostro hacia el oficial—. Si es posible, llevaremos esto a los tribunales, sería fácil para mí decir que esa casa la puedo dar, cuando, estudiaba y trabajaba para aportar en ella. Es mía tanto como suya, y quedé en que cuando la casa se vendiera, la mitad sería suya. —Aunque no corresponder —Iyali habló y los ojos duros de Amanda lo vieron—. En los papeles la única dueña es la señorita Zoy, nadie más, ella debería hacer lo que se le de la gana con la casa. —Pero... —Es suya —siseó, callándola—. Lo que mi hermano hizo, fue demasiado, así que yo como su abogado que ha llegado a un trato con nuestro padre y Napoleón no tendrá defensa ante esto. —¿Qué? ¿Van a dejarlo aquí como un perro? —Amanda se puso de pie—. ¡Son su familia! —Por eso mismo, querida, porque como familia ya nos cansamos de todo lo que hace Napoleón. Zoy, sintiéndose tonta, aquel escenario le recordó las veces que había defendido a Napoleón, se preguntó entonces, ¿Quién realmente había tenido la culpa? Ella cerró los ojos y ella misma regresó en el tiempo, en los tantos momentos donde Napoleón fue tratado así. —¡No otra vez, Napoleón! —gritó su padre mientras lo soltaban de la cárcel—. ¿En qué estabas pensando? —¿Y qué querías que hiciera? ¡Es mi local, deberían de respetarlo! —¿Tú única manera de buscar respeto es mediante golpes? —Iyali estaba sumamente molesto, Zoy nunca lo había visto así—. Sí tienes problemas con el arrendatario, eso se resuelve mediante tramites legales, no golpeando. —¿Qué, tú ibas ayudarme? —Iba, tú lo has dicho. —Pero ¿qué les pasa? —Zoy se puso de pie de un salto—. ¿Por qué no lo están apoyando? Se supone que son su familia. —Incluso la familia se cansa de defender lo indefendible —contestó el padre de Napoleón, marchándose de ahí, molesto. La muchacha parpadeó, escuchando a Amanda reclamar, quejarse, pero ese ya no sería su asunto. Nada de lo que tuviera que ver con Napoleón. Después de eso, decidió marcharse con sus hermanos, paseó a Eros y luego fue directo a casa, no se había dado cuenta que tenía un mensaje de Iyali. Iyali Ocampos 12:10am ¿Cómo estás? Lamento toda esta situación. Zoy Soto 13:20pm No tienes porque lamentar nada, no eres culpable de nada. Iyali Ocampos 13:21pm La situación fue incomoda, siempre tuviste que pasarlas. Zoy Soto 13:22pm ¿Por qué él es así? Nunca quise indagar más sobre Napoleón, pero repite muchos patrones. Iyali Ocampos 13:24pm Te contaré, pero antes quiero preguntar algo. ¿Existe la posibilidad de que dejes de amarlo? Zoy Ocampos 13:30pm Es lo que rezo todos los días. Iyali Ocampos 13:3pm Vamos a comer y te contaré todo. Trae a Eros, me gustaría conocerlo. La joven dudó, pero asintió confundida por lo último. Eso sería una manera de cerrar un ciclo, de entender quien era realmente Napoleón y tal vez eso harían que su corazón tuviera el valor de sacarlo por fin de su vida, ya, arrojarlo con fuerza, ya no necesitaba tener más de lo mismo, era alguien grandiosa, ¿por qué no recibía lo mismo? Se puso ropa deportiva y le puso la correa a Eros, quien feliz, su pastor alemán, saltó de un lado a otro. Habían quedado en un parque del centro, así que no tenía muchas cuadras, pero quien iba feliz era su pequeño, oliendo, mirando aquellas calles nuevas, perdiéndose. Cuando llegó, lo vio sentado con el celular en manos, no iba con sus comunes traje, llevaba un pantalón de jeans que le sentaba muy bien, botas y una playera blanca, impecable. Ese hombre debía oler muy bien. Cuando estuvo lo suficiente cerca, él se dio cuenta de su presencia, la saludó con media sonrisa y se inclinó, lo que sorprendió a Zoy, es que Eros se sentó, mirándolo para después empujarle con el hocico, su pelota. La vida estaba llena de sorpresas y sin lugar a duda, esa era una de ellas, porque Eros había rechazado a Napoleón que físicamente era igual a Iyali, pero al segundo, le dio la confianza de que le tirara la pelota. Zoy le quitó la correa y Eros esperó pacientemente hasta que Iyali le arrojó la pelota, su perro corrió feliz, tras ella. Nunca se cansaba. —Pequeño Eros, es muy hermoso —dijo girándose para verla, nunca soltó sus ojos—. ¿Nos sentamos? —Gracias —ella se acomodó y miró a Eros empezar a jugar con otros perros, se veía radiante. Ella debía sacarlo más y los días que no podía, contratar a alguien para que lo sacara. —¿Qué quieres saber? —La verdad, sin ironías —pidió. —Ese es el problema, Zoy, siempre he dicho la verdad, pero tú nunca me has creído —dijo en un susurro para después mirarla fijamente. —Entonces te escucharé. —Pregunta y seré lo suficientemente claro contigo. —Bien —pensó y guardó silencio por largos minutos, hasta que por fin pudo hablar—. ¿Por qué ustedes en los años dejaron de ayudar a Napoleón? Ver a Amanda reclamando, me recordó las tantas veces en las que yo hice lo mismo. —¿Estás segura de que quieres una respuesta? —Por supuesto que sí, ¿por qué no la quisiera? —preguntó con la voz temblorosa y entonces, él empezó. —Bien. Napoleón siempre fue el problemático, aunque creas que lo era yo —explicó—. Napoleón siempre estuvo a la defensiva con mis padres, por razones estúpidas, incluso si por un momento mi padre me daba algo de atención, y es que, yo se la pedía, siempre me costó estudiar, era alguien muy distraído, hasta un punto pensé que era bruto. >>Napoleón odiaba eso, así que su forma de herir a papá era hacer lo que tanto odiaba. Mi padre nunca fue alguien malo, Zoy, duro sí, pero no malo. Napoleón empezó con amistades inadecuadas, y poco tiempo después llegaba drogada, riéndose o completamente ebrio, madre debía estar despierta esperándolo para que papá no supiera, pero un día fue tanto el escándalo, que padre lo vio todo. >>Estaba tendido en el piso, con los nudillos rotos, evidentemente drogado y se reía. Padre lo castigo, ahí apenas teníamos quince años, el infierno prosiguió cuando ingresé para abogacía y él no, mi padre le dijo que volviera a intentar, pero él decidió estudiar en la privada, haciéndole gastar a papá y estudiando artes. >>Mi padre seguía pagando las cuotas mensuales que no eran baratas, aparte, le pagaba los gastos de él, quien seguía pidiendo todo. Hasta que un día Davide y yo quedamos en ir por él, ya que era el cumpleaños de mamá, sería una sorpresa para ella, cuando preguntamos por él, nos dijeron que por un año no había asistido, que había dejado la carrera. Entonces, ¿el dinero de las mensualidades de un año y los otros gastos? Descubrimos que andaba de discoteca en discoteca, iba a clases, pero a ligar a jovencitas, le gustaba perder el tiempo e invertir. >>Mis padres sufrieron muchísimo, padre lo golpeó y Napoleón, drogado, le devolvió el golpe. Se fue de la casa, pero volvió un año después pidiendo ayuda, mis padres le pagaron el curso de dibujo, y pues, parecía que se había arreglado, pero no, ambos peleábamos diario, solía hacer mucho ruido sabiendo que yo tenía exámenes, en más de ocasión llegamos a irnos a golpes por su imprudencia, y él hizo de todo para que ninguno de los dos nos pareciéramos, en lo absoluto. Empezó a tatuarse, por un tiempo tuvo el cabello muy cortito y tiempo después se lo pintó, todo para evitar que nos compararan. >> Nunca entendí porque mis padres le daban tantas oportunidades si él realmente no las merecía ¡Solo los hacía llorar! Pero supongo que cuando eres padre, haces todo por verlos feliz y así fue. Puso su local, se hizo conocido, mucho y yo me recibí en la carrera de derecho, todos estaban ahí y él llegó, se emborrachó, trajo amigos y lo que se supone era mi momento, volvió a ser suyo. Iyali buscó en su teléfono hasta que encontró las fotos, ambos, tan iguales y al mismo tiempo tan diferentes, Iyali con traje, serio, avergonzado y en una esquina riéndose con una botella de licor estaba Napoleón. Era cierto todo lo que contaba, su corazón se hacía chiquito por cada palabra suya. >>Nuestra poca manera de interactuar terminó muriendo ahí, yo decidí mudarme a una pequeña pensión, estudié, trabajé hasta que me fui haciendo de un nombre, por supuesto, Napoleón también, en especial en las celdas de Piura. No cambió, ni cuando tocó los treinta años, la diferencia es que ahora tenía dinero, tatuaba a gente con plata, pero seguía en lo mismo y eso solo rompía el corazón de nuestros padres. —¿Cómo pudieron con una vida así? —Te pregunto lo mismo a ti y le haría la misma pregunta a Amanda —contestó y Zoy asintió—. Mi padre trataba de buscarle más opciones laborales, no porque estuviera avergonzado, pero, en el mundo en el que mismo se había introducido, lo estaba acabando, así que quería salvarlo. —¿Qué pasó? —Tú. —susurró dolido, sin el valor de contarle la verdad—. Se mantuvo, dejó de drogarse, de andar en escándalos, pero padre seguía insistiendo para que cambiara de mundo, porque no quería que algo le sucediera a él y mucho menos a ti, pero Napoleón seguía tomándolo personal, pues, nunca lo entendió. —Siempre pensé... —Porque escuchaste lo que él decía —soltó el aire—. Davide sabe todo esto, pero ignora todo, y trata de protegerlo. Napoleón no es un niño, él sabe perfectamente lo que hace, pero no le importa nada más que ayudarle, se tomó muy en serio el querer proteger a su hermano menor... —Napoleón es un cáncer, Zoy, y tú misma te darás cuenta. Parece que cambia, pero solo descansa, hasta llevar a todos a la perdición —murmuró cansado—. Espero tú puedas librarte de eso. —Antes que yo... —Muchas mujeres iban a casa a llorar, he de admitir que mi hermano siempre tuvo buena labia —la miró—. Pero estoy seguro de que su lado bueno, te lo entregó y te amó, pero él que esta ahora, es una nueva versión, pero más podrida. —Me dejas helada con todo lo que me dices, Iyali. —¿Por qué nunca preguntaste? —Porque me enamoré de ese hombre maravilloso que iba a recogerme al trabajo y cocinaba mientras yo estudiaba —explicó con suavidad volviendo sus ojos hacia donde estaba Eros—. Me equivoqué tanto con él, que me siento estúpida. —Estás a tiempo de curarte de él, eres joven y ya no estás ligada, no tienes ninguna deuda —la miró fijamente—. Napoleón ya no es parte de tu vida y deberías agradecerlo. —Esos años, él fue alguien maravilloso, Iyali —aquellas palabras hicieron el corazón del aludido, pero supo muy bien ocultarlo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD