CAPÍTULO OCHO: ERES EGOÍSTA

4450 Words
— ¡Suéltala! —gritó Jorge el mellizo de Zoy, empujando al que una vez había sido su cuñado. Napoleón se tambaleó y lo enfrentó, pero sin quitar la mirada de la muchacha que tenía los labios húmedos por sus besos, quería más, necesitaba más de ella. Cuando iba a dar un paso más Davide lo sostuvo con fuerza, lanzándole una mirada furiosa, fue él quien se acercó a disculparse y Napoleón tuvo que ver como ella huía de ahí resguardada por su hermano, nunca lo miró, ni se detuvo a preguntar cómo estaba, pero ¿qué esperaba? Seguía haciendo mal las cosas con ella, olvidándose de todo lo que tenía ahora. —Aléjate de mi hermana Ocampos, o te enseñaré que es bueno —Niklas, que era llamado por sus hermanos Nikita, lo empujó con fuerza. Napoleón alzó los brazos conociendo los dotes de peleas que tenía el segundo de los hermanos. Iyali lo empujó fuera de la discoteca, dudaba que estuviera molesto por escándalo, sino por el beso que le dio a la que fue su ex. Si tan solo Napoleón supiera todo lo que estaba pasando por la cabeza de su gemelo, por lo mal que empezaba a sentir, y el odio que se incrementaba hacia él, entonces se alejaría. — ¿Qué mierda sucedió allá adentro? ¡Estás loco! —Davide vociferó tirando de su cabello para después enfrentar a su hermano—. Tú estás casado, ella ya no forma parte de tu vida ¡Así lo quisiste! — ¡Lo sé! —Rugió golpeando con fuerza su puño en la pared, Iyali aclaró su garganta viendo la ira en los ojos de su gemelo, así que trató de calmarlo colocando sus manos en sus hombros—. He tenido recuerdos con ella y luego, la vi ahí y no pude evitarlo. No sé qué me pasa. —Debes descubrirlo antes de que ambas mujeres salgan lastimadas, antes de que Amanda diga que está embarazada. Resuelve tus mierdas Napoleón, ya eres demasiado mayor para jugar a ser niño —Davide los dejó ahí, debía disculparse con Zoy y con Niklas, ese segundo hermano debía estar furioso a punto de romperle la cara a su hermano y debía evitarlo. Los Soto Mirando tenían mano pesada y más si se trataba de proteger a su hermanita, a la única. Iyali lo siguió en silencio, con las manos dentro del pantalón de vestir y adelante Napoleón con pantalones desgastados y la chaqueta de piel en las manos, casi arrastrando el suelo. — ¡Está libre! ¡Ve por ella, perro! —Napoleón gritó y Iyali esbozó una sonrisa que supo ocultar muy bien, pero lo que no ocultó fue la satisfacción de que ahora Zoy estuviera sola—. Harás todo por meterme bajo sus bragas ¿No? quieres demostrar que nadie se resiste al cabrón de Iyali Ocampos. —Eres un fracasado, Napoleón —señaló Iyali sacando las llaves de su carro, luego se giró para ver el rostro endurecido de su gemelo y soltó un bufido—. Tuviste la felicidad en tus manos y la dejaste ir, nunca te importó lo que los demás te dijeran incluso cuando nuestros padres te dieron la espalda por el camino que habías tomado, al contrario, seguiste luchando y dos años después nuestros padres brindaban por tus logros. Cuando la conociste a ella, cuando dijiste que sería tu esposa sentí tanta envidia, Zoy era perfecta para ti y también para mí. >>Verlos en fiestas o en alguna reunión me ponía loco, tú habías encontrado la felicidad y yo solo tenía una mujer bonita que no puede tener hijos y mucho menos preparar un huevo frito. Sentía tanta envidia y luego del accidente, tuviste tanta suerte porque ella estaba ahí, durmiendo en una silla incomoda viéndote, acariciándote y pidiendo que volvieras. Tú despertaste y la tiraste como cualquier cosa, y ella era oro, y tú no lo viste. ¿Qué si estoy feliz? No al cien, porque mi hermano gemelo es infeliz, pero soy feliz porque la mujer que amo está sola tratando de superarte, y esta vez no me echaré hacia atrás. Lo siento Napoleón, pero la amo e iré por ella. Por fin, por fin había tenido el valor de sacarlo y decirlo, aquel nudo en la garganta se había ido dando paso a un alivio. Era verdad, lo que estaba haciendo no estaba bien, pero fue Napoleón que no hizo bien todo desde el comienzo, él solo se acercó para molestar y terminaron casados, ¿se puso a pensar en como él se sentía? Por supuesto que no, para su hermano, solo su felicidad importaba. Nada más. Iyali no se quedó para esperar la respuesta de su hermano, subió al carro y arranco en dirección a su casa. Cuando se detuvo en un semáforo refregó sus ojos sintiendo lastima por su hermano, pero él se había buscado todo eso. Cuando llegó a su casa se sintió como una horrible persona y tal vez lo era por querer ir por la exesposa de su gemelo, pero esas cuatro paredes eran testigo de todo el dolor que había pasado Iyali al ver como ella se enamoraba de él. Se sirvió una taza de té de maracuyá, por hoy ya había tomado mucho alcohol, fue hacía su oficina, había recibido unos papales enviados desde la oficina de Davide, ya que él se encargaba de revisar algunas cosas familiares como cada mes, aunque salía de lo que había estudiado, le gustaba. Encendió la lampara, su computadora y puso algo de música, revisó y aunque estaba que se dormía, siguió, el tema contable iba bien, hasta que algo no cuadró. Entre los papales, venía filtrado unas hojas ajadas, siseó preocupado, pero la abrió y leyó atentamente. Hace más de tres años se había sacado una cantidad grande de dinero, pero no del sueldo de Davide, sino, dinero de la empresa de su padre. Se mosqueó preocupado que estuvieran desviando fondos, porque esa cifra se repetía por tres meses consecutivos y abajo estaba primera, la firma de Napoleón y los siguientes, por la fecha, eran cuando su gemelo tuvo el accidente de tránsito, pero esta vez firmado por Davide. Tomó el teléfono y llamó a su hermano mayor, no atendió, volvió a llamar hasta que contestó. —¿Qué sucede? —Explícame los tres montos que sacaron de la empresa, tú y el incompetente de Napoleón. —hubo un largo silencio e Iyali gimió, malas noticias seguramente. —En quince estoy en tu casa. —Bien. Esperó pacientemente hasta que sonó el timbre del departamento, fue y abrió, Davide venía serio, mucho, ambos avanzaron hasta la oficina de Iyali. Él espero que fuera su hermano mayor quien hablara, quien explicara donde estaba ese dinero. —¿Cómo supiste? Descarado. —Se filtraron documentos entre los que me enviaste —contestó serio—. Así que, ¿Dónde está el dinero de papá? —Es complicado. —No, lo complicas tú, solo necesitas decirme donde está ese dinero. —señaló poniéndose cómodo y su hermano mayor soltó un suspiro cansado. —Napoleón... —Siempre que hay un problema empieza con ese nombre. —Iyali... —Habla. —Los dos locales iban bien, mucha gente iba, pero él no podía estar en ambos, designó a un amigo cercano, pero terminó por robarle dinero, incluso para el alquiler, los insumos y las maquinas —explicó e Iyali podía recordar de que amigo hablaba—. Napoleón se volvió loco con las deudas, no quería pedir un préstamo porque mi padre es alguien conocido, no quería escuchar el famoso <<Te lo dije>>, así que fue con las personas equivocadas. —¿Quiénes? —Unos prestamistas extranjeros que le dieron, después, niveles altos para pagar —murmuró cansado—. Ni siquiera trabajando dobles turnos, corriendo de un lado a otro, Napoleón pudo pagarlo, así que lo ayudé. —Le robaste a papá —escupió, molesto—. ¿Por qué cada que Napoleón hace cosas malas, tú lo ayudas? —Es mi hermano, haría lo mismo por ti. —Por supuesto que no. —Iyali... —Voy a notificarlo a papá —decidió—. Napoleón ni siquiera devolvió el dinero. —¡Porque no lo recuerda! —Ah, pero recuerda a Zoy —dijo molesto—. Ya has cubierto esto por más de tres años, yo no, y ahora que Napoleón está ganando bien, deberá reponer el dinero. —Iyali por favor. —O yo mismo seré el abogado de papá. (***) Zoy sostuvo el teléfono mientras esperaba la respuesta de su jefe, al segundo siguiente sonó y ella sonrió. Primera semana de vacaciones, agradecía que la serie haya culminado las grabaciones de los diez primeros capítulos de la temporada, ahora se colgarían los capítulos por semana y esperarían la respuesta de la audiencia, ¿Cómo se responderían? De corazón, Zoy esperaba que el publico lo recibiera muy bien, había sido un gran trabajo, quería continuar con ese grupo, quería que fuera un triunfo. Fue hacía la pagina oficial de la serie y vio varios comentarios positivos, sonrió feliz y compartió las fotos de la serie, todo, y al instante sus amigos, familia, comenzaron a reaccionar e incluso hubo un me encanta de Iyali Ocampos. Al instante sonó su celular y era un mensaje de f*******:, de él. Iyali Ocampos 13:20pm Joven y triunfadora. ¿A qué sabe? Zoy Soto Miranda 13:23pm Mmm, quisiera que el sabor fuera de chocolate... Iyali Ocampos 13:24pm Te invito un chocolate, helado de chocolate. Zoy Soto Miranda 13:26pm Otro día. Hubo un visto y ella ya no le dio más vuelta a eso, solo siguió, guardó el celular, tomó el vaso con su judo de naranja y salió del trabajo, despidiéndose de todos con una sonrisa, aunque los días anteriores sus sentimientos se habían puesto en juego, otra vez. Salió y estiró la mano esperando un taxi para que la llevara a casa de sus padres, su sorpresa fue mayor cuando en una esquina, estacionado estaba Napoleón Ocampos, esperándola. Ella no se acercó, torció la boca y él se acercó, con cautela, pero ahí estaba. Aquel momento le recordó las innumerables veces en las que iba por ella a su antiguo trabajo, cerró los ojos con el corazón hecho un manojo de nervios. Dios. —¿Hola? —tomó el celular sin fijarse y es que llevaba encima muchas carpetas, estaba full de trabajo y solo necesitaba un baño de agua caliente, comida rica y un beso de su esposo. —Hola, amor —ella sonrió cuando reconoció la voz ronca de su esposo—. ¿Qué haces? —Amor, justo ahora con muchas cosas encima —ella cambió todo el peso a su otro pie mientras esperaba que un taxi pasaba, pero ninguno se veía con la intensión de llevarla. Cobardes. —Voltea, amor. —susurró y la joven se giró encontrándose con aquellos bonitos ojos. Napoleón. —Hey, tú. —Hey, tú. —su esposo guardó el teléfono en los bolsillos del desgastado pantalón n***o, una chaqueta encima y el casco en la mano libre—. Hola, amor. Él se inclinó tomando sus labios, un beso suave que le quitó la respiración a la joven, se separó, pero ella seguía con los ojos cerrados, sonriendo. Napoleón tomó las carpetas en sus manos y le tendió el casco para que ella se lo pusiera, luego ambos tomados de la mano caminaron hacia la moto, esa preciosa Harley. —Te he echado de menos. —Esta mañana hemos estado juntos. —¿Así? Se siente como una eternidad —contestó—. Hablo en serio, te eché de menos. —Napoleón. —¿Sí? —¿Qué hago contigo? —Amarme. —contestó risueño mientras él subió a la moto y luego la ayudó, con una sonrisa. Cuando Zoy lo abrazó, arrancó la moto con dirección a la casa de ambos. Suya. Estacionó, ambos bajaron abrazados, riendo y compartiendo besos. El calorcito que se sentía entre ambos era único, era indescriptible. —Vamos, deja ahí todo, ve a darte un baño de agua caliente mientras yo preparo la cena. —¿Qué hará mi sexy esposo? —ella envolvió sus manos alrededor de su cuello, sonriendo. —Arroz chaufa y jugo de piña, ¿te parece? —correspondió su beso corto—. Anda, mi talentosa esposa. —Te amo —sonrió subiendo las escaleras viéndolo ponerse un mandil para no manchar su ropa, mientras como acto siguiente, poniendo música. Zoy estaba enamoradísima, no podría imaginar una vida donde él no estuviera, no lo consideraba. Bañada, con ropa cómoda ha bajado y sonrió, viéndolo terminar de cocinar, poniendo la mesa, Zoy se fijó en el detalle de las flores en el jarro de cristal. ¿Cuándo las había comprado? —Salido de algún libro, el chico malo cocina y pone flores en la mesa. —¿De donde has sacado el tema del chico malo? —inquirió colocando los platos mientras Zoy se sentaba viéndolo. —Iyali. —A veces no guarda la lengua. —Eh, que hasta mostró fotos —murmuró, recordando la charla—. Dijo que fumabas, rompías los corazones y obviamente las bragas. Napoleón alzó las cejas sirviéndole un vaso de jugo, sorprendido por sus palabras. —¿Bragas? ¿pero qué diablos te ha dicho Iyali? —Ah, nada, nada. —Vamos, amor, deberías dejarle de hacerle caso a Iyali —Napoleón se inclinó besando sus labios, ahora iba descalzo y con su icónica playera blanca con agujeros. Simplemente no quería tirarla, decía que era de la suerte—. Soy bueno contigo, lo demás no importa. —Quisiera congelar este momento, así, contigo —susurró miedosa, y era normal, era una chica joven enamorada y ya casada, había corrido con Napoleón, pero desde joven tomó decisiones difíciles, decisiones que involucraban mucho a su futuro—. Mis miedos son perderte. —No pienses en eso. —La novela que estamos desarrollando... —Es ficción. —Ella pierde al amor de su vida. —No vas a perderme. —Prométemelo —suplico con lágrimas en los ojos. —Incluso si sucede, te buscaría en esta y en la próxima vida, mi ángel. —susurró acariciando su rostro con suavidad—. ¿Comemos? —Sí. Zoy abrió los ojos y todo lo que vivió cuando apenas tenía veintitrés años, se esfumó y la realidad la golpeó, Napoleón estaba ahí, pero eran diferentes escenarios. ¿Por qué no la buscó? Le prometió que la buscaría en todas las vidas... —¿Qué haces aquí? —Quería disculparme —dijo, con voz ronca viendo alrededor—. ¿Podemos ir por un café? —Hay uno cerca, pero tengo poco tiempo. —No te quitaré más de lo necesario —suplicó y ella lo pensó, hasta que terminó aceptando. Fueron al café de la vuelta, ella pidió lo mismo y la chica sonrió, alzando los dedos hacia el hombre, como creyendo que era su próxima salida. —¿Qué ocurre, por qué sigues buscándome? —pudo ver como la joven se veía cansada de verlo, sus ojos carecían de brillo al mirarlo. —No puedo estar lejos de ti. —Pareces un disco rallado —señaló ella—. Tienes esposa, ¿Por qué sigues queriendo buscar algo que ya no existe? —Voy a dejar a Amanda, no puedo lastimarla, no cuando solo pienso en ti —susurró abatido y Zoy se quejó, porque esas palabras tuvieron un efecto duro en ella, parecía que los cristales de su corazón se removían, desesperados al escuchar aquella confesión, lastimándola así—. Te veo cada que cierro los ojos, te buscó en todos lados, dime, ¿qué debo hacer? —Me voy, no puedo estar aquí. —Zoy... —Chau. —Ella tomó sus cosas y salió, Napoleón quiso seguirla, pero la vio llorar y no tuvo la valentía de seguirlo Últimamente había encontrado una forma de encontrar los recuerdos, aunque fueran fugaces, el alcohol estaba siendo la solución, aunque después terminara hasta sus patas de borracho, mediocre, decía Iyali, empezaba a creer en sus palabras. Esa noche volvió a beber en el bar habitual que quedaba en la esquina de uno de sus locales, el cantinero ya lo conocía, no le prohibía el ingreso porque lo estimaba, pero consecutivamente hacía lo mismo, volverse violento. Esa noche terminó por golpear todo a su paso, no se quedó ahí y tambaleándose llegó a su casa. Amanda estaba de pie, pero no sola, su familia estaba ahí. — ¡Napoleón! ¿Has visto la hora que es? ¡Estás ebrio! —Yo también te quiero esposa mía —tartamudeó y se tiró en el sillón sintiendo todo dar vueltas—. Vamos Zoy, déjame dormir un ratito más amor, un ratito más. —¿Zoy? —Amanda lo miró con suma tristeza, sentándose a su lado, Napoleón vio el rostro de ella, de su chica bonita, sus cabellos negros, la sonrisa genuina, que lograba el suspiro de muchos. —Que vergüenza, ahora no solo desmemoriado, sino también borracho —escuchó la voz de Iyali y Napoleón lo vio de pie en una esquina, con el mentón alzado, un vaso de agua en sus manos, vistiendo interesante. —¡Iyali! —lo reprendió su madre acercándose hacia Napoleón—. Cariño, ¿por qué has vuelto a beber? —Iré hacerle un café muy cargado —David dijo yéndose de ahí. —Amanda, mil disculpas por el comportamiento de mi hijo —Napoleón ubicó la voz de su padre, serio y bastante molesto. Davide llegó con la taza de café muy cargada, lo obligaron a tomar, varias tazas hasta que poco a poco se fue esfumando el rostro de Zoy y estaba la rubia molesta, su esposa—. ¿Ya se te ha pasado la borrachera, Napoleón? —¿Qué hacen aquí? —Tus padres...—Amanda comenzó y su padre la interrumpió. —Llamamos para hacer una cena y aclarar muchas cosas, Napoleón —serio, muy serio—. Pero esperamos por horas, y horas. ¿Amanda debe soportar esto todos los días? ¿así te hemos educado? —Yo. —No —lo defendió Amanda sentándose a su lado y tomando su mano, fingiendo una sonrisa mientras que sus ojos carecían de brillo—. Hoy únicamente, seguro tuvo un mal día. —No tienes porque defenderlo, Amanda, conocemos de que palo es Napoleón —señaló Iyali—. Y si este es un infierno diario, ten en cuenta que vamos a apoyarte. —Ah, pero dime, ¿también quieres con mi otra esposa? —inquirió molesto, pero al darse cuenta lo que había dicho se retractó, aunque ya era tarde—. ¿Qué los trae aquí? —Iyali ha encontrado fondos desviados de hace tres años. —¿Quién ha sido? —preguntó, preocupado. —Tú y David. —susurró la madre usando el nombre de pila de su hijo mayor, decepcionada. —¿Qué? ¿Cuándo? Yo no lo recuerdo —se puso de pie exaltado. —Por supuesto, si no recuerdas nada de hace tres años, pero sucedió, está tu firma y la de Davide. —puntualizó Iyali. —Les he contado todo, Napoleón y te lo contaré —David comenzó y Amanda que había sostenido su mano, la fue soltando, lentamente. Hasta hace unos meses todo había sido felicidad, besos, risas, muestras de afecto, sexo en cada esquina, cenas en restaurantes, un Napoleón evidentemente feliz. Ahora, era un hombre que tomaba diariamente, se desaparecía, llegaba tarde, ya no salían y ni siquiera la tocaba, ni siquiera había sexo. Desde el primer recuerdo ella supo que lo perdió, y estaba a unos pasos de volver a los brazos de ella, de Zoy. Todos siempre decían que el amor que ambos tuvieron fue único, que nunca vieron un amor como el suyo, y luego terminaban la oración con un: pero ahora está contigo, una relación más madura. Sabía que Napoleón con ella había cometido locuras buenas, viajado, reído, había tantos recuerdos, incluso ella lo vio las fotos que estaban en el antiguo i********: que Napoleón tuvo, que olvidó la contraseña. Siempre tuvo miedo de que ella volviera a su vida, pero todo había sido al revés, fue él quien regresó a Zoy, no podía ignorar el hecho de que sus amigas habían visto a Napoleón en la discoteca persiguiendo a Zoy, ¿pero por qué no se plantaba frente a él, por qué no le reclamaba? Lo amaba, demasiado y no quería perderlo. Dios. Como dolía amarlo. Ella junto su mano y recibió las miradas de pena, incluso del frío de Iyali. Entonces también recordó que él estaba interesado en Zoy, pero ¿qué tenía aquella mujer? —Empezarás a pagar, mes a mes y Davide ha sido despojado de su puesto, no es una persona confiable —dijo su gemelo y Napoleón lo miró, luego a Davide, que estaba serio—. No, yo no he tomado su puesto, pero mi padre confió en los dos, y uno, por proteger a la manzana podrida, ha jugado todo. —Basta, lárgate ¡Que te largues de mi casa, carajo! —gritó Napoleón, molesto—. Lárguense todos, estoy cansado de ustedes. —¡Napoleón! —gritó su madre sorprendida por su comportamiento. —Dejarlo, Mirta, vámonos de aquí. —su padre murmuró, antes de salir, le dio un beso en la mejilla a Amanda y salieron de ahí, no antes, Iyali dejó una copia de los documentos. Napoleón cubrió su rostro y Amanda se acercó, titubeando. —Perdóname, Amanda, yo... —¿Qué pasa contigo? ¿Qué te hace esa mujer? —lloriqueó la rubia. —Debemos darnos un tiempo, divorciarnos, nosotros... —No, no, ¿Qué dices? —inquirió la mujer, molesta, poniéndose de pie—. ¿Divorciarnos? ¡Somos felices, esto es solo una prueba! —Vamos mujer, date cuenta, te estoy haciendo infeliz —tomó sus manos, haciéndola entender, no iba ser más egoísta con Amanda—. Hagámoslo ahora, cuando el infierno no quema mucho... —No, vamos, hemos tenido un matrimonio hermoso —ella tomó su rostro entre sus manos—. Planeamos nuestra familia, nuestro hijo, lo estamos buscando, ¿Por qué renunciar? —Porque estoy confundido, porque no es justo para mí. —¿Por qué ella volvió a ti? —preguntó rota—. Me regalaste el cielo, y ahora... —Y ahora lloras todas las noches por mí, ¿no es una clara muestra? —No, por favor —ella se subió encima suyo, sosteniendo su rostro mientras las manos de su esposo se situaban en su cintura—. Por favor, una oportunidad, lo merecemos. —Amanda... —Por favor —susurró tomando su boca en la suya, besándolo con pasión, justo estaba en su semana fértil—. Intentémoslo, no hay que buscar una salida si siempre hemos sido felices aquí, juntos. Nuestro amor es más maduro, único... —Amor —Napoleón ya había caído y Amanda terminó por tomarlo, esa noche hicieron el amor como antes, los besos de él quemaban en su piel, ardían y no se contuvo en gritar su nombre, y fue la primera noche donde Napoleón ya no vio a Zoy, la vio a ella, a su ahora esposa. Él la hizo girar y la mujer empujó su trasero mientras entraba en ella, una, dos, tres y más veces. Después toda discusión se fue, él olvidó la discusión y la despertó con besos, con un desayuno y diciéndole que la amaba. Amanda solo debía traerlo a tierra cuando él se iba, era algo que Zoy nunca tendría de él, el presente ni el futuro, solo pedazos inconclusos del pasado. Era viernes y Nikita la había invitado a una cena por trabajo, accedió, y era porque no tenía nada que hacer, y quería disfrutar de lleno sus vacaciones. Se puso un hermoso vestido color beige, recogió su cabello en una coleta, se maquillo y se montón en unos preciosos tacones negros. Se miró al espejo y sonrió, hace tres años ni siquiera sabía como andar en ellos, ahora hasta podía correr con ellos. Siempre tuvo una belleza natural, pero, era diferente cuando se maquillaba, todos rastros de inocencia se iban y ahora realmente marcaban su edad. 27, tenebrosos, pero buenos. Su hermano pasó por ella, charlaron un poco y agradeció que no viniera el tema de la discoteca, sabía que Jorge se lo había dicho, pero Nikita tenía tacto para esas cosas, lo agradecía, sus hermanos eran sensibles por ella. —Te ves hermosa, seré la envidia de la noche, ¿puedo decir que eres mi novia? —bromeó Nikita bajando del carro, era de la misma estatura de Cleyton, pero, musculoso, coqueto y con mucha labia—. Le he dicho a Mercedes que no quiero salir más con ella. —¿Y eso? —preguntó ella tomando su mano para entrar al local, color pasteles, y buena música, al final no sería una noche agradable. —Ha hecho una escena de celos en la oficina, ha tratado muy mal a Micaela —se quejó como niño pequeño—. Si consideraba estar con ella, pues se esfumó. —Lo bueno que te has dado cuenta a tiempo, ¿imagina con dos hijos? —¡Ni lo digas! —dijo sonriendo y tomaron asiento—. Eh, no voltees. —¿Por qué? —Iyali está aquí y con una rubia despampanante. —No me sorprende —la joven giró el rostro, pero ese de traje no era Iyali, era Napoleón con Amanda, riendo, siendo la pareja más feliz, obviando que días antes la había perseguido exponiendo sus sentimientos. —Es Napoleón con su esposa Amanda. —¿Así? Con traje se parece mucho a Iyali. —No, mira el corte, aunque Napoleón trate de verse formal, los tatuajes se asoman por la camisa, lleva dos aros y el cabello lo lleva despeinado. —Es preocupante como lo conoces. —Debía diferenciarlos. —Ya no los mires, no lo vale —Zoy miró a su hermano—. Ella parece estar orgullosa del hombre que tiene en sus manos, cuando es la comidilla de que aparece en los bares, pelea y bueno... —No lo reconozco, no es el hombre del cual me enamoré. —Dicen que realmente conoces a alguien cuando el camino con él termina. —¿Tú lo crees? —Tú has dicho, ese hombre que una vez fue tu esposo, no se parece al que te enamoraste. —le contestó Nikita.
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