10. Arpegio.

4804 Words
Lennox se dejó caer de espaldas en el sofá con un suspiro largo y teatral, aún llevaba su billetera en la mano, fuertemente apretada, agradecido que sus ahorros no hubieran sido disminuidos a nada tras el desayuno y despues de unos segundos, la abrió con solemnidad, sacando la única tarjeta que portaba, sosteniéndola entre los dedos con una delicadeza casi reverencial. - Mi precioso...- susurró como Gollum, acariciando los bordes del plástico con los pulgares- has sobrevivido a la masacre, hoy no fuiste ultrajada- exclamó levantándola al nivel de sus ojos, dándole un par de golpecitos como si la felicitara por una hazaña heroica- casi caes en combate.... pero aguantaste, tú y yo, somos imparables. El hombre se quedó un rato contemplándola, todavía divertido por lo sucedido y agradecido de la suerte que tuvo, hasta que lentamente su sonrisa fue decayendo, y así mismo bajó la mano con la tarjeta aún entre los dedos y exhaló despacio, dejando que su cuerpo se hundiera más en el sofá, ya sin el humor para suavizar el momento, lo recordó con mayor claridad, la mirada condescendiente del maître, el tono medido y venenoso de Leigh Anne, los ojos inquisitivos de Alton, los comentarios humillantes disfrazados de cortesía. Cada gesto, cada palabra, cada silencio, todo había sido una forma elegante, y jodidamente efectiva, de ponerlo en su lugar o al menos intentarlo, esa familia lo sabía, sabían lo que él era, un tipo común, sin apellido, sin fortuna, sin más respaldo que sus propias manos, y ni siquiera sus mejores bromas o su fachada desenfadada pudieron cubrir el asco que esa mujer sentía al tenerlo a lado de su hija. Y todo por qué, porque no usaba ropa de diseñador ni tenía un auto de lujo, eso era todo lo que ellos veían y le parecía un tanto ridículo, después de todo le habian organizado una cita a su hija con alguien que bien podría ser un enfermo o degenerado, pero no importaba, pues eso era algo tolerable viniendo de un hombre con dinero, en cambio él ya había sido juzgado y sentenciado a ser despreciable únicamente por los ceros en su cuenta, él si había cometido el peor de los crimenes, ser pobre. Sin embargo, y pesar de todo sonrió, con una de esas sonrisas tensas, como las que se dibujan más para uno mismo que para los demás. - Tranquilos..... no me quiero casar con su hija- murmuró con los ojos fijos en el techo. Y con un movimiento lento, volvió a guardar la tarjeta en su billetera como si fuera lo más valioso que poseía, cerrándola con cuidado y dejándola a su lado sobre el sillón, mientras cerraba los ojos, permitiendose un reconfortante sueño después del delicioso desayuno que no volvería a degustar, y eso era lo que verdaderamente le dolía. Al otro lado de la pared, en el interior del luminoso y elegante departamento de Haydeé, ella se dejaba caer con dramatismo sobre el sofá mientras sostenía el celular en altavoz, ni siquiera había cerrado la puerta, cuando el teléfono sonó con insistencia, revelando la relajada y divertida voz, aunque expectante, de Rosalie que rompía el silencio matinal con una conversación cargada de curiosidad. - Yo solo quiero que me digas de una vez qué demonios pasó con Lawrence? y por qué tú madre estaba al borde del colapso, desde anoche me llamó prácticamente histérica, y hoy parecía que se le saldría el botox por los poros, y supongo que todo eso tiene que ver contigo.... acaso nuestro plan falló?!- cuestionó con anticipación y si su sobrina la hubiera visto, sabría que parecía una jovencita acostada en su cama, abrazando su almohadón, mientras aguardaba escuchar el mejor chisme de su escuela. - Así es.....soy la responsable.....y....por dónde empiezo?, porque esto se volvió una telenovela absurda- replicó Haydeé soltando un largo suspiro, cubriéndose los ojos con la mano. - Empieza por el principio, cariño, llegó o no llegó el nerd favorito de tu madre? - Por supuesto que llegó y justo a las ocho en punto, como si fuera un elegante reloj suizo- la joven rodó los ojos por la simple acción que resultaba un tanto desesperada- creí que el barrio lo ahuyentaría, pero ni eso lo detuvo. - Desde luego que no, te apuesto que está tan desesperado que incluso iría a buscarte a una zona de guerra....- indicó mientras se colocaba un trozo de melón en la boca- y, cómo fue el reencuentro con el caballero de Mónaco?- preguntó Rosalie con diversión. - Justo como te lo imaginas, llegó con un ramo de flores y la sonrisa más forzada que ví en mi vida, parecía un dibujo animado intentando ser natural, y su ropa!!.....Dios, no ha cambiado en nada, lo hubieras visto parecía el abuelito de alguien- Rosalie soltó una carcajada imaginándose al pobre chico- ah, y lo mejor, dijo que creyó que la dirección era una broma, que hasta su chófer se asustó. - Chófer?!- repitió la divertida mujer asombrada- no puede manejar ni su propio coche?... Por Dios!, ni yo tengo chófer! - Yo también pensé lo mismo, pero eso no fue lo peor. - Hay algo peor que no manejar su propio auto a su edad y usar ropa de anciano?! - Desgraciadamente, lo hubo.....lo primero que me dijo es que se topó a un tipo de “mala pinta” en las escaleras y que le dio mala espina.... aunque en realidad la palabra que debió usar es miedo. - Y quién le causó tanto miedo?!- replicó la tía anticipando una sonrisa pues a ese punto de la conversación, se imaginaba que cualquiera, incluso un adolescente, le hubiera causado pánico a Lawrence. - Mi vecino..... Lennox! Rosalie hizo una pausa, en el caso de Lennox tenía razón para que Lawrence se sintiera intimidado y no porque el hombre tuviera mala pinta, sino basicamente porque era más alto y corpulento que el hijo de Jolie y seguramente había tenido una vida mas complicada en la que aprendió a defenderse. - Hubieras visto cómo se puso, el pobre estuvo a punto de meterse corriendo a mi departamento y esconderse en el baño....era incapaz de levantar la mirada!- Haydeé hizo una pausa encorvandose, recordando la genial idea que tuvo de involucrar a Lennox- y ahí fue donde todo cambió!! - Con tu vecino?!, qué tiene que ver Lennox en todo esto?!- la joven sonrió con un dejo de auto burla en la voz. - Pues... al ver el miedo que le causó se me ocurrió la genial idea de hacer pasar a Lennox como mi novio! Hubo un silencio en la línea antes de que Rosalie estallara en una carcajada tan fuerte que Haydeé tuvo que alejar el teléfono, y de verdad se notaba lo divertido que le resultaba el espectáculo que montó su sobrina. - QUÉ?!...No!, no me digas que hiciste pasar a tu fastidioso vecino por tu pareja!...Haydeé, por el amor de Dios!.... ahora entiendo la histeria de tu madre!!! - Pues si, lo hice- dijo conteniéndose para no reír- aproveché y maté dos pájaros de un tiro...ahuyente a Lawrence y Lennox me debía un favor, así que me lo cobré. - Ay, niña!.... esto es glorioso, y estoy segura que a Leigh Anne le hubiera dado una embolia si lo veía! - Oh, espera- replicó Haydeé con un tono dramático- lo vió, ella y papá..... justo esta mañana, llegaron hasta mi puerta exigiendo conocer a mi supuesto novio, Jolie se quejó con mi mamá amargamente sobre la humillación que vivió su pequeño hijo...y por supuesto, no tardaron en llegar a averiguar lo que había sucedido, prácticamente me exigieron conocer a mi novio y no me dejaron opción.... o decía la verdad, arriesgándome a que me arrastran de vuelta al infierno y le ofrecieran mi mano a Lawrence en una bandeja de plata. - Entonces..... conocieron a Lennox?!- cuestionó con cierta expectación aunque conteniendo su carcajada. - Si, tuvimos un delicioso desayuno familiar.... - Qué?!- preguntó prácticamente en un grito. - Como lo oyes.....mi papá tuvo la brillante idea de que fuéramos a desayunar todos juntos para que tuvieran la oportunidad de conocer a Lennox.... - Y Leigh Anne, aceptó?! - Obviamente no, papá tuvo que obligarla, porque si por ella hubiese sido habría comprado el edificio solo para desalojar a Lennox.....pero conoces a mi papá y nada lo detuvo, así que como una feliz familia fuimos a Maison de Verre, y ya conoces los precios, así que a mi supuesto novio casi le da un infarto, también- sentenció con cierta ironía por el hecho de que tanto su vecino como su mamá casi terminan juntos en el hospital, mientras Rosalie volvia a reír, aunque ahora su tono tenía un dejo de molestia. - Y tu madre seguramente lo trató como al lavalozas del lugar, o me equivoco?! - Efectivamente!! - Y tu padre? - Más controlado, pero igual de tajante, preguntas sutiles, indirectas, esos comentarios envueltos en cortesía pero que apestan a desprecio y yo ahí, tragándome la tierra con cada respuesta improvisada. - Dios mío, pobre chico, y cómo lo tomó? - Con sarcasmo, dijo que al menos la comida valió la pena y que no le molestaría seguir fingiendo si eso significaba desayunos gratis- Rosalie soltó otra carcajada sonora, pero después suspiró. - No sé si felicitarte o regañarte, no por él- aclaró- Lennox me parece un buen tipo, aunque un poco arisco, pero por cómo se comportaron Alton y Leigh Anne.... de verdad no se dan cuenta del clasismo tan podrido que manejan?! - Claro que no se dan cuenta, para ellos es normal. - Y ahora qué?!, supongo que a mi cuñada enloqueció y te prohibió volver a verlo, no es así? - Extrañamente, no! - Qué?!, por favor no me digas que lo aceptaron, porque entonces sí hay que avisar a todos los periódicos que el mundo está por acabarse! - Tampoco, solo fue....un poco extraño... mi mamá... uhum... fue mi mamá pero mi papá incluso le dijo que esperaba volver a verlo ahora que prácticamente era parte de la familia! - No me jodas!!- exclamó sorprendiendo a Haydeé pues no era habitual escuchar ese tipo de palabras en labios de alguien tan elegante como Rosalie. - Tía!!!- le reprochó con diversión. - Qué?! mi sorpresa es perfectamente normal, llevo más de 30 años conociendo a tu madre y 40 conociendo a tu padre, entiende..... después del desprecio a Lawrence y del desayuno con alguien que ni de broma hubieran invitado a su mesa, lo más probable era que tu madre lo hubiera denunciado por cualquier crimen menor con tal de alejarlo de ti y por supuesto que mi hermano la habria secundado!.... así que escuchar que mi elitista hermano le dio la bienvenida a la familia, no merece ninguna expresión menor!.... lo que me lleva a mi siguiente pregunta: qué carajos le pasó?!, checaste su presión?!, no consideraste llevarlo a un hospital porque probablemente estaba sufriendo un derrame cerebral?!, o ya definitivamente hay que internarlo en un psiquiátrico?! - Es lo que no entiendo, contaba con que mis padres enloquecieran al conocer a Lennox, prohibiendome volver a verlo y por supuesto después de unos cuantos berrinches, yo habría aceptado con la condición de que no volvieran a mencionar a Lawrence, pero nada sucedió..... y ahora estoy atrapada con un novio ficticio! - Jajaja.... sí que es toda una historia!... no sé qué pretende mi hermano pero no deberías fiarte, ten mucho cuidado porque él nunca hace nada sin una razón detrás- afirmó con seriedad. - No lo sé.... probablemente solo no querían hacer un escándalo en el restaurante, y con más privacidad se encargarán de resolver este inconveniente! - Quizás, con ellos todo es posible y aún así no te confíes.... pero bueno- el tono de Rosalie se torno nuevamente divertido- deberías aprovechar la oportunidad después de todo tu novio ficticio no está nada mal!! - Tía!!! - Ay cariño!.... el tipo te caerá muy mal pero debes reconocer que está como quiere...- Rosalie soltó un largo suspiro- si yo tuviera 20 años menos, créeme que aprovecharía la oportunidad y lo volvería mi novio verdadero! - Por supuesto que no!!... Lennox es un bruto, grosero brusco, mal educado, sarcástico e ignorante de la buena música.... - Jajaja....eso se puede arreglar, además.... es todo un espécimen o que....me vas a decir que prefieres a alguien como Lawrence?! - No, por supuesto que No!! - Entonces?!, solo digo que deberías aprovechar y volverlo realidad! - Ay tía, no!!! - Y por qué no?!- insistió Rosalie al otro lado de la línea, con ese tono inquisitivo y divertido que tanto conocía Haydeé. La joven se removió incómoda en el sofá, abrazando un cojín como si eso pudiera protegerla de la conversación. - Porque..... porque es Lennox!- exclamó- porque no es mi tipo, porque es todo lo contrario a mí, no tenemos nada en común y ni siquiera nos llevamos bien, no podemos cruzar dos palabras sin terminar peleando....y estoy muy segura que tampoco soy su tipo, seguramente está acostumbrado a otro tipo de mujeres! - Qué tipo de mujeres?- preguntó Rosalie, agudizando el tono y la mirada. - No sé....- murmuró Haydeé bajando la voz, jugando con el borde del cojín- quizas, más.... tú sabes.... de las que son.... más curvas, más… exuberantes- y ante aquellas palabras hubo un pequeño silencio al otro lado de la línea, uno que la joven sintió como una pausa llena de análisis psicológico. - Haydeé....- dijo Rosalie finalmente, con un tono mucho más suave, casi maternal- tu madre te hizo creer que no eres atractiva, pero déjame decirte que se equivocó y mucho, el hecho de que Leigh Anne siempre te haya comparado con Margot, solo porque se parece más a ella, no significa que tú tengas menos valor o seas menos atractiva, además no todos los hombres quieren una modelo de catálogo con curvas imposibles- continuó ante el silencio de su sobrina- y aunque así fuera, el atractivo no tiene una fórmula única, tú tienes una belleza distinta, elegante, natural.... una que no necesita gritar para ser notada. - Tú eres mi tía, estás obligada a decirme eso- murmuró Haydeé, sin esconder del todo la emoción contenida en su voz. - Estoy obligada a decirte la verdad, y más obligada a abrirte los ojos si no eres capaz de verla por ti misma- dijo Rosalie con firmeza. - Y qué se supone que hay detrás?, según tú?!- preguntó Haydeé, en un intento por terminar la conversación- nada, tía.... absolutamente nada....no hay nada que pueda, deba o quiera que pase con Lennox! - Creo que lo que realmente te molesta, más de lo que deberia, es que tal vez piensas que Lennox no te ve como una mujer deseable- respondió sin rodeos. Haydeé soltó una fuerte carcajada, su tía siempre era muy perspicaz pero en esta ocasión su pericia le estaba fallando brutalmente. - Si, eso es justamente lo que me molesta!- exclamó con sarcasmo- descubriste el misterio, ahora resuelve lo del triángulo de las Bermudas! - Ay, vamos, Haydeé!- rió Rosalie desde el otro lado del teléfono- que ya lo tienes en bandeja de plata.... te armaste una muy buena historia, tienes al chico, y encima no está nada mal!, qué más quieres?.... aprovecha y vuelve real la farsa! - Tía.... no!- replicó la joven como si la sola idea fuera un insulto a su dignidad- no me interesa volver real nada, eso fue una emergencia, una estrategia de supervivencia y nada más. - Y estás segura de que no hay nada más?- insistió con tono pícaro. - Absolutamente segura- bufó la joven dejándose caer sobre el respaldo del sillón con teatralidad- Lennox no me parece atractivo en lo más mínimo, es desarreglado, insolente, terco, impertinente, hace chistes cuando nadie se los pidió, y además no tiene ni idea de cómo funciona un horario decente para tocar música. - Pero viste esos brazos?- preguntó Rosalie entre carcajadas- yo solo lo he visto un par de veces y estoy segura que ni el mozo del Belgard Privé lucía así con el uniforme y tú sabes que ese chico tenía pinta de modelo. - Tía, por favor!- protestó, cubriéndose los ojos con la mano- estoy traumatizada por el desayuno más incómodo de mi vida y tú lo conviertes en un catálogo de músculos! - Bueno, una debe saber aprovechar los momentos- aseguró sin pudor alguno- además, no me digas nada, te conozco, estás ahí revolcándote entre el fastidio y la duda, que si es muy grosero, que si es muy vulgar.... pero no lo sacas de la cabeza. - Sí lo saco, de hecho, lo quiero sacar con una grúa- refunfuñó- créeme, no hay forma en que algo pase entre nosotros. - Pues yo solo digo que si vas a mantener una mentira.... al menos que te diviertas o aproveches un poco para manosearlo mientras tanto- respondió Rosalie despreocupada- o me vas a decir que prefieres seguir pensando en Lawrence con ese suéter verde mohoso?- Haydeé soltó un gemido ahogado y se tapó los oídos. - No menciones ese suéter jamás otra vez.... jamás! - Eso pensé!- rió la elegante y divertida mujer- pero ya sabes, cariño, la vida da vueltas y a veces.... los errores estratégicos terminan siendo lo mejor que uno se lleva del juego..... y de todos tus errores fingidos.... este, tal vez, podría ser el mejor de todos. - Está loca....- murmuró entre dientes, aunque con una pizca de ternura por su alocada tía Rosalie. - Esta bien... solo creo que deberías pensarlo- dijo Rosalie con un tono pícaro- nunca se sabe, quizá ese tal Lennox no sea tan mala opción como tú crees. - Rosalie.... quieres dejar de emparejarme con un hombre que prácticamente me saca canas verdes todos los días? - Ay cariño!, suenas igual que Leigh Anne- rió ella al otro lado de la línea- mira, si tanto te altera es porque algo te mueve, a mi no me engañas! - Claro que no me mueve nada!- protestó llevándose una mano a la frente con desesperación fingida- me altera como lo haría un zancudo que no me deja dormir. - Pues yo conozco zancudos que terminan enamorando, cariño. - Tía, ya gobiernate! - Está bien, está bien, no digo más- respondió entre carcajadas- pero si un día te aburres de fingir que lo detestas, podrías intentar fingir que lo amas..... y si pega, pues ya está. - Rosalie, adiós. - Te quiero, Haydee y si te vuelves su novia de verdad, quiero ser la primera en saberlo y estar presente cuando se lo anuncies a tu madre, quiero foto y todo....yo estoy aquí por el chisme! - Adiós!- solo una risa se escuchó al otro lado de la línea seguida de un pequeño ruido parecido a un beso y de inmediato colgó. Haydeé terminó la llamada con un resoplido y una sonrisa contenida, negando con la cabeza mientras alejaba el celular de su rostro, pero quedó sentada en el sofá, mirando fijamente al vacío por unos segundos, hasta que su mirada se posó en el espejo decorativo que se encontraba en una esquina de la estancia. Al principio solo se observó de forma distraída, hasta que se incorporó levemente, escrutándose con más detenimiento, sin siquiera pensarlo caminó hacia el espejo, se acomodó el cabello detrás de una oreja y ladeó la cabeza, se miró con ojo crítico, como si buscara desde otro ángulo lo que su tía tanto insistía que estaba ahí. No era que se considerara fea, nunca lo había hecho, era bonita, sí, pero en un modo discreto, según ella; podía presumir de tener un rostro armonioso, una piel clara y suave, de facciones delicadas, además de cuerpo delgado y elegante, que para su mala percepción, estaba desprovisto de curvas, de esas que son explosivas y llamativas, que parecían ser la norma entre las mujeres que lograban llamar la atención sin demasiado esfuerzo, ella no tenía curvas pronunciadas, ni esa exuberancia que Leigh Anne siempre exaltaba en su otra hija, Margot, no era de esas mujeres que volvían cabezas con solo entrar a una habitación, ella solo era “bonita”, en el mejor de los casos, “delicada”. - Bonita..... sí- susurró, frunciendo levemente los labios- pero no es como si eso bastara. La joven pasó una mano por su cintura, observando con una mezcla de resignación y escepticismo, que, aunque la linea estaba ahí, era casi imperceptible comparada con su cadera. - Quién querría a una chica así? Y solo el silencio le respondió, uno que, como siempre, resultaba más ruidoso de lo que esperaba, entonces, sin pensarlo mucho, giró el rostro hacia la pared lateral, esa que la separaba del departamento de Lennox, la que contempló en silencio por unos segundos, como si pudiera atravesarla con la mirada y saber si él estaba ahí, si la escuchaba, si pensaba en algo remotamente parecido a lo que ella estaba pensando. - Tonterías....- soltó de pronto, chasqueando la lengua mientras negaba con la cabeza, y con una carcajada incrédula, como si acabara de despertarse de un mal sueño o de una fantasía absurda- él no piensa en mí de esa manera y yo no pienso en él.....fin. Haydeé se giró sobre sus talones, caminando hacia su habitación con una energía fingida, tratando de olvidar el cansancio de la mañana y del teatro que había montado desde el día anterior, lo único que quería era una buena ducha, un cambio de ropa cómodo y quizás un par de horas de sueño profundo. Y así lo hizo, de Lennox no supo el resto del día, en realidad fue algo silencioso para ambos al punto que parecía que lo hacian intencionalmente, incluso ignoró si su vecino salió esa noche, como era habitual; fue extraño y tranquilo pero resultaba reconfortante pues después del desayuno su relación era un poco difícil de describir. La mañana siguiente amaneció plácida, sin sobresaltos, una rutina bien conocida para Haydeé que como era costumbre hizo que el sonido vibrante y perfectamente articulado del chelo rompiera la calma en el edificio. La joven aún llevaba su bata de satén color marfil y el cabello recogido en una coleta desordenada, mientras tenía el arco entre los dedos y miraba fijamente la partitura frente a ella, la música de la Sonata en Sol menor para chelo y continuo de Benedetto Marcello envolvió el salón como una danza de notas antiguas, barrocas y solemnes, dejando que la acústica del ventanal le diera una profundidad especial, como si ensayara en el salón de un palacio y no en un departamento de clase media. Y estaba tan concentrada en el fraseo de los compases, en las cadencias que tanto le costaba pulir, que olvidó por completo la hora, y lo que era aún peor, olvidó su promesa. - Haydeé!!!- rugió una voz desde el otro lado de la puerta acompañada de un fuerte golpeteo que la sobresaltó- maldita sea, Haydeé, son las siete y veinte!!!- y en el acto detuvo sus acordes, abriendo los ojos con horror, soltando el arco como si quemara. - Mierda.....- susurró, apartándose del chelo al tiempo que se quedaba totalmente quieta, esperando que Lennox desistiera de llamarla y con algo de suerte que creyera que no estaba ahi. Desgraciadamente, su absurda estrategia de fingir que no se encontraba en el departamento, no le funcionó, por supuesto que él sabía que se encontraba ahí y que era ella quien estaba tocando el chelo a horas tan inapropiadas, por lo que tuvo que levantarse con cierta reticencia y dirigiese hacia la entrada, abriendo la puerta con cautela solo para encontrarse con Lennox, totalmente despeinado, en pants, camiseta vieja y un enojo monumental en el rostro. - Qué parte de “no antes de las diez” no entendiste, virtuosa del tormento?- reclamó muy molesto. - Lo olvidé!- se apresuró a decir ella, alzando las manos en gesto defensivo- tenía que ensayar esta pieza, tengo una audición pronto, es importante.... - Y mi descanso mental no lo es?- interrumpió él con sarcasmo- acaso no habíamos hecho un trato?, yo fingía ser tu adorable y rústico novio de clase obrera para tus padres aristocráticos y tú me dabas paz antes de las diez. - No me lo recuerdes así!- replicó ella, con una mueca. - Así cómo? - Así de desagradable! - Ah, perdona, olvidé que las palabras ásperas lastiman tus delicadas fibras musicales- replicó llevándose una mano al pecho con fingida aflicción- mira, no me importa tu audición, tus sonatas o si estás componiendo el nuevo himno nacional, hicimos un trato!! - Eres un ogro! - Y tú una violinista con ínfulas de diva. - Ni siquiera es un violín!!- reclamó ella con mucha dignidad- es un chelo!! - Lo sé pero no me importa!!....de cualquier manera suena igual de molesto a las siete de la mañana! La pareja se miró con fuego en los ojos durante varios segundos, ambos midiendo la posible reacción de su oponente hasta que el rostro de Lennox se transformó con una sonrisa burlona, y sin decir más giró sobre sus talones hacia su puerta, lo que dejó sorprendida a Haydeé. - Está bien- indicó con un extrañamente calmado tono de voz- tal vez debería tomar otras medidas!- pero a la joven esa afirmación la hizo ponerse en alerta. - Qué medidas?!- cuestionó con cautela y el ceño ligeramente fruncido. Lennox sonrió con malicia, deteniéndose justo antes de marcar la clave en la cerradura de la puerta, aunque apenas la miró, el gesto en el hombre le confirmó a Haydeé que no podía fiarse. - Quizás sea el momento de hablar con tus papás, seguro estarán encantados de saber que todo fue una farsa, tal vez también Lawrence quiera saber que lo sucedido solo fue una estrategia para aumentar su afecto hacia ti y busque un cierre digno. - Jajajajajaja- y si bien la joven estaba ligeramente preocupada, el plan de su vecino tenía un pequeño inconveniente y de ahí la razón de su risa- crees encontrarlos, mapache?- lo provocó con los brazos cruzados- porque dudo que frecuenten los mismos lugares que tú. - No los frecuento, no- le concedió recargandose de costado contra su puerta- pero tal vez si voy al centro y me dirijo a la zona de negocios, y empiezo a preguntar por “el señor Alton Lehmann”, alguien me lo ubique, o mejor aún, si aparezco a diario en ese elegante restaurante al que me llevaron, tal vez me cruce con tu encantadora madre y seguro estará feliz de que le aclare todo. - No lo harías!- afirmó Haydeé con mucha seguridad. - Si estas dispuesta a averiguarlo....- el hombre encogió el hombro libre- ya veremos que sucede- concluyó con una sonrisa de lado, antes de abrir su puerta. El semblante de Haydeé se descompuso, no sabía mucho de Lennox, pero la seguridad en su mirada y su actitud además del hecho de que prácticamente tenía todo el día libre, la hicieron saber que no quería averiguar si su determinación llegaría tan lejos. -No lo harías!- chilló corriendo tras él y jalándolo de la camiseta antes de que cerrara la puerta tras de si. - Ah no?.....estás segura?- y la mirada que el hombre le dirigió era ligeramente oscura y lo suficientemente firme para que se diera cuenta que era muy probable que cumpliera su amenaza. - Eres un chantajista!- gruñó, frustrada. - Y tú una mentirosa con pésima memoria!!- respondió sin perder la sonrisa, agachando su torso para que su rostro quedara a la altura del de Haydeé. - Está bien, está bien- murmuró a regañadientes- no tocaré antes de las diez.... hoy- aseguró esperando que su vecino no se percatara de su pequeño juego de palabras - Cada día, no solo hoy!- Lennox alzó las cejas con orgullo pues no era tan tonto para dejarse embaucar con tecnicismos mal disimulados. - Cada día- la joven soltó un bufido y asintió como si le estuvieran arrancando una extremidad. - Perfecto- sonrió triunfal antes de regresar a su departamento como si hubiera ganado una guerra- y gracias por despertarme con el concierto en vivo!- replicó con sarcasmo. Haydeé lo vio entrar y cerrar la puerta con aire de suficiencia, por lo que tuvo que regresar a su departamento, observando con pesar su chelo, aún sostenido en la estructura metálica junto al ventanal. - Un día de estos te haré tragar una cuerda de La- murmuró con los dientes apretados. Y aunque estaba furiosa, no pudo evitar soltar una risita ahogada mientras regresaba a recoger su arco, porque, maldita sea, para su desgracia debía admitir que ese idiota tenía razón, había hecho un trato.
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