Capítulo 2

3071 Words
CALMA “No puedo creer que esta sea la vista que tienes ahora mismo… Dios, cómo te envidio” Observé la foto que Olive adjuntó a uno de sus muchos mensajes; los rascacielos de Manhattan lucían casi irreales gracias al ángulo en el que fue capturada la imagen. Luego hice una mueca, pensando en lo ilusa que fui al comentar durante todo el camino los muchos datos que apunté en una libreta sobre el Four Seansons, incapaz de creer que mi suerte fuera tan buena como para tener la oportunidad de hospedarme allí. “Sí, bueno, sobre eso… Tenemos que hablar”. Lancé el teléfono a la cama, concentrándome otra vez en la tarea de decidir qué ponerme. Tengo tres outfits tendidos sobre el colchón, pero ninguno me convence. Independientemente del sitio en el que nos hospedáramos, Thomas y yo ya habíamos acordado tomarnos el primer día para descansar. Por lo que al final opté por ponerme una blusa de algodón sin mangas y un par de shorts. “Espera, ¿qué pasó?” Estaba por escribir mi respuesta cuando escuché que alguien llamaba a mi puerta. —¿Sí?—me asomé. Elizabeth tenía las manos entrelazadas frente a sí. Hay algo en ella que transmite cierta paz, y que al mismo tiempo incomoda. —La cena está servida. Pensé que sería agradable si el primer día comemos todos juntos—no contesté de inmediato, por lo que pronto añadió: —Para conocernos. —Sí, creo que es una buena idea. ¿Me das un segundo? Tengo que contestar algo con urgencia. —Por supuesto, te esperaremos en el comedor.       Se marchó antes de que pudiera preguntarle dónde demonios está el comedor. De camino a la habitación no vi nada parecido. “Estamos en el departamento de Damon Walsh, Thomas creyó que sería maravilloso quedarnos aquí. ¿Tienes alguna idea de cómo debería comportarme en la casa de un billonario? Ayuda.” Olive no tardó en aparecer en línea. “Dos cosas… ¿Acaso es quién yo creo que es?, ¿el mejor amigo sexy de Thomas? Y, segundo, tú también tienes dinero” Rodé los ojos. Desde luego ella usaría el término “sexy” por encima de “desconocido”, porque Olive sabe perfectamente que Damon y yo no somos lo que se dice cercanos. “Lo de sexy es poco relevante. Pero sí. Y créeme cuando te digo que ni en un millón de años tendré tanto dinero como él.” Tuve el súbito impulso de mirarme nuevamente en el espejo. Me pasé las manos por el cabello, tratando de aplacar algunos mechones rebeldes, y luego me quedé muy quieta, observando en el reflejo todo lo que tenía a mis espaldas. Por un instante fue realmente sorprendente asimilar que yo en serio estaba ahí. “Esta es una oportunidad maravillosa, ¿no lo ves? Yo digo que deberías intentar verle el lado positivo.”            Pensé que no tendría caso debatir ahora mismo con ella. No lo entendería. Francamente a Olive le convencieron los adjetivos “millonario” y “atractivo”. En mi lugar es muy probable que estuviera saltando de la felicidad. Así que le di una respuesta corta antes de abandonar la habitación. “Te llamo luego.” Una vez de pie en la cocina, fascinada por la organización que reinaba ahí, comencé a estudiar los alrededores en busca de una puerta o entrada hacia cualquier otro espacio. Escuché a Thomas reír bastante cerca y basándome en el sonido caminé con indecisión hacia una cortina de terciopelo color turquesa ubicada a unos pocos metros del refrigerador. Atravesarla fue casi como teletransportarme a otra dimensión. A diferencia de todas las áreas exteriores, esta habitación no es moderna. La decoración y la distribución del mobiliario evocan una época antigua, sumamente elegante, que ni en un millón de años habría esperado encontrar dentro del departamento de Damon. El estilo es victoriano, casi se me traban los pies por la impresión. Las paredes están pintadas de vinotinto, con rodapiés de color blanco, y el suelo es de una madera oscura con apariencia de resistir casi cualquier golpe. Hay una alfombra persa justo en el centro de la habitación, debajo de la mesa y las sillas, y varias cortinas rojas con estampados florales ubicadas en ciertos puntos estratégicos. Hay una chimenea de leña apagada, candelabros y espejos. La tapicería es acolchada, de terciopelo carmesí, y de las esquinas de la mesa cuelgan telas doradas que reflejan la luz de la lámpara principal. Al fondo observé una pequeña planta similar a las palmeras y pensé que, entre todo eso, era el único elemento que no me hacía sentir fuera de lugar. Thomas fue el primero en notar mi presencia, sentado en el otro extremo. Alargó un brazo en mi dirección, sonriente. —Ahí viene mi hermosa novia. Le fruncí el ceño, confundida, porque hace menos de dos horas me echó de su habitación. De todas formas avancé con lentitud hacia él. Damon se encuentra en la silla principal, frente a Thomas, muy cerca de la entrada. Procuré no mirarlo hasta estar al lado de mi novio, pensando vagamente en que no quería volver a sentirme intimidada como hace un rato. Thomas envolvió mi cintura con un brazo cuando me detuve a su lado, sin tener más opción que darle la cara a Damon. Este último ya se había cambiado, trae una camiseta negra, un pantalón ancho de pijama y el cabello más desordenado que antes. La forma en la que se sentó dice mucho sobre su despreocupación con respeto al mundo en general, y sobre el extraño poder que posee su porte. —Abby, él es Damon—alcé una mano para saludarlo. No estaba segura de que fuera prudente mencionar el incidente del baño, pero no sabía muy bien por qué. De todas formas Damon actuó como si no nos hubiéramos visto nunca en la vida—. Damon, ella es mi prometida, Abigail Roux. —Es un placer, Roux. —El placer es mío. Thomas me indicó que tomara asiento a su lado, cosa que hice sólo para poder desviar la mirada del rostro de Damon. Hubo una breve pausa antes de que mi novio volviera a hablar. —¿Es muy pronto para tomarme el atrevimiento de sacar comida de tu refrigerador? Es que Elizabeth se está tardando y en serio tengo hambre. Damon sonrió levemente. —Ya te lo dije; siéntete como en tu casa. Entonces Thomas se volteó hacia mí, de la nada, para ponerme en el centro de la conversación. —¿Lo ves? A Damon no le molesta que nos quedemos con él—luego desvió la vista hacia su mejor amigo, quien había comenzado a vernos con cierta curiosidad—. A Abby le preocupa todo el tema de invadir tu departamento. Me costó mucho convencerla de venir. —Es que no quiero incomodar. Damon tardó en contestar, casi como si estuviera buscando las palabras correctas. —Siempre y cuando todos nos mantengamos en nuestros respectivos espacios, definitivamente no habrá ningún problema. Si hubiera estado bebiendo algo probablemente me habría ahogado. Thomas frunció el ceño, sin comprender, y entreabrió los labios para hablar. Por fortuna justo en ese instante Elizabeth hizo su aparición. —Filet mignon con Quinotto de champiñones. La pelirroja balanceó una bandeja de plata hacia Damon, depositando un plato justo enfrente de él. Ubicó los otros tres en sus lugares. El aroma casi consigue que empiece a babear. Estaba segura de que nunca había comido nada igual, pero se veía bastante bien. Clavé la mirada en el filete, genuinamente sorprendida porque esa sería la cena. No esperaba que fuera tan elegante, con una presentación hecha a base de salsa y verduras. ¿Así sería mi vida por seis meses?, ¿una constante sucesión de situaciones en las que queda patente el poder del dinero? Thomas y yo pensábamos pasar una temporada en el Four Seasons, quizás unos dos meses antes de alquilarnos un piso con el espacio suficiente para entrar los dos sin tropezarnos, pero el plan era economizar. Habíamos decidido que iríamos a restaurantes decentes, no necesariamente costosos, para alimentarnos. Yo dije que podríamos comer enlatados, y aunque bromeaba, realmente pensé que esa sería una opción potencial. —Wow… Muchas gracias—musité, pero Elizabeth ya se había encaminado de vuelta a la salida. —Ah, sabía que vivir contigo tendría sus ventajas. Thomas, por su parte, era incapaz de ocultar su felicidad. —No te emociones, normalmente cenamos la pizza fría que sobra del desayuno, pero Elizabeth quería hacer algo especial. —Mentira. Eres modelo, estoy seguro de que tienes una dieta, pero, por ser tú, logras hacer que al mismo tiempo la comida valga la pena. Pinché lo que supuse sería el “Quinotto” del platillo, intentando descifrar qué ingredientes contendría con exactitud. No quería preguntarlo porque iba a parecer muy estúpida, pero al mismo tiempo me asustó la posibilidad de que tuviera una de esas cosas que jamás comería, como cerebro de cabra. —Ahora algo de vino. Elizabeth irrumpió en la habitación, esta vez cargando con cuatro copas medio llenas. Las depositó frente a cada uno y se encaminó hacia su respectivo asiento, diagonal al mío. Hay ocho sillas, no obstante, no parecía haber una distancia lo bastante significativa como para distraerme de que Damon se encuentra en la misma habitación que yo. —Provecho. El castaño alzó su copa antes de darle el primer trago, inaugurando la cena. Todos contestamos casi al instante, pero no estoy segura de que haya podido escucharme. La voz me surgió como un murmullo. Después de eso nos dedicamos de lleno a la tarea de comer. Tal y como presentí, no había nada en ese plato que no supiera a gloria. Thomas se mostraba extasiado, Elizabeth movía el filete como si desconfiara de su propia elaboración, Damon parecía aburrido mientras masticaba y yo me reprendía por estar teniendo una actitud tan irracional mientras procuraba que no se me notara lo que estaba pensando. Para cuando me quedaban los últimos bocados ya todos habían terminado. Damon fue el primero en romper el silencio, echándose contra el respaldar de la silla.            —Creo que me iré a dormir.            —¿Tan temprano?            Elizabeth quedó con el tenedor suspendido en el aire, a la expectativa.            —Ya sabes que debo madrugar.            —Pero no hemos pasado al postre.            —Puedes guardar mi parte.            Damon empujó la silla para poder salir sin inconvenientes. Se veía muy decidido a marcharse.            —Vamos, Damon, no nos vemos desde hace años. Elizabeth tiene razón, es muy temprano. Yo voto porque veamos una película, todos juntos, antes de acostarnos.            —Yo no…            —Has dicho cientos de veces que no tienes un horario definido, que nunca sabes cuándo volverás a casa. Es nuestra primera noche aquí, hagamos lo que mejor se nos daba en el campamento; perder el tiempo.            Damon enarcó una ceja, pero luego asintió.            —De acuerdo, está bien. Veamos la estúpida película. Que conste que yo la elegiré.            —Perfecto.            Elizabeth se puso de pie como un resorte.            —Iré por la tarta de chocolate. Los esperaré en la sala.            Y salió a toda prisa.            Por impulso desvié la mirada hacia su plato. Ella ni siquiera había terminado. Observé los trozos de filete que seguían ahí con el ceño fruncido. Nadie más pareció darle importancia a ese extraño comportamiento.            —Ugh, siempre y cuando no sea ninguna de Tarantino.            —Hey… Alto ahí… Tarantino es un artista, ¿ok? En esta casa no se hablará mal de él.            Thomas rodó los ojos, pero se limitó a levantarse con una mueca divertida en el rostro. Yo apuré lo poco que me quedaba del vino, tratando de seguirles el ritmo.            Elizabeth había dispuesto varios trozos de tarta perfectamente cortados en pequeños platillos de porcelana justo encima de la mesa flotante. Damon tomó asiento en el sofá situado de cara a la TV, en el centro, y la pelirroja no tardó en ocupar el lugar más próximo, sin llegar a tocarlo. Thomas y yo optamos por el sofá adyacente. Yo, todavía un poco recelosa, me senté en el extremo opuesto, pero pronto mi novio se arrastró hasta eliminar las distancias.            La verdad es que ya no me sentía exactamente molesta por el giro inesperado de los eventos. Ni siquiera me enfadaba el no haber ido al Four Seasons. Estaba más preocupada por la sensación de no encajar en lo absoluto dentro de ese pulcro y lujoso ambiente.            —¿Estás bien?—preguntó el rubio casi en mi oído, susurrando, en lo que Damon utilizaba el control remoto para encontrar algo que ver en Netflix.            —Sí.            —Has estado muy callada.            —No tengo nada para decir.            —Abby, amor, esto no es tan malo como parece… Pero supongo que te debo una disculpa. No es justo que haya tomado la decisión de quedarnos aquí por los dos.            Me giré para encararlo, un tanto sorprendida.            —No tenemos que discutirlo ahora…            —No, pero quiero hacerlo. Odio que me ignores, no lo soporto. Y lo cierto es que necesito asegurarme de que estás cómoda—Thomas extendió un brazo para acariciarme la mejilla—. Si tanto te disgusta estar aquí…            —Está bien, Tom… Es sólo que no esperaba nada de esto. Pero ni siquiera ha pasado la primera noche, no podría decirte que es horrible, o que preferiría dormir en la calle.            —Si se vuelve insoportable para ti quiero que me lo digas, ¿vale?            —Vale.            Entonces él sonrió, profundamente complacido, y a mí no me quedó más alternativa que corresponder el gesto.            —¿Dormirás conmigo?            —Si no me lanzas la puerta a la cara, sí.            —También lo siento por eso, pensé que debías recibir una lección.            —Da igual, de todas formas resolví la situación.            Y descubrí, después de haber pasado uno de los momentos más tensos e incomodos de mi vida, que de hecho en mi habitación sí hay una ducha. Era la segunda puerta, cerca de la pared, y no entiendo cómo es que la pasé por alto.            Thomas se inclinó para besarme, no obstante, una voz nos interrumpió de pronto antes de que llegara a hacerlo.            —Pondré algo ligero, porque lo cierto es que no quiero tener que pensar. ¿Qué tal Hotel Transylvania?            Thomas parpadeó un instante, como atónito, y luego estalló en carcajadas.            —Ja, muy gracioso, casi me lo creo.            Pero Damon, que en realidad no parece un chico especialmente bromista, no se rió.            —No… espera, ¿hablas en serio?—Damon no contestó—. ¿Tú? Leí en una revista que eres cinéfilo.            —Estoy seguro de que nunca dije que lo fuera.            Thomas se encogió de hombros, usando uno de sus brazos para rodearme la cintura.            —Bueno, bien. No era lo que tenía en mente, pero es que olvidaba tu característica principal; eres impredecible.            Aproximadamente dos horas más tarde Thomas y yo nos encerramos en su habitación, luego de que Damon se quedara dormido a la mitad de la película y se levantara al final, somnoliento, para encaminarse hacia su propio cuarto en modo automático. Yo estaba poniéndome el pijama y él tecleaba algo en su ordenador, profundamente concentrado en la pantalla.            —Maldición.            Me saqué la camiseta y la doblé antes de colocarla debajo de una almohada. Me detuve detrás de Thomas, sólo con mi sujetador y un par de shorts de algodón, para fisgonear qué era eso que acababa de estresarlo. No vi demasiado, pero parecía que leía un correo electrónico.            —¿Puedes creer eso?—señaló a la pantalla con desdén, claramente irritado.            —¿Qué cosa?            —Cambiaron el itinerario. Adelantaron la entrevista, y se supone que el recorrido de iniciación ahora es mañana.            —Ah, vaya…            —No pueden hacer eso. No estoy listo para parecer… Profesional.            —Eres profesional.            Thomas negó con la cabeza, consternado.            —No, les diré que no puedo ir.            —¿Qué? No, Tom, no hagas eso… Te echarán antes de contratarte, tienes que demostrarles que estás dispuesto a enfrentar lo que sea—me miró como si hubiera perdido la cabeza. Conociéndolo, estaba segura de que si lo dejaba a solas un minuto le escribiría a esas personas para cancelar la reunión. Me incliné un poco hacia el frente para sujetarle el rostro con ambas manos, procurando que se concentrara en mi mirada—. Sólo es un recorrido, te mostrarán las instalaciones. Todavía no tienes que impresionar a nadie. Estarás bien.            —Abby, si arruino esta oportunidad tendremos que regresar a casa. Se supone que tendría una semana para adaptarme a la ciudad, para organizar mis ideas antes de encontrarme con ellos, no creo que…            —Shh… Tom, te irá excelente. Ellos ya están interesados en ti, todo esto sólo es un proceso de protocolo para poder oficializar el contrato.            —No sé…            —Hazme caso. Eres el mejor en lo que haces, y tu trabajo habla por ti.            Me observó un rato, forzándose a conservar la calma, y luego suspiró.            —Ya, vale, ven a la cama.            Terminé de vestirme antes de obedecer. Thomas apagó la laptop y la dejó en una mesita de noche. Me abrazó en cuanto me senté a su lado, apoyando su barbilla sobre mi cabeza. Pensé en lo mucho que necesitaba sentir su calor después de todas las emociones extrañas que he estado experimentado en un periodo tan corto de tiempo, y me acerqué aún más a él.            —Un lindo departamento, una buena cena, una excelente compañía y yo diría que la mejor cama en la que hemos estado alguna vez… nada de esto está tan mal ¿no es así? Fue un día bastante tranquilo.            Pese a que me encuentro menos reticente, Thomas en verdad necesita oírme decir cientos de veces que puedo tolerar todo el tema de hospedarnos aquí.            —Supongo que sí.            —Y será así durante los seis meses. Aunque, si consigo el empleo, puede que sea mucho menos tiempo.            Cerré los ojos, relajándome.            Honestamente ya no estaba segura de qué esperar de toda esta experiencia, pero cuando Thomas mencionó la palabra “tranquilo”, allí entre sus brazos, le creí.            Por supuesto, no pensé que yo misma sería la responsable de complicarme la existencia.
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