HALSEY BROOKE
En la habitación reina el silencio. De los cuatro Thomas es el único que parece verdaderamente dispuesto a hablar.
—Entonces… tú no tienes ninguna relación real con esta chica… ¿Hasley Brooke?
—Halsey—corrigió Damon en un murmullo.
—Sí, eso mismo.
—No. Pero hay un grupo de personas haciendo lo posible para que parezca que sí.
—¿Por qué? No comprendo.
—¿No es obvio?—replicó Elizabeth, permitiendo que una nota de amargura se filtrara en su tono—. Dinero.
—¿Qué tiene que ver el dinero?
Thomas en verdad lucía perdido, mientras que yo, que intentaba acabarme la cena, comenzaba a sentirme asqueada.
Damon suspiró tras lanzarle una mirada fulminante a la pelirroja.
—Halsey y yo somos el rostro de una campaña promocional. Es de un perfume y se supone que las personas estarán mucho más interesadas en el producto si les vendemos más que un aroma.
—¿Cómo qué?
—Como drama, un romance potencialmente conflictivo y secreto, rumores… este tipo de porquerías que le atraen a Madeleine.
—¿Por qué tu manager querría ponerte en el ojo de un escándalo?
—En teoría nada de eso sería polémico si yo hiciera exactamente lo que ella dice. Los problemas suelen aparecer cuando la ignoro.
—Ok, recapitulemos… ¿Ustedes se inventaron, y potencian, el rumor de una relación que en realidad no existe para que la sociedad esté pendiente de cada detalle y quieran, por alguna razón, comprar el perfume que lleva la cara de ambos de forma masiva?
—Eureka, Thomas—dijo Elizabeth, que parece furiosa de una manera incomprensible y mal disimulada.
—No creí que en la vida real pasaran estas cosas—comenté yo, removiendo mis vegetales con incomodidad—. Parece la trama de una película bastante jodida sobre la fama y las malas decisiones.
—Yo no diría que es, literalmente, una mala decisión…
Arrugué el entrecejo al notar que Thomas intentaba defender la actitud insostenible de su mejor amigo.
—¿No es suficiente con todo lo que tienes ya?
—¿Disculpa?
Damon alzó una ceja, aparentemente dispuesto a defenderse de mi ataque.
—No creo que necesites más dinero.
—En una sociedad consumista, Roux, no existe un límite para la riqueza.
—Pero tienes exactamente lo que podrías querer. Esta casa, tu trabajo, seguro alguna colección de autos, comida, todo tipo de accesorios innecesarios que valen más que mi casa entera…
—Es curioso que hables de mí como si en realidad me conocieras.
—Mira, no me importa que quieras forrarte un departamento entero de oro. Sólo que todo eso es desagradable… vender una cortina de humo, sembrar ese tipo de mentiras con el fin de sacar más ganancias… no me parece que sea honesto.
—Abs…
Thomas dejó caer una de sus manos sobre el muslo de mi pierna, trazando círculos con el pulgar.
—Estoy completamente seguro de que Damon tiene un equipo asombroso de personas que evalúan este tipo de estrategias desde diferentes perspectivas. Si fuera perjudicial para alguien Damon no accedería.
—Es mi opinión, no tiene por qué ser exactamente así—solté el tenedor, aliviada por haber terminado—. De todas formas, no es algo que yo haría.
Damon resopló.
—Halsey está de acuerdo. En parte fue su idea. Si a ella no le molesta, no entiendo por qué a ti tendría que importarte.
—Y es que no me importa. Pero supongo que puedo decir lo que pienso ¿no?
—La verdad es que no, porque no recuerdo haberte pedido una clase de moralidad.
Nuestras miradas soltaron chispas en cuanto establecimos contacto visual. No sabía cuál de los dos se había enfadado más, ni por qué se sentía como una discusión personal.
—Tienes razón, no lo hiciste—eché la silla hacia atrás, poniéndome de pie—. Pero te agradecería que no me involucraras de nuevo. No quiero tener que ver nada con esta mierda.
Elizabeth jadeó, dio la impresión de que nadie retaba a Damon en su presencia muy a menudo.
—Abs…—Tom se oía insistente. Le habría prestado atención en cualquier otro momento del día, pero estaba muy ocupada enviando dardos mentales al rostro de su amigo.
—¿Que no te involucre? ¿Quién demonios te crees? No tienes nada de relevancia en algún aspecto de mi vida, mucho menos en este.
—Me invitaste a caminar siendo consciente de que podrían vincularme a este lío pasional totalmente absurdo. Eso es involucrarme.
—Pero no te obligué a acompañarme, y ya sabías a qué atenerte antes de salir.
—Jamás mencionaste a Halsey.
—¿Por qué habría de hacerlo?
—Oh, no lo sé, ¿tal vez para que yo supiera que tus fans estarían tratando de convertirme en otra conquista de tu lista?
—Te lo creas o no, ese artículo me resulta más absurdo que a ti. ¿Quién en su sano juicio pensaría que yo podría tener algo contigo?
Hubo algo en su voz que se me antojó despectivo. La rabia y la indignación se mezclaron en mi interior, creando una tormenta que amenazó con derribar cada gramo de buen humor que yo podría haber tenido ese día.
—¿Sabes qué? Esta discusión no va a ninguna parte, me iré a dormir—Thomas estiró un brazo en mi dirección, que esquivé, pocos segundos antes de que me encaminara con decisión hacia la entrada del comedor—. Buenas noches.
Cerré con un portazo, sabiendo que estaba comportándome de una manera sumamente infantil.
No era racional que me irritara tanto una situación que en verdad no guarda ninguna conexión conmigo, así que pensar en lo estúpida que había sido y en lo impulsiva que seguía siendo me molestó aún más. Me tiré sobre la cama con hastío, alargando la mano para tomar mi celular.
Las sabanas huelen increíblemente bien, la temperatura del aire está perfectamente controlada, el colchón se hunde debajo de mí de tal manera que se asemeja a una pequeña nube y el sabor de la deliciosa comida que preparó Elizabeth se mantiene en mi boca. Todo ello es un conjunto de sensaciones que me hacen sentir físicamente cómoda. Y se me antojó muy hipócrita de mi parte disfrutar del tipo de cosas que insinué le sobraban a Damon, como si no valiera la pena fingir un poco para obtenerlas.
Olive atendió al primer tono.
—Hey.
—Siempre he pensado que eres bastante bipolar, para ser una persona que no padece el trastorno en realidad, pero ¿actuar como si congeniar con Damon fuera un suplicio y luego irte a pasear con él? ¿En serio? Eso va más allá de lo que pensé que podrías hacer.
—Me encuentro perfectamente, gracias por preguntar, ¿y tú?
—Muy graciosa, cariño, pero podemos dejar los saludos para después. Primero discutamos lo importante.
—¿No es importante saber cómo estoy?
—Dios, Abby, no te pongas en ese plan.
Intenté ofenderme, pero lo cierto es que sus ansias por querer conocer hasta el último detalle me divierten. Es posiblemente más entrometida que cualquier presentador de algún programa de cotilleos.
—Damon estaba estresado, al parecer, y me pidió que lo acompañara a pasear. Eso fue todo.
—Estaban en una heladería.
—Sí, lo sé.
—Muy… juntos.
—Sólo me paré a su lado. Había una distancia considerable entre nosotros, en la foto ni siquiera estamos mirándonos.
—Sé que es una tontería, porque para empezar lo tuyo con Thomas va más que en serio, pero me impactó un poco que hubieras salido a solas con él.
—No supe cómo rechazarlo.
—¿Me estás diciendo que accediste a salir con Damon Walsh por lastima?
—Básicamente.
Olive se echó a reír.
—No creo que ninguna otra chica en el mundo pueda decir eso.
Pensé en la rubia de la heladería. Y en las otras miradas indiscretas que había notado de regreso.
—La peor parte es que tienes razón.
—El problema es que ahora estás involucrada en todo el tema de Halsey y Damon. Investigué sobre ellos mientras tú te decidías a contestarme, y da la impresión de que un montón de gente los quiere ver juntos como pareja oficial.
—¿Ah, sí?
—Según la prensa han estado yendo y viniendo por varios meses, sin confirmar nada. Se conocieron en la campaña publicitaria de una marca de zapatos, él había sido contratado y ella estaba acompañando a una de sus mejores amigas, que sí participaría en el comercial. Supuestamente Damon se acercó a ella para preguntarle algo sobre el vestuario porque pensaba que era una de las chicas seleccionadas, y hubo, ya sabes, una conexión inmediata.
Intenté imaginarme a Damon en esa situación, quedándose con la mirada perdida en el rostro de una chica que intentaba explicarle que se había confundido y que hablaba con la persona incorrecta, pero no pude. Lo cierto es que no parece alguien que se impresiona fácilmente, o que establece vínculos repentinos con quienes acaba de conocer.
—Después de eso coincidieron en una fiesta, y un par de fotógrafos los captaron fumando juntos a las afueras del club. Las imágenes están difusas, ya las vi, pero es evidente que ambos trataban de estar muy cerca del otro. Luego de aquello hay un gran vacío en cuanto a acercamientos, no obstante, fuentes cercanas a Halsey aseguran que estuvieron en contacto todo ese tiempo. Llegó el cumpleaños de ella y tres días más tarde hay fotos de ambos en un aeropuerto privado de Italia. Se les vio en un playa, un poco apartados de los demás, hasta que partieron hacia una isla personal de Damon…
—Aguarda, ¿Damon tiene una isla? ¿De la misma forma en la que yo puedo decir que tengo un teléfono?
—Sí, Abby, ya sabes que es millonario, ¿por qué te sorprende?
—Yo… ah… no lo sé, supongo que creí que este departamento ya es lo suficientemente lujoso, como para que sea dueño de algo más impresionante.
Olive resopló.
—No tienes ni idea. En el internet dice que no hay una cifra estimada, o aproximada, de su fortuna. Lo que pasa es que, supuestamente, le gusta vivir bajo perfil. Presumir sólo lo necesario. Pero tal vez podría comprarse una nación pequeña.
—Eso es…
—¡Maravilloso! Lo sé, tú también deberías convertirte en su mejor amiga.
—… abrumador, Olive, ¿es legal ofender a alguien con tanto dinero?
—Por supuesto, pero con todo el poder que tiene yo te aconsejaría no hacerlo—suspiré, haciéndome la idea de que Damon podría pagarle a alguien para que hiciera cada una de sus tareas diarias si quisiera. Si fuera por ello no tendría que atarse los zapatos por su cuenta nunca más—. En fin, en lo que estaba… no hay demasiado sobre ellos, y Halsey, que es más dada a aceptar entrevistas, siempre está negando que en verdad pase algo, pero las personas especulan. Hay mucha expectativa alrededor de lo que están preparando con la marca de perfumes, alguien filtró la información de que, el día del lanzamiento, Damon planea hacer un anuncio especial. Creen que por fin dará el paso de confirmar la relación.
Luego de oír todo aquello incluso yo me convencí de que la historia que estaban dando al público sonaba verdadera. La dedicación que han puesto para generar dudas es asombrosa.
—Olive… nada de eso es real.
—¿Qué?
—La supuesta relación es falsa. Damon nos confesó en la cena que todo es parte de un plan que armaron los representantes de cada uno para llamar la atención. Es una forma de vender, alguna estrategia de marketing en la que todos caemos por no poder ocuparnos únicamente de nuestras vidas.
Hubo una pausa. Escuché cómo Olive respiraba.
—¿De verdad eso de las relaciones arregladas sucede en la vida real? ¿Todavía?
—Aparentemente.
—Yo también había comenzado a pensar en lo lindos que se ven… pero, muy aparte de eso, el caso es que las personas se creyeron la historia. Ahora eres la zorra del suéter horrible que está intentando destruir la hermosa relación de ellos dos.
—¿Alguien me llamó “la zorra del suéter horrible”?—cuestioné, súbitamente ofendida.
—Sí, pero nadie demasiado relevante. Creo que fue en una página de fans de f*******:.
Suspiré, dándome la vuelta en el colchón sin despegar el teléfono de mi oído.
—No hay ninguna foto con mi cara ¿cierto?
—No, y en un par de días ya se habrán olvidado de ti, cuando ellos interactúen o algo así.
—Pues me gustaría que dejaran de hablar sobre mí desde ya.
—Eso es fácil, bastaría con que Damon suba una foto alegando que sólo eres alguna chica sin techo que se encontró por ahí y que, por consiguiente, decidió comprarte un helado por caridad. Se lo creerán. Debo darle crédito a esa fanática por criticar ese horrible suéter cariño, no entiendo en qué estabas pensando al ponértelo.
—Muy graciosa, Olive, escucha cómo me río.
Desde luego, a ella sí le causó gracia.
—Se enfocarán en él… ¡Oh, maravilloso Damon, eres tan caritativo!—la imaginé llevándose una mano a la frente con dramatismo, fingiendo que es alguna fanática cegada por la belleza del castaño.
—Creo que mejor dejamos las cosas tal y como están.
Después de que me contara sobre lo que ha hecho estos dos días, y de tener que describirle detalladamente cada espacio del departamento que pudiera recordar, ambas nos despedimos. Me quedé un rato en la habitación, sólo por si Thomas aparecía, pero dado que no ocurrió me puse nuevamente de pie, camino a la sala.
Mi novio estaba inclinado frente al refrigerador de tal manera que parecía haber introducido allí la mitad de su cuerpo. Buscaba algo. Elizabeth no se veía por ningún lado y Damon estaba de pie frente al gran ventanal, con la vista fija en el ajetreo nocturno de una ciudad que al parecer nunca descansa. Lucía muy concentrado, como llevando a cabo alguna misteriosa sesión de introspección, pero en cuanto avancé un par de pasos fuera de la habitación se giró hacia mí.
De nuevo, no trae camiseta.
—Tus fans están hablando de mí, ¿debería preocuparme?
Cruzó los brazos sobre su pecho, de modo que sus bíceps parecieron crecer de pronto.
—Eso oí. Pero no. A nadie le importarás por la mañana.
—¿Auch?
—De todas formas Madeleine quiere disipar el rumor tanto como tú. Se supone que no puedo permitirme este tipo de situaciones a pocos días del lanzamiento del perfume. Ya tiene algo en mente.
Thomas se irguió, sosteniendo dos cervezas con una mano y un plato con el trozo de alguna tarta en la otra. Se volteó para mirarme, luego se encaminó hacia un sofá.
—¿Vienes, cariño? Damon dijo que podíamos utilizar las cuentas que tiene en las plataformas de streaming. Hay que aprovechar cada segundo en el que podamos vivir a su costa.
—En un segundo—mantuve la mirada fija en Damon—. ¿Puedo saber de qué se trata?
Me analizó un instante, indeciso. Su expresión no revelaba demasiado, pero daba la impresión de que se debatía entre contarme o deshacerse de mí.
—En dos noches haré una cena, aquí, con un selecto grupo de personas. Halsey será una de las invitadas y se supone que en algún momento tendremos que salir para que alguien nos tome un par de fotos.
—Ah, en plan “desprevenidos”.
—Exacto. Y si para entonces no se han olvidado de ti, lo harán luego de eso.
Repasé mentalmente sus palabras, meditándolas, y me limité a asentir. Supongo que con eso bastaría.
Thomas me esperaba en el sofá. Fui hasta él y me senté directamente sobre sus piernas en lo que abría los brazos para abrazarme. Durante todo el camino sentí la atención de Damon sobre mí, pero decidí no prestarle demasiada atención. Tenía la sensación de que debía disculparme, la cosa es que no sé cómo.
La película comenzaba cuando oímos una voz a nuestras espaldas, fuerte y clara.
—Ustedes deberían estar ahí.
Extendí las piernas sobre el sofá. Thomas daba tragos despreocupados a la cerveza.
—¿En dónde?
—En la cena.
Y fui yo la que sintió que algún líquido le quemaba la garganta.
—¿Estás seguro? Digo, no sabemos nada sobre tu mundo del modelaje y todo eso.
Damon nos rodeó, situándose enfrente.
—El manager de Halsey quiere conocerte.
—¿A mí? ¿Por qué?—odiaba la forma en la que mi voz se convertía en un chillido cada vez que me sentía altamente sorprendida. Aparte de que me dejaba en evidencia, siempre me hace sentir estúpida—. Ya les aclaraste que no tenemos nada ¿no?
—Sí, pero les despertaste cierta… curiosidad.
—¿Por qué?
—Porque a esta gente le gusta controlar mi vida. Cada maldito detalle.
—Pero yo no formo parte de tu vida. Tú mismo lo dijiste.
—Estás quedándote en mi casa, por si no lo habías notado, así que de momento sí.
—¿Será una entrevista o algo así?—intervino Thomas.
—No, sólo es una cena, pero te quieren ahí. A los dos, de hecho. Al parecer es una injuria que haya decidido darles alojo sin haberlo consultado primero.
Damon rodó los ojos. Yo no logro entender por qué deja que le digan qué hacer si tanto le irrita. En verdad ni siquiera me parece necesario. Dudo que sea así con todas las personas famosas.
—Bueno, si nuestra presencia te ayudará no podemos negarnos. Y sospecho que esa será una de las mejores comidas de mi vida—mi novio bajó la mirada hacia el reloj que de su muñeca, como si el tema debiera zanjarse así de fácil—. ¡Mierda!
—¿Qué pasa?
—Tengo que buscar uno de mis portafolios, debo llevarlo mañana.
—¿Irás mañana?
—Sí, y luego hasta el lunes.
Me aparté para que pudiera ponerse de pie, luego lo vi desaparecer dentro de la habitación. Me volteé hacia Damon cuando recordé que seguía allí, a pocos pasos.
—¿Era necesario que me echaras en cara el hecho de que estoy aquí? ¿Es lo que harás cada vez que yo deba hacer algo por ti? Necesito saberlo, así me voy con mis cosas de una vez.
Damon rodó los ojos.
—¿Por qué eres tan irascible? Sólo fue un comentario.
—Pues te lo hubieras ahorrado.
—¿Puedo saber por qué diablos me odias? No es que me importe, pero por Thomas deberías intentar convivir en paz conmigo.
—No te odio—sin embargo lo dije con el tono extrañamente crispado.
—Sí, eso puedo verlo—ironizó, para después hacer el amago de irse.
Una punzada de culpabilidad me asaltó de pronto. No comprendía por qué tenía la constante necesidad de ser borde con él.
—¿Debo vestirme formal?
El castaño titubeó, probablemente porque no se esperaba ese cambio repentino en mi comportamiento.
—Preferiblemente.
Hice cálculos mentales, tratando de recordar si había traído algo que sirviera, pero aparte de los abrigos era posible que sólo tuviera camisas de algodón y jeans.
—No tengo ningún vestido aquí.
—Compra uno.
—No estaba en mis planes gastar dinero en eso, pero supongo que ya hemos ahorrado bastante al…
—Yo lo pago.
—¿Qué? No. ¿Por qué harías eso?
—Porque no lo comprarías si yo no te lo hubiera pedido.
—Sí, pero…
—Le diré a Elizabeth que te acompañe, mañana.
—No es necesario, en serio…
Damon me dio la espalda, como clara indicación de que no pensaba ponerlo en discusión, y se alejó.
Cuando me desperté al día siguiente, parpadeando lentamente, me encontré de lleno con el rostro fruncido de Elizabeth, que me observaba a una distancia muy escasa. Se alejó cuando notó que me había despertado, pero sin dejar de verse estresada.
—Por fin. Te he estado llamando durante media hora.
—¿Y Thomas?—pregunté con la voz enronquecida, reacomodándome el pijama.
—Ya se fue. Necesito que te levantes, te asees y desayunes lo más rápido posible para que podamos salir.
—¿Salir?
No recordaba ningún plan que incluyera salir.
—Sí, a comprar el vestido.
Hasta que los flashbacks me llegaron de golpe.
—Ah, la cena.
—Sí, la cena—Elizabeth colocó varias prendas perfectamente doblabas encima de mí, sustituyendo su expresión por una tensa sonrisa—. Me tomé la libertad de buscar entre tus cosas algo que puedas ponerte, te esperaré afuera.
Cerró la puerta a sus espaldas, dejándome sola entre el silencio de la habitación.
Encendí la TV apenas reuní la fuerza necesaria para salir de la cama. Puse un programa matutino y caminé directamente hacia el baño. Cuando salí de nuevo una de las presentadoras estaba hablando de Damon y Halsey, y de la chica misteriosa que habían captado junto a Damon (quien al parecer no suele salir con nadie a caminar), como si fuéramos la cura a algo. Habían establecido un debate sobre si mi existencia perjudicaba mínimamente la relación de ellos, pero la mayoría parecía de acuerdo con que era demasiado pronto para sacar conclusiones, y con que ninguna chica podría competir realmente contra Halsey. Vi la foto que pusieron de ella y terminé dándoles la razón, porque por lo menos yo jamás podría igualarla, antes de decidir que no tenía caso prestarle atención a nada de lo que decían.
Elizabeth me miró desde el otro lado de la barra.
—Damon dejó esto para ti—y me extendió una tarjeta de crédito ilimitado.
La tomé por inercia, un tanto incomoda.
—Llevaré mi dinero.
—Sí, bueno, no es por desanimarte, pero dudo que puedas pagar algún vestido decente sólo con tu dinero.
Esa frase fue la única señal que necesité para entender que ella no pensaba llevarme a las tiendas que yo tenía en mente.
—Será una cena pequeña pero importante. Si no quieres ser destrozada por Halsey tendrás que esforzarte para destacar.
—Pero es que yo no quiero…
—Shhh… yo me encargo. Me aseguraré de que nadie pueda apartar los ojos de ti.
Comencé a temer el camino que, al parecer, todos querían que tomara esa cena.