Capítulo 5: En bancarrota.

1661 Words
Narra Madison —De verdad lo siento mucho, Madison. Sentí como un fino chorro de agua fría caía por mi espalda. —Señora Taylor, ¿segura que no hay más por hacer? quizás esperar un poco más, es una decisión muy radical. No es la primera empresa que pasa por algo igual. El señor Vélez hace dos años tuvo una situación parecida, pero logró levantarse y su empresa está bien. Hablaba desde mi miedo. —No, no es la misma situación, Madi. Esto es mucho más grave, y no podemos esperar más tiempo. De verdad, lo siento mucho. Pero tenemos que cerrar la compañía. Mi jefa pone un sobre en la mesa y lo desliza suavemente. —Aquí está lo que debemos. Miraba el sobre y me negaba a creer que esto estaba pasando. —Vamos, tómalo. —Señora Taylor —susurré con un nudo en mi garganta. —No sabes cuánto lo siento, pero no podemos mantenerlos un mes más, ya no tenemos con que pagarles. Tomé el sobre y lo llevé hasta mi regazo. —Voy recomendarte con todas mis colegas, con todos mis conocidos. Prometo que lo haré, alguno de ellos estará agradecido por tener a una jovencita como tú. Sonreí y asentí, ya no tenía más por hacer o decir. —Toma tus cosas, Madison y por favor, dejas en mi oficina la laptop y el teléfono corporativo. —Sí, señora Taylor. Los ojos de la mujer se veían cristalinos. Tenía un nudo en mi garganta, no lo podía creer, no lo esperé. Sabía que la señora Taylor estaba teniendo problemas financieros, pero creí que sería algo que se podría resolver. Nunca pensé que la compañía Niuman Taylor, sería cerrada y declarada como bancarrota. En una caja de cartón pequeña, entraron dos años de trabajo. Sin duda la compañía Niuman me dio más de lo que puedo agradecer. La señora Taylor me recibió aun cuando creí que tardaría más en recibir una oportunidad, pues no tenía experiencia, solo un título que me acreditaba y ella apostó y confió en mí. Caminaba hacia la estación de bus, pero sentía que no podía avanzar, así que me senté en la primera banca de madera que me encontré y descansé mis brazos dejando aquella caja a un lado. —¿Por qué? —solté cerrando mis ojos y cubriendo mi rostro con ambas manos por unos segundos. Me preocupaba ser una desempleada y más en este momento. Mamá se angustiará cuando sepa lo que pasó. ¡Ay, no quisiera decirle! Pero debo hacerlo. Solté un suspiro y volví a tomar mi caja para tomar un bus que me deja a dos calles de mi casa. Llegué a casa y al tener mis manos ocupadas, me costaba un poco buscar mi llave dentro de los bolsillos de mi blazer. —¡Estoy en casa! ¡Abran! —grité desde la puerta—. ¡Mamá! La puerta se abre y veo a Lucca. —¿Qué haces aquí? —Es mi casa, ¿Cómo que qué hago aquí? —Esta no es tu hora de regreso a casa. Él se queda en medio de la puerta obstaculizando mi paso. —¿Puedes quitarte? Lo empujé un poco con la caja, pero él solo repara lo que hay en su interior. —¡Lucca! Él se quita de la puerta dando un paso atrás. —¡Mamá, a Madison la corrieron de su trabajo! —gritó él de la nada. —Cierra la boca, nadie me corrió. Vi a mamá salir de la cocina secando sus manos en un paño. —Cariño, no sabía que volverías temprano. Ella ve mi cara y me conoce mejor que nadie, sabe que algo pasó. —¿Qué sucede? —Ay mamá, que no ha pasado. Dejé la caja sobre una mesa y me lancé sobre el sillón más amplio de la sala. —¿Tuviste un problema con tu jefe? —No, no me corrieron… bueno, no en teoría, pero sí nos cancelaron los contratos a todos. —¡¿Qué?! Mi madre se acerca y se sienta a un lado. —Oh, cariño. ¿Cómo te sientes? —Angustiada —respondí con mi cara pegada al cojín. —¿Qué pasó? ¿por qué los despidieron? —La empresa está en bancarrota, mamá. —¡Oh, Dios mío! Me levanté del sillón y caminé de un lado para otro rascando mi cabeza. —No sé qué hacer. —Tranquila, hija. Algo haremos, no te preocupes. —Si me preocupo porque está llegando el final de mes, tenemos que pagar la hipoteca, la escuela de del adoptado, los servicios, hacer mercado… De solo pensar en todo eso se me venía el mundo encima. —No voy más a la escuela, es un problema menos —responde Lucca. —Nunca dices nada útil. Es tu último año, idiota. —Mamá, me dijo idiota. ¿La escuchaste? —Lucca, ve a tu habitación —le dice mi madre mirándolo de mala manera. Estaba muy angustiada, hace mucho no experimentaba algo así. Que maldito desespero. —Algo podemos hacer, quizás es momento de yo poder volver a trabajar y… —No mamá, yo veré que hago. —Pero Madison, no soy una inútil. Me siento joven, siento que puedo hacer más que cuidar de la casa y preparar la comida. —No mamá. —Llamemos a papá —sugiere Lucca—. Vamos a pedirle dinero solo por este mes, fin del problema. —No —refute de inmediato—. Esa nunca sería una opción para nosotros. Si nunca nos dio nada cuando éramos niños, menos lo hará ahora que ya estamos grandes. Así que no, y no vuelvas a mencionar eso, porque no lo necesitamos. Sí, he sido una mujer orgullosa, pero con justa causa. Mis padres se separaron hace muchos años, mi familia era una familia normal, al menos eso pensaba, pero con el paso del tiempo fui entendiendo que alguien en esa relación de esposos no era feliz. No fue difícil averiguarlo. Mi madre estaba pasando un mal momento por culpa de mi padre, no éramos ricos, pero teníamos una vida tranquila, papá tenía un pequeño almacén y otros negocios pequeños que ayudaban a la economía de nuestra casa. Pero por lo que él le daba a su familia, mi madre debía aguantar humillaciones de todo tipo, incluso, siempre la engañaba con otras mujeres. El día que mi madre decide dar por terminado su matrimonio, mi padre ofendido, toma decisiones egoístas, decisiones que dejaban en riesgo no solo a mi madre, sino que también a una niña y un bebé de solo ocho meses de nacido. Papá nos dejó sin nada, pensó que, con quitarle la casa que le había dado a mi madre, ella volvería, pero no lo hizo. Él nunca nos dio apoyo y ahora, no pienso ir donde él a suplicarle por dinero. Si en todos estos años no lo hemos hecho, menos ahora que ya soy una adulta funcional. Me aferraba a las palabras de la señora Taylor, en que me recomendaría con alguien para poder encontrar un trabajo muy pronto, mientras, yo también buscaba nuevas oportunidades. —Oye, ¿estarás todo el día en casa? ¿no tienes una amiga a la cual visitar? Aprovecha que tienes tiempo. —Lucca, deja a tu hermana en paz. Miré a Lucca con mi ceño fruncido. —Mamá, mira la hora que es y ya tiene esa cara. —Lucca, no empieces. —Mi hermana será una solterona, ¿Quién se quiere casar con una amargada? Estamos destinados a estar con ella para siempre. —¡Ya, basta! Tomé el plumón que tenía en mis manos y se lo tiré. Él se ríe por lograr su objetivo de molestarme. —No le prestes atención —dice mi madre con una tierna sonrisa. Mamá es una mujer fuerte, quisiera algún día ser tan fuerte como ella. Pasaron un par de días y en medio de mi agonía, recibo una llamada que me devuelve la esperanza. —¿Sí? —Hablo con Madison Blake. —Sí, con ella. —Oh, es un gusto, señorita Blake. Llamo de la compañía Ellison, recibimos su currículo hace unos días y nos gustaría agendar una entrevista presencial con usted, tenemos una vacante para su perfil. ¿Está disponible esta semana? —¡Claro que sí! —Bien, ya le envió un mensaje de texto con la fecha, hora y dirección exacta. —Está bien, ¡muchas gracias! La señora Taylor lo había hecho, ella había cumplido. —¡Mamá, tengo una entrevista! —grité emocionada levantándome de donde estaba. —¡¿En serio?! —Sí, mamá. Es de una compañía importante. Estaba emocionada, porque puede que mis angustias ya terminen. La entrevista sería en las oficinas principales, debo presentarme el día miércoles, es decir en dos días. Ya podía sonreír con calma. El día esperado de la entrevista llega y me organizo con uno de mis trajes para dar una buena impresión. La empresa está algo lejos de mi casa, pero no importa, si debo despertarme a las dos de la mañana para llegar puntual, lo haré, pero necesito el trabajo. En mi cabeza tuve la idea de que solo yo haría esa entrevista, pero a medida que me iba acercando a la puerta principal de esta compañía, me encontraba a más mujeres que iban a una entrevista. En ese momento mi temor era que no me escogieran a mí, pero con lo que me encontré fue mucho peor. —Lo sentimos chicas, la entrevista fue cancelada. La señora Ellison falleció ayer en Madrid. No podía ser verdad, no podía ser real y me negaba a aceptar que todo esto me estuviera pasando a mí. Estaba locamente preocupada, sintiendo que empezaba la peor crisis de mi vida, pero no sabía en ese momento, que en menos de lo que esperaba, una llamada lo cambiaría todo, absolutamente todo.
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