Capítulo 4: Necesito una esposa.

1599 Words
Narra Rodrigo No cabe duda del amor de mi madre, pero esto que ha hecho, no sé cómo debería llamarlo. —¿Qué pasa si… si no cumplo con esto? La hoja que sostenía en mi mano temblaba. —Las leyes son claras, Rodrigo. Tu madre fue concisa con lo que ha pedido, esa fue su voluntad y su palabra tiene mucho poder, aunque en este momento ya no esté. Debía tener una esposa para volver a la compañía, para volver a dirigirla como lo hice hace un tiempo, y para colmo de males, esa cláusula venía acompañada de más sorpresas. —Una vez puedas llevar a cabo tu compromiso, debes esperar un mínimo de doce meses para oficializar tu título. —Un año de matrimonio. Suena algo simple, pero estamos hablando de casi cuatrocientos días al lado de una persona para poder… Dios, no puedo con esto. —Es demasiado —pensé en voz alta. —Rodrigo, tu madre fue una mujer astuta. Solo intentaba asegurarse de qué harías las cosas de la manera en que ella lo esperaba. —¿Qué estaba evitando que hiciera exactamente? —No lo sé, quizás evitando que quisieras burlar sus reglas. Bajé mi mirada y leí una vez más el extenso párrafo. —Te ayudaré en el proceso, si tienes alguna inquietud, no dudes en llamarme. Por ahora, tómate el tiempo de entender todo esto que ha pasado. —¿Tiempo? ¿Cuánto tiempo? No puedo estar tranquilo sabiendo que la empresa de mi madre está siendo administrada por terceros. —Si es mucho o poco lo que hay que esperar, depende de ti, Rodrigo —me responde el abogado cerrando su maletín—. Por ahora, puedo decir que Sebastián ha hecho un buen trabajo, él mantendrá este lugar en pie. Así que, calma, has tenido días muy difíciles, vive tu duelo y nos pondremos en contacto más adelante, ¿está bien? El hombre de traje, se levanta con su maletín en mano y se despide. Toqué mi pecho sintiendo un vacío extraño, era como un golpe de realidad que de verdad no me esperaba. Esto no debía suceder, en mis planes, en mi mente, las cosas se darían de una manera diferente, pero ahora… ahora me han colocado un enorme muro en mitad del camino. No era un misterio que mi afán de volver a la empresa y de ahora sí hacerlo bien, es debido al maldito peso de mi conciencia, pero esto, hace dude de mí. ¿Por qué ella hizo esto? Un compromiso no arregla nada, no mejora nada en mi vida profesional. ¿De verdad espera que me siente con los brazos cruzados y espere? Negué con mi cabeza y me puse de pie. —Rodrigo, sigues aquí. Sebastián ingresa con un par de carpetas en sus manos. No le respondí, solo lo vi rodear el escritorio que era de mi madre y sentarse en la silla que era de mi madre. —¿Cómo te fue con el abogado? Parecía bastante urgido por hablar contigo. —¿Qué te dijo mi madre el día que te pidió volver? Lo miraba con mi mentón levantado, con poca gracia. No puedo disimular, él no es de mi agrado. —Bueno, solo me pidió venir. Dijo que necesitaba apoyo. Tomé un vuelo al día siguiente y… —No, antes de ella morir, ¿Qué dijo? —¿Sobre qué? —Sobre tu trabajo en la empresa. —Oh, bueno, en realidad no mucho. En la última junta que hicieron ella manifestó a todos los presentes en la reunión, que su abogado llevaría el proceso de tu nombramiento, que debíamos esperar cuando el abogado empezara el trámite, pero… supongo que a eso ha venido el abogado de mi tía Victoria, ¿verdad? Entonces nadie más lo sabe. —Sí —respondí—. Justo a eso ha venido. Así que, pronto estaré en el lugar que debo estar. —¡Excelente! Cuando quieras iniciamos el empalme, así estarás al día con todo cuando regreses a la compañía. Asentí y lo miré sin gestos emotivos. No necesito un estúpido empalme, sé perfectamente como revisar todo. Sebastián estará dichoso sintiéndose el dueño de la compañía, muy cómoda la silla de mi madre. Pero esa comodidad no le demorará mucho, de eso estaba seguro. Mis manos estaban temblosas, algo estaba pasando por mi cuerpo que sentía la necesidad de explotar. —Señor Villarreal, cuanto tiempo ha pasado. La secretaria de mi madre se aparece de la nada. —Olga… —Que gusto verlo, señor. ¿Dónde estaba? Hace mucho no se le veía por aquí. Apartaba mis ojos con vergüenza de responder. —Oh, lamento mucho lo de la señora Ellison. Todos hemos lamentado mucho su muerte. La última vez que vino estaba tan feliz, quien diría que partiría de este mundo de una manera tan repentina. —Sí, es lamentable. —¿Ya volverá a la empresa? —Sí, en eso estoy. Ella mira su escritorio y dice: —Entonces no debería deshacerme de esto ¿verdad? Usted necesitará una asistente. —¿Qué cosa? La mujer camina hacia su lugar de trabajo y toma de la barra una pila de papeles y carpetas blancas. —La señora Ellison contrataría una nueva asistente personal para ella. La chica con la que trabajaba tuvo que irse de la ciudad por situaciones familiares. —¿Una asistente? ¿para qué? Ya ella no estaba en la empresa. —Ya sabe que a su madre le era de mucha ayuda alguien que le organizara sus días, su tiempo, sus actividades… Tal vez usted sea quien necesite una ahora. Las entrevistas serían ayer, pero las cancelé. Iba a tirar esto, son los currículos de las chicas que me había pedido citar, pero ahora que lo pienso, si usted vuelve, necesitará ese apoyo. Iba a rechazar lo que me entregaba, pero al final solo los tomé. —Les daré un vistazo, Olga. Muchas gracias. —De nada, señor. Miré la oficina que estaba al costado y recordé que era la oficina de la antigua asistente de mi madre. La oficina estaba vacía, así que entré y cerré la puerta con seguro, necesitaba un momento a solas. Dejé las carpetas en el escritorio, tomé una bocanada de aire y lo fui soltando lentamente. Me senté en la silla vacía, recosté mi espalda completamente y recliné un poco el asiento. —¿Qué se supone que haga? Deslicé mis manos por mi rostro y al abrir los ojos, vi algunas notas pegadas a los lados de la pantalla del ordenador de la antigua asistente. Me acomodé y tomé una de esas notas que decía “Regalo para Aitana” Quizás la antigua asistente tenía hija llamada así. Otra nota decía “Confirmar reunión con el abogado” pequeñas notas como recordatorios. Solo por no sé, quizás curiosidad o tener algo en que distraer mi mente aturdida, encendí aquel ordenador y lo primero que vi, eran múltiples notificaciones de correos electrónicos. Abrí un par de ellos, todo lo que veía era de trabajo, asuntos laborales de mi madre. Entre esos correos había uno de una mujer que, si mal no recuerdo, era una vieja amiga de mi madre. La mujer, de apellido Phillips, enviaba el currículo de otra persona. A eso, le agregaba una nota: —Ella será de mucha ayuda, es una joven brillante y responsable. Necesita el trabajo y de verdad, no tenemos como remunerarla. Por favor, dale un lugar en tu empresa, ella realmente necesita el dinero. Una vez más, gracias, Victoria. Abrí aquel documento y solo leí el nombre de la chica a quien recomendaban. —Madison Blake… Cerré las ventanas abiertas y volví a apagar el ordenador, mi mente estaba como bloqueada, estaba a punto de gritar, quería golpear algo o quizás correr hasta que mis piernas ya no respondieran más. —¿Qué hago? —susurré para mí. Tenía que regresar a la empresa, pero ahora… esa cláusula lo hace difícil. ¿Qué sentido tiene? Quisiera entender el sentido que mi madre le ha dado a todo esto, pero claramente no puedo hacerlo. ¿Cómo puedo cumplir a sus peticiones? Yo no quiero un compromiso, no tengo una pareja y tampoco quiero sentirme en esa obligación. ¿Por qué ella…? Froté mis ojos con fuerza y volví a tirarme en el asiento, me frustro aún más cuando sé que de nada sirve quejarme o cuestionar su petición, si con eso no cambia nada. Peor aún, oficializar el título de CEO luego de cumplir un mínimo de doce meses casado, me hace ver que ella no confía en mí, quizás pensó que yo podía burlar su cláusula y fingir un compromiso para entrar a la compa… Mi mente se quedó en pausa y me levanté de la silla. —¿Fingir un compromiso? Mordí mi labio inferior y repetí eso en mi cabeza, visualicé un panorama de lo que podía suceder y la verdad, no se veía tan nublado para mí. Puedo cumplir su petición, puedo volver a la compañía y puedo cumplir con el plazo que ella ha estipulado… ¡Claro eso era! es lo que debo hacer si no quiero perder más tiempo. —Fingiré el compromiso —me respondí a mí mismo. La idea parecía buena, contratar a una mujer para que sea mi esposa…pero ¿de dónde la sacaría? Suspiré pensando que sería imposible, pero cuando mis ojos caen en el escritorio, vi la pila de currículos y la bombilla se vuelve a encender. Creo que ya sé de dónde.
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