6. La boda teñida de muerte.
Luna.
Un par de meses después...
En la boda de mi papá...
Marc y yo nos comemos la boca mientras los recién casados, osea, mi papá contento y la alegre Anto, bailan sin parar, a mis tíos Max y Raquel les hacen una sana competencia.
—Oye Marc, amoooor, tengo hambre... —le digo al oído— ¿Me acompañas a buscar un bocadillo? —le digo haciendo un puchero.
—¿Así que dices que mis ardientes besos despertaran tu apetito? —me dice con sus ojos celestes brillosos, llenos de amor por mí.
—Mmmm, sí, es lo que parece —respondo mientras le llevo de la mano hacia las mesadas.
Mi tío Max sirve coctel para dos, mientras Raquel habla con una mujer que no creo conocer. Al frente de ellos, cada uno tomamos platillos y nos servimos el que nos apetezca.
Pruebo de varios gustos.
—¡Los bocadillos están de diez! —me chupo los dedos. Marc aún sigue con el primero que se sirvió.
—En definitiva, los de calamar son los mejores.
—¡Para nada! —le refuto—. Sabes mal.
—¿Yo?
—Noooo, quise decir que sabe mal el de calamar... No, tú, amor... tú eres mi bocadillo favorito...
—¿Ah, sí?
—Sí.
—¿Y si vamos arriba y me lo demuestras? —murmura, seductor, en uno de mis oídos.
—Uhmmm suena bien...
Dejamos nuestros platillos sobre la mesada con toda la intención de subir a nuestra recámara para amarnos.
Unos murmullos y llanto, que parecen venir de la cocina me llaman la atención. Si no me equivoco, suena igual que la chica de antes, la que dijo estar embarazada de papá. Carajo, ni siquiera sé su nombre.
—¿Qué ves amor?
Marc ve que algo me distrae.
—Nada, solo espérame. ¿Sí?
Me dirijo hacia la cocina, pero la chica ya no está. Algo huele mal y no precisamente a bocadillos de calamar.
Tal vez me lo he imaginado todo.
Regreso con Marc que está reunido con los recién casados.
—Aquí estás mi pequeña Lu —me dice papá. Al fin se dan un descanso de tanto baile. Anto bebe una copa de coctel, de la mano de mi papá, su esposo.
—Papá, felicidades, que seas tan, pero tan feliz como te lo mereces —lo abrazo con alegría, y emocionada por verlo al fin feliz.
En ese momento, de algún lado se escuchan ruidos fuertes.
—¿Qué fue eso? —papá pregunta.
Marc afina su oído.
—Parecen... disparos —musita , buscando la procedencia. Esos ruidos acaparan la atención de todos los invitados, y en menos de un minutos nos vemos rodeados por hombres encapuchados, y armados. Me quedo paralizada.
Al ver el alboroto que causan entre todos, mi tío Max sale al frente.
—¿Qué quieren? ¿Dinero? —les pregunta en un intento por negociar con ellos.
—¿Dinero? —repite uno de ellos, el que parece ser el líder.
—Esta una fiesta familiar, aquí no hay dinero —les dice mi papá.
El que parece ser el líder se le queda viendo.
—Usted —el tipo ahora mira a Anto, quien se ha quedado atrás, junto a Raquel, y levanta su escopeta y le dispara a la cabeza delante de todos. Mierda, no.. la ha matado... la ha matado...
Mi papá en estado de shock trata de revivirla, pero es inútil. Los encapuchados disparan hacia todos lados. Balas y gritos de terror borran las risas y la alegría.
Esto es una matanza.
Mi papá se ha quedado en medio de la balacera. No, no puede ser, esto es una maldita pesadilla.
Mi papá saca su celular, intenta llamar a alguien, seguramente a la policía..., sus ojos se encuentran con los míos, hay mucho pesar y dolor en ellos.
—Papá...
Mi papá mira a Marc que está conmigo.
—Marc, llévala, sácala de aquí —le implora, con la poca razón que le queda. Marc me toma de la mano e intenta llevarme hacia la casa, pero no quiero, no quiero dejar a mi papá solo. Una de las balas le hieren en el brazo.
—¡Papáaaaaaa! —quiero ir con él, no puedo dejarlo solo.
—No amor, no mires hacia atrás... —murmura, buscando una manera de salir de la balacera.
Uno de los encapuchados apunta a la cabeza de papá. Lo encañona. Le dice algo que no llego a entender. y luego le dispara.
No, no, no...
Esto no está pasando...
—Papá, papáaaaaa. ¡PAPÁAAAA!
Marc me cubre con sus brazos e intenta que mire hacia otro lado, trata de llevarme hacia la cocina, pero no quiero...
Hago que me suelte y corro hacia mi papá. Miro a mi alrededor. Esto es el infierno. Mis tíos, los invitados, y todo el personal del servicio están muertos. Muertos, y bañados en sangre.
Mi papá no tiene pulso.
¡Lo han matado!
Me arrodillo y abrazo su cuerpo.
¿Qué mierda está pasando aquí?
Mi mente está nublada. Todo se ve como una pesadilla.
Marc está conmigo.
—Amor... estamos en pelig... —una bala en el vientre hace que deje de hablar. Entonces me doy cuenta de lo que ha ocurrido.
Ay no, ay, no... No Marc... No él.
Sus ojos enrojecidos me miran y luego bajan hasta ver el orificio que mancha su camisa perfectamente blanca de rojo.
—Lunaaaa... —balbucea, y una segunda bala lo tumba al suelo.
—¡Nooooooo!
Esto es una pesadilla, de seguro que sí, nada de esto es verdad. Nada. NADA. NADA.
—Aquí estás... —me dice al verme arrodillada y en un estado de shock.
El hombre que le ha disparado se saca la capucha.
—Sorpresa, sorpresa —me dice.
Alzo los ojos y lo veo.
—No, no puede ser... —balbuceo.
Pelo oscuro, piel morena, mirada asesina...
Es Cordero.
Me incorporo.
No sé como lo hago; ya que tengo el cuerpo adormecido, y mi mente nublada. Solo sé que tengo que huir de él.
Retrocedo unos pasos, tan lentamente que pienso que puedo huir.
—¿Qué haces aquí? Deberías estar pudriéndote en una cárcel —escupo con el veneno que tengo para él.
—¿Eso es lo primero que tienes que decirme? Que ¿qué hago aquí? Yo esperaba un recibimiento un poco más cálido... en especial viniendo de mi zorra...
—¿No era más sencillo entrar por la puerta sin matar a nadie?
—De poder, claro que podía, incluso me lo pensé. Pero... ¿ya viste toda esa seguridad que tiene, perdón, que tenía tu papito...? No es difícil pensar que tenía muchos enemigos que lo querían ver muerto, ¿no es así?
Cordero es de lo peor.
—No, no los tenía... —le digo—. Solo trataba de protegerme a mí... de gente como tú.
Cordero me sonríe con tanta malicia que hace que me falte el aire, sigo retrocediendo hasta ganar impulso y correr.
—Lástima que no le haya servido de nada... —sonríe mientras me observa con detenimiento—. Uno de tus amigos me abrió la puerta, y aquí estoy... —viene lentamente hacia mí, y sé que tengo que moverme y huir de él— ¿Este de aquí era tu novio? —me pregunta y se queda al pie del cuerpo de Marc.
—¿Y a tí qué mierda te importa?
—Eres una descarada... —diciendo eso, le propina a Marc una fuerte patada en la cabeza—. Los vi bien juntitos, hasta parecían que eran los recién casados...
Tengo que alejarme.
Retrocedo lentamente, poco a poco...
Pero Cordero sabe lo que pretendo hacer.
—¿Ahora dime, a dónde mierda piensas que vas? No tienes escapatoria. De mi no.