Daniel Mackenzie
Estas semanas han sido, sin duda, las más enriquecedoras de mi vida.Alquilé un departamento para que James se sienta cómodo viviendo conmigo mientras se resuelven los trámites legales del cambio de apellido y los permisos adecuados para llevarlo conmigo a Texas. No quería que mi hijo sintiera el estrés de un hotel o de un espacio impersonal, así que hice todo lo posible para que este lugar fuera lo más acogedor posible.
Debo confesar que no existió palabra más hermosa cuando escuché de los labios de James llamarme “Papá”, ese día no pude evitar derramar lágrimas de felicidad, mi corazón vibró al saber que ese pequeño niño me aceptaba ya como su verdadero padre. Se que este proceso no ha sido fácil para él ni para ninguno de nosotros pero debo admitir que lo estamos logrando.
Valeria, además de ser la abogada excepcional que ha manejado todo este proceso con mucho profesionalismo, se ha convertido en un pilar esencial en esta nueva etapa de mi vida. No solo es mi apoyo legal, sino que, con su presencia, transforma cualquier día común en algo extraordinario. Para apoyarme ella también se quedó en el departamento mientras estamos en Canadá. Es inevitable admirarla mientras se mueve por la cocina preparando el desayuno, logrando que James,sienta un amor maternal que nunca antes experimentó, eso me lo confirma cada vez que veo como su risa infantil se presenta más seguido y con espontaneidad.
Una mañana en particular, mientras James devoraba los waffles que Valeria había preparado, me quedé observándola. Su cabello estaba recogido en un moño descuidado, llevaba un delantal que, aunque no combinaba con su elegancia innata, la hacía ver completamente adorable.
—Papá, ¿vas a quedarte mirando o vas a comer? —dijo James, riendo.
—¿Qué pasa, señor Mackenzie? —añadió Valeria con su tono irónico habitual. — ¿Necesita un café para procesar sus pensamientos?
Sonreí y fingí retomar la compostura. —Disculpen, estaba pensando en algunos asuntos importantes de la vida… Como estos waffles. ¿Qué les pusiste, Valeria? ¿Magia?
Ella levantó una ceja, burlándose. —Si fuera magia, no necesitarías mantequilla extra, Daniel.
James soltó una carcajada, en ese momento entendí lo fácil que era enamorarme más de ella con cada pequeño gesto.
Esa misma tarde, mientras James hacía la tarea, recibí una videollamada de Gustave. Su curiosidad por conocer a mi hijo ya era incontrolable, así que no dudé en aceptar. Cuando James se unió a la llamada, Gustave quedó impactado.
—¡Por todos los cielos, Daniel! ¿Me estabas escondiendo a este joven galán? —exclamó Gustave con teatralidad. — James, ¿sabes que eres el heredero de la elegancia Mackenzie?
James, con su sonrisa encantadora, respondió: —No sé qué significa eso, pero suena genial.
—Significa —interrumpí, divertido.—que mi viejo amigo Gustave es un exagerado.
Gustave no dejó de halagar a James durante toda la llamada. Sin embargo, el momento más impactante llegó cuando Valeria, su hija, llegó del juzgado y se unió a la llamada.
—¡Ah, por fin mi hija ingrata apareció! —dijo Gustave, dirigiéndose a ella. —Valeria, cariño vez lo adorable que es el hijo de Daniel… ¿podrías darle unos nietos a este viejo solitario?, ese puede ser mi último deseo hijita. — le dijo con dramatismo que solía caracterizar a mi amigo.
Valeria se quedó paralizada por un instante, luego sonrió de forma diplomática. —Hola papá, que buen un sentido del humor tienes.
—No es humor, querida —insistió él. —¡Mira cómo James me alegra, se ve tan bien portado, además ya estoy viejo mi amor, pronto me jubilaré y podría ayudarte a cuidarlos.— le dijo con una cara de cachorro.
Mis nervios se dispararon al escuchar esas palabras. Aunque Gustave hablaba en broma, algo dentro de mí tembló. La idea de que Valeria formara una vida lejos de mí era insoportable. Pero, ¿sería yo lo suficientemente bueno para ella? ¿Podría ofrecerle el amor y la estabilidad que merece? ¿Podría enfrentar a mi amigo y decirle que me enamoré de su hija?
Esa noche, mientras arropaba a James, él me lanzó una bomba emocional que no vi venir.
—Papá, ¿crees que Valeria podría ser mi mamá?
Su pregunta me dejó sin palabras. Me quedé mirándolo, intentando procesar.
—Bueno, hijo, eso es algo… complicado —respondí, tratando de sonar calmado
—¿Por qué complicado? —insistió con esa curiosidad infantil tan directa. —A ti te gusta, ¿verdad? Siempre la miras como cuando yo miro mis juguetes favoritos en la tienda o como cuando voy a escoger un sabor de helado.
No pude evitar reírme. —Es un poco diferente, James. Pero sí, ella es… especial.
—Entonces dile que sea mi mamá. Ella hace los mejores waffles, además tú pareces feliz cuando está cerca.
Le di un beso en la frente y apagué la luz. —Buenas noches, campeón.
—Buenas noches, papá. Pero piensa en lo que dije.
Me quedé sentado en la sala, pensando en las palabras de James. ¿Era tan simple como él lo planteaba? Para él, Valeria ya encajaba en nuestras vidas. Pero para mí, el miedo de perderla si daba un paso en falso era paralizante, la amistad que tenía con su padre, la diferencia de edad todo eso me detenía.
A los pocos minutos, Valeria salió de la cocina con una taza de té.
—¿Qué te pasa? Pareces más pensativo de lo normal —comentó, sentándose frente a mí.
—James cree que deberías ser su mamá —solté de golpe, más para ver su reacción que para obtener una respuesta.
Ella arqueó una ceja, sorprendida. —¿Eso dijo?
—Sí. Dice que haces los mejores waffles y que yo parezco feliz contigo.
Valeria soltó una risa ligera, algo que no hacía con frecuencia. —Bueno, James es muy persuasivo. Incluso me atrevería a decir que es más inteligente que su padre — dijo riéndose.
—Podría ser una buena idea, ¿no crees ? —pregunté, inclinándome hacia ella.
Valeria me miró con seriedad, pero había un brillo en sus ojos que no podía ignorar. —Eres un hombre complicado, Daniel. Y yo… yo no estoy acostumbrada a dejar que alguien más me complemente, menos un hombre que me llamó “un error” lo entiendes verdad
—sé que hice mal, pero en verdad que me preocupa lastimar a tu padre defraudando su confianza.
— Ese es el problema que piensas en otros y no en mi, eso es lo que me alejara de ti siempre— me respondió con enojo.
Quiza y sí, ese era mi más grande error.
Me acerqué un poco más, dejando que mi voz se suavizara. —Tal vez sea hora de intentarlo, de aprender a ser más valiente, Valeria.
Ella no respondió, pero tampoco se apartó cuando tomé su mano. Fue un pequeño gesto, pero para mí, significaba todo. Sabía que el camino hacia su corazón sería largo y lleno de obstáculos, pero estaba dispuesto a recorrerlo.
Las siguientes días en el departamento fueron un baile de emociones. James continuaba reforzando su conexión con Valeria, yo, por mi parte, aprovechaba cada momento para demostrarle que estaba listo para ser más que un cliente o un amigo.
El tiempo nos diría si nuestra historia estaba destinada a ser escrita, pero una cosa era segura: no iba a rendirme. Al menos no hasta saber que lo había intentado todo, no hasta que ella perdone mis errores y la haga sentir importante, pues en realidad si lo es. Me reprocho cada noche la actitud que tome con ella después de hacerla mía, fui un estúpido quizá deba tener la valentía necesaria para que Gustave me acepte como su yerno y no solo como su amigo.
Hoy me preparé con cuidado para el almuerzo en la casa de Bruce. Desde que me extendió la invitación, sabía que sería una ocasión especial. No solo por la importancia de nuestra nueva amistad, sino también porque James tendría la oportunidad de ver a alguien que había jugado un papel crucial en su vida. Además, había invitado a Valeria y para mi satisfacción, aceptó.
Mientras nos alistábamos, Valeria me sorprendió nuevamente. Preparó un flan, asegurando que era su especialidad. Verla en la cocina, con movimientos precisos y una naturalidad que contrastaba con su apariencia siempre impecable, era fascinante.
—¿Cómo es que sabes cocinar tan bien? —pregunté mientras me apoyaba en el marco de la puerta de la cocina, observándola.
—No es tan complicado, Daniel —respondió sin mirarme, enfocada en terminar el postre.—Mi madre me enseñó.— exclamó con tono de nostalgia.
Recordé entonces lo que sabía sobre Evelyn, su madre, quien falleció hace 15 años. Aunque era un tema delicado, no pude evitar sentir curiosidad.
—Debe haber sido una mujer extraordinaria.
Valeria levantó la vista un momento y sonrió con nostalgia. —Lo era. De ella aprendí mucho.
Quise decir algo más, al recordar todo lo bueno que Gustave me habló de ella; pero no quise invadir su espacio emocional. Dejé que la conversación muriera mientras ella terminaba su obra maestra,
Cuando estuvimos listos para salir, Valeria apareció con un atuendo que literalmente me dejó sin palabras. Llevaba un pantalón blanco ajustado que acentuaba sus largas piernas y un suéter ligero que dejaba descubierto uno de sus hombros. Su cabello recogido en una coleta alta dejaba su cuello perfectamente expuesto, por un momento, sentí que el aire me faltaba.
—¿Papá, nos vamos? —preguntó James, mirándome con una risita mientras yo intentaba no quedarme embobado.
—Sí, claro. Vamos.
Valeria me lanzó una mirada cómplice, probablemente consciente del efecto que causaba en mí.
Al llegar a la dirección que Bruce me dio, un hermoso edificio en donde se encontraba el departamento de Bruce. Bruce nos abrió la puerta, por dentro tan impecable, al verlo James no pudo contener su emoción y corrió hacia él.
—¡Papá! —gritó, lanzándose a sus brazos.
Bruce lo levantó con facilidad, riendo con calidez y amor hacia mi hijo.
—¡Aquí está mi pequeño campeón ! —exclamó antes de posarlo nuevamente en el suelo.
—Papá Bruce gracias por invitarnos te extrañé, mira ahora tengo otro papá explico tan fácil él—me acerqué para estrechar su mano firmemente.
— Hola Bruce gracias por invitarnos— le dije.
—Siempre es un placer, Daniel, Sean Bienvenidos —respondió antes de girarse hacia Valeri.— Valeria, es un gusto volver a verla.— la saludo educadamente.
—Gracias, Bruce —respondió ella con una sonrisa, entregándole el flan que había preparado . —Espero que les guste este sencillo postre que les preparé.
—Si lo preparaste tú, estoy seguro de que será magnífico, además a Alina le encantará.
Fue entonces cuando Bruce, con una amplia sonrisa, extendió su brazo hacia una mujer que se encontraba a su lado, observándonos con serenidad.
—Déjenme presentarles a Alina, mi futura esposa.
La sorpresa en mi rostro fue evidente, pero me recuperé rápidamente.
—Bruce, no sabía que estabas comprometido. Felicidades.
—Gracias, Daniel. Alina, ellos son Daniel y Valeria y el pequeño es James mi hijo de corazón— expresó mirándolo con amor.
Alina era una mujer hermosa, con una calidez en sus ojos que hacía juego con la de Bruce. Se notaba que estaban profundamente enamorados. Me alegré tanto al verlos juntos y felices y que Olivia no lograra separarlos.
—Es un placer conocerlos —dijo ella, estrechándonos la mano.— dirigiéndose ahora a James dijo:—es un gusto volver a verte James.
— ¡Doctora! La abrazo con emoción. Gracias por hacer feliz a mi papá Bruce, ese día que la conocí dije cosas que mamá me obligó a que las diga para que no me castigue, discúlpeme. — dijo un Jamnes muy formal, sin duda todos nos sorprendimos por la formalidad y el dolor con el que mencionó lo de su madre.
Alina solo abrazo a James y nos invitó a pasar.
Una vez dentro, la atmósfera se volvió aún más acogedora.
Nos sentamos en la terraza, donde Bruce había preparado una parrillada. James, emocionado, hablaba de su escuela y que pronto viajaría a Estados Unidos a una nueva vida. Bruce y Alina lo escuchaban con atención, haciéndolo sentir valorado.
—¿Y qué opinas de todo el cambio, James? —preguntó Bruce mientras le servía un trozo de carne.
—¡Me gusta mucho!. Mi papá Daniel dijo que ahora tendría dos papás eso me hace sentir genial. Pero pronto nos iremos a Texas y quizá ya no te vea— dijo con voz triste.
— Tranquilo campeón, nosotros podremos ir a visitarte o en vacaciones podrían venir ustedes— dijo Bruce alegrando a James.
La conversación fluyó de manera natural, antes de darnos cuenta, el día había avanzado considerablemente.