Capítulo 5

1837 Words
Estaba por llegar a mí ofician en el tercer piso, cuando me topé con la arpía de Janeth. —Uy lo siento, no tenía idea de que fuese tu cumpleaños. En realidad si — sonríe —. No creí que seguirías mis órdenes y dejarías los preparativos a la mitad. Aunque no estando Gonzalo, no tienes nada que hacer. —Sí, una lástima, es que mi esposo querido tiene mucho trabajo —responde con sarcasmo. —Claro, tiene que trabajar para mantenerte —Ataca Janeth. —No me mantiene, también trabajo por si no lo has notado. — Tu trabajo es el más simple de todos, no tienes la mínima idea de lo que haces aquí, querida, solo firmas papeles sin importancia—Me mira con desprecio— Como la compra de bolsas de basura, tú eres solo eres la esposa inútil del dueño de la compañía con sueldo de gerente general. — Puesto que estoy segura de que deseas más que nada en el mundo —la miro furiosa —Si no fueras la esposa de Gonzalo, solo serías la chica de limpieza —sonríe mientras me mira de arriba abajo; odio que haga eso. Estoy cansada de seguir soportando sus insultos y ataques, la esposa dulce esta vez no ha llegado a la oficina. Respiro y sin pensarlo dos veces más le marco la mejilla con una violenta bofetada. —Si no fueras la esposa del primo de Gonzalo, solo serías la viuda  roba cunas de la compañía. —Maldita gata —dice sobándose la mejilla. —Te sientes superior por un maldito cargo o por tener el apoyo de la gran Consuelo Landoño ¡Ya estoy cansada de tu actitud! — expreso desafiante —La próxima vez que expulses una palabra de tu boca piénsalo dos veces, porque esta bofetada, es solo una minúscula muestra de lo que puedo llegar a hacerte. — No eres más que una gata corriente— Expresa arrinconándose a la pared, se ve asustada. — ¿Y tú te crees más por ser una señora de sociedad? Hasta el personal de limpieza tiene mejor vocabulario, que ustedes, señora. Me mira aterrada, estoy por decirle algo más, cuando Frank se acerca casi corriendo. — ¿Qué está ocurriendo aquí? — interponiéndose entre las dos— Quieren dejar de hacer escándalos en la empresa. — No hacíamos escándalo Frank — dije tranquilamente mirándolo— solo le recordaba a tu esposa, que no soy lo que ella cree—. Vuelvo a posar la mirada sobre ella, mientras me retiraba. Sin duda no se esperaba esa reacción, la oí llorar como magdalena cuando ingresaba a mi oficina. Respire hondo cerrando la puerta, ese gran alivio que siento no se compara con nada. Sonrío y no puedo evitar dejar una pequeña carcajada, mientras camino a mi escritorio. Me pongo cómoda y tras ordenar los documentos pendientes, llamo a Gonzalo para contarle lo ocurrido, no quiero que la señora exagere lo sucedido y me acorrale. — ¿Qué hiciste que?— se escucha la risa de Gonzalo—. No quiero imaginarme la cara de esa bruja. Ay amor, no te preocupes, ¿Te digo algo? Me alegra que al fin hagas valer tu lugar. Estoy orgulloso de ti — ¿En serio? No estás enojado. — No, mi vida— sigue riendo— te amo. Después de ese anecdótico momento, esperé con ansias que llegue el momento de la junta para regresar a casa. Unos minutos después la chica que lleva los almuerzos llega a mi puerta. — Buenos tardes, señora Manuela. Esta vez le traigo la especialidad de la casa, por ser su día— sonríe. — ¿Lo recordaste? — El señor Frank me informó temprano cuando pasé por la cafetería y como es usted tan buena con nosotros le traigo estas delicias de almuerzo, disfrútelo, que la casa invita. — Que amable Miranda, por favor dale las gracias a tus padres, saliendo voy por la cafetería para agradecerles personalmente. Miranda se retiró sonriendo, dejando dos bandejas con el almuerzo y un taper pequeño con el postre. Abrí la primera bandeja y ¡Dios!... el riquísimo “Mondonguito italiano”, ¡Uhm! Que rico, con su cremita de rocoto y su chicha morada. Y de entrada “Papa a la huancaína”, con ese sabor único de casa, que rara vez encuentro en Lima y no podía faltar el postre “Arroz con leche” Disfrutaba de mi riquísimo banquete cuando Frank entró a mi oficina. — Buenas tardes, Manuela, disculpa que te interrumpa, es que es urgente que firmes estos documentos. — ¿Son órdenes para compras de útiles de limpieza?— Le interrogo. El hombre abre los ojos y deja ese gesto de extrañeza, entonces sonrío y los recibo — ¿Cómo sigue tu esposa? — Respecto a eso quería pedirte disculpas, Janeth es un tanto impulsiva, celosa y… bueno, creo que no debería estar diciéndote esto. — Ya me había aguantado muchos años sus desplantes y su manera cruel de tratarme — hice a un lado mis bandejas y me dispuse a firmar los documentos—. No voy a soportarlos más, adviértele que a la próxima le irá peor. — Perdónala, es que es muy... como decirlo... — No disfraces sus malos tratos — Firmando los papeles— No entiendo cómo es que la soportas, disculpa que te lo diga, pero una mujer así solo encaja perfectamente en el perfil de un hombre cruel y desalmado— levanto la mirada y puedo ver en sus ojos, mucha tristeza, supongo que me había excedido en los comentarios o había tocado un tema sensible— ¿En serio la amas? Me miro pensativo un instante, tomó los documentos y se sentó frente a mí. — Puedo hacerte una pregunta sin que te enojes. — Por supuesto— dije mientras volviendo a poner frente a mí el almuerzo. — ¿Amas a Gonzalo? — Sigo casada con él—respondo rápido sin saber por qué lo dije, estoy seguro de que él esperaba que dijera lo contrario. —Mi primo es un hombre complicado, casi como Janeth, el que digas que lo amas no me sorprende, se ven tan unidos y… — ¿Amas a Janeth? —Mi vida es complicada Manuela, la familia es primero y estar con ella... bueno... — Lo dices como si fuera una responsabilidad permanecer a su lado. — ¿Tú no la tienes con Gonzalo? Era la primera vez que hablábamos este tema abiertamente, Frank no era mala persona, la bruja era ella, Janeth Lozano Pereira, una anciana con aires de chibola. Una viuda amargada que me detesta desde que Gonzalo me pidió matrimonio. El que digan que ella quería ser la señora de Rivera no me suena descabellado. Sé la pega de moralista y me critica de todo, como nació en cuna de oro cree que puede pisotear a los pobres y encima cree que nadie sabe qué está obligando al pobre de Frank a estar con ella por la empresa. Frank tiene veintitrés y ella cincuenta. Odio lo que más detesto de ella es el que se vista y se comporte como una quinceañera. —Bueno, quizás pienses que por casarme con Gonzalo tan joven lo nuestro no funcione —. Le miento, pues no sé si pueda confiar mi verdad a un m*****o de familia Rivera, quizás solo aparente ser un ser sufrido para tener ese acercamiento y encontrar mi debilidad —. A diferencia de Janeth, Gonzalo es… diferente, de alguna manera se ha ganado, mi cariño. ¡Ay! No sé cómo pude expulsar eso. —Aunque olvide tus cumpleaños y te obligue a convivir con esta horrible familia, tan mediocre y llena de complejos sociales — expresa Frank con cierta molestia. Lo miro pensativa,  él no parece ser como todos, parece que compartimos el mismo odio por los Rivera. Su vida se consuma con una anciana celosa y quizás por eso, siente empatía por mí. — ¿Por qué sigues con ella si no la amas? —lo interrogo. —No es tiempo de hablar de mí, por el momento— se pone de pie — Gracias por las firmas. —Disculpa, ¿y la reunión programada, en donde será? —Fue una broma de Janeth, venía a decirte eso y se me paso con esto de… puedes irte a casa, yo me encargo de lo que se requiera. —Descuida, después de todo no tengo planes hasta la noche. Frank deja un respiro y se retira de mi oficina con una tristeza inmensa en su mirada. Compadezco a ese hombre, la bruja malévola tiene un hijo mayor, que es más un vividor y derrochador de dinero, jamás ha terminado una carrera universitaria, empieza una nueva cada tres o cuatro meses, se la pasa viajando por el mundo y consumiendo drogas y alcohol. Y ese tormento apenas ha empezado para él, con tres años de matrisuicidio con esa vieja demente. Después de terminar mi almuerzo reflexionando sobre temas como el matrimonio de Frank y el mío, ordeno algunas carpetas y sin pensarlo, son las cinco. Dejo la oficina para ir directo al local de mi amigo Fermín Cafetería & Restaurante Miranda, a dos cuadras de la empresa. Entro como de costumbre, pero el lugar estaba vacío y sospechosamente muy silencioso a esta hora del día. Me acerco hasta el mostrador llamo y nada aparece. Me doy la vuelta para retirarme, cuando una explosión de confeti detiene mi corazón. “Feliz cumpleaños, Manuela” se escucha. Al dar la vuelta, no puedo creerlo, mis amigas, junto a la familia de Miranda y algunos trabajadores de la empresa se habían reunido para sorprenderme. Happy Birthday to You Happy Birthday to You Happy Birthday Dear (name) Happy Birthday to You. From good friends and true, From old friends and new, May good luck go with you, And happiness too. Me rodearon y hasta me pusieron un gorrito de cumpleaños, con bombardas en mano, cornetas y maracas, me sentí en una de esas celebraciones que tuve cuando era niña. —Felicidades, señora Manuela— aparece Fermín con un hermoso pastel — pida sus tres deseos. Ankly encendió las velas y mi mente se quedó en blanco, solo sentía miedo, rabia, angustia, tantas cosas que solo deje un pequeño respiro y apago las velas. Luego hicimos un brindis y todos disfrutamos del exquisito pastel, hecho por Cecilia, madre de miranda. Mientras disfrutábamos del pastel, les cuento a mis amigas lo que pasó con Janeth. Desde sus mensajes acosadores, la maldita broma para estropear mi día, hasta esa rica bofetada que le marco el rostro. —Cuéntame otra vez lo que hiciste—dice Ankly riendo a más no poder— De solo imaginarme la cara de esa vieja, me gana el ataque de risa. —Bueno ya se lo tenía merecido—habla catalina. —Era hora de que la pongas en su lugar, no puede andar por la vida tirándote barro.
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