Capítulo 4

1848 Words
Días después Los días han pasado rápido y con muchísimo trabajo, pero al fin, después de treinta y seis horas de jornada laboral, volveré a casa para dormir y regalarme unos fechas libres. Estaba cerrando mi oficina, faltaba poco para la media noche, cuando una llamada me hizo tirar las llaves al piso. “¡Carajo!” dije apresurándome a contestar sin saber quién era. — Happy Birthday best Friend— se dejó oír muy risueña Ankly — ¿Te asusté? —Un poco, estaba saliendo de la oficina. Se me había olvidado mi cumpleaños, aunque todavía falta para empezarlo —miro mi reloj. —Ay amiga, unos minutos menos no es malo. Feliz cumpleaños, flaca, te adoro muchísimo — gritó —si el idiota de tu marido siempre lo olvida, no quiere decir que una de tus mejores amigas lo haga. —Gracias Ankly, no sé qué haría sin ti—. Respondo cerrando la puerta y guardando las llaves en mi cartera negra. —Ya que el vejete está fuera del país porque no dejas que nosotras nos encarguemos de la fiesta de este año. —No, no, no, sabes que no me gustan — respondo bajando alejándome por el pasadizo hasta las escaleras. —El que jamás hayas tenido una fiesta de cumpleaños no quiere decir que no te gusten. —He tenido fiesta de cumpleaños no lo olvides. —A lo que me refiero es una fiesta íntima, real, una que disfrutes, no donde solo asisten los estirados y pesados familiares de tu vejete y te miran horrible, te juzguen y… —No me hagas recordar esos días de oscuridad. No sé, déjame ver, he trabajado mucho esta semana, es como si el desgraciado de Gonzalo apropósito haya dejado tanto papeleo. —Tú y yo sabemos que es adrede. Así que manda la mierda las trasnochadas y disfruta de tu día especial. Deja que por solo esta vez te sorprenda. —Está bien. —¡Perfecto! Coordinaré con Catalina. ¡Una fiesta a estas alturas de mi vida! Me siento una anciana y no es que lo sea, apenas cumplo veinticinco, pero Ankly siempre dice que el estar casada con un viejo me desgasta. Gonzalo ya tiene cuarenta y cinco, me casé muy joven, apenas cumplía los dieciocho, estaba en segundo año en la universidad cursando con buenas notas la carrera de derecho. A veces pienso que no debí desperdiciar cinco años de mi vida estudiando una carrera que al día de hoy, solo duerme colgada en un marco en la pared de mi habitación. Hay cosas en mi vida que no puedo entender, circunstancias que solo yo he vivido y guardo en mi corazón me llenan de nostalgia en fechas como estas. Como el creer que casarme con el idiota de Gonzalo era la mejor solución para obtener justicia. Estoy camino a mi auto, cuando se acerca Jorge Luis, uno de los seis vigilantes de la empresa. Muy atento él, me felicitó por mi cumpleaños antes de abrir la puerta. —Disculpe, señora Manuela, sé que mañana no vendrá a trabajar y como no puedo llamarla… bueno, tengo su número, pero no es correcto que la llame para… —Gracias —le sonrío, aceptando con agrado ese gesto amable. Antes de dejar la empresa, Alonso, el chico atractivo con sonrisa de modelo, por la que hasta la misma Janeth babea. Se acerca a mi ventana. —Feliz cumpleaños señora Manuela, que tenga un gran día. —Gracias —le sonrío, avanzando para dejar la empresa. Sí que se siente bien ser apreciada, aunque Gonzalo dice que no debo dejar que el personal cruce la línea de jefe -empleado. Pero, que se meta sus reglas estúpidas por el culo. Después de veinte minutos ya estoy llegando a casa, dejo el auto en la cochera y subo al segundo piso a buscar mi cálida cama. A esta hora evito hacer el más mínimo ruido pues Julia, ya está muy dormida. A mitad de los escalones me quito los tacones, no saben cómo odio usarlos solo porque las chicas de sociedad lo hacen. Entro a la habitación y con solo ver mi cama el sueño se presenta, me tiro a la cama así como estoy vestida, quedándome dormida a los cinco segundos. Sé que podría dormir una semana completa, pero casi a las siete de la mañana me despierta una llamada. —Amiga, feliz cumpleaños—Se escucha emocionada a Catalina—, espero no haberte despertado. —No —Digo media somnolienta—ya estaba fuera de la cama. Qué bueno que llamaras, de hecho tengo trabajo pendiente y debo estar frente a la laptop en unos minutos o mañana… —No por favor, ¿cómo es posible que hables de trabajo a estas alturas de la vida? Disfruta tu santo, es una vez al año. Una risa incontrolable se oyó detrás del teléfono. —Tienes razón, Cata. —Llamarás a tu marido para pedirle permiso de la fiesta — se oye risueña. —No tengo que pedirle permiso. — ¡Cómo no! Si te dice que no, le haces caso. —Lo hace porque me cuida. Digo con asco, ellas son mis amigas, pero aún no conocen el secreto mejor guardado de mi vida, no quiero que corran peligro. Pero sé que se han dado cuenta de que en este matrimonio no hay amor. —Es un viejo celoso, miéntele una vez en la vida, dile que cenaremos en tu casa como siempre ¡Por favor deja de ser tan tú, una vez en la vida! Aprovecha que siempre te deja sola en tu cumpleaños. —Tienes razón, lo ha hecho los seis últimos años. —Desde que te casaste solo una vez estuvo presente y organizó una cena con todos los estirados de sus familiares y amigos, te hicieron sentir horrible, incluso yo me sentí fatal. No estaré para esas cosas. El que no esté en tu cumpleaños es lo mejor. Me levanto de la cama y miro mi alrededor, mientras Catalina hablaba y hablaba con toda la sinceridad del mundo con que suele decir las cosas. Es verdad, desde que me casé perdí mi vida, porque me enfoque en buscar la manera de vengarme, pero he sido yo la que ha perdido y sigue perdiendo sin conseguir herirlo siquiera. Siempre hago lo que me dice y lo que pienso que es mejor, para no descubrir de lo que puede ser capaz de hacerme. Como el dejar mi carrera estancada para dirigir su empresa impidiendo que me quiten el porcentaje de ella. —Está bien, ya no quiero más sermones. Coordinen todo y nos vemos en la tarde. —Hasta la noche amiga, disfruta tu día. —Gracias. Dejo la cama para tomar un baño antes de bajar al comedor. Cuando llego, Julia ya tiene el desayuno puesto en la mesa. Nos sentamos para disfrutar de las delicias de un rico y exquisito desayuno Piurano, lo que más amo de mis cumpleaños. El tamalito de maíz blanco acompañado de su arrocito amarillo y su chanchito encima, ¡uhm! Delicioso y no podía faltar su taza de café bien n***o. Apenas estaba por dar ese primer bocado cuando un mensaje me sobresalta. “¿Qué ocurre contigo que aún no llegas? El que seas la presidenta temporal no te da derecho a asentarte tanto tiempo. Si la cabeza principal se retrasa que queda de los miserables trabajadores, quedan hacer mismo. Son las nueve de la mañana y la empresa es un caos. Si te retrasas más tiempo. presentaré las quejas correspondientes” —Maldita bruja— digo colocando el cubierto en su lugar. —¿Qué sucede mi niña? — pregunta Julia. —Nada importante— apago el teléfono para disfrutar de la compañía y la comida. Al terminar enciendo el teléfono y la desgraciada no se había cansado de repetir lo mismo mil veces. “Métete tus mensajes por el culo. Iré cuando a mí se me dé la gana. Además, no tengo por qué darte explicaciones de mis retrasos. Si quieres presentar quejas, hazlo” Y en vista que no quería dejar de molestar, le escribí a Frank para confirmar esa dichosa reunión. Como siempre él muy amable averiguo primero y después de quince minutos termino excusándose por lo que había hecho su esposa. “No tenía idea de que era necesario tu presencia. Siento tanto que tengas que venir en este día, hice lo posible para cambiar de fecha, pero es imposible. Yo me haré cargo de todos los papeleos, pero tienes que venir a firmar. La junta será a la una” Si, Janeth hacia esto para joderme, pero no le gusto de verme incómoda. —Seguirás diciendo que no pasa nada, cuando te veo perdida en ese teléfono — se sienta Julia frente a mí. —Quieren que vaya a la empresa a una reunión. —Es tu cumpleaños, todos se toman el día libre, mi niña— Dice Julia con tristeza — van tres días desvelándote, no eres un robot. —Solo iré a poner una firma, y me regreso, este día en mío. — ¿y a qué hora es la dichosa reunión? —A la una de la tarde, debo ir antes del mediodía, no quiero meter a Frank en problemas o que la bruja de Janeth la adelante. —No me gusta hablar mal de nadie, pero esa mujercita es el demonio. Luego de vestirme y ponerme hermosa salgo rumbo a la empresa a las once y tantos de la mañana. Estoy a medio camino cuando entra una llamada a mi teléfono. Era Gonzalo. —Feliz cumpleaños mi princesa. ¿Cómo está tu día? —Muy cansado. La encantadora de Janeth no se le ocurrió mejor idea que hacer una reunión a medio día. —En serio — responde como si nunca se enterara de las daciones de esa bruja —No le hubieses hecho caso, tomate le da libre. —No, no quiero darle motivos para seguir atacando. Iré a firmar y al tirarle esos documentos en su cara. Se escucha una risa contagiosa. —Te gusta tener enemigos. —Esa bruja no merece ese título en mi vida — ¿Y qué planes para hoy en la noche? Ya sabes que si estuviese allá organizaría una cena con la familia —No… Gracias —Dije pensando en lo desagradable que son esas reuniones—… sabes que no me gustan las fiestas y menos con tu familia. —Está bien y ¿Qué harás entonces?, supongo que tus amigas planearan una cena. —Sí, vendrán a cenar y veremos una película… No creo que tenga tiempo para salir algún lado, tengo un montón de trabajo. — ¡Ay mi vida!, sal a divertirte con tus amigas, tomate un trago, baila… —No me gusta salir, estaremos en casa, quizá tomemos unas cervezas oyendo música. —Como quieras mi amor —Se escuchó tan tranquilo. Pero estoy segura de que tomaría el primer avión si le digo lo que mis locas amigas están planeando.
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