Capítulo 3

1797 Words
Actualidad Estos últimos años Gonzalo se ha ausentado con frecuencias de la empresa, los viajes fuera de la ciudad y del país ya no son novedad, como tampoco las ausencias en fechas cercanas a mi cumpleaños. Más que coincidencia como él le dice, creo que es un pretexto para no hacerme pasar un mal rato frente a su familia. Pues, digamos que no están interesados en mejorar su relación conmigo, todo sigue igual entre nosotros; sus actitudes agrias, desplantes y miradas frías son cada vez más intensas y eso que hasta la fecha no he sido capaz de responder de la misma manera a ningún insulto. No es que me falten ganas, sino, por respeto a la memoria de mi padre. Y aunque mi adorado esposo, se ha esforzado en muchas ocasiones en hacerme sentir parte de su familia en esos días especiales, no ha funcionado, sobre todo porque su madre y Janeth no han perdido la oportunidad de atacarme. Cualquiera podría decir que lo hace por amor, pero solo es porque soy parte de una decoración en su vida social. ¡AY! ¿Cómo olvidar la reunión festiva del año pasado? Esa pequeña charla empezó echando chispas. — Querida, no eres la única que detesta estos eventos — Dijo Consuelo —. Pero las personas sin clase como tú, no encajarán nunca. Puedes esfuérzate todo lo que quieras, pero siempre serás la hija de un arribista. —En efecto Consuelo, hay tantas personas sin clase vestidas de seda. No te ofendas Manuela —Dijo Janeth mirándome—, pero eventos tan refinados como estos no van contigo. Por eso te asustas y te dejas ver como una niña perdida. Deberías evitar avergonzar a tu esposo y quedarte en casa. Las fotos en social no siempre son tan importantes, como el dejar de aparentar ser alguien que no eres, en verdad das pena ajena. Por más que Gonzalo se esfuerza en mantener una buena imagen en ti, solo lo decepcionas, no tienes gusto para la moda. Si bien, no es nada agradable sonreír mientras se escucha a la amada suegrita hablarte entre dientes, tratando de aparentar comodidad frente a sus amigos de clase alta. Imagínense cuando lo hace para tirarte flores. ¡Ay, Dios mío! Son un par de arpías, cualquiera que las viera diría que son como la uña y la mugre. Consuelo la trata como la hija que nunca tuvo o quizá como la nuera que tanto anhela a su lado. Por eso no me es raro oír los rumores de que Janeth está enamorada de Gonzalo. No puedo imaginarme lo feliz que sería al mando de la empresa, que es a donde apunta. Quizá por eso obligaron al pobre de Frank a casarse con ella, sin duda una hermosa familia. No quisiera recordar eso memorables momentos, pero no puedo evitarlo, mi padre diría “Una carroza cuanto más vacía, más ruido hace. No olvides que eso te fortalece y te permite conocer más a tus enemigos” Pero aunque detesten la idea de verme como su sombra, nada de lo que digan o hagan hará que deje el puesto que por ley me corresponde. “Debo ausentarme de estos horribles recuerdos o terminaré cometiendo una locura” me digo volviendo al presente. Observo la hora en el reloj pulsera y me preparo para ver a Edward. Gonzalo está fuera de la ciudad, así que ausentarme de la empresa será más fácil sin inventar excusas. Al salir de mi oficina, me dirijo al despacho de Frank. —Frank, me ausentaré unas horas ¿Puedes cubrirme?—Asomándome a su oficina. —No hay problema. Lo bueno de ser la jefa es que no tienes que dar tantas explicaciones y cualquiera; en este caso Frank, tiene que cumplir mis órdenes. Sin perder tiempo salí de la empresa y me puse en camino al aeropuerto Jorge Chávez. Antes de llegar, los recuerdos me asaltaron y tuve miedo, después de once años volvería a ver al tío Edward. La última vez que lo tuve enfrente no quise míralo más, lo culpé por la muerte de mi familia y le dije cosas horribles. No es que quiera justificarme ahora, pero era una niña triste con el corazón roto. Después de lidiar contra el tráfico llego a tiempo. Espero un rato hasta que lo veo en medio del grupo de personas que llegaba de Estados Unidos. Mi corazón tiembla y el miedo que siento parece ir en aumento. Me sonrió al reconocerme, creí que no lo haría con tanta facilidad. Se acerca y las emociones reviven, lo recibo con un fuerte abrazo, después de tantos años mi corazón sintió el calor de un amigo, un m*****o más de la familia. —Me llena de dicha el poder verte al fin, Manuela. No sabes lo difícil que ha sido todo esto para mí —Dice de inmediato. —También me alegra verte, tío Edward. Me hacía falta un abrazo para borrar el tiempo perdido en rencores. Pude notar que solo traía consigo un portafolios en la mano, eso solo dice que está de paso. Después de un leve suspiro caminamos hacia mi auto y puse marcha al único lugar donde podríamos hablar con tranquilidad y confianza; el restaurante de Fermín. Media hora después cuando llegamos, le pedí a mi buen amigo que me permita usar su oficina. Pasado un momento tuvimos la privacidad que se requería y la ansiada reunión da inicio. —Lamento que este sobre no haya llegado a tus manos años atrás. —Abriendo el portafolio— Pero aunque te enojes siento que este es el mejor momento. Ya eres una profesional y estas donde tu padre hubiese querido. —No entiendo por qué mi padre te dejo esto a ti y no a Julia. —Tomando el sobre —Cuando lo leas podrás entender las razones. — ¿Qué es lo que sabes y no me has dicho, tío? —Solo lo necesario para mantenerme con vida. He sido y soy “Nadie” —Hace unos años esa frase me hubiese asustado, ahora me alerta del peligro. Pero en estos años no he logrado nada, sigo en un callejón sin salida. ¿Por qué no dejó a mi hermano? ¿Cómo voy a hacer algo sin saber a qué me enfrento? Cada día que pasa me siento más frustrada. —Quizá lo que buscaste todo el tiempo, este aquí. —Señalándome el sobre. —Descubre la verdadera razón por la que aún vives, encuentra lo que buscas, todas las preguntas tal vez no tengan respuestas —Levantándose de la mesa—, pero hallarás revelaciones que te abrirán nuevas puertas. —Lo que dices no tiene sentido, pero ya estoy en medio de una familia de locos. —Contáctame solo cuando lo creas necesario—. Colocó su tarjera en la mesa y se va sin decir más. —Espera!, ¿eso es todo? ¡Tío Edward! —hace que no me escucha—¡Maldición! ¿Qué se supone que haga con esto? Lo observo por algunos segundos antes de abrirlo “¡a la mierda! Lo que tenga que saberse, que se sepa”. Lo abro y saco unas hojas escritas con la letra de papá, parecía ser una carta. Querida Manuela: Ahora no entenderás los motivos ingratos que tuve para dejarte con Julia. Era necesario que sigas con vida, quizá en estos momentos maldigas mi decisión y no te culpo. No fue nada fácil tomar esa decisión princesita, no lo fue. Tu madre está destrozada, tu hermano intenta ser fuerte y yo… Pidiéndole a Dios que sigas siendo valiente. Hace 4 años eras solo una niña de 14 primaveras y el dolor que sentías no te dejaría ver la verdad, por eso le pedí a Edward que te entregue esta carta a un tiempo prudente. Ya tienes 18 y estas a punto de tomar posición de mis acciones en la empresa. Perdóname si estas palabras muertas llegan en un mal momento de tu vida, pero es tiempo de que la verdad te libere. ¿Cómo? Te estás preguntando. Sé que no puedes confiar en nadie, pero no todos son culpables. El licenciado Benítez estará a tu lado velando por nuestros intereses y cuidándote, al igual que Edward, confía en ellos. Manuela, quiero que abras tu mente y recuerdes que todo lo que ven tus ojos no es real. Hay muchas cosas que no te dije en su momento, estarás enfadada por ello, pero no creí necesario que lo supieras y ese fue un error por el que hoy estás pagando. Todo estará bien princesa. Pronto estaremos juntos. Estamos orgullosos de lo que eres ahora. La elección para continuar representándonos, no fue al azar, cree más en ti, hija mía. Solo recuerda 3 cosas: .Federico Rivera es muy peligroso. .Gonzalo Rivera puede ser solo la marioneta de su padre. .Solo confía en tu instinto. Una simple carta que no decía nada importante. ¿Edward viajo miles de kilómetros solo para entregarme nada? Eso creí, hasta que volví a ver el sobre. "Esto es lo que buscaba" dije dibujando una sonrisa de satisfacción.     Tres meses después En una semana seré mi cumpleaños y como es costumbre Gonzalo está de viaje de negocios. —Amor haré todo lo necesario para llegar a tiempo. Dependerá mucho de los nuevos socios y... —Me dice por teléfono. —No te preocupes, si no puedes llegar no hay problema —Respiro tranquila, no sabe lo feliz que me hace con su ausencia—. Como los años anteriores las chicas y yo la pasaremos en casa. Es más divertido. —Te amo princesa, sabes que me gusta verte feliz, pero... tus amigas... bueno... ellas no...—Cuando decía eso, con algo de esfuerzo era porque aún no aceptaba a mis amigas. — Me gustaría hacerte una reunión de tu clase, te mereces algo mejor que quedarte en la sala comiendo palomitas mientras ven una película. — ¿Una reunión con tu familia? ¡Dios me libre! Prefiero estar en el infierno. No te preocupes más, estaré bien bebiendo un cóctel y hablando de temas de chicas, con mis amigas y Julia. —No te insisto más— en el fondo es lo que desea—.Te prometo que al regresar recibirás un obsequio especial. Mientras tanto quiero que te diviertas un poco, ve a algún lugar a bailar y tomar unos tragos. —Trataré. ¿¡Diversión!? Era en lo menos que pensaba, mi mente estaba puesta en encontrar a los responsables de la tragedia que destrozó mi vida y reencontrarme con mi familia ¡Sí! Ahora sé que ellos están con vida. Pero como dicen por ahí, no todo es blanco y n***o, no todo será sufrimiento.
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