Capítulo 7

2941 Words
Axel cantó un par de canciones más mientras me embriagaba con a la intensión de quitarme de la cabeza la idea ardiente de una noche entre sus brazos, pero esos cocteles variados solo me hacían desearlo más. Cuando él terminó de cantar se perdió del escenario dejándome vacía. Nunca antes me había sentido hacia, mi corazón temblaba de miedo y deseaba llorar, la excusa fue una canción triste y deje correr mis lágrimas, quizás porque ya no aportaba la idea de estar casada con un monstruo y ahora ansiaba ser libre para poder amar de verdad. —¿Qué sucede amiga, te acordaste del idiota ese? —Pregunta Ankly. —Nada, voy al baño a arreglarme— respondo pasándome los dedos índices bajo los parpados para limpiar el maquillaje corrido. —¿Necesitas ayuda? — pregunta Catalina. —No, voy sola— me pongo de pie tambaleándome. —Ni siquiera puedes mantenerte en pie, mejor nos vamos— se preocupa Catalina. —Saliendo del baño, nos vamos, está bien — les digo. Ambas asienten con la cabeza y me ven marchar. En efecto el alcohol ya se me subió a la cabeza, el piso parece moverse, no quiero imaginar el espectáculo que estoy dando caminando con tacones así. Felizmente que la gran mayoría está entretenida en el show y los demás en sus bebidas o sus parejas. No sé cómo es que llego al baño y antes de entrar vuelvo a perder el equilibrio de mis tacones. —Mierda— gruño poniendo mis manos sobre la pared e intento quitármelos. —Ten cuidado— escucho la voz de Axel a mis espaldas. —¿Estás siguiéndome? —interrogo sin voltear, sintiendo como mi corazón se descontrola. —Tal vez — sonríe él poniéndose delante —¿quieres que te ayude con los tacones. —No, gracias — respondo, cuando él ya está agachándose para quitármelos. ¡j***r! El roce de sus dedos me quema la piel y esa mirada ardiente, llena de lujuria me arrastra a ese infierno en el que quiero arder. Se pone de pie sin apartar la mirada de mis ojos y me entrega los zapatos. —¿Así conquistas a las mujeres? —Solo intento ser amable. —Entonces, no eres como aquellos pervertidos que esperan que la mujer esté ebria, para lanzarse sobre ella, buscando un momento de pasión. —No busco solo un momento de pasión contigo — clava su mira en mis ojos y no puedo soportar esa sensación excitante que crece en mi vientre. —Soy casada— expulso sin saber por qué lo hice. —Lo sé— dice él tomando mi mano y mostrándome el anillo en mi dedo—Ya había notado esa piedra brillante. Pero no eres feliz— se acerca a mis labios y retrocedo pegando mis espaldas a la pared. —¿Por qué formulas que no lo soy? —Los ojos son las ventanas del alma y  ellos, te delatan— susurra acercándose hasta rozar mis labios, torturándome con su aliento y esa mirada dulce y perversa. —¿Qué es lo que declaran ahora? —murmullo cerrando los ojos. —Quieres que te lo exprese todo. —Si— vuelvo abrir los ojos y me pierdo en su mirada. Sin manifestar más, aparta los cabellos de mi rostro. —Es imposible describir las sensaciones que me provoca el tenerte cerca, solo podría explicarlo de una manera— posa sus labios desatando ese deseo dormido. Sus labios se apoderan de mi boca con esos besos dulces e insaciables que me derrite por completo, de un segundo a otro estamos entrelazados besándonos cerca del baño, acariciándonos de esa manera perversa y lujuriosa que nos desnuda el alma. Quiero creer que es el alcohol el que domina sin sentidos y me deja arrastrar a ese torbellino de sensaciones placenteras. Él acaricia mis piernas arrancándome largos suspiros, estoy a punto de pedir que me folle cuando escucho a mis amigas. “¡Manuela!” gritan ambas sorprendidas, habían ido a buscarme y pienso que no esperaban verme en esa situación candente. —j***r— grita Ankly —.¿Tú y Axel? —No se preocupen por nosotras —dice Catalina tirando del brazo de Ankly para llevársela— Ustedes sigan nomas, solo nos preocupamos porque tardabas, pero, olvida que llegamos. —Gracias por venir— respondo reaccionando — ya es tarde. Miro el reloj y me doy cuenta de que ya son las dos de la mañana. —Axel ¿Podrías llevarnos a casa? En este estado ninguna puede manejar— Dice Ankly sujetándose de Catalina. —No hay problema— se apresura a responder Axel mirándome una vez más —Si Manuela acepta que las acompañe. —No hay problema —esquivo la mirada para no consume más. —Entonces vámonos muñeco— habla Catalina recostándose sobre su hombreo. Dejamos el pasillo del baño y nos dirigimos a la salida. Sin lugar a dudas ha sido el mejor cumpleaños del mundo. He visto y echo cosas que creí que jamás haría. Mientras salíamos Catalina choca las espaldas con unos de los chicos que estaban cerca a la puerta principal. —Con cuidado ¿Estas ciega? — grita enojarse el hombre, pues trae una copa en la mano y parece que derramo su trago. Al voltear, pude reconocer a aquel chico con cabello alborotado y traje colorido; era Frank. Ambos nos miramos unos segundos desorientados y asustados. —Ma… Manuela ¿Qué haces aquí? —Expresa nervioso. Estaba más pendiente de mis amigas que no puse atención a los chicos que lo rodeaban, sin perder el tiempo me tomó del brazo y me llevo a un lado lejos de su grupo. — ¿Qué haces en un lugar como este? —Dijo más calmado. —Lo mismo que tú —digo asombrada por su aspecto, era la primera vez que lo veía sin su traje de oficina y con el cabello alborotado. —Las chicas me invitaron a festejar mi cumpleaños ¿Te ocurre algo? Se observaba demasiado nervioso y al darse cuenta de que no había visto más de lo que creía volvió a respirar tranquilo. —Llegué con unos amigos —Mirando al grupo de chicos— ya sabes, a tomar unos tragos, ¡Por favor! no le manifiestes a nadie que me viste. Sabes que eso no le gusta a la familia. —No te preocupes, aunque eso debería ser lo de menos—Sonreí — Una vez al año es bueno romper las reglas. —Tienes razón, gracias por entender, nos admiramos el lunes en la oficina. —Hasta el lunes. Ankly y Catalina estaban recostadas en los hombros de Axel, cuando regresé salimos sin mirar a nadie. El miedo de que contemplaran entrar a Axel al auto era lo que me preocupaba, más cuando sabía que Frank estaba ahí y seguramente me observaba marchar. No paso mucho para acudir, las chicas ya se estaban durmiendo y riendo sin razones, incomodando con sus comentarios a nuestro sexy conductor, que seguía comiéndome con la mirada. Al llegar, estaciona el auto y después de ayudarme a bajar a las chicas se despide con un beso en la mejilla que me estremeció. Mientras caminábamos a la puerta, lo admiré alejarse. Una sensación extraña me envolvió, ese miedo mezclado con felicidad me hacía suspirar. Cuando abrí la puerta divise que la lámpara junto al sillón estaba encendida. Las chicas entraron riendo retumbando el completo silencio de la casa a oscuras, haciendo que la persona recostada se pusiera de pie. Mi corazón se paralizó y exploto de terror. —¡Niña! —Dice Julia con voz medio dormida. Mi alma volvió al cuerpo. —Nana, ¿Qué haces despierta?, te dije que concurriríamos tarde. —Se me quitó el sueño—Se acercó para ayudarme con las chicas —Y sabía que me necesitarían. —No debiste dejar la cama—Expresa Ankly tambaleándose—Me siento culpable. Las llevamos a recostarse a la habitación de huéspedes y nos retiramos a dormir. Tiro la cartera en la cama y dejo caer los tacones a un lado, el celular salió de la cartera cayendo sobre las sabanas. Ni lo miré, solo me dejé caer en la cama riéndome como una idiota, me perdí en el tiempo recordando aquel incidente en el baño, su manera de mirarme, esa manera tierna de hablar y ni qué manifestar del momento en que me tomó de la mano mientras me cantaba, quiero creer que estaba cantándome solo a mí, aunque lo hiciera para su público. Pero lo mejor fue ese beso ardiente que me desnudó el almAxel cantó un par de canciones más mientras me embriagaba con a la intensión de quitarme de la cabeza la idea ardiente de una noche entre sus brazos, pero esos cocteles variados solo me hacían desearlo más. Cuando él terminó de cantar se perdió del escenario dejándome vacía. Nunca antes me había sentido hacia, mi corazón temblaba de miedo y deseaba llorar, la excusa fue una canción triste y deje correr mis lágrimas, quizás porque ya no aportaba la idea de estar casada con un monstruo y ahora ansiaba ser libre para poder amar de verdad. —¿Qué sucede amiga, te acordaste del idiota ese? —Pregunta Ankly. —Nada, voy al baño a arreglarme— respondo pasándome los dedos índices bajo los parpados para limpiar el maquillaje corrido. —¿Necesitas ayuda? — pregunta Catalina. —¡No!, voy sola— me pongo de pie tambaleándome. —Ni siquiera puedes mantenerte en pie, mejor nos vamos— se preocupa Catalina. —Saliendo del baño, nos vamos a casa, está bien — les digo. Ambas asienten con la cabeza y me ven marchar. En efecto el alcohol ya se me subió a la cabeza, el piso parece moverse, no quiero imaginar el espectáculo que estoy dando caminando con tacones así. Felizmente que la gran mayoría está entretenida en el show y los demás en sus bebidas o sus parejas. No sé cómo es que llego al baño y antes de entrar vuelvo a perder el equilibrio de mis tacones. —Mierda— gruño poniendo mis manos sobre la pared e intento quitármelos. —Ten cuidado— escucho la voz de Axel a mis espaldas. —¿Estás siguiéndome? —interrogo sin voltear, sintiendo como mi corazón se descontrola. —Tal vez — sonríe él poniéndose delante —¿quieres que te ayude con los tacones. —No, gracias — respondo, cuando él ya está agachándose para quitármelos. ¡j***r! El roce de sus dedos me quema la piel y esa mirada ardiente, llena de lujuria, me arrastra a ese infierno en el que quiero arder. Se pone de pie sin apartar la mirada de mis ojos y me entrega los zapatos. —¿Así conquistas a las mujeres? —Le manifiesto. —Solo intento ser amable. —Entonces, no eres como aquellos pervertidos que esperan que la mujer esté ebria, para lanzarse sobre ella, buscando un momento de pasión. —No busco solo un momento de pasión contigo — clava su mira en mis ojos y no puedo soportar esa sensación excitante que crece en mi vientre. —Soy casada— expulso de mi garganta, sin saber por qué lo hice. —Lo sé— dice él tomando mi mano y mostrándome el anillo en mi dedo—Ya había notado esa piedra brillante. Pero no eres feliz— se acerca a mis labios y retrocedo pegando mis espaldas a la pared. —¿Por qué fórmulas que no lo soy? —Los ojos son las ventanas del alma y  ellos, te delatan— susurra acercándose hasta rozar mis labios, torturándome con su aliento y esa mirada dulce y perversa. —¿Qué es lo que declaran ahora? —murmullo cerrando los ojos. —Quieres que te lo exprese todo. —Si— vuelvo abrir los ojos y me pierdo en su mirada. Sin manifestar más, aparta los cabellos de mi rostro con delicadeza. —Es imposible describir las sensaciones que me provoca el tenerte cerca, solo podría explicarlo de una manera— posa sus labios desatando ese deseo dormido. Sus labios se apoderan de mi boca con esos besos dulces e insaciables que me derrite por completo, de un segundo a otro estamos entrelazados besándonos cerca del baño, acariciándonos de esa manera perversa y lujuriosa que nos desnuda el alma. Quiero creer que es el alcohol el que domina sin sentidos y me deja arrastrar a ese torbellino de sensaciones placenteras. Él acaricia mis piernas arrancándome largos suspiros, estoy a punto de pedir que me folle cuando escucho a mis amigas. “¡Manuela!” gritan ambas sorprendidas, habían ido a buscarme y pienso que no esperaban verme en esa situación candente. —j***r— grita Ankly —.¿Tú y Axel? —No se preocupen por nosotras —dice Catalina tirando del brazo de Ankly para llevársela— Ustedes sigan nomas, solo nos preocupamos porque tardabas, pero, olvida que llegamos. —Gracias por venir— respondo reaccionando y apartando todo el alcohol de mi cabeza — ya es tarde. Miro el reloj y me doy cuenta de que pasan de las dos de la mañana. —Axel ¿Podrías llevarnos a casa? En este estado ninguna puede manejar— Dice Ankly sujetándose de Catalina. —No hay problema— se apresura a responder Axel mirándome una vez más —Si Manuela acepta que las acompañe. —No hay problema —esquivo la mirada para no consume más. —Entonces vámonos muñeco— Murmura Catalina recostándose sobre su hombreo. Dejamos el pasillo del baño y nos dirigimos a la salida. Sin lugar a dudas ha sido el mejor cumpleaños del mundo. He visto y echo cosas que creí que jamás haría. Mientras salíamos Catalina choca las espaldas con unos de los chicos que estaban cerca a la puerta principal. —Con cuidado ¿Estas ciega? — grita enojarse el hombre, pues trae una copa en la mano y parece que derramo su trago. Al voltear, pude reconocer a aquel chico con cabello alborotado y traje colorido; era Frank. Ambos nos miramos unos segundos desorientados y asustados. —Ma-Manuela ¿Qué haces aquí? —Expresa nervioso. Estaba más pendiente de mis amigas que no puse atención a los chicos que lo rodeaban, sin perder el tiempo él me tomó del brazo y me lleva a un lado, lejos de su grupo. — ¿Qué haces en un lugar como este? —Dijo más calmado. —Lo mismo que tú —digo asombrada por su aspecto, era la primera vez que lo veía sin su traje de oficina y con el cabello alborotado. —Las chicas me invitaron a festejar mi cumpleaños ¿Te ocurre algo? Se observaba demasiado nervioso y al darse cuenta de que no había visto más de lo que creía volvió a respirar tranquilo. —Llegué con unos amigos —Mirando al grupo de chicos— ya sabes, a tomar unos tragos, ¡Por favor! no le manifiestes a nadie que me viste. Sabes que eso no le gusta a la familia. —No te preocupes, aunque eso debería ser lo de menos—Sonreí — Una vez al año es bueno romper las reglas. —Tienes razón, gracias por entender, nos encontramos el lunes en la oficina. —Hasta el lunes. Al regresar, observo que Ankly y Catalina estaban recostadas en los hombros de Axel, salimos presurosos sin mirar a nadie. El miedo de que contemplaran entrar a Axel al auto era lo que me preocupaba, ahora que sabía que Frank estaba ahí y seguramente me observaba marchar. No paso mucho para llegar, las chicas ya se estaban durmiendo y riendo sin razones, incomodando con sus comentarios a nuestro sexy conductor, que seguía comiéndome con la mirada. y yo, sin sentir culpa alguna por ese beso, si ellas no estuvieran aquí le pediría que me hiciera suya una y otra vez. Al llegar, estaciona el auto y después de ayudarme a bajar a las chicas se despide con un beso en la mejilla que me acalambró el cuerpo. Mientras caminábamos a la puerta, lo observé alejarse. Una sensación extraña me envolvió, ese miedo mezclado con felicidad me hacía suspirar. Cuando abrí la puerta divisé que la lámpara junto al sillón estaba encendida. Las chicas entraron riendo, retumbando el completo silencio de la casa a oscuras, haciendo que la persona recostada se pusiera de pie. Mi corazón se paralizó y exploto de terror, creí que era Gonzalo. —¡Niña! —Dice Julia con voz medio dormida. Mi alma volvió al cuerpo. —Nana, ¿Qué haces despierta?, te dije que concurriríamos tarde. —Se me quitó el sueño—Se acercó para ayudarme con las chicas —Y sabía que me necesitarían. —No debiste dejar la cama—Expresa Ankly tambaleándose—Me siento culpable. Las llevamos a recostarse a la habitación de huéspedes y nos retiramos a dormir. Tiro la cartera en la cama y dejo caer los tacones a un lado, el celular salió de la cartera cayendo sobre las sabanas. Ni lo miré, solo me dejé caer en la cama riéndome como una idiota, me perdí en el tiempo recordando aquel incidente en el baño con Axel, su manera de mirarme, esa manera tierna de hablar y ni qué manifestar del momento en que me tomó de la mano mientras me cantaba, quiero creer que estaba cantándome solo a mí, aunque lo hiciera para su público. Pero lo mejor, fue ese beso ardiente que me desnudó el alma.
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