Estoy tan nerviosa con ese viaje al que Santiago casi me había obligado a ir que una nueva crisis me azotó dejándome muy deprimida. Con cada día que pasaba me sentía cada vez peor. Ver el cabello arremolinado bajo mis pies solo era el recordatorio de que no estoy bien por más que lo intente. Obviamente no se lo dije a nadie. Soy demasiado cobarde como para hacerlo. Pero finalmente había decidido que no iría con Santiago por mucho que quisiera estar cerca de Aitor. ¿Para qué iba a hacerlo cuando sé perfectamente que él no va a fijarse en mí por más que lo desee? Lo sé. No soy como las demás chicas. Soy esclava de mi trastorno y eso duele demasiado. Aunque también sé que tengo miedo. Estoy tan asustada y ni siquiera sé de qué. Dejo salir un suspiro al llegar a casa tan ensimisma

