Capitulo 13 (1/2)

961 Words
P.O.V. Gabriela Cuando llegué a la panadería, todavía sentía el corazón latiéndome en la garganta. Me forcé a respirar hondo varias veces, porque no podía llegar con la señora de los panes luciendo como si hubiera visto un fantasma sexy del Olimpo. —Buenas tardes, doña Maribel —saludé intentando sonar normal. —Ay, hijita, qué linda vienes hoy. Tienes la cara como… encendida —comentó ella mientras revisaba las paletas. Yo: “Sí, señora, es porque acabo de ver al amor de todas mis encarnaciones pasadas, presentes y futuras trotando como si fuera un semidiós.” También yo, en voz alta: —El sol, doña Maribel… está fuerte hoy. Ella rió, yo también, aunque mi risa salió un poquito histérica. Después de entregar el pedido y despedirme, regresé a Dulce Locura empujando el carrito. En el camino, cada tanto me tocaba las mejillas para ver si ya dejaban de estar rojas. No funcionó. Las seguía sintiendo calientes. Me veía enamorada. O afiebrada. Pero más enamorada. Entré por la puerta trasera del local. —¡Ya regresé! —anuncié, intentando sonar profesional. —¿Y esa sonrisa, Gabriela? —preguntó Hellen sin siquiera girarse—. Tienes cara de quien vio algo muy interesante. Yo abrí la boca. La cerré. La volví a abrir. —¿Qué? ¿Yo? No. Para nada. Cosas… normales de la vida. Hellen arqueó una ceja. Thiago, en cambio, se acercó con una bandeja de conos recién hechos. —A ver, dame esa cara. —Me tomó del mentón como si fuera un estilista italianizado—. Estás sonrojadísima. ¿Te dijeron cumplidos? ¿Te regalaron pan? ¿Te saludó alguien guapo? Yo me atraganté con mi propia saliva. Hellen se acomodó detrás del mostrador, cruzando los brazos con una sonrisa que decía: esto va a estar bueno. Thiago chasqueó la lengua dramáticamente. —Mmm… esa reacción no es por un panadero. —Me señaló con una mano—. ¡Apostaría una copa de helado de kiwi a que viste a alguien que te movió el piso! —¡No! ¡No es eso! —mentí torpemente—. Yo solo… estaba caminando y… hacía calor. Thiago soltó un suspiro larguísimo, exagerado. —Ay si, ese “calor” seguro tenía piernas, bíceps y ojos bonitos… Me quedé congelada. No por lo que dijo, sino por cómo lo dijo. Con una sonrisa soñadora. Como quien recuerda a un actor buenísimo de una novela turca. O de un anuncio de perfumes. “¿Qué…?” pensé, confundida. Hellen se aclaró la garganta muy suavemente. Thiago se recogió el cabello con una colita improvisada y continuó: —En fin, Gaby, cuéntalo todo. ¿Quién es el afortunado? ¿O fue amor a primera vista? o amor a primer tropiezo,jejeje. Parpadeé varias veces. Hellen, detrás de él, solo movía los labios sin sonido: “Luego te explico…” Oh. OH. Entonces, mi cerebro conectó los puntitos. Thiago siempre comenta cuando entra un cliente guapo. Pero jamás dice nada cuando entra una chica bonita. Y una vez lo vi suspirando al ver a un señor mayor comprar helado sin azúcar. Y es muy… expresivo. Y coquetea con hombres pero no con mujeres. Y… … Hellen lo sabe. No es que yo fuera tonta. Solo estaba demasiado ocupada como para notar cosas. Aun así, no dije nada. Porque no estaba segura, y no quería asumir nada por si acaso. —N-no fue nada —murmuré, regresando al congelador—. Solo alguien que pasó trotando. Nada del otro mundo. Thiago jadeó teatralmente. —¡¿Trotando?! ¡Ay, Gaby, eso ya es peligroso para el corazón! Los deportistas… Dios mío, esos hombros, ese sudor… esa dedicación… Hellen lo golpeó suavemente con una servilleta doblada. —Thiago, déjala respirar. —¡¿Qué?! Solo digo la verdad —dijo él poniendo una mano en su pecho como una telenovela mexicana—. El que no aprecia un buen espécimen masculino en movimiento… ¡no vive! Hellen bufó una risa. Yo solté otra más nerviosa que divertida. Thiago sonrió satisfecho y volvió a atender a una pareja de clientes que acababa de entrar, moviéndose con su energía inagotable de siempre. Cuando se alejó, Hellen se inclinó sobre el mostrador hacia mí, bajando la voz: —Gaby… tranquila. Él es así con todos. En serio. —¿Así cómo? —pregunté, todavía fingiendo ignorancia. —Así… —Hellen hizo un pequeño gesto con el dedo, como diciendo tú ya sabes—. Pero no digas nada todavía. Él te lo va a contar cuando quiera. Me quedé en silencio un momento, procesando todo. —Oh… —susurré finalmente. Hellen me dio una palmadita en el hombro. —Ahora sí, explícame por qué vienes con cara de “acabo de ver a mi futuro esposo”. Mi cara ardió. —Hellen… no sé qué me pasó. Solo lo vi un segundo, pero… fue como… como… —¿Como si Dios te hubiera enviado un adelanto de lo que te espera en el cielo? —propuso. —¡Exacto! —dije al borde de un ataque de risa nerviosa. Ella abrió la boca maravillada. —Ay, no… ¿tan así fue? Yo asentí con una intensidad preocupante. Hellen sonrió como una amiga malvada pero amorosa. —Ok… creo que necesitamos sentarnos más tarde para hablar de esto con helado. Mucho helado. Yo asentí otra vez. Y mientras atendíamos a más clientes, mientras Thiago coqueteaba sutilmente con un señor de barba perfecta que venía por un helado dietético, mientras Hellen me lanzaba miradas cómplices… yo no dejaba de pensar en él. En el chico del sol, el sudor y la trotada perfecta. Y en cómo, sin decir una palabra, ya me tenía pensando en él.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD