Había una vez un hombre, de profesión guardia de seguridad, que estaba obsesionado con su mujer. Creía que ella lo enseñaba, todas las noches, mientras el hacía sus guardias nocturnas en la fábrica donde trabajaba.
Intento por todos los medios descubrirle, le revisaba el celular, sus ropas, incluso instalo una cámara de seguridad Gopro, con la cuál filmó todas las noches, pero nunca logro encontrar ningúna prueba.
Son embargo, su instinto le decía que su mujer lo enseñaba, y el hombre se encontraba desesperado.
Un día, estaba sentado sobre el sofá, pensando en su situación, cuando escucho una voz muy extraña, de timbre chillón, como la de una viejita que le decía:
- No te preocupes, todos hemos Sido cornudos al menos alguna vez.
El hombre alzó sorprendido la cabeza. Sin embargo, en la habitación no había nadie, solo estaban el y el gato.
Creyó que lo había imaginado, cerro los ojos, eh intento descansar un poco, entonces volví a escuchar aquella extraña y algo tenebrosa voz.
- No vale la pena preocuparse por eso.
El hombre salto del sillón y grito:
-¿Quien anda ahí?
Agarro y cuchillo y busco detrás de las cortinas, los muebles, el sillón, el closet, por toda la casa, pero no halló nada.
El gato, mientras tanto, se acercó y se frotó entre sus piernas. El hombre frustrado, intento apartarlo de una patada, entonces el gato dijo:
- No se te ocurra tocarme, infeliz, !O te meto un zarpazo en el ojo¡
El hombre empezó a gritar, pensó que había enloquecido. El gato sacudió la cabeza y empezó a lamerse sus patas
- No grites tanto, ni que hubieses visto a un fantasma.
Dijo el increíble felino.
Era un gato flaco, de pelaje gris, ojos verde oliva, de mediana edad.
Cuando el hombre y la mujer alquilaron la casa, el gato ya estaba allí, era bastante huraño y no le gustaba mucho el contacto con los humanos.
- No es posible - dijo el hombre - debo estar loco ya.
- Claro que hablamos, todos los gatos hablamos. Y sabemos muchas cosas. Se por ejemplo lo que hace tu mujer cuando tú te vas a trabajar.
Al escuchar esto, el cuerpo del hombre se puso rígido.
- ¿Qué es lo que sabes?, ¿ Qué hace cuando me voy?, ¿ Qué has visto?.
- Te lo digo, pero primero debes hacerme un favor.
- Está bien, ¿Qué es lo que quieres?
El hombre no podía creer que estuviera hablando con un gato, y más aún que estuviera haciendo un negocio con el mismo, sin duda ya se había vuelto loco.
- Quiero que saques al perro de la casa - dijo el gato - No me cae bien, te lo llevas bien lejos y que no vuelva nunca más - continuo el gato, mientras se rascaba una oreja.
- ¿ Ahora? pregunto el hombre.
- No, mañana, claro que ahora.
Así que el hombre agarro al perro, lo metió en la camioneta y se lo llevó a un tío que vivía bastante lejos de la ciudad, bien apartado para ser más específico.
El hombre volvió casi tres horas después, el gato lo esperaba recostado sobre el sillón, ronroneando.
-Ya está, ya me libre de el. Ahora tienes que decirme que has visto de mujer, que hace mi mujer cuando me voy, dime absolutamente todo lo que sabes de mi mujer.
Entonces, el gato, sin dar más vueltas, le cobro todo lo que ve todas las noches.
Le dijo que si mujer, apenas él se iba a trabajar, hacía una llamada por teléfono, y venís un hombre en un auto lujoso y la buscaba y se la llevaba, y ella llegaba bien entrada la noche, apenas a tiempo para entibiar el lecho, agrego que le mujer cuando regresaba, se veía bastante feliz, con una sonrisa de oreja a oreja.
También le dijo que cuando llegaba olía como a las gatas que se encontraba de ves en cuando en el tejado.
Mientras escuchaba todo eso, la respiración del hombre se volvía más pesada, abría y cerraba los puños, una y otra vez, la cara la tenía del color de los ladrillos. El gato viendo la reacciones que sus palabras producían en el hombre, parecido regocijado y continuo.
- No solo eso, sino que un par de veces, el hombre entero a la casa, a tu casa, tu mujer y su amante vieron una película en Netflix, pero parecía aburrida, por qué enseguida comenzaron a aparearse, en este mismo sillón en dónde estamos sentados tu y yo. Y tú mujer... ella maullaba como una de mis gatas, nunca les oí gritar así, ni siquiera contigo. Luego parece que de tanto ejercicio le dió sed, por qué dijo que quería tomar la lech...
- ! Basta! - grito el hombre, devastado, pero el gato continuo hablando, implacable, cobrando las cosas más escandalosas que había visto, escribo así toda la tarde. El hombre lloraba de furia.
Su cuerpo entero temblaba, las venas de cara, cuello y brazo, parecido a punto de estallar. Fue a buscar el revolver que tenía guardado en la mesita de noche con luz.
Una hora después, si mujer llegó del trabajo, y sin haber perdido entrar por completo a la casa, el hombre apunto, sin mediar palabras le disparó, una, dos, tres, cuarto y cinco veces. callendo el cuerpo sin vida de su mujer, el hombre miró al gato, que le decía:
- Ahora te toca a ti- el hombre sin comprender lo miraba.
- te darán cárcel hasta que mueras, por haberlos asesinado - le aclaro el gato.
Y, el hombre sin pensarlo mucho, tomo el arma, apuntando su cabeza, y disparó, acabando así con su vida.
El gato, sin el más pequeño remordimiento, miró los cuerpos, luego si techo y dijo, siempre caen, y terminan haciendo mi trabajo más fácil, recolectar almas para luzbet...