El apartamento estaba iluminado con luces cálidas, velas en las esquinas y una fragancia de lavanda suave flotando en el aire. Callie había cocinado con esmero, ayudada por Alejandra, y la mesa estaba dispuesta con esmero: platos de cerámica artesanal, copas brillantes y un centro de mesa con flores frescas. James y Valeria llegaron puntuales, con una botella de vino en mano y sonrisas listas. —Este lugar se ve increíble —dijo James al entrar—. Ya se nota el toque de Alejandra por todos lados. Callie rió con orgullo, recibiendo los abrigos y guiándolos hacia la mesa. La cena transcurrió con conversaciones amenas y muchas risas. Hablaron del hospital, de viajes, de anécdotas familiares. James bromeaba, Valeria intervenía con ironías agudas que hacían reír a todos, y Callie y Alejandra s

