El silencio entre ellas había durado más de lo que Callie había soportado en toda su vida. Después de aquella conversación en la cafetería, Alejandra había puesto una distancia clara. No gritó, no bloqueó, no hizo dramas públicos. Simplemente… la borró del día a día. Y eso dolía más que cualquier discusión. Callie lo intentó todo. Al día siguiente, Alejandra llegó al hospital y encontró en su casillero un ramo de tulipanes violetas, su flor favorita. Iban acompañados de una pequeña tarjeta: “Sigo pensando en ti. – CS” Alejandra no dijo nada. A los dos días, le llegó un pequeño peluche de quirófano con un estetoscopio y una bata blanca, acompañado de una nota que decía: “Tu versión en miniatura. Aunque ninguna tan increíble como tú.” Nada. El tercer día, un desayuno completo apareció

