Aaron.
− Quiero dos helados, de los grandes, uno de chocolate y uno de piña, ah, y que el de piña traiga de esos frutos que siempre le ponen. − Dije mientras daba las instrucciones a la chica que vendía. Ella asintió y camine en dirección hacia la mesa donde Clary y yo nos habíamos sentado anteriormente. Clarissa luchaba por mantener el orden en las bolsas, pero no lo lograba porque debíamos tener más de unas veinte bolsas rodeándonos, llenas de cosas innecesarias pero que yo había insistido en comprar.
− Listo, pronto traerán los helados.
− Aaron, ¿No crees que gastaste mucho dinero en mí hoy? En serio, no vale la pena.
− A mí me gusta gastar mi dinero en ti, es divertido y vale la pena cada billete. − Clarissa bufa para luego sonreír. La chica nos trae los helados y comenzamos a comerlos, estaban deliciosos.
− Bueno, cuéntame más de ti.
− ¿Qué quieres saber?
− No lo sé, tus padres, donde vives, tu teléfono, cuál es tu platillo favorito.
− Mi plato favorito es la lasaña.
− ¿Lasaña? − Ella asiente.
− Es deliciosa, la salsa de tomates y los tallarines son deliciosos.
− Bien, ¿Dónde vives?
− Por la parte norte de la ciudad, ya sabes, por los barrios bajos. En la calle North Yankton, en un viejo departamento.
− Entiendo. –Pregunté, antes de darle otra cucharada al helado. − ¿Tu teléfono?
− No tengo móvil. Bueno, tenía uno, pero me lo robaron hace tiempo. − Dice mientras se pasa la mano por el cuello y sonríe.
− Bueno, entonces vamos. − Digo mientras me levanto y tomo el resto de helado que me queda.
− ¿Compras otra vez? – Asiento. − Olvídalo, no me voy a levantar de esta silla, estoy cansada y no quiero que gastes más dinero en mí, ¿Entiendes?
−Vas a ir−Y comienzo prácticamente a arrastrarla en dirección al centro comercial. Luego de convencerla caminamos en dirección a la tienda de electrónicos. Nos acercamos al mostrador y un chico nos atiende.
− Hola, quiero el móvil más caro que tenga. − Le digo y el chico asiente y se va, yendo en busca de lo que le pedí sin chistar.
− ¡Aaron! ¿Qué estás haciendo?
− Comprando un móvil para ti. Escucha, no voy a perder el contacto contigo y no me dejas otra alternativa que comprarte un móvil para seguir hablando contigo. − Me encogí de hombros y el chico volvió con la caja, le entrego mi tarjeta de crédito y a los minutos, Clarissa tiene un móvil nuevo. Después de minutos de quejas y que no lo iba a aceptar, lo acepta a regañadientes.
− Bien, ¿Cómo se usa? − Levanto la ceja y ella no se ríe. En verdad no sabe usar uno con pantalla táctil.
− Mierda Aaron, el que tenía solamente era de botones, nunca use uno de estos que se le toca la pantalla. − Reclama. Sonrío y saco el aparato de la caja, abro la agenda y dejo mi número grabado. Mientras caminamos le enseño como llamar y como mandar un texto, también instalo algunas aplicaciones como w******p o algún juego.
− ¿Te llevo a tu casa?
− Está bien. – Ambos comenzamos a caminar hacia el estacionamiento para poder subirnos al auto y comenzar a manejar directo al lugar donde nos conocimos por primera vez.
(…)
Creo que no fue tan buena idea comprar tantas cosas si no puedes cargarlas siete pisos arriba. Los departamentos en donde vivía Clarissa no eran nada comparado al mío. El de ella no era lujoso, pero mierda, todo estaba en orden y limpio, no tenía manchones en las paredes o pedazos de cerámica suelta, nada, solo que era acogedora y tenía lo suficiente como para no verse estrecha. Dejo las bolsas en el sillón n***o que tiene y me quedo de pie.
− Puedes sentarte si quieres, ¿Té o café? − Pregunta.
− Café, sin azúcar. − Luego de unos minutos, aparece por la puerta y toma las bolsas para llevarlas, según yo creo, a su habitación. Examino el lugar detenidamente y veo un marco de fotos, lo tomo y en la foto se muestra a Clarissa. –Una versión adolescente de ella al menos, debería tener unos quince años en esta foto. – Con lo que parece su padre y su madre y un chico de unos veinte o diecinueve años. Debe ser el novio o algo así, quizá su hermano, porque ambos tienen los ojos verdes más profundos que he visto, pero su pelo es distinto, el de Clarissa es castaño y el del chico es rubio, pero luego miro a los adultos y el hombre es de color castaño y la mujer es rubia, y ambos con los ojos verdes. Es la familia de Clary, la que era desconocida para mí hasta ahora. Siento sus pasos rápidos y dejo el marco donde estaba, Clarissa vuelve a cruzar la habitación hasta la cocina y trae dos tazas en las manos antes de tomar asiento a mi lado.
− Gracias.
− Por nada. − Saca su nuevo móvil de los bolsillos y empieza a revisarlo.
− Es genial, gracias, Aaron. − Clary sonríe y sus dientes blancos se muestran, derechos y brillantes.
− No es nada, Clarissa. Deja de agradecerme, me mareas. − Suelto una carcajada y el timbre suena. Clarissa se levanta y abre la puerta, permitiéndole la entrada a Annabele. La rubia entra y comienza a chillar:
− ¡Un día entero! ¡Un día que no sé nada de ti! − Grita la rubia, con un evidente tono de molestia en la voz. Si la situación hubiera sido al revés, probablemente yo igual le hubiera gritado.
− Tranquila, estoy bien. −Clarissa habla calmada, mientras Anna mueve sus brazos eufóricamente. Está furiosa.
− Mierda Clarissa, un día y una noche entera sin saber ninguna puta pista donde estabas, además un castaño estaba preguntando por ti ayer por la noche, era bien sexy y yo ni puta idea donde te metiste luego. − Anna me mira y abre los ojos, dejándolos abiertos como platos de par en par.
− Hola. −Saludo.
− Este era el tipo sexy que te buscaba.
− Lo sé, se llama Aaron y me ayudó anoche con un problema que tuve. Si no fuera por él estaría muerta o algo así. − Anna me mira y sonríe.
− Mierda, entonces gracias, Aaron.
− Es un placer. −Sonrío y Anna se vuelve a cruzar de brazos y le lanza una mirada a su amiga.
− ¿Y esa ropa?
− Hablamos luego de eso, ¿sí, Annabele? – Ella asiente y yo me levanto. Hora de irme. Me gustaría quedarme más tiempo con Clarissa, pero parece que va a haber conversación de chicas y en eso no puedo estar.
− Hora de irme. Adiós Clarissa, adiós Anna. – Dejo la taza en la mesa de centro y me acerco primeramente a Clarissa para poder despedirme. Beso su mejilla y ambos nos quedamos mirando por un par de segundos.
− ¿Vas a venir mañana? − Pregunta Clarissa. Ante la pregunta, no puedo evitar sonreír y torcer la cabeza hacia un lado.
− ¿Quieres que venga? − Ella se sonroja y me parece un momento entrañable.
− Es solo para estar preparada, ya sabes, presentable. – Dijo, mientras movía las manos en un gesto para quitarle importancia. Solté un chasquido y torcí el gesto porque lamentablemente, no podía estar con ella.
− No, no puedo venir mañana, estoy un poco ocupado.
− Oh, suerte entonces, mándale saludos a Alex y a Joseph. – Asiento y beso su mejilla otra vez, sin perder la oportunidad.
− Adiós, Clarissa.
− Adiós, Aaron.
Doy media vuelta y me voy en dirección a mi hogar, preparándome para el concierto del día siguiente y con la mente puesta en una sola persona: Clarissa Stone.
Clarissa.
Anna me dirige su mirada azul con furia encima de mí una vez que Aaron comenzó a bajar las escaleras y cerré la puerta. De seguro que la preocupé demasiado, pero ¿qué quería que hiciera? No tenía como comunicarme, en esos momentos no tenía teléfono ni ninguna de esas cosas.
− Cuéntame todo, ahora. – Suspiro y tomo fuerzas para aguantar la avalancha de preguntas que se me viene encima.
− Un cliente se quería pasar de listo e intento abusar de mí, ya sabes, no quería pagar y bueno, pensé que iba a morir, pero en eso llego Aaron para salvarme. − Anna sonrió de lado para cruzarse de brazos.
− Así que Aaron superhéroe te salvó de un pervertido de mierda, genial. Amable y guapo, además de millonario. – Asiento mientras levanto mi nuevo teléfono con la intención de que ella pueda verlo mejor. Annabele no puede ocultar su impresión. − ¿Te compró un teléfono también?
Asentí.
− Y unas treinta bolsas de ropa, es millonario, Anna, puede comprar lo que sea.
− ¿Y qué es? ¿Empresario? ¿Deportista?
− Es cantante. – Contesté.
− Estás de coña, ¿no?
− Canta y toca el piano, además tiene unos amigos que son de su banda y bueno, son muy guapos.
− ¿Quieres decir que hay más chicos guapos como él en este mundo? − Asiento. Tomo mi teléfono y abro Google, en la barra pongo “Aaron Cox” y me aparecen muchas fotos de Aaron, en una aparece en un programa de televisión y en otras sale en algunos conciertos, pero puse una donde aparecen los tres. Se la muestro y Annabele abre la boca.
− Mierda, me gusta ese castaño. – Apunta a mi teléfono, específicamente a Joseph quien en la foto aún no se había teñido el cabello.
− En la vida real se ven mejor.
− Pero, ¡Te has sacado la lotería! – Exclama y yo ya lo sabía.
Aaron era un chico encantador y no sé qué fijación tenía sobre mí, porque mierda, sí, me perseguía o algo así. Sabía dónde estaba y gracias a eso me salvó, me compró ropa y un teléfono, ¿Qué clase de cliente hace eso? Uno millonario no lo haría, he trabajado para muchos y no dan un centavo más de lo que te tienen que pagar, pero Aaron es diferente, más allá del precio, el dinero no le importa ni mucho menos las etiquetas que la gente tenga y eso lo hace genial, porque puedes hablar con él sin sentirte juzgada.
− Estoy cansada, quiero dormir.
−Oh no, ni pienses que vas a evadir nuestra conversación. No, vamos a hablar mañana por la mañana, ¿Entiendes? − Asiento, ella se acerca para darme y me da un abrazo. − Me alegro que estés aquí.
– Bien, adiós, hablamos mañana. –Y se fue por la puerta. Suspiré y tomé mi nuevo móvil entre las manos, aún con las fotos de Aaron reflejándose en la pantalla.
“¿Estás despierta? :D” El nombre de Aaron volvió a aparecer por la parte de arriba de la pantalla. Presioné la barra para escribir y con una lentitud asombrosa comencé a escribir.
“Sí, lo estoy” Respondo.
“Genial, ¿Cómo te ha funcionado el teléfono?” El mensaje fue devuelto al minuto.
“Bien, funciona excelente, gracias Aaron :)” Contesto mientras intento mover mis dedos con rapidez, pero es inútil, soy lenta.
“¿Vas a hacer algo el sábado?” Pregunta, tardándose un poco más de lo normal.
“¿Tengo que tomar esto como una invitación a salir, Aaron Cox?”
“Quizás, deberías tomarlo como una invitación no solo mía, de Floor Six precisamente” Responde.
“¿Qué pasa?” Pregunto.
“Hay una premiación para el sábado y ya sabes, quizás nos premien a mí y a los chicos y luego habrá una fiesta, ¿Quieres venir conmigo?” Me quedo pensando un momento con el ceño fruncido y el teléfono suspendido entre mis manos.
¿Por qué hace esto? ¿Acaso no tiene a otra que invitar? Lo único que voy a conseguir allí es que todos se pregunten quien mierda soy y cuando descubran que la amiga de Aaron Cox es una prostituta nos van a atacar, a ambos, todo se iría a la mierda, tal como la carrera de Aaron. Sé que todo lo que hace Aaron es por mi “bien” y que trata de ayudarme y no se la razón, pero intenta protegerme y eso es lo que no entiendo. Debería comportarme bien con él, pero siempre lo menosprecio, solo que él no debería involucrarse demasiado conmigo, esto de invitarme a una premiación y que sea su pareja es involucrarme demasiado. Yo no soy buena para él.
“No lo sé” Respondí luego de un minuto.
“Vamos, solo será bailar un rato conmigo y luego vamos a mi casa y vemos alguna película o tomamos algo” Aaron no me la iba a poner fácil, estaba claro. Suspiré.
“No lo sé, en serio Aaron”
“¿En serio qué?” Pregunta y me lo imagino burlándose de mí en su cama mientras sostienen el móvil en sus manos y a su lado había una taza de café.
“No sé si pueda ir, Aaron” Una fiesta de glamour no es para mí, yo estoy mejor en una noche con mis amigos del bar Dirty Dreams. Digamos que gente de excelencia no va allí, pero es genial cuando se está con amigos. Annabele y yo vamos siempre y estamos con nuestros amigos, Tom, Dallas, y Bradley.
Somos amigos desde hace tiempo, Dallas, Annabele y yo somos como hermanas y Tom y Bradley nuestros hermanos mayores, –Aunque Dallas y Bradley son hermanos de verdad. –, protegiéndonos de todos los idiotas que trataban de coquetear con nosotras, y también se han opuesto siempre a nuestro trabajo.
“Ya sé, primero vamos a la mi fiesta y luego vamos donde quieras. Vamos Clarissa, solo serán unos minutos” Suspiro y a los segundos llega otro mensaje, “No me voy a dar por vencido tan fácilmente, es el sábado y tengo mucho tiempo para convencerte, Clarissa Stone” Sonrío. Aaron no es de los que se dan por vencidos tan fácilmente, conozco a muchos tipos de hombres y él es bastante diferente, quizás no es perfecto, pero es un buen chico.
“Voy a pensarlo” Contesté, para luego agregar, “Pero no me voy a pasar toda la noche con esos ricachones engreídos y prejuiciosos toda la noche”
“¿Eso es un “sí”? :D” Preguntó al segundo.
“Es un quizás, Aaron Cox, no quiero estar con ese tipo de gente” Y mi mente comenzó a funcionar en ese momento. “Ni que tu fueras mejor que ellos”, pensé.
“Aunque no me creas, a mí tampoco me caen bien :D Perfecto, los chicos quieren conocerte mejor” ¿Conocerme mejor? ¿Qué es esto? No necesitan conocerme, soy solo la amiga de Aaron, los amigos entre amigos no se presentan, creo que mi paranoia se puso en marcha otra vez.
“Ni te ilusiones tanto, aun no sé si quiero ir” Contesté.
“Pero vas a ir, yo lo sé y si es necesario te llevo a arrastras” Respondió rápidamente. Solté una carcajada y miré la hora: 2: 45 a.m. ¿Cuándo el tiempo había pasado tan rápido? Y yo sin sueño, genial. Creo que daré vueltas en la cama toda la noche.
“Son las dos de la mañana Aaron. Me voy a dormir, además tú tienes que descansar, seguro que tus fans y Floor Six te necesita” Respondí. Aaron tardó un poco en responder.
“Floor Six puede arreglárselas sin mí” Contestó
“Ya, pero tú necesitas descansar” Respondí.
“Bien, no tienes que mandar indirectas para decirme que no quieres hablar conmigo” Sonreí y presioné mis dedos contra la pantalla para comenzar a escribir.
“Deja de ser tan dramático Aaron, me voy a dormir, sueña bonito, adiós :)” A los segundos mi teléfono vuelve a vibrar.
“Adiós, sueña bonito también :) PD. Vas a ir a la jodida fiesta conmigo, te lo digo.” Sonreí y dejé mi teléfono en la mesita de noche para luego quedarme profundamente dormida.