Narra Harvey Llamé a Lara unas cincuenta veces y le escribí, pero nada, no daba señales y me estaba empezando a poner muy nervioso. — ¡Joder, mierda, mis pastillas para la ansiedad! — Grité mientras le daba golpes al volante. Me las había dejado en mi apartamento y llevaba sin tomármelas una semana y justamente ahora las necesito, estaba entrándome otro ataque más. Encendí el motor del coche y me dirigí hacia mi apartamento lo más rápido que pude. Llegué y pude ver varias botellas de vodka y ginebra tiradas por el suelo debido a la fiesta que monté con varios amigos y varias chicas hace una semana. Busqué las pastillas en la cocina y me tomé unas cuantas, hasta que sentí que me estaban haciendo efecto. Al principio, todo con Lara me parecía un puto juego, una simple niñita con la que

