—¿De verdad eres tú? —susurro con un hilo de voz. —¿Esperabas a alguien más acaso? —observa mis ojos fijamente y siento como toda mi piel se eriza por completo. —¿Cómo es que... —mi voz se corta. —Hablaremos de eso luego, voy a sacarte de aquí, ¿sí? —continúo analizando su rostro, estupefacta. Se acerca a mí y desata mis manos con cuidado, me entrega su camisa y la coloca encima de mi cuerpo. —¿Tú como sabías que estaba aquí? —le observo algo mareada. —En el momento que salgamos de aquí sabrás todo lo que quieras saber, lo prometo —hace una mueca. Mis rodillas fallan y él me sujeta entre sus brazos, evitando que caiga al suelo. Nuestras miradas conectan por un lapso de segundos y mis ojos sienten la necesidad de llorar pero me contengo. —Ven, vamos —me toma en sus brazos con delica

