—Pues eso —se encoge de hombros—. Estás demasiado extraña, poginet —murmura.
—Que poco me conoces —río—. Nunca me he enamorado y Bruno no habrá sido el primero del cual lo hiciese —lo dejo allí y voy al despacho.
—Él te apreciaba, Ky —dice detrás de mí.
Me detengo y suspiro con fuerza.
—No digas cosas que son mentira, Dustin —hablo entre dientes.
—Tú no lo conocías tanto como yo, poginet —murmura y volteo a verle.
—Cierra la boca —gruño.
El teléfono suena, camino hacia allí y respondo.
—Kylie Jones, ¿con quién tengo el gusto? —Dustin ríe por lo bajo y Varick aparece a su lado.
—Mi pequeña... —la voz de mi tío me congela la sangre.
—¿Tú qué quieres, Dedrik? —bufo.
—Quería ver a mi sobrina favorita —su voz me irrita.
—¿Fuiste tú quien me mandó esa mano? —es lo único que suelto.
—Ya quisiera haber sido yo pero no —susurra.
—¿Por qué coño me estás llamando, idiota? —ruedo los ojos.
—Necesito verte. Te pasaré la ubicación y vendrás a las 19:30 —habla lentamente.
—¿De verdad crees que iré a donde tú me digas? —río con ironía—. Cada vez tengo más confirmado que eres un imbécil —escupo.
—Te conviene venir porque sino lo haces alguien que quieres podría morir —lo imagino riendo como psicópata.
Suspiro profundamente.
—De acuerdo, iré —Dustin me observa sin entender.
—Así me gusta; en un momento te enviaré la ubicación —finaliza la llamada.
Dejo el teléfono, apoyo mis manos sobre el escritorio y agacho mi cabeza.
—¿Qué sucedió?, ¿dónde irás? —no respondo.
—Kylie... —murmura Varick y levanto mi rostro.
—Era Dedrik, quiere verme —suspiro.
—¿Estás loca? —le observo con mala cara—. No irás sola, poginet —habla firme.
—El francés tiene razón —ahora mi mirada se dirige a Varick—. Yendo sola estás cavando tu tumba, la cual ya has comenzado —se cruza de brazos.
—Sino voy va a matar a alguien, no quiero más sufrimiento, no quiero perder a nadie más de mi círculo —murmuro.
—Yo te llevaré entonces —dice Dustin muy convencido.
—Puedes morir —le recuerdo.
—¿Crees que te dejare ir sola, poginet? —suspiro profundamente.
—Iremos todos —menciona Varick—. Debes decirnos cuando y salimos —asiento.
—Como digan, chicos —palmeo sus hombros—. Estaré en mi habitación —salgo del despacho y subo a mi habitación.
Al entrar mi vista se dirige a la cama y luego observo la fotografía del "casamiento" con Bruno.
—Buena suerte, chicas —Brando besa las mejillas de su madre y mías para luego irse.
—¿Lista? —cuestiona ansiosa.
—Sí —finjo una sonrisa.
Coloca su brazo en forma de jarra y yo enlazo el mío. La música comienza a sonar mientras nosotras comenzamos a caminar. Subimos por el puente del Gran Canal; está decorado con girasoles y algunas creaciones más.
Bruno se encuentra de pie en el medio del puente, serio, y a su lado se encuentra su hermano con una sonrisa.
No me doy cuenta en que momento llego frente a Bruno. Antonella besa mi frente, luego la de su hijo mayor y se coloca al lado de Brando.
—Estamos reunidos hoy para unir en santo matrimonio a Bruno Russo y Kylie Jones —da inicio el cura.
Bruno entrelaza nuestras manos como si fuese lo más común de todo.
*Se supone que es una boda por amor, tonta*
El sacerdote dice algunas cosas más hasta que llega el momento. Los ojos del sacerdote se dirigen a Bruno.
—Señor Bruno Russo, ¿acepta como esposa a la señorita Kylie Jones para amarla y respetarla en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe?
*Hasta que la muerte nos separe o un viaje a Los Ángeles de regreso*
—Sí, acepto —el tono firme de Bruno resuena en mis oídos.
El sacerdote me observa a mí y sonríe.
—Señorita Kylie Jones, ¿acepta como esposo al señor Bruno Russo para amarlo y respetarlo, en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte los separe?
Paso saliva dudando que decir. Siento como si el tiempo se detiene, Bruno posa sus ojos sobre mí y da un apretón en mi mano.
—¿Señorita? —habla el sacerdote.
—Sí, acepto —respondo al fin.
La sonrisa del sacerdote se ensancha.
—Por el poder que me ha sido conferido, yo los declaro marido y mujer —extiende los brazos con una sonrisa—. Puede besar a la novia —observa a Bruno.
Éste voltea su cuerpo al mío, coloca sus manos en mi cintura y las mías van a su cuello. Acerca su rostro al mío y une nuestros labios en un simple beso. Pega su cuerpo más al mío y susurra en mi oído.
—Bien hecho, dea —besa mi cuello.
Sujeto mi cabello con fuerza y comienzo a caminar por la habitación.
—¿Qué harías tú en este momento, Bruno? —susurro agobiada.
Me detengo frente al espejo y noto que estoy llorando.
—¡Te necesito, coño! —exclamo y golpeo el espejo provocando que este se haga añicos.
Caigo de rodillas al suelo y mis dedos tocan el mismo.
—No puedo con esto sola, ya no puedo... —limpio mis lágrimas.
Luego de unos minutos sentada en el suelo, decido que es hora de comenzar a alistarme para ver, nuevamente, a mi tío.
Alrededor de hora y media más tarde estoy lista.
Arreglo mi ropa, me percato de que el arma y algunas otras cosas más escondidas no se vean.
Iré sin los chicos, no quiero meterlos en esto, si Andrew se quedase sin su padre, sería demasiado peso para mí y Varick tampoco merece morir por seguirme a mí en esta estupidez.
Salgo de forma sigilosa por el jardín. Oreo al verme viene corriendo hacia mí.
—No hagas ruido, Oreo —acaricio su cabecita y camino por el jardín.
Camino sin que nadie me vea, sé que uno de los guardias estaciona el coche fuera y no pienso desaprovechar la oportunidad.
Escalo muro y salto hacia el otro lado.
—Mejor de lo que pensaba —corro hacia el coche, abro la puerta y me introduzco.
Gracias a todos los dioses tiene la llave puesta, enciendo el motor y arranco.
En cuanto estoy a varias cuadras lejos de la mansión, me detengo y en el GPS coloco la ubicación que Dedrik me había enviado.
—Que todo salga bien, por favor —ruego al cielo.
Comienzo a conducir lo más deprisa que puedo.
|| ... ||
Estaciono el coche frente al dichoso lugar. Sostengo el volante con fuerza, pego mi cabeza a este y suspiro agobiada.
Bajo del coche y camino observando hacia cada lateral del lugar; Dedrik es muy tramposo y no me sorprendería que hiciera alguna jugarreta asquerosa.
—¡Boo! —alguien exclama a mi lateral provocando que salte en mi lugar.
Volteo mi rostro y veo a Dedrik con una sonrisa maliciosa.
—Que imbécil eres, Dedrik —ruedo los ojos.
—Es mi forma de darte la bienvenida, sobrina —su sonrisa se ensancha.
—Tú y yo dejamos de ser familia el día que mataste a mi madre —gruño.
—Ella se lo merecía, era una zorra —me observa—. Aunque tú no eres muy diferente a ella —en ese momento le doy un puñetazo y seguido de eso una patada la cual hace que caiga al suelo.
—No voy a aceptar que hables de esa forma de mí y menos de mi madre —gruño.
Iba a darle otro puñetazo pero alguien me sujeta por los brazos quitándome de encima de Dedrik.
—Quita tus manos de encima —me sacudo pero es imposible.
—Te estás quieta, mocosa —gruñe un hombre que no reconozco.
Dedrik se pone de pie y camina hacia mí para luego sujetarme por la barbilla.
—Iba a hacer las cosas por las buenas, querida sobrina —escupo su rostro y él suspira enfadado—. Pero no me has dejado otra opción.
—¿Vas a matarme como hiciste con mi madre? —le desafío con la mirada.
—Mi amigo se pondrá feliz al verte —levanta su mirada—. Albert, métela en la furgoneta y llévala al lugar —ordena.
Me libero del agarre del tal Albert, los empujo y comienzo a correr pero un disparo pasa por encima de mi cabeza. Llevo mi mano al lugar en donde tenía la pistola y no está.
*¿Cómo coño me quito la pistola?*
Busco la navaja y tampoco está.
—¿Buscas esto? —Albert alza mis armas en el aire y lo maldigo para mis adentros.
—Será mejor que te entregues sino quieres que tu amiga y su pequeña hija mueran —trago en seco al oír eso.
En cuanto se acerca a mí le lanzo una patada en la barbilla y queda algo atontado. Trato de tomar alguna de mis armas pero me pone el pie y caigo de bruces al suelo.
—Creo que estás un poco jodida, querida —me toma por el tobillo y me arrastra, hasta que en un ágil maniobra pateo su rechoncho abdomen y cae de espaldas.
Me levanto de un salto y corro hacia la parte delantera de la furgoneta pero un imponente señor aparece frente a mí. Me volteo para ir hacia atrás y Albert está frente a mí.
—Ahora no tienes escapatoria, princesa —ríe maliciosamente.
—Eso es lo que crees —le doy un fuerte puñetazo.
El que estaba detrás de mí me ata las manos, me coloca un paño en la boca y este hace que caiga en un profundo sueño.
|| ... ||
Abro mis ojos y siento como todo mi cuerpo duele.
—Esto tiene que ser una puta broma —trato de moverme y tengo las muñecas atadas hacia arriba, también me quitaron el pantalón.
Me muevo de todas las formas posibles pero los nudos están demasiado fuertes para lograr liberarme.
Una puerta se abre y dos hombres altos entran al lugar en donde me encontraba.
En el momento que se me acercan reconozco a uno, es uno de los hombres que me había dicho de cosas la vez que baje a la sala sin el permiso de Bruno y al otro no lo reconozco.
—¿Qué van a hacerme? —cuestiono asustada.
—Lo que tú tanto estás deseando —susurra Dimitry y sus dedos se introducen en mi intimidad.
Me muevo de atrás hacia adelante evitando su contacto y lanzo patadas, las cuales algunas le dan.
El otro hombre acaricia mi cuello pero yo muerdo su mano con violencia, escupo al sentir el sabor de su sangre en mi boca.
—No permitiré que ninguno de ustedes me toque —hablo entre dientes.
—Tú harás lo que a nosotros nos plazca —estaba a punto de gritar y continuar con mis patadas o alguna cosa pero Dimitry me inyecta algo que me deja totalmente idiota.
—Vas a disfrutarlo, pequeña zorra —Dimitry pasa su lengua por mis lágrimas y luego deja un beso sobre mis labios.
El hombre desconocido se coloca tras de mí y de un momento a otro introduce su polla en mi culo provocando que grite de dolor. Siento una lengua caliente sobre mi coño la cual lo recorre de lado a lado.
Siento asco, me siento repugnante a mí misma.
*¿Por qué siempre me suceden estas cosas a mí?*
Cierro mis ojos con fuerza, no necesito verlos más.
Pocos segundos después Dimitry también se introduce en mí pero él lo hace por mi v****a. Tengo a un hombre penetrando mi culo y al otro penetrando mi coño de la forma más violenta posible.
Es imposible no gritar debido al dolor pero con lo que me inyectaron no tengo fuerzas para moverme y tratar de evitar sus roces.
Ambos acaban dentro de mí.
Siento la lengua del hombre desconocido lamiendo mi culo y a Dimitry chupando los rastros de semen que ha dejado en mi coño.
—Eres deliciosa —el desconocido me susurra en el oído y luego se va.
Dimitry queda frente a mí y me observa fijamente.
—¿Piensas seguir? —cuestiono con la voz adormilada.
—Eso tenlo por seguro —camina hacia alguna parte y cuando vuelve a aparecer frente a mí tiene un látigo.
*Mierda, no quiero esto.*
Cierro los ojos y enseguida siento un fuerte golpe en mi clítoris el cual hace que grite de dolor.
—Haces que me ponga duro, zorra —habla con voz ronca y me da un latigazo en el culo provocando que mi cuerpo haga una curva extraña.
—Déjame ir, mis hijos me necesitan —suplico en un susurro.
—Pues que pena por ellos —se acerca a mis labios y en ese momento la puerta cae al suelo seguido de dos disparos.
El hombre desconocido cae al piso muerto.
—¡LE QUITAS LAS MANOS DE ENCIMA AHORA MISMO A MI MUJER! —se oye un grito ensordecedor y trato de ver quién es que acaba de entrar.
Los ojos de Dimitry se abren como platos y pocos segundos después cae al suelo muerto.
Clavo mis ojos en la persona que está frente a mí.
—¿Tú? —susurro de forma casi inaudible.
—¿Y quién más podría ser? —alza su ceja sin quitar su expresión seria.